Badajoz

 

La espera fue y es esencial en el judaismo. Durante el tiempo que enmarca nuestra visita a la España judía no podía haber sido menos. La paciencia judía a la hora sucesiva y permanente de esperar era más que reconoci­da por ellos y por el resto de los españoles. Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo en El Caballero Puntual, lo versifica de esta manera: «Cuéntame, Samuel, que ayer/, estuviste a visitarme,/y cansado de esperarme/te fuiste al anochecer./Mucho fue sin negociar/irte y vencer tu de-seo;/¿quién creyera en un hebreo/se cansara de esperar?». La esperanza en la venida del Mesías y en la liberación de su pueblo configuraban y configuran la vida de todos y cada uno de los judíos.

En la ciudad de Badajoz hubo un tiempo en el que tal esperanza fue mucho más fuerte en su judería, sobre todo cuando se concentraron en la población para pasar a Portugal por Elvas «Helves o Yelves» —unos diez mil expulsados, tal y como refieren los datos del cura de los palacios, Andrés Bernáldez, en su Crónica de los Reyes Católicos. Esta cifra es aún más ampliada por otras cró­nicas en las que se asegura que fueron 120.000 los ju­díos que pasaron a Portugal y que lo hicieron por Ciu­dad Rodrigo, Badajoz y Zamora.

La comunidad judía de Badajoz comenzó a asentar­se y a crecer a comienzos del siglo xi, cuando la ciudad pacense se convirtió en capital de un reino beréber que se extendía hasta la mitad de la Lusitania romana. La artesanía y el comercio, y éste con carácter hasta inter­nacional, eran sus actividades más importantes. En los archivos de El Cairo hay documentos que describen ac­tividades comerciales de los judíos de Badajoz con ciu­dades del Oriente.

Consta que los judíos pacensen vivieron algún tiem­pos en casas que eran propiedad del cabildo. A princi­pios del siglo xv podría rondar las 800 personas su aljama. Pese a que los judíos vivieron al principio diseminados por la ciudad, a mediados del siglo xv lo hacían ya la mayoría de ellos juntos, hasta formar un barrio en las cercanías del castillo en torno a la plaza Alta. Los histo­riadores refieren que tenían sinagoga y barrio y curiosa­mente dicen que «era más arriba de donde ahora está el colegio de la Compañía de Jesús», con lo que también en esta ciudad se confirma el dato de que los jesuítas eran muy proclives a ocupar lugares que hubieran estado próximos, o que hubieran pertenecido a los judíos.

 

El barrio judío o judería pacense se extiende además de la plaza Alta por las calles Encarnación, Norte, More­no Zancudo, San Lorenzo, Soto Mancera, parte de San Pedro de Alcántara, Brócense y Concepción Arenal, con las que también se identificó en un tiempo con el cono­cido como Barrio Chino, que fue otra de las característi­cas aplicaciones de las antiguas juderías. Rodeada de casas de canónigos y caballeros, una de las sinagogas estuvo emplazada en el castillo y la otra en la calle de San Lorenzo.

La ciudad de Badajoz alcanzó en la fragmentación del califato árabe extraordinaria importancia en la cultura, en la ciencia y en las obras públicas, incorporada al mun­do cristiano en 1230 por Alfonso IX. Su carácter de ciu­dad fronteriza le ha conferido a sus edificios y al talante de sus habitantes un estilo tolerante, mucho más que guerrero.

Entre sus monumentos destacan la catedral-fortale­za cuya construcción fue iniciada en el siglo xm, de esti­lo románico de transición al gótico, con elementos rena­centistas, con su magnífico coro de Jerónimo de Valencia, cercano a Berruguete, y bellos tapices flamencos del si­glo xvn en su sacristía, así como obras de Luis de Mora­les y las muestras de arte italiano de una Madonna con el Niño, relieve en alabastro de Desiderio de Settignano y una lauda sepulcral en bronce. La alcazaba es muestra excelente de la arquitectura árabe y ocupa la cima del monte. Se conserva la entrada, con las puertas del Capi­tal, de Carros, de Mérida y las torres de la Traición y del Alpéndiz o de Espantaperros, torre albarrana de planta octogonal, almohade, de tipo análogo o la de la torre del Oro de Sevilla. En el antiguo palacio de los duques de Feria, en la alcazaba, se instaló el Museo Arqueológico, rico en interesantes colecciones. En el Museo de Bellas Artes pueden contemplarse obras de Zurbarán, Morales, Felipe Checa, Eugenio Hermoso, Naranjo, Covarsí, Or­tega Muñoz. El grandioso puente de Palmas sobre el Guadiana fue construido con planos de Herrera, en 1596, asentado sobre pilares romanos, mide 582 metros de lon­gitud y tiene 32 arcos de medio punto, con dos torres al­menadas y escudo real de los Austrias. Además de las murallas almohades de la alcazaba, se extiende por par­te de la ciudad otra muralla construida con el sistema Vauban, de los siglos xvii y xvm y en ella son notables las puertas de Palmas, El Pilar y La Trinidad. Los parques de Castelar y de la Legión le confieren a la ciudad un sentido ecológico, artístico y equilibrador. Mención es­pecial reclama el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC).

Mérida

La judería de Mérida es posiblemente la más antigua del interior de la península ibérica en la que hubo regis­trado judíos. Una inscripción latina procedente de Mérida —la Emérita Augusta romana— fechada en el siglo n hace alusión al nombre de un cierto Justinus, de Flavia Neápolis, que es la ciudad de Siquem de la Biblia. Este nombre y el de otros aparecidos en lápidas de los siglos ni y iv son netamente judíos. En tradiciones antiguas se recogen asimismo las impresiones de grupos de judíos que fueron deportados desde Jerusalén a Mérida con oca­sión de la destrucción del segundo templo de Jerusalén en tiempos del emperador romano Tito en el siglo i. Se citan algunas familias judías asentadas en Mérida y Cór­doba cuya procedencia era precisamente de este tiempo. La presencia de los judíos en Mérida está también ates­tiguada en los tiempos visigodos por otra lápida pertene­ciente a los siglos v-vn y en la misma biografía del arzobis­po emeritense Masona. En los tiempos de la dominación musulmana fueron muchos los judíos de Mérida y de gran predicamento civil y político entre los de su raza en el resto de España, de tal modo que los dirigentes de su aljama ejercían fuerte influencia sobre las demás. De Mérida son originarios el poeta hebreo Yosef Ibn Abitur y los Ibn Albalía, astrónomos y talmudistas.

 

Los recuerdos judíos de Mérida, al igual que los de tantas otras poblaciones españolas, son muy reducidos y además indecisos en lo que hace referencia a su ubica­ción. Parece ser cierto que la sinagoga fue reconvertida en una iglesia dedicada a Santa Catalina —otro nombre tan relacionado con los recuerdos judíos— que por cier­to estuvo en la calle del mismo nombre junto al templo de Diana y que fue derribada hace tan sólo unos años. Las calles del mismo nombre de la santa virgen y mártir alejandrina, parte de la calle de Santa Eulalia, Berzocaba y parte de la de Romero Leal, podrían haber constituido el epicentro de la judería de Mérida. Acerca del osario-cementerio judío parece haber estado situado cercano al lugar conocido como Pancaliente, en el que también hubo un molino y que se encuentra en la orilla del río Guadia­na, entre el puente nuevo y el de hierro, no lejos de la desembocadura del río Albarregas, de tanta tradición y arqueología romana.

La ruta judía habrá de tener en cuenta las lápidas encontradas en los alrededores de la población que hoy ha vuelto a ser nominada capital de Extremadura, al igual que cuando lo fue de la provincia romana de la Lusitania. Estas lápidas se guardan en el Museo Sefardí de Toledo y en el Museo Arqueológico Nacional. En las excavacio­nes del anfiteatro romano se encontró también en 1925 una sortija-sello con inscripción hebrea, pero de cuya existencia no se sabe nada en la actualidad, si bien pare­ce ser que estaba fechada en el siglo xiv.

La actual ciudad de Mérida debe su origen a una tí­pica fundación imperial romana. El legado de Augusto, Publio Carisio, la fundó por orden del emperador el año 25 a.C. para asentar a los soldados veteranos de las le­giones V —Alaudae— y X —Gémica—, como premio a sus buenos servicios. Aun en el siglo iv el poeta Marco Ausonio en su obra Ordo Nobilium Urbium la sitúa en el noveno lugar entre las diecisiete ciudades más importan­tes del mundo romano. Mérida es una especie de pequeña Roma y en la actualidad es capital política de la Co­munidad Autónoma de Extremadura, con todo lo que ello lleva consigo, entre otras cosas la restauración y acondi­cionamiento de importantes monumentos que están sien­do aprovechados para los diversos organismos de tan alto rango ciudadano, reviviendo en cierto sentido la condi­ción capitalina que ostentó en la época romana.

Hay mucho que ver y que admirar en Mérida. La sola enumeración de sus atractivos turísticos-culturales alar­ga o multiplica necesariamente la estancia en Mérida, dotada hoy de buenos accesos desde Madrid y desde cual­quier otro punto de la Ruta o Vía conocida internacio-nalmente como Ruta de la Plata. He aquí algunos de sus monumentos más representativos: Museo Nacional de Arte Romano, Arco de Trajano, Parador Nacional Ruta de la Plata, ubicado en el templo romano de la Concor­dia, después Convento de Jesús; muralla, acueducto de Los Milagros, puente sobre el río Albarregas, pantano romano de Proserpina, iglesia de Santa Eulalia, con su templo de Marte acondicionado para esta mártir emeritense; acueducto romano de San Lázaro, circo ro­mano, iglesia de Nuestra Señora de la Antigua, monu­mento a Santa Eulalia, Termas, Casa Romana, muralla romana, columbarios, anfiteatro romano, teatro romano, casa romana del Mithraeo, alcazaba conventual, puente romano sobre el río Guadiana, con 762 metros de longi­tud y 60 arcos; palacio de Burnay (Hotel Emperatriz), iglesia de Santa María la Mayor, probablemente suceso-ra de la catedral metropolitana de Santa María de Jeru-salén, siendo también capital del reino visigodo de Agua; templo de Diana, Museo de Geología…

La actividad cultural de Mérida tiene su punto álgido todos los veranos en la celebración de los Festivales de Teatro Clásico que retorna el teatro romano a lugar de encuentro internacional de intelectuales, comediógra­fos y actores. Los recuerdos judíos se hacen presentes asi­mismo en pueblos de la comarca de La Serena, como Zalamea de la Serena, bajo la influencia de la pequeña corte del cardenal Don Juan de Zúñiga, en la que coinci­dió el judío Abraham Zacut.

 

Segura de León

La propia etimología de Segura —Segur-ak— hace re­ferencia a la condición de fortaleza roquera que define esta población, una de las más antiguas de la Baja Ex­tremadura y cuyo apellido —de León— recibe de su per­tenencia a la Encomienda Mayor de León, de la que fue su capital, después de haber sido conquistada por el Gran Maestre de la Orden de Santiago don Pelay Pérez Correia, poco tiempo antes de la conquista de Sevilla en 1248. Además del Fuero de Población concedido en 1274, le fue otorgado el de Sepúlveda y se convirtió en cabecera de comarca de numerosas poblaciones como Fuentes de León, Calera de León, Cabeza la Vaca de León, Cañave­ral de León y Arroyomolinos de León. El administrador de la Encomienda fijaba su residencia en el castillo de Segura, maciza construcción de piedra del siglo xm y cu­yas torres que flanquean la fachada de acceso son cono­cidas como de los Alcaldes y de Miramontes. Una de sus habitaciones perteneció a Garcilaso de la Vega, comen­dador mayor de León. Su balcón, sobre la puerta princi­pal de entrada, permanece todavía intacto. La capilla del castillo fue construida en 1511 y la torre del Homenaje actual lo fue en 1515.

No es de extrañar que una población de tales carac­terísticas contase con una de las juderías más importan­tes de la actual provincia de Badajoz, sobre todo en con­formidad con los repartimientos de impuestos de los que hay documentada referencia. En la actualidad el censo de esta población en los tiempos anteriores a su expul­sión se calcula en unos 900, en igualdad numérica con los cristianos. En Segura se refugió el financiero de los Reyes Católicos don Ishaq Abravanel, cuando huyó de Portugal por motivos políticos, haciendo lo mismo mu­chos judíos andaluces. En la Jewish National and University Library de Jerusalén se conserva el fragmen­to de una ketubbat o contrato matrimonial judío, fecha­do en Segura hacia el año 1480. El 30 de octubre de 1492 los Reyes Católicos prometieron pagar a David de Segu­ra 10.000 castellanos de oro si en el plazo de un año les entregaba el puerto y fortaleza de Mazalquivir. Además de algunas tradiciones y dichos frecuentes antijudíos, hay referencia en el término municipal de una finca denomi­nada del Judío y de otra conocida como La Menora, así como un puerto de montaña conocido como el de la Tora, divisoria de las aguas del Guadiana y del Guadalquivir, en la carretera 201. En torno a la iglesia parroquial y al castillo hay calles y plazas que conservan rasgos especí­ficamente judíos, propios de su estructura urbana.

Por supuesto que con relación a los tiempos del es­plendor judío se refieren leyendas acerca de tesoros escondidos en el castillo, así como de túneles que comu­nicarían con lugares recónditos. También se refiere que una judía, si bien otros aseguran que berberisca, habría de romper su encantamiento si conseguía contar una a una las estrellas del cielo desde uno de los muros del cas­tillo, logro que jamás alcanzó, dado que, cuando creía terminar su tarea, el sol se hacía patente en el horizonte con toda su luminosidad extremeña.

* * *

A pocos pasos de la población de Segura se descubrió en 1922 una lápida en la que se podía leer lo siguiente «Caio Iulio Caro, hijo de Caio, yerno de Augusto César, fundó Segura con gente de la colonia y ciudad de Mérida». El edificio del Ayuntamiento construido en 1555, en tiempos del gobernador Tolosa, luce un bello y monumental escudo imperial de piedra de Carlos V. El depósito de la sal fue la primera dedicación de este edi­ficio, ubicado en la plaza Mayor que todavía está asoportalada en alguno de sus lados. Detrás del Ayunta­miento se halla una iglesia que en tiempos anteriores fue la del convento de monjas concepcionistas. La ermita de las Angustias, edificio del siglo xv, está relacionada con los Reyes Católicos y la conquista de Granada. El san­tuario del Cristo de la Reja —convento de San Benito— fue mandado construir por el Gran Maestre don Alonso de Cárdenas, cediéndolo a los franciscanos en 1477. La nueva obra se adosó a una anterior, el convento de San Benito. Al Cristo de la Reja, imagen de comienzos del siglo xvi, se le tiene gran devoción en la comarca. La iglesia de los Remedios luce un interesante y precia­do retablo barroco. En la iglesia parroquial, gótica con elementos románicos, hay un cipo de procedencia visigótica. En la calle Guadalupe se ubica la casa del Gobernador, de finales del siglo xvi. Entre las fuentes públicas destacan la de Santa María y la del Caño. Esta se remonta a mediados del siglo xvi, construida con ren­tas que el emperador cedió a la villa. Fue restaurada en tiempos del corregidor don Miguel Bolaños, en 1630.

En las cercanías hay que visitar Cabeza la Vaca de León, con su Cruz de Rollo o picota, iglesia parroquial del siglo xv y xvn, con buenas tallas, diversas fuentes en­tre ellas la de la Fuente del Caballo, con referencias a la leyenda del caballo de don Pelay Pérez Correia, el vence­dor de la batalla de Tentudía. Don Diego María de Tordoya fue uno de los compañeros de Colón en sus via­jes al Nuevo Mundo. Calera de León —Al-Caxera (La Blanca)— cuenta con el convento santiaguista o casa de la Orden de Santiago, en el que estuvo instalado el co­legio de San Marcos de León antes de su traslado a la capital leonesa, en 1562. Es una buena joya del renaci­miento extremeño. Tentudía con sus 1104 metros, es la montaña más elevada de la geografía pacense y en su cima se halla el monumental monasterio en recuerdo de la batalla que le dio el nombre y en el que las tropas cris­tianas vencieron a las musulmanas gracias a la protec­ción milagrosa de la Virgen «deteniendo el día» hasta que estas fueron destruidas. Sus capillas fueron decoradas con azulejos por el artista italiano Nicolosus Pisanus en 1518. La tumba es del Gran Maestre de Santiago don Pelay Pérez Correia.

Zafra-Llerena

De una o de otra manera, la iglesia recordaba con fre­cuencia el pecado del deicidio cometido por el pueblo judío, que éste habría de llevar como un estigma y que justificaba cuantas persecuciones en el nombre de Dios o en el de la codicia, podrían desatarse contra las aljamas. Cualquier persecución con todas sus secuelas tenía jus­tificación ante los ojos de Dios y de los hombres, pese a que los representantes de la misma Iglesia y las autori­dades civiles se cuidaban de dictar leyes en su favor y de proporcionarles en ocasiones protección oficial.

Está suficientemente demostrado que durante el se­ñorío de los duques de Feria, la aljama de Zafra creció y se consolidó hasta conseguir un censo similar al de los judíos de la misma ciudad de Badajoz, su actual capital de provincia. Se registran nombres de judíos proceden­tes de las juderías andaluzas. Las conversiones más o menos convencidas e interesadas explican que los judeoconversos prosiguieran sus actividades en Zafra, de modo similar a como lo hacían antes de la promulgación del Decreto de Expulsión por los Reyes Católicos. Hay documentada referencia de las familias cuyos miembros se bautizaron y la mayoría de ellos adoptaron desde en­tonces los apelativos patronímicos de López, Sánchez, Ramírez, Rodríguez o Mesa, que solían corresponderse con los nombres de sus padrinos. Médicos, plateros, ci­rujanos y notarios siguieron siendo actividades propias de los judeoconversos, así como las mercantiles y comer­ciales. Parece ser que la sinagoga de la aljama de Zafra se correspondería con la iglesia de San José, cerca de la porticada plaza Grande, junto a la iglesia-colegiata de la Candelaria. Con el tiempo la iglesia de San José fue lla­mada de Santa Catalina, pasando otra vez a estar bajo la advocación del primer santo. Las calles de San José, Sor Ángela de la Cruz, Badajoz y Alfonso XII podrían muy bien haber constituido la trama urbana de la judería de Zafra.

La ciudad extremeña de Llerena ha de contarse en­tre las que le dan peso y carácter a las rutas o visitas por la España judía, por ser ésta bastante notable y por ha­cerse célebre al ser la única que fuera asaltada el año 1391. Tan cercana a la provincia de Sevilla, fue como la cabeza de las juderías de Guadalcanal, Constantina y Cazalla de la Sierra. Lo más importante de Llerena, des­de consideraciones judías, fue el Tribunal de la Inquisi­ción que actuó con gran desconsideración y que estuvo ubicado en el palacio de los Zapatas, hoy palacio de Jus­ticia. Junto a la puerta de Montemolín, en la carretera de Sevilla, se hallaba el Quemadero. Esta puerta, que es parte de las murallas, fue construida en el siglo xiv y re­formada por Felipe II. Llerena fue uno de los máximos exponentes artísticos de Extremadura y parte de su apo­geo lo logró al ser conquistada por el maestre de la Or­den de Santiago don Pelay Pérez Correia, convirtiéndose después en capital de la diócesis del priorato de San Marcos de León y residencia de los maestres de la Or­den santiaguista.

***

Hay mucho que visitar turísticamente en Zafra. Su plaza Mayor o plaza Grande, es amplia, solemne, porticada y señorial, con buenas mansiones de los siglos xvm y xix. Su plaza Chica tiene edificios de los siglos xv y xvm y fue asiento de los antiguos mercados. En una de sus columnas está esculpida «la Vara de Medir» que se utilizaba como público comprobante para la exactitud de las medidas. El alcázar de los duques de Feria —hoy Parador de Turismo bautizado con el nombre de Hernán Cortés, protegido de los duques—, fue construido por don Lorenzo —El Magnífico— Suárez de Figueroa en 1437. Con diseño de Juan de Herrera le fueron añadidos al primer edificio el patio central y aditamentos exteriores. El artesonado de la Sala Dorada con lacería morisca y escudos policromados es una extraordinaria obra de arte. La colegiata de Nuestra Señora de la Candelaria tiene suntuosos retablos, esculturas de Juan de Arce y nueve lienzos de Zurbarán pintados en 1644. El conven­to de Santa Clara acoge las estatuas yacentes del primer conde de Feria y su esposa talladas en fino alabastro y atribuidas a Anequín de Egas. Otros edificios monumen­tales son el Hospital de Santiago con bella portada gó­tica; el convento de Santa Catalina con artesonado mudéjar en su iglesia; el convento de Santa Marina, el de la Encarnación y Mina, monasterio de dominicos del siglo xvi, la Casa Grande y numerosas casas nobiliarias. El Arco de Jerez, es lugar de cita turística obligada.

La visita a la ciudad de Llerena incluye admirar su plaza Mayor cuya fuente fue diseñada por Francisco de Zurbarán, que vivió trece años en esta ciudad. La plaza ofrece un interesante conjunto de arquitectura mudejar. En ella se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Granada, construida entre los siglos xiii-xiv de estilo gó­tico, brillante ajimez mudejar, una artística balaustrada y artística torre con 56 metros de altura, parecida a la Giralda de Sevilla. La iglesia de Santiago alberga el se­pulcro del Gran Maestre don Alonso de Cárdenas. El con­vento de Santa Clara es del siglo xvi, gótico y en él pue­de admirarse una imagen de San Jerónimo de Martínez Montañés. El convento de la Concepción es de estilo ba­rroco y portada plateresca. El convento de la Merced es del siglo xvii y sus características son propias del estilo jesuítico. En su arquitectura civil resaltan el palacio del Maestre, del siglo xvi, segunda residencia de la Inquisi­ción en Llerena. Destaca su artesonado. El palacio de Jus­ticia es de estilo gótico-renacentista, con patio central y dos fachadas. El palacio Episcopal fue sede del obispo prior. La puerta de Montemolín es parte de las murallas, construidas en el siglo xiv, aunque reformadas en tiem­pos de Felipe II. El cronista de Indias, Pedro de Cieza, es natural de Llerena.

 

 

 

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