Almería

 Boka lomo de atun de almadraba con especias

La ciudad de Almería, que es oferta turística por to­dos sus costados, lo es también precisamente con todos los merecimientos posibles por encontrarse en los cami­nos que conducen a la España judía. No hay visita a la España judía sin que su programación cuente con pasar y detenerse en la ciudad andaluza de Almería. Su histo­ria está marcada por su situación como puerto marí­timo privilegiado. Por la ciudad pasaron los fenicios, los judíos, los cartagineses, los romanos, los visigodos,

los musulmanes… por lo que la hospitalidad y la toleran­cia fueron y son sus características, con gran dimensión y acierto turísticos. Una ciudad a la que los romanos co­nocieron como Portus Magnus —Gran Puerto— y los ára­bes como Espejo del Mar, es decir, Al Meriya, lleva den­tro de sí excepcional contenido turístico. Un antiguo proverbio asevera que «cuando Almería era Almería, Gra­nada era su cortijo», con referencias enaltecedoras a la importancia que adquirió la ciudad en determinados momentos de la historia árabe. Alfonso VII de Castilla la conquistó en 1157, pasando diez años después al poder de los árabes, hasta que en 1489 fue definitivamente con­quistada por los Reyes Católicos. Abu Abdalah, apodado El Zagal, negoció su entrega a los Reyes, quienes le otor­garon su escudo.

La de Almería fue una de las comunidades judías más prósperas de Andalucía. Ya desde el siglo x podía haber alcanzado su censo judío el número de dos mil personas. Los tiempos árabes no fueron para ellos ni de peor condición, ni de mejor que fueron los de los cristianos para otras juderías. La tradición coloca el barrio judío en el que ahora es conocido como el de la Chanca, hoy bastante pobre, sin que esto quiera decir que entonces lo fuera también dado que hay constancia de que este barrio estuvo deshabitado du­rante largos siglos. El perímetro del barrio judío esta­ría comprendido por las calles siguientes: Reducto, Arquímedes, Maromeros, Pítágoras, San Ildefonso, Galileo, Socorro… Es decir, el espacio comprendido en términos generales entre la rambla de la Chanca y la co­lina de la Alcazaba.

Su ubicación no podía ser ni otra ni mejor, teniendo en cuenta, como en tantas otras ciudades y pueblos, que los judíos habían de elegir para sus viviendas aquellos lugares en los que pudieran sentirse más y mejor prote­gidos, como en el caso de las cercanías a la alcazaba. Esta fue construida en el siglo vm por Abderrahman m y des­taca por sus impresionantes dimensiones, con 450 me­tros de longitud y 43.000 metros cuadrados de superfi­cie,   considerada   como   una   de   las   de   mayores proporciones de todo el mundo y una de las más seguras fortalezas medievales.

El barrio de la Chanca se caracteriza por sus casas cúbicas excavadas en la montaña y pintadas de vivos colores, siendo hoy la mayoría de sus habitantes pesca­dores.

El itinerario turístico ha de comenzar por su alcaza­ba, compuesta por tres recintos. La Muralla de Hayrán y el Parque-Reserva Instituto de Aclimatación de Fauna Sahariana, es también punto de referencia, como lo es el cerro de San Cristóbal, el mejor mirador de la ciudad. El templo de San Juan es monumento histórico-artístico con el muro de la quibla y el mihrab. La catedral fue ini­ciada a principios del siglo xvi en el emplazamiento de la antigua mezquita, según planos de Diego de Siloé. Fue concebida como catedral-fortaleza, con torreones hexa­gonales en su exterior y bello portal. Luce el curioso re­lieve del Sol de Portocarrero, símbolo de la ciudad. En la Basílica de Nuestra Señora del Mar se venera la pa­trona.

 

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