Aragón

Zaragoza. Teatro romano de la calle de Pedro J. Soler

Zaragoza. Teatro romano de la calle de Pedro J. Soler (Foto Daniel Makowski)

 

Las persecuciones levantadas por el arcediano de Écija destruyeron la mayoría de las antiguas aljamas ju­días de Aragón y obligaron a los judíos a entregar sus sinagogas a los cristianos que las convirtieron en capi­llas o iglesias. El Fuero de Teruel dice expresamente que los judíos son siervos y propiedad del rey, al igual que lo eran en Inglaterra o en el sacro impero germánico. La ciudad de Zaragoza fue conocida como «la perla del ju­daismo hispano». En el Fuero de Calatayud era acepta­do que así como el cristiano había de jurar sobre la Cruz, el judío había de hacerlo sobre la Tora. El archivo de la catedral de Tarazona es excepcionalmente rico en docu­mentos judíos. En Monzón el barrio judío se hallaba lo más cerca posible del impresionante y seguro castillo templario.

Picos De Leyenda. (Pirineos – Huesca)

http://youtu.be/G57NjwBrwb8

Huesca

La judería de Huesca fue de mucha solera, de gran tradición y antigüedad en el reino de Aragón. Junto con la de Zaragoza y Calatayud fueron las más importantes y de gran influencia. Desde la época musulmana hay constancia de la judería oséense. Conquistada la ciudad por Pedro I en 1096, el rey le hizo concesión al obispo de la diócesis de la villa de Séptimo con su respectiva iglesia, que por cierto había sido propiedad de un judío de nombre Savasorda. El argumento en el que se basó la decisión real fue que un judío jamás podría ser propieta­rio de una iglesia. Hay constancia también por ese tiempo —en 1106— de la conversión al cristianismo del ju­dío Mosse Sefaradi que, al bautizarse, tomó el nombre de Pedro Alfonso, de tanta resonancia y agradecimiento regios, dado que su padrino fue el mismo rey Alfonso apo­dado el Batallador. Aprovechó sus obras Disciplina Clericalis y Dialogas Petri el Moysi Judei para atacar y ridiculizar a sus antiguos correligionarios los judíos, in­cluyendo de modo especial a los sabios del Talmud. Pa­rece ser que, al volver de Inglaterra, estuvo al servicio del arzobispo de Toledo, Raimundo, y formó parte del grupo de traductores.

En Huesca fue creada la Cofradía de Cavafuessas cu­yos reglamentos fueron aprobados en 1323. Entre sus fi­nes tenía el de atender todo cuanto se relacionaba con los difuntos y que, en el caso de que estos fueran judíos, sus ritos —amortajados y en tierra virgen— tenían ca­racterísticas muy particulares.

De la judería oséense en su etapa de mayor esplen­dor que se correspondió con los primeros años del siglo xiv, se sabe que su número rondaba las 700 personas. Fue célebre centro del saber rabínico a mediados de ese si­glo y en él impartió su docencia Abrahan Bivach. Se sabe que el funcionamiento y organización de la judería de Huesca fueron siempre modélicos.

El barrio judío de Huesca, del que no queda resto al­guno, se hallaba ubicado en lo que hoy es conocido como Barrio Nuevo, entre la puerta Ramián —plaza de Li-zana— y los alrededores de la desaparecida iglesia de San Ciprián. El barrio estaba completamente cercado y sus puertas tenían los nombres siguientes: puerta Mayor, puerta de San Ciprián o de las Fuentes, la de Salceras y la del Romano. Las calles en las que estas se hallaban son las de San Jorge en el Coso Alto, avenida del Parque, Amistad, Mesnaderos y Loreto. La calle principal era la Mayor o San Jorge. Otras calles con recuerdos judíos son las de Amalbel, Mezquita, Doña Marquesa de Fraga, Salceras y los Alabarderos. En Huesca estuvieron locali­zadas tres sinagogas con nombres tan descriptivos como Mayor, Mediana y Pequeña. Junto a la plaza de las Ber­zas parece ubicarse el hospital de la aljama. El local en el que se edificó el hotel Pedro I estaría muy relacionado con recuerdos judíos por haber estado ubicado en él los baños. Detrás del cerro de San Jorge, parece haber sido el lugar del cementerio «junto al camino de Loreto y en las proximidades del Pueyo de Sancho».

***

 

Curiosamente en la ciudad de Huesca y entre sus atractivos platos, los gastrónomos hacen referencia obli­gada a los propios de la «cocina de cristianos viejos», entre los que se mencionan los salmorejos y los ajoarrieros. El bacalao ajoarriero de Huesca, la coliflor con bacalao a la oséense, los huevos al salmorejo de la Hoya de Huesca y las judías pintas de Montflorite son manjar exquisito en la programación turística que se preste de inteligente y culta y además con raíces históri­cas y reconocido y típico abolengo. Las colinetas y las castañas de Huesca, en fino mazapán y recubiertas de azúcar fundido, constituyen feliz y dulce complemento.

Huesca, ya desde sus principios, fue ciudad tan culta como estratégica. En 1354 el rey Pedro IV estableció en ella la más importante universidad de Aragón. La visita se inicia en la contemplación de la catedral, punto más alto del casco antiguo, que se instaló sobre el foro roma­no, en el que los musulmanes levantaron también su mezquita que, respetada por los cristianos al ser recon­quistada la ciudad, fue demolida por la Inquisición en el siglo xv, aunque se salvó la puerta del Alminar. En el si­glo xni se le adosó a la mezquita el palacio episcopal. Las obras de la catedral se iniciaron en el siglo xm. Resaltan su torre campanario, portada mayor, sillería del coro, claustro gótico, retablo mayor de Damián Forment, al­tar mayor, tesoro catedralicio y museo.

La iglesia de San Pedro el Viejo resalta por su vene­rable aspecto románico. Hay que prestarle atención a la capilla de San Ponce, a su claustro y a los sepulcros de los reyes aragoneses con el interesante sarcófago roma­no. El edificio del ayuntamiento es del siglo xvi. Debe ser en él visitada su Sala de Justicia. En la plaza de la Uni­versidad se encuentra el Museo Provincial con el Palacio Real en el que se sitúa el célebre y sonoro episodio de la campana de Huesca cuyo protagonista legendario fue Ramiro II el Monje.

 

Fraga

Como en tantas otras aljamas, los años de 1391 fue­ron extremadamente aciagos para la pervivencia de la judería de Fraga, en la actual provincia de Huesca. Las persecuciones levantadas por el arcediano de Écija en el sur de España, alentadas por cualquier nimia circunstan­cia, real o inventada, y en vísperas ya de la famosa Dis­cusión Teológica de Tortosa de 1413, conocida como «la Disputa» en la que intervinieron teólogos y rabinos, cons­ta en carta dirigida por el poeta y célebre médico Maestre Astruc —Rimoch— en nombre de los judíos de Fraga a los de Monzón que se vieron obligados a empeñar parte de sus bienes para poder asegurar la continuidad de su colectivo como pueblo en Fraga. En la carta se hacen re­ferencias a determinados objetos, sobre todo de adorno y su recuerdo suscita todavía emociones muy familiares.

La historia de Fraga es muy larga. De antiguo asen­tamiento humano hay constancia en la Edad de los Me­tales, con mención para los yacimientos arqueológicos de su entorno como los de la Masada del Ratón y Pilaret de Santa Quiteria. En la calzada romana que comunica­ba Lleida con Zaragoza por Celse —Velilla del Ebro— la mansión Gálica Flavia se identifica con Fraga. La Villa Fortunatus en las proximidades de Fraga es uno de los ejemplares de mayor interés de Aragón. En tiempos de los musulmanes la fortaleza de Fraga fue muy estimada y pasó una y otra vez de sus manos a las de los cristianos. La conquista se logró definitivamente en 1149, después de haber muerto en ella el mismo rey Alfonso I precisa­mente Batallador de sobrenombre.

Las primeras noticias que se tienen de la judería de Fraga, de las consideradas como de tipo medio a tenor de la base de cotizaciones impuestas en las diversas épo­cas, es de 1264. Posteriormente aparecen referencias a determinados privilegios otorgados por don Guillen de Moneada, que fueron confirmados por Alfonso IV. En ellos se resaltaba la obligación ciudadana de que fueran respetadas las casas y lugares asignados a la comunidad judía, reduciéndolos a tan sólo un barrio en el que además habría de estarle prohibido el acceso a los no judíos. En los referidos privilegios también se otorgaba a los ju­díos la posibilidad de construir una sinagoga. Pese a haber desaparecido la aljama como tal en 1415 a consecuencia sobre todo de la Disputa de Tortosa, hay constancia de que Alfonso V otorgó a los judíos que quisieran volver a asentarse en la población ciertas ventajas, consiguiendo que fueran muy pocos los que lo hicieran.

De la localización exacta de la judería no hay datos precisos, si bien es tradición que la calle principal de su barrio fuera la de la Collada, no lejos ni del castillo ni del palacio de don Guillen de Moneada. La judería po­dría haberse extendido también por la plaza de L’Hort del Hospital, calles Redorta Baja, Doctor Barrantes y San Gil. No se sabe nada acerca de la ubicación de otros ser­vicios judíos propios de una aljama de las característi­cas de la de Fraga.

Son muchas las casonas medievales y renacentistas que perduran en Fraga, dividida en dos mitades por el río Cinca, uno de cuyos barrios en recuerdo de haber tra­bajado sus habitantes como carpinteros en el embarca­dero, es conocido todavía con el nombre de Las Atarazanas. El más interesante edificio de la población es la iglesia de San Pedro, de estilo románico, aunque no resulta fácil redescubrirlo en su construcción, a con­secuencia de sus añadidos góticos y renacentistas. Exac­tamente en el mismo lugar en el que se levantara el cas­tillo protector de los judíos se halla la iglesia de San Miguel, que fue parroquia antigua. En el barrio viejo y en el recuento de sus casonas medievales, hay que rese­ñar las del palacio del Gobernador, Casa Junquera, Casa Forada y Casa Monfort, entre otras.

Como no lejos de Fraga se encuentra el pueblo de Tamarite de Litera y como en éste hay referencias de su judería, nuestra ruta turística la alargamos en esta ocasión viajera hasta esta capital del llamado interfluvio de La Litera. De la presencia de los judíos en Tamarite se sabe que fueron obligados por los clérigos a vivir en un lugar sólo para ellos y se sabe también que fueron obligados a entregar su sinagoga para que los cristianos la transformaran en capilla y las casas anejas en hospi­tal para pobres. La calle y el callejón de San Miguel, con su iglesia ya desaparecida, podrían haber sido donde se ubicara parte de la judería.

En la población hay que visitar el casco viejo y su colegiata de Santa María la Mayor, con su bello cimbo­rrio octogonal y peculiar torre. El santuario de Nuestra Señora del Patrocinio es lo poco que resta de tantas de­vastaciones como ha sufrido el pueblo a lo largo de su historia, así como las ruinas de su castillo en el cerro de San Nicolás.

Jaca

Es posible que en torno al quince por ciento consti­tuyera la población judía de los habitantes de Jaca, con un censo cercano al medio millar. Jaca dispuso durante el tiempo de la mayor expansión del judaismo en Espa­ña de cuantos argumentos podían explicar el crecimien­to y riqueza de su judería. La ubicación estratégica de la ciudad, su cercanía a Francia, su historia, el hecho de ser la primera población en el largo, fervoroso e interna­cional Camino de Santiago que se adentraba en la pe­nínsula por Somport y seguía el valle de Aragón hasta coincidir con el ramal jacobeo que recorría desde Roncesvalles por Pamplona hasta Puente la Reina, la condición de capitalidad del incipiente reino del primer rey aragonés Sancho Ramírez y otras circunstancias más, justifican la importancia de la judería de Jaca, capital de los levantiscos jacetanos que fueran sometidos a Roma por el cónsul Catón, en el siglo n a.C.

De la judería de Jaca, la más antigua del reino de Ara­gón, hay noticias ya del siglo xi. Tiene gran mérito el he­cho de que, aun contando con las limitaciones impues­tas contra los judíos en el Fuero otorgado por el rey Sancho Ramírez, estos consiguieron superar las dificultades y afianzarse en la población con empuje y riqueza. Hay referencias veraces de que los judíos vivieron en una de las dos partes de la ciudad en que está dividida y que era la del Castellar, que por cierto estaba defendida por una fortaleza. En este, como en la mayoría de los casos, los judíos se veían obligados a residir al amparo de las autoridades civiles o eclesiásticas que ejercían su capa­cidad de defensa desde los castillos y desde las catedra­les e iglesias.

Algunos de los recuerdos de la judería de Jaca perdu­ran todavía en nombres y en lugares, tales como las ca­lles de Estudios, de Ferrenal y del Coso, que estuvieron relacionadas con el lugar en el que se encontraba la si­nagoga que, a la expulsión definitiva de los judíos pasó a acrecentar las posiblidades de expansión del antiguo Es­tudio de Artes. Hay quienes sitúan el lugar en el que se asentaba la sinagoga mayor en la actual calle Cambras, que parece ser que en tiempos antiguos llevó el nombre de calle de la Judería. Tanto de la otra sinagoga, como del cementerio y de otros lugares de estudio, de enseñan­za o servicios de la aljama de Jaca no se tiene referencia alguna en la población. No obstante, algunos autores re­lacionan la judería con las calles de San Nicolás, del Pez, con la puerta de San Ginés y con la avenida de Oroel.

***

La catedral de Jaca es uno de los templos más intere­santes y con mayor arte e historia del orbe católico. Pudo haber comenzado su construcción el año 1063. Es una catedral misteriosa. Para muchos, realmente mágica. Dos leones reciben al visitante a la puerta del templo, en per­manente custodia del bellísimo crismón, símbolo que se repite después a lo largo del Camino. La misericordia divina y el imperio de la muerte pueden estar represen­tados mágicamente por estos leones. La catedral —sede de importantes concilios— destaca por su belleza y por su atrevimiento arquitectónico y marca de modo espec­tacular el estilo románico en España. Bajo el ara del al­tar tres arcas de plata atesoran las reliquias de Santa Orosia, patrona de la ciudad y de los santos Voto, Félix e Indalecio. Los capiteles del claustro son bellísimos. El Museo de Pintura Románica impresiona a cualquiera.

La imponente ciudadela o Los Glacis, construida por Felipe II y Felipe III, tiene mucha historia. Es de estruc­tura poligonal y se halla aislada por un profundo foso. Fue de gran importancia en las guerras de religión fran­cesa y en las revueltas de Antonio Pérez. En el año 1930 fue noticia esta fortaleza cuando se alzaron los capita­nes Galán y García Hernández contra la dictadura del general Primo de Rivera, a favor de la república.

El catálogo monumental de Jaca se completa con la iglesia de Santiago, de construcción inicialmente románica, la ermita de Sarsa, la torre medieval del Re­loj, iglesia del Carmen y el esbelto puente de San Miguel de estilo gótico sobre el río Aragón, por el que tantos peregrinos transitaron a lo largo del tiempo y del fervor jacobeo.

Monzón-Barbastro

De la judería de Monzón se tienen referencias diver­sas, sobre todo con ocasión de haber participado junto con las de Huesca y Calatayud, en la polémica sobre las obras de Maimónides que, iniciada en La Provenza, se extendió por algunas otras, lo que es índice del alto ni­vel cultural y religioso que las definía.

La Orden de los Caballeros del Temple tomó bajo su protección esta judería de Monzón, lo que proclama a todas luces la riqueza que llegó a caracterizarla, conser­vando su castillo como uno de los lugares más seguros de España para guardar el dinero real del que los judíos eran no sólo depositarios sino sus más frecuentes y fer­vientes recolectores de impuestos. Hay constancia de que en 1260 los cristianos de Monzón amenazaron con des­truir el barrio judío a cuenta de las desavenencias habi­das con estos por motivos de impuestos. Ante el intento del Papa Benedicto XIII de reconvertir la sinagoga en iglesia, dedicada a San Salvador, los cristianos se vieron obligados a desistir, temerosos de la reacción violenta de la judería.

No debe dudarse de que el barrio judío se encontra­ba lo más cerca posible al impresionante y seguro casti­llo templario, aunque en la actualidad no hay resto algu­no que lo atestigüe. Tampoco de la sinagoga se conoce su emplazamiento, ni de la iglesia de San Salvador que pudiera añadir algún dato o sugerencia con cierto carác­ter judío. Sin motivos serios, hay algunos que creen que las calles de la Fuente, del Mercado y del Sisallo tuvie­ron relación directa con la judería de Monzón. Otros re­fieren que la lámpara de cerámica que se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Zaragoza procede de la sina­goga de Monzón, al igual que una campana de bronce.

Con el beneplácito real ocuparon los judíos en el si­glo xin la Zuda o ciudadela de Barbastro y esta es la primera noticia que se tiene de su judería, que fue una de las más importantes de la Corona de Aragón, hasta que desapareció totalmente a consecuencia de la Dispu­ta de Tortosa en el año 1415.

De la fortaleza-castillo o Zuda no resta absolutamen­te nada en la actualidad y, por lo tanto, tampoco del ba­rrio judío de la ciudad episcopal de Barbastro. Sólo perdura la memoria de la iglesia de San Salvador en la que quedaría convertida la sinagoga, cumpliendo lo es­tablecido en las normas dictadas por el Papa Benedicto XIII, pero de la que no queda rastro alguno en la pobla­ción. Hay quienes afirman la relación poblacional exis­tente entre los judíos y el barrio de Entramuro hasta la Plaza del Mercado, por la calle de San Ramón. Durante estos tiempos la ciudad de Barbastro fue escenario de Cortes y en ella el rey aragonés Ramiro II el Monje pac­tó con Cataluña el matrimonio de su hija doña Petronila con el conde Ramón Berenguer IV, con lo que se dio ori­gen a la Corona de Aragón.

La visita a la población de Monzón deberá iniciarse en su plaza Mayor en donde se encuentra el Ayuntamiento, edificio del siglo xvi, exponente fiel del estilo del re­nacimiento aragonés en sus casas consistoriales. De la cercana casa de los Luzán se conserva su portada rena­centista. La primitiva fábrica de la iglesia colegiata de Nuestra Señora del Romeral es románica, en su interior, aunque su torre es mudéjar. La iglesia de San Juan es edificio de gran interés y de estilo gótico y su erección parece justificarse en acción de gracias por la reconquista cristiana.

Del castillo de Monzón basta decir que se trata de la pieza mayor de las construcciones defensivas templarías de toda la Corona de Aragón. La torre del Homenaje y la iglesia románica son sus piezas más antiguas y, por lo tanto, las más interesantes. La torre de Jaime I, la Sala de los Caballeros y las fachadas están sometidas a un largo y costoso proceso de restauración que llegará a devolverle a tan significativa edificación el prestigio his­tórico y arquitectónico que tuvo en tiempos pasados, coincidentes en gran parte con la época de su aljama.

En Barbastro hay que visitar su catedral consagrada por San Eboncio en 1101, con esbelta torre exagonal y excelente retablo central, obra labrada en alabastro, por Damián Forment, autor también del retablo de la cate­dral de Zaragoza y de otros de excepcional belleza. De la catedral resaltan además otros retablos y capillas y su Museo Diocesano con numerosas piezas de orfebrería, tapicería, pinturas y escultura, de los siglos xi al XII. Des­tacan fuera del templo la Torre de las Campana proba­ble minarete y las puertas. Entre las edificaciones civiles se menciona la casa de los Argensola, siendo visita obli­gada la del santuario del Pueyo, que custodia la imagen sedente de la Virgen, del siglo XIII.

Teruel

Entre tanto arte como reluce en la ciudad de Teruel hay que prestarle especial y religiosa atención al mude­jar, debido sobre todo a los más directos herederos de los musulmanes, que escribieran en sus principales edificios páginas tan excepcionales como para haber decicido a la Unesco a declararlos nada menos que Patrimo­nio Cultural de la Humanidad. Teruel tiene mucha y muy antigua historia, por haber sido capital del pueblo turboleta y contar con los yacimientos arqueológicos de Terrazas de San Juan y del Alto Chacón, entre otros.

Con referencias a la concesión de su Fuero, el rey Al­fonso II, en 1176, cinco años después de la reconquista de la ciudad, hay que reseñar que en él se hallan perfec­tamente reguladas las actividades cerámicas y alfareras de sus habitantes llegando a constituir la primera indus­tria artesana de la población. Por cierto en el mismo Fuero, y en relación con los judíos, se dice expresamente: «qual los jodios sieruos son del sennor Rey et siempre a la real bolsa son contados». Resulta muy interesante esta declaración, especialmente cuando se sabe que este tipo de servidumbre de los judíos y su adscripción como pro­piedad real, estuvo establecida en Inglaterra y en el sa­cro imperio germánico hasta el siglo xra.

Parece ser que de los dos o tres centenares de judíos con que contaba la aljama de Teruel había comerciantes en especias, boticarios, orfebres, tejedores, sastres, za­pateros, curtidores, peleteros y, sobre todo, alfareros, aparte del médico judío que había en todas las poblacio­nes. La comunidad judía incluía asimismo viudas, gente pobre, funcionarios religiosos, maestros y cantores de las sinagogas y todos ellos eran mantenidos por la misma comunidad, que satisfacía también los impuestos de los que ellos estaban eximidos.

San Vicente Ferrer estuvo predicando en 1412 en Teruel y hay referencias de que fueron muchos los ju­díos que se convirtieron, entre los que se menciona, por su importancia social, la familia Nairi procedente de Albarracín. Aunque los judíos vivían al principio en Teruel mezclados con la población cristiana, la predica­ción de San Vicente Ferrer motivó que lo hicieran de allí en adelante en un solo barrio, del que era su centro la hoy todavía llamada plaza de la Judería, junto al Alcá­zar, el torreón de Ambeles y a la puerta de la muralla llamada Portal Alto. Las calles que configurarían el barrio judío son las de Caracol, Bartolomé Esteban, plaza de Bolomar, Cuesta de San Pedro, calles de Ainsa y Co­madres. Diversas puertas cuya localización no resulta posible daban paso al barrio judío, totalmente cercado. Las ruinas de la sinagoga pueden tal vez hallarse en la misma plaza de la Judería. En el Museo Provincial se conserva parte de una lámpara de hanukká de cerámica turolense, del siglo xv, así como una jarra procedente de su sinagoga. En los Llanos de Santa Lucía se encontra­ba el cementerio judío, en el que han sido halladas inte­resantes y curiosas piezas e inscripciones en hebreo, de nombres femeninos.

Teruel es todos los años capital y sede de un acredi­tado simposio internacional de mudejarismo, dado que su privilegiada declaración como Patrimonio Cultural de la Humanidad de sus principales edificios mudejares la acreditan para ello con autoridad y reconocimiento.

El monumento capital turolense es su iglesia catedral, templo erigido en ladrillo y manipostería, heredero de una primitiva iglesia de la que se habla ya en el Fuero de 1176 y que alcanzó el rango de colegiata en 1342. Pieza singular en ella es su cimborrio, en el crucero, y algunos retablos, especialmente el Mayor. El Museo Catedralicio alberga piezas muy ricas de orfebrería. La pieza mayor del recinto es su artesonado, el más importante de la España medieval. En el exterior del templo destaca glo­riosamente su esbelta torre mudéjar erigida hacia 1257, típico ejemplar de las denominadas torres-puertas. La Torre de San Martín está situada junto al legendario por­tal de la Andaquilla. De planta cuadrada y portalón de arco apuntado presenta una compleja decoración de azu­lejos. Data del año 1315. La torre de San Salvador es casi coetánea y gemela de la de San Martín.

La iglesia de San Pedro, ya existente en el siglo xn, luce también una bellísima torre gótico-mudéjar, con magnífico ábside, también gótico-mudéjar en su exterior y una sola nave. Entre sus bellos retablos resalta el dedicado a San Cosme y a San Damián. Esta iglesia es muy visitada dado que en su interior se encuentra el sepulcro o sarcófago de los Amantes, obra del escultor Juan de Ávalos y uno de los motivos más atractivos con que cuen­ta la capital turolense para atraer el turismo.

La ruta turística por Teruel tiene en cuenta el viaducto sobre el Tuda, la plaza de San Juan, plaza del Torico con su fuente y monumento erigido en honor del animal del que puede proceder su nombre. La ruta ha de pasar tam­bién por la muralla medieval, castillo de Ambeles, Casa de la Comunidad y Acueducto de los Arcos. El Palacio Episcopal, la iglesia de la Merced y los conventos de San­ta Teresa y Santa Clara completan la oferta turística-artística.

Zaragoza. Calle Urrea (Foto Daniel Makowski)

Zaragoza. Calle Urrea (Foto Daniel Makowski)

Zaragoza

De los 12.000 judíos pudiera tener el reino de Aragón en sus tiempos más florecientes, unos dos mil pudieron muy bien haber residido en Zaragoza, por lo que su judería es considerada la más importante, sobre todo desde que la de Barcelona comenzó a empequeñecerse. Uno de los acontecimientos de mayor relevancia regis­trados en la aljama zaragozana, que por cierto ya en la época del reino taifa era muy conocida dentro y fuera de España, dio origen a la celebración del llamado Purim de Zaragoza que se celebró como fiesta religiosa de sin­gular importancia en la comunidad.

Zaragoza. Calle de San Miguel (Foto Daniel Makowski)

Zaragoza. Calle de San Miguel (Foto Daniel Makowski)

Resulta que el 2 de febrero de 1420, al disponerse la ciudad del Ebro a reci­bir con solemnidad al rey Alfonso V, un delator hizo co­rrer la idea de que las cajas con que saludaban los ju­díos al rey no contenían los rollos sagrados de la Tora, en gesto de desprecio a la autoridad real. Al abrir las ca­jas para comprobar la inexistencia de los rollos, todos pudieron percatarse de lo infundada que era la sospecha, con lo que los judíos se libraron de un castigo seguro. El hecho, considerado como milagroso se escribió en un rollo especial que fue guardado en una caja y el día fue declarado nuevo Purim para la aljama.

Zaragoza. Calle Rufas (Foto Daniel Makowski)

Zaragoza. Calle Rufas (Foto Daniel Makowski)

En Zaragoza —«perla del judaismo hispano»— hubo dos juderías que, en conformidad con los estudios reali­zados, están perfectamente delimitadas, siendo fácil su localización aun a pesar de las transformaciones urba­nísticas propias del paso del tiempo y de las exigencias ciudadanas. Tradicionalmente una de las juderías era conocida como la Judería Cerrada, siendo su época más floreciente la del siglo xn y xm. La muralla romana la cercaba en gran parte. Comprendía las calles siguientes: Don Jaime I, plaza de José Sinués, calles Eusebio Blasco y P. Sastrón, de la Verónica, San Andrés y Gabriel Zaporta, Pedro J. Soler, Santo Dominguito del Val, San Jorge, San Vicente Paul, San Carlos, Marqués de Lazan, Espino, Gallo, Estudios, San Lorenzo, Pelegrin, Mayor…

Zaragoza. Calle Mayor (Foto Daniel Makowski)

Zaragoza. Calle Mayor (Foto Daniel Makowski)

Seis puertas o postigos ponían en comunicación la jude­ría con el resto de la población. De ellas tres estaban si­tuadas en el muro de piedra y otras tres en el de ladrillo. Cerca del Portal de la Judería se encontraban el castillo de los judíos, la carnicería, hospital y sinagoga mayor. Hay constancia de las casas en las que habitaron impor­tantes familias judías, como la de la Caballería y la de Abenacora. Los callizos recuerdan vivamente la presen­cia judía.

Zaragoza. Mateo Flandro (Foto Daniel Makowski)

Zaragoza. Mateo Flandro (Foto Daniel Makowski)

Los siete callizos de la judería nueva entre el Coso y la calle de San Miguel podrían muy bien coincidir con estos: Comandante Repolles, Mateo Frandro, Hermanos Ibarra, Rufas, Urrea, Santa Catalina y Juan Porcel. Es­tas calles recibieron en los diversos tiempos otros nom­bres, resaltando los de Callizo Primero o del Arco, Del Medio, o de la Sinoga y Zaguero, que era el más alejado de la puerta Ferriza, llamado también de Santa Catali­na.

Zaragoza. Hermanos Ibarra (Foto Daniel Makowski)

Zaragoza. Hermanos Ibarra (Foto Daniel Makowski)

La ruta turística con carácter judío por la ciudad de Zaragoza tiene en cuenta la ubicación de sus sinagogas, de las que al menos de seis hay cumplida y documenta­da referencia. La Mayor se ubicaba en la plaza de la Judería, en el lugar del seminario de San Carlos. Era conocida también como «sinoga de las mujeres de la sinoga mayor». Los jesuítas la adquirieron, con lo que vuelve a confirmarse el afán de la Compañía de Jesús por asentar sus lugares de culto y de estudios sobre otros que habían sido judíos.

Zaragoza. Calle de San Andrés (Foto Daniel Makowski)

Zaragoza. Calle de San Andrés (Foto Daniel Makowski)

De la sinagoga Menor se sabe que estaba en el barrio de San Gil, tal vez donde hoy está la plaza de José Sinués o en la calle de San Andrés, confirmándose también la relación de este apóstol con los lugares ju­díos. La sinagoga Nueva o de Becorolim estaba situada en la antigua calle de los Torneros, hoy de la Verónica. La sinagoga de los Callizos habría que buscarla en la confluencia de la calle Juan Porcel con el Coso. No está localizada la sinagoga de Bienvenist o Biembies, aunque pudiera haber estado en la calle de Gabriel Zaporta.

Zaragoza. Calle de San Vicente de Paul (Foto Daniel Makowski)

Zaragoza. Calle de San Vicente de Paul (Foto Daniel Makowski)

En­tre las calles de Santo Dominguito del Val y de San Vi­cente Paul pudo haber estado la sinagoga del Talmud Tora. Es posible que también estuviera registrada una sinagoga particular, propiedad de los curtidores. La desa­parecida iglesia de San Andrés pudo también haber sido antes sinagoga.

Zaragoza. Calle de Santo Dominguito del Val (Foto Daniel Makowski)

Zaragoza. Calle de Santo Dominguito del Val (Foto Daniel Makowski)

Hay referencias de varios hospitales judíos, como el que se ubicara en la plaza de San Carlos. En el sótano de la casa del Coso, número 132, se hallan los Baños lla­mados Baños del Rey, de procedencia y adscripción ju­días. El cementerio se encontraría probablemente en el término de Miralbueno, cerca de la estación de ferroca­rril del Portillo. En el palacio de la Alfajería actuó el Tri­bunal de la Inquisición, tomando decisiones que frecuen­temente repercutieron contra los judíos. La ruta turística de los recuerdos zaragozanos pasará y se detendrá en este lugar, al igual que en los archivos de la Seo y de Proto­colos Notariales en los que se conserva y puede estudiarse tanta documentación relacionada con los judíos, así como textos hebreos. Natural de Zaragoza fue Abraham Abrefalia (s. XIII) destacado cabalista.

Zaragoza. Vista general del Pilar, junto al río Ebro.

Zaragoza. Vista general del Pilar, junto al río Ebro.

La visita a Zaragoza tendrá además en cuenta al me­nos la Basílica y Santa Capilla del Pilar, la Seo, Ayunta­miento, diversas parroquias, iglesia de Santa Engracia y sus sarcófagos cristiano-romanos, palacio de la Alfajería, multitud de palacios, Museo Camón Aznar, Museo de Tapices, Museo de Pablo Gargallo, Museo de Historia de la Ciudad, Audiencia, Casa de la Maestranza con su pa­tio de la Infanta…

Calatayud

Con lenguaje profundamente religioso, transido de esperanza y de fe en la salvación definitiva y crucial de su pueblo, en una lápida del cementerio judío de Girona que se conserva en el Museo Arqueológico de Sant Pere de Galligants de esa ciudad y que puede muy bien ser significativa en la trayectoria existencial de la mayo­ría de los judíos, se dice expresamente: «Pacífico fui du­rante mi existencia/y desde un principio/preseas allegó mi mano;/cua do vino mi fin la luz aun me circundó/el dia en que fui convocado para volver a mi fundamento./ Túmulo funerario de R. Sidgia, hijo de R. Selomó/su mamoria sea para la vida eterna./Fue vertida su lámpara y se congregó a su pueblo en el mes de Sebat del año (5) 131. (a 1371).

JUDIOS DE CALATAYUD

Calatayud es hoy la segunda ciudad en importancia de la provincia de Zaragoza y su judería fue una de las más antiguas y numerosas. Aunque en realidad su em­plazamiento no responde con el de la romana Bilbilis, patria del poeta satírico hispano-romano Marcial, se con­sidera heredera de la civilización y cultura que se encon­tró y se encuentra en el cercano cerro de la Bámbola en las proximidades de Huérmeda. Conscientes los musul­manes del valor estratégico del lugar, lo fortificaron en el año 716 entre los cerros del Ravelin y del Reloj en el entorno del castillo de Ayyub—Qal, at Ayyub—, del que procede su actual topónimo. Las tropas cristianas de Al­fonso I el Batallador lo conquistaron en 1120 y los ca­balleros hospitalarios y templarios consiguieron en la población partes importantes de la misma a cambio de la ayuda prestada en su reconquista.

Placa de la calle de la Torre Mocha, en la judería de Calatayud. (Foto Michel Arenas)

Placa de la calle de la Torre Mocha, en la judería de Calatayud. (Foto Michel Arenas)

De la presencia judía en la ciudad hay ya referencias en el siglo x, tal y como refiere una lápida sepulcral. La importancia de la aljama bilbilitana se aminoró en tiempos de las guerras entre Aragón y Castilla, si bien en las últimas décadas del siglo xiv su número llegó a sobrepa­sar el millar. Las profesiones más frecuentes de sus ha­bitantes judíos eran la de médicos y de comerciantes en paños. Hay constancia también de ilustres judíos rela­cionados con Calatayud, como en el caso de R. Ishaq Arama, autor de la obra Aquedat Ishaq y Hazut Qasa. Sorprendentemente en el Fuero de Calatayud se dice: «Cristiano iuret ad iudeo et ad/super cruce; et judeus juret ad christiano in carta sua Tora tenendo».

La judería de Calatayud parece haberse ubicado jun­to al castillo de Doña Martina o de la Judería, cerca de las iglesias de Santa María y San Andrés, apóstol que parece salvaguardar como por ministerio u oficio las es­peranzas de la colectividad judía. Otros lugares de la ju­dería serían la Cuesta de Santa Ana, plaza de la Higuera, de la Jolea, calles del Recuerdo, Cuartelillo, la Parra y Bañuelo, barrio de la Consolación y Torremocha en la que se encontraba su carnicería. Se habla de tres sina­gogas en la población, convertidas después en iglesias como en el caso de la de San Pablo y en el de la ermita de la Consolación. Junto al barranco de Las Pozas se ubicó el cementerio.

Calatayud. Sinagoga Mayor. (Foto Michel Arenas)

Calatayud. Sinagoga Mayor. (Foto Michel Arenas)

La ruta turística por Calatayud ha de tener necesa­riamente en cuenta la presencia de las tres religiones o culturas —musulmana, cristiana y judía— que durante tanto tiempo convivieron en la población, capital del Ja­lón Medio. El castillo de Ayyub es punto obligado de re­ferencia turística en la población, en cuyo entorno hubo además otros cuatro castillos, que formaban una línea defensiva de gran trascendencia estratégica.

Uno de los atractivos con mayor interés turístico es el contenido y manifestado en sus templos de estilo mu­déjar, dado que ejemplares de este estilo como los de Teruel han sido declarados por la Unesco nada menos que como Patrimonio de la Humanidad. La Colegiata de Santa María con su torre octogonal, su claustro y parte de su ábside, es prueba de ello. Otro edificio del mismo estilo es la iglesia de San Pedro de los Francos en la que por cierto se celebraron Cortes Generales en los años 1411 y 1461. En el mismo estilo mudéjar se inscriben las iglesias de Nuestra Señora de la Peña, la colegiata del Santo Sepulcro, San Juan el Real, el antiguo seminario de Nobles y el colegio de la Compañía de Jesús.

Calatayud. Calle de la Judería.

Calatayud. Calle de la Judería.

Como la ruta turística ha de llevar al visitante a ad­mirar también el resto de los monumentos, ella ha de pasar por la llamada Fuente de la Sisa o de los Ocho Caños, de tiempos de Fernando el Católico, y por la Puer­ta de Terrer, del siglo xvi. Es larga y gloriosa la serie de casonas-palacios con que cuenta Calatayud, entre las que destacan la Casa de los Sesé, Casa de los Pujadas y Casa de los Vezlope. Entre las casonas-palacios de estilo neo­clásico hay que citar la del barón de Warsage.

La ruta turística desde Calatayud se enriquece con la posibilidad de visitar los yacimientos arqueológicos de Bilbilis y poblaciones cercanas como Ariza con su igle­sia parroquial de Santa María la Real y los recuerdos de su judería junto a esta iglesia y a los restos de su an­tiguo castillo y tramos de sus murallas.

Daroca

Al referirnos a Daroca en nuestra visita a la España judía, hay que mencionarla como la Ciudad de los Cor­porales, aunque esta denominación no tenga relación directa con la comunidad judía que habitara en la villa zaragozana y sí con la musulmana. La tradición se re­monta al año 1238 cuando el campamento cristiano ara­gonés situaba el castillo musulmán de Puig de Códol en el valenciano Valle de Chio, en la campaña de don Jaime I el Conquistador. En el citado campamento celebraba en aquellos momentos la santa misa el sacerdote de Daroca Marteo Martínez y, al sonar la alarma, y ser atacados por los musulmanes, se vio obligado a interrumpir la misa, guardó de prisa y corriendo las hostias consagradas en los corporales y las escondió bajo unos matorrales. Al recuperarlas, pasado cierto tiempo, halló con sorpresa que estaban marcados con una cruz de sangre. Al no haber acuerdo acerca de en qué ciudad —Daroca, Calatayud o Teruel— habían de ser depositados los cor­porales del milagro, decidieron cargarlo sobre una muía que en su largo deambular llegó a Daroca, desplomán­dose muerta junto a la iglesia de San Marcos.

Daroca convoca periódicamente actividades relacionadas con la herencia judía en la zona.

Daroca convoca periódicamente actividades relacionadas con la herencia judía en la zona.

Por este hecho tan universalmente conocido y por la situación estratégica de Daroca en la vía de comunica­ción de Córdoba a Zaragoza, de su judería hay ya noti­cias aun en la época musulmana. Éstas aseguran que al menos un quince por ciento de la población era judía, por lo que logró categoría de aljama, fue bastante afec­tada por cierto por los sucesos del año 1391. En la Dis­puta de Tortosa esta aljama estuvo representada también por el famoso rabino Josef Albo, autor de Seferna-Iqqarim. Voluntariamente o a la fuerza bautizos, el hecho es que a raíz de la Disputa de Tortosa de 1413 apenas sí queda­ron judíos en Daroca, aunque Juan II en 1458 ordenó que los habitantes de su judería no vivieran mezclados con los cristianos. Tal vez esta medida fuera general y pura­mente administrativa, sin tener presente la realidad de lo que acontecía en cada una de las poblaciones. El día 3 de agosto de 1492 un tal Domingo Agustín vendió a Juan Jasso «unas casas que solían ser sinoga et un spital en Daroca».

Calle de la antigua judería de Daroca.

Calle de la antigua judería de Daroca.

La delimitación de la judería de Daroca parece ajus­tarse, en conformidad con algunos documentos, al «Pozo de San Pedro e la carrera de Mosen Andrés Papalvo, fasta raíz del castiello, e al postigo del Mercado, como dize la muralla, tornando por la carrera de Mosen Lop Vicent, que torna salir al Pozo sobredito». En conformidad con esta descripción la judería coincidiría con la plaza de San Pedro, Peña del Castillo, la plaza del Barrio Nuevo, y calles de Pedro Ciruelo y Pablo Bruna a cuyo conjunto se accede por la Puerta Alta. Otros amplían la judería a las calles Mayor, Caraza y cerro de San Jorge. En la pla­za del Barrio Nuevo o de la Judería es posible que se ubicara la sinagoga.

 

Jornadas de cocina judía en Daroca.

Jornadas de cocina judía en Daroca.

La primera mención documentada que se tiene de Daroca, Daruqa es del año 831, atribuyéndose su funda­ción a los árabes, que estimaron el lugar como propicio estratégicamente en el camino.

Daroca es uno de los lugares más visitados de Ara­gón, dado que en todas las rutas del llamado turismo religioso —que por cierto en Aragón es tan numeroso— Daroca y sus Corporales se encuentran presentes y mu­chas veces como meta. La festividad del Corpus Christi y su Semana de Música Antigua son tiempos y ocasiones propicias para la visita programada desde cualquier lu­gar de España y de algunos extranjeros.

La Puerta Alta y la Puerta Baja son accesos históri­cos para adentrarse en la Ciudad de los Corporales, cuya arteria principal es su calle Mayor. Su perímetro amura­llado es tan sólo similar en su amplitud al de Albarracín en todo Aragón y es dos veces superior a su mismo cas­co urbano. La hermosa Puerta Baja fue embellecida en tiempos de Carlos V. De ese tiempo es también la Fuen­te de los Veinte Caños.

Entre los edificios dignos de consideración destaca la casa de los Luna del siglo XIV: La casa de la Comunidad es del siglo XVIII. La casa de la Cadena es del xvn. La co­legial de Santa María, conocida también como de Nues­tra Señora de los Corporales, de primitiva traza románica, fue construida en el siglo xvi. Conserva de su construc­ción primera la Puerta del Perdón, la torre, el exterior de los ábsides y la capilla de los Corporales. En la iglesia merecen atención también su órgano, uno de los más an­tiguos y mejores de España en el que compuso sus obras el conocido como Ciego de Daroca. Su Museo Parroquial guarda interesantes pinturas y esculturas de los llama­dos primitivos autores aragoneses.

 

La iglesia de San Juan, de factura románica, fue remodelada en el siglo xm según cánones mudejares. Del siglo XIII son también las iglesias de San Miguel y de San­to Domingo, con torre mudejar e interesante museo. Los conventos de Santa Ana, los Escolapios y de las Domini­cas completan la oferta artística y monumental de esta ciudad, que da la impresión de ser un pequeño Vaticano.

 

Tarazona

Aunque no tenga en esta oportunidad relación direc­ta alguna con la gastronomía, hay que referir que siem­pre llevaron merecida fama en las mesas las judías secas de la huerta turiasonense, sobre todo las regadas por las míticas aguas del río Queiles.

De la judería de Tarazona se asegura que fue una de las más numerosas de Aragón, sobre todo en el si­glo xiii. La ubicación de esta ciudad fronteriza entre los reinos de Aragón y Castilla explica su importancia y, por lo tanto, la presencia en ella de una notable alja­ma. Patria de nobles judíos, en ella se refugiaron también otros, cuando arreciaron contra ellos las persecuciones en otras partes de España. Tal es el caso de Semtob ben Ishaq Saprut, médico y escritor. Consta que Tarazona contó con dos juderías, aunque una y otra estuvieran localmente cercanas. Como nuestra ruta por esta ciudad ha de partir de los archivos diocesano capitular y de pro­tocolos de la misma, en ellos es posible deducir que la judería vieja se ubicaba en la calle que todavía es cono­cida como de la Judería, junto a las calles del Conde y Rúa Alta, detrás del palacio episcopal. Podría ampliarse, en conformidad con otros testimonios, también hasta las calles Rúa Alta de Bécquer, Aires, Rúa Baja y plaza de los Arcedianos. Acerca de la ubicación de la llama­da Judería Nueva, parece extenderse esta hacia el Ayuntamiento, plaza de España, plaza de la Merced, calle de Doz, Cuesta de los Arcedianos, y plaza de Nuestra Señora.

En relación con las sinagogas, hay constancia de dos, una de las cuales se ubicaría junto a los templos o en los mismos de Santa María Magdalena y de la Santa Cruz o Virgen de las Mercedes. En tiempos de guerras las caste­llano-aragonesas, las sinagogas, en idéntica proporción a como aconteció con los templos cristianos, fueron en diversas ocasiones destruidas. Del cementerio judío, al­gunos aseveran que se encontraba en la plaza de la Mer­ced, mientras que otros dicen que estaba en la calle de Caldenoguea, detrás de la de las Hoyas o junto a la antigua iglesia del Carmen. En la Rúa Baja podría muy bien encontrarse la carnicería de los judíos.

En el archivo capitular de la catedral son muchos los documentos judíos a consultar para cerciorarse y docu­mentar nuestra estancia durante la visita a Tarazona en las rutas por la España judía.

Si la visita a Tarazona coincide con la celebración de sus fiestas, hay que prestarle atención muy particular en las de San Atilano a su espectacular Cipotegato, perso­naje burlesco que es perseguido por calles y plazas a gol­pe de tomatazos. La comida comunal que tiene lugar en la Romería de Quililay, con subida vecinal a las faldas del Moncayo —mons Caunus (blanco)— es digna de en­comio, por la generosidad y calidad de los alimentos y por su ejemplar sentido participativo.

La existencia en Tarazona de una escuela de traduc­tores puede muy bien hacer presentes ecos y actitudes de la convivencia cultural de tiempos pasados. La visita a la ciudad de Tarazona está marcada por el río Queiles, con sus leyendas, historias y mitos. La catedral fue construida sobre la primitiva capilla mozárabe dedicada a la Virgen de la Hidria o de la Huerta. Fue fundación de don Pedro Atares, fundador asimismo del monasterio de Veruela. Destacan en la Seo turiasonense el claustro, to­rre, retablos y museo. El templo es una bella joya de es­tilo mudéjar, al igual que tantos otros de la población.

La ruta pasa por la iglesia de Nuestra Señora del Río, en la que se venera una imagen románica de la Virgen de la que asevera la tradición que apareció flotando en el río. La plaza de toros tiene la originalidad de su antigüe­dad y de que su trazado es octogonal. En el barrio alto del Cinto hay casas colgadas que se corresponderían con las de la antigua judería. La iglesia de la Magdalena luce su inconfundible torre mudejar. El palacio episcopal está construido sobre la antigua Zuda. La iglesia de la Mag­dalena fue antigua catedral, es de tres naves y su torre fue construida en el año 1503. El edificio del ayuntamien­to es del siglo XVI con bellísimos relieves de motivos mi­tológicos y fantásticos y hermosa galería de estilo vene­ciano.

Entre sus edificios civiles hay que reseñar el palacio de Alcira, su teatro del siglo xvni, palacio de los Gil de Borja y Casa de los Canónigos, ambos del siglo XVIII. La oferta arquitectónica religiosa se completa con las igle­sias de Santa Teresa, de la Merced, San Francisco, San Vicente Mártir, San Atilano, ermita de San Juan Bautis­ta, el Crucifijo y conventos de Carmelitas de San Joaquín y Franciscanas de la Concepción.

Es obligada la visita al monasterio de Veruela, dis­tante 14 kilómetros, el primero de los cistercienses de la Corona de Aragón, fundado en 1146 con preciosas de­pendencias monásticas y en el que Bécquer escribió sus Cartas desde mi celda y sus Rimas y Leyendas.

 

 

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

 
 

Sobre el autor

Más artículos de

 

 
 
Utilizamos cookies propias y de terceros para garantizar que tenga la mejor experiencia en nuestro sitio web, mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias según su navegación y recopilar información estadística. Si continua navegando consideramos que acepta el uso de cookies.
Más información sobre cookies