Ávila

 

Fantasean algunos asegurando que ya había judíos en Ávila en la época romana. Parece lo más seguro que ellos llegaron a esta ciudad con los repobladores de la recon­quista, a finales del siglo xi, existiendo documentación sobre la judería en 1144, que llegó a alcanzar uno de los puestos de máxima importancia entre las juderías caste­llanas. Uno de sus personajes de mayor relieve fue Yucaf de Ávila, célebre recaudador de impuestos del rey Sancho IV, e inspirador de un notable movimiento cultural, por inspiración de Mose de León. Fue de gran interés el movimiento «mesiánico» desatado en esta población por el llamado profeta de Ávila y que ocasionó graves pérdi­das para los judíos, con el milagro de las cruces.

Ávila y sus famosas murallas.

Ávila y sus famosas murallas.

Ávila encierra importantes recuerdos judíos. De su convento de Santo Tomás fue prior fray Juan de Torquemada, autor de Instrucciones Inquisitoriales, Gran Inquisidor y de quien se asegura que en tiempos de su mandato unas tres mil personas fueron condenadas a muerte por motivos religiosos, con mención para los ju­díos, de cuya expulsión él fue uno de los máximos insti­gadores. El brasero de la Dehesa, cerca de las ruinas del viejo convento de Sancti Spiritu en Ávila, fue testigo de su desventurado celo perseguidor en el nombre de Dios. El proceso del niño de La Guardia, que tuvo lugar en el atrio de la iglesia de San Pedro en Ávila, aceleró la deci­sión de los Reyes Católicos de firmar cuanto antes el Decreto de Expulsión de los judíos, que en la ciudad po­drían rondar los mil.

Consta que eran dos las juderías de Ávila y las calles con las que en la actualidad se correspondían con la pri­mera eran éstas: Telares, travesía de Telares, Santo Do­mingo, plazuela de Santo Domingo, Pocilio, plaza del Pocilio, travesía de San Esteban… La judería más tradi­cional abulense es precisamente la comprendida en este círculo de calles. La otra judería en las cercanías de las puertas de Mariscal y del Carmen, comprendía las si­guientes: Brieva, Marqués de Benavites, Esteban Domin­go y plaza de Fuente el Sol.

Parador de Ávila

Parador de Ávila

Acerca de la ubicación de las sinagogas se habla de una en la calle de Esteban Domingo y otra en la de los Reyes Católicos, tal vez en el solar que ocupó después la capilla de las Nieves. En el número 2 de la plaza del Po­cilio pudo muy bien haber estado situada otra sinagoga. También se habla de otra en el barrio de Covaleda y otra «cabe la puerta de Malaventura», tal vez en la calle de Telares. Acerca del cementerio son muchas las opinio­nes. Unos lo sitúan junto al monasterio de la Encarna­ción y otros en lo que después fue convento de Santo Tomás, tan predilecto de los Reyes Católicos. Otros se refieren a la calle Toledana, hacia el Valle de Ambles, cerca de la iglesia de Santiago. Acerca del convento de Santo Tomás se asegura asimismo que sus terrenos per­tenecieron a un clérigo judaizante que fue quemado en el brasero de la Dehesa y se dice también que fue cons­truido con buena parte del dinero y del oro incautado a los judíos. En la basílica de San Vicente hay una lápida que dice: «En esta sepultura está enterrado el judío que, por milagro de Dios, se tornó cristiano e hizo esta Igle­sia. Año 307». En el cenotafio de San Vicente, mártir, en la iglesia de su mismo nombre, está representado un ju­dío.

Toda Ávila es un monumento. Ávila es Ciudad Patri­monio de la Humanidad, la ciudad medieval mejor con­servada del mundo. Ávila reúne todas las bellas artes. Es la ciudad de los santos por antonomasia. «Ávila, la bien cercada». Ávila, la ciudad mejor amurallada del mundo con un perímetro de más de dos kilómetros. Sus obras se iniciaron en el mes de mayo de 1090 y dispone de nue­ve puertas y dos poternas.

La catedral comenzó a construirse en 1170. Está lle­na de arte y de historia. Alberga esculturas de alabastro, pinturas, vidrieras y capiteles llenos de grandiosidad. Es de fuerte inspiración gótico-francesa. La puerta de los Apóstoles merece mención muy particular. El sepulcro de don Alonso de Madriga, El Tostado, es una de las me­jores obras del arte funerario. El retablo mayor es obra de Pedro Berruguete, Santa Cruz y Juan de Borgoña. El museo capitular contiene preciosas obras de arte, entre ellas la custodia de Juan de Arfe. La basílica de San Vi­cente, del siglo xn, formó parte del trío de «iglesia juradera» de España, con la de Santa Gadea, de Burgos, y la de San Isidoro, de León. La puerta principal es lla­mada con toda razón El Pórtico de la Gloria abulense y es también atribuido al maestro Mateo. Destaca el sepul­cro de los Santos Mártires. La iglesia de San Pedro cuenta con valiosos retablos, pinturas e imágenes. La iglesia de San Andrés, de finales del siglo xi, es de estilo románico purísimo. En la ermita de San Segundo se halla una es­tatua orante del santo, obra de Juan de Juni, la mejor escultura barroca de Ávila.

La ruta Teresiana y Sanjuanista es de las más reco­rridas; en ellas hay que visitar la iglesia de la Santa, con la habitación en la que ella naciera; el convento de San José, que conserva su primitivo «corito»; el monasterio de la Encarnación, en el que ingresó como novicia; el convento de Nuestra Señora de Gracia; el convento de Santo Tomás, fundado por los Reyes Católicos, con reta­blo de Berruguete y sepulcro del príncipe Juan, hijo de los Reyes Católicos…

En el apartado de la arquitectura civil hay que resal­tar casas señoriales como el palacio de los Polentinos, de los Águilas, de los Dávilas, con su leyenda «donde una puerta se cierra, otra se abre»; de los Vela, el Torreón de los Guzmanes, la Casa Almazara, la Casa de la Miseri­cordia, los palacios de los Serranos, de Verdugo, de Blas­co Núñez de Vela, de los Daenes, hoy museo provincial… Digno de mención es el Ayuntamiento y su plaza.

Candeleda

Desde siempre la población abulense de Candeleda disfrutó de una situación privilegiada, en cuyo entorno natural no han faltado el olivo, la higuera e incluso las palmeras, considerándose como un auténtico vergel, pro­picia por tanto al desarrollo y a la riqueza de sus habi­tantes. En su libro Judíos, moros y cristianos, don Cami­lo José Cela refería que «En Candeleda, a la vista de nieves perpetuas, florecen el limonero, el naranjo y el al­mendro. Candeleda muestra fresnadas y robledales, hi­gueras y piornales, castañares y olivares… y en los bal­cones volados crecen el geráneo y el clavel, la albahaca y el botón de rosa francesilla, el flagrante dondiego, que nos nombrar donpedro y otros dicen donjuán, el nardo, el jazmín…».

El nombre de Candeleda pudo haber procedido o de las candelas que encendieran los pastores de su término municipal o de San Bernardo de Candelena que vivió eremíticamente por estas tierras en el siglo xn y que se le veneraba como abogado contra la rabia. La historia del poblamiento se remonta a los tiempos del neolítico y los vetones, con su cultura de los verracos han dejado huellas de gran interés en El Raso y el Santuario de Postoloboso. Los visigodos pasaron también por este lu­gar al igual que los árabes, hasta que la reconquista los expulsó en el siglo xn, consiguiendo Candeleda gran importancia como lugar de paso de los rebaños tras­humantes de la Mesta. En su Libro de la Montería Alfon­so XI reconoce y alaba sus posibilidades cinegéticas, es­cribiendo que «es buen monte para el oso y el jabalí».

Fue en estos tiempos de desarrollo económico con unos 1.500 habitantes, cuando hicieron su aparición los judíos cuya aljama parece haber ocupado el barrio que se halla entre la antigua calle del Hospital y la calle de la Amargura. Es explicable la afluencia judía en una pobla­ción en la que las circunstancias descritas manifiestan altos índices de riqueza, con mención singular para las generadas por el paso de la Mesta, sin olvidar que todo cuanto tenía relación con las pieles y los tejidos solía ser actividad industrial o comercial de los judíos.

El recorrido por el casco viejo de Candeleda lleva con facilidad a calles y rincones en los que pervive el carácter judío en la configuración arquitectónica y ur­banística del conjunto. Las casas de la plaza Mayor lucen balcones de madera y están adornadas con di­versidad de plantas. Las viviendas están construidas con estructura de madera entramada rellena de ado­be, con técnicas de edificación propia del siglo xv. Sobresale en ellas el voladizo, balcón que se ubica en el segundo piso y que en los de la plaza del Ayuntamien­to están equipados con gradas que se aprovechan para contemplar mejor las corridas de toros. Las calles Cervantes, Corredera, del Pozo… tienen sabor muy típi­co y algunas de sus casas poseen escudos nobiliarios. Resalta la estampa de cualquier rebaño de cabras recorriendo sus calles, junto al rollo de justicia o el hospital del siglo XVI.

La iglesia de la Asunción data del siglo xiv y en su interior destacan el retablo mayor, con cinco cuadros en relieve dedicados a la Virgen, la reja de la capilla de San Antonio y la pila bautismal. Su mayor tesoro es el reta­blo de cerámica, de la segunda mitad del siglo xvi, obra posiblemente del célebre ceramista de Talavera Juan Fernández, que fue el autor de parte de los que hay en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Se trata de un tríptico de más de cuatro metros de alto y cerca de tres de ancho y representa la Última Cena y la Pasión del Señor. La ermita de San Blas es otro de los edificios reli­giosos de interés. Es conocida también como ermita del Cristo de la Cañada, por estar ubicada cerca de la caña­da de la Mesta.

La ruta ha de llevar a la aldea de El Raso, en cuyo collado del Freillo se descubrió un castro vetón y una necrópolis de la Edad de Hierro oculta por un yacimien­to romano. Se encontraron armas, vasos de ofrenda, un bronce etrusco y un frasco de ungüento oriental del si­glo v a.C. Se trata de un yacimiento de gran interés ar­queológico.

También en las cercanías de Candeleda se encuentra el santuario de Nuestra Señora de Chilla, con referencias a un pastor de nombre Finardo al que se le apareció la Virgen hacia el año 1300, siendo construcción el santua­rio del siglo xv. La talla de la Virgen, en el centro del re­tablo, tiene arrodillado a sus pies el pastor. Es conside­rada como patrona de Gredos y su romería es muy popular. Hay otra versión acerca de la aparición de la Virgen en la que ésta desde una estampa «chilló» en pro­tección y defensa de una devota a la que su marido ha­bía sorprendido en una escena de relación afectiva con un supuesto judío, deteniendo el puñal instantes antes de clavarlo en el corazón de su esposa.

 

 

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