Barcelona

La famosa "Pedrera" una de las obras urbanas más populares de Gaudí, en el Paseo de Gracia de Barcelona.

La famosa “Pedrera” una de las obras urbanas más populares de Gaudí, en el Paseo de Gracia de Barcelona.

La de Barcelona fue la gran judería catalana. Hay datos que pregonan que en algún tiempo pudieron ser hasta 4.000 judíos censados en ella, con un porcentaje sobre el resto de la población del diez por ciento. Tuvo dos barrios, uno conocido como el Cali Mayor dentro de las murallas y el Cali Menor, fuera de las mismas. El pri­mero estaba formado por las calles situadas entre el Palau de la Generalitat y la calle de Banys Nous y su arteria principal era la calle de Sant Doménec de Cali, inte­grado también por las de Sant Honorat y Are de Sant Ramón del Cali y las de Sant Sever, la Fruita, Marlet y la calle del Cali. Los nombres canonizados de la mayoría de las calles y el sobrenombre de «Cali» son puntos de referencia ineludiblemente judaicas. La sinagoga Mayor pudo estar en el número 7 de la calle de Sant Doménec y en su casa contigua pudo haber residido el célebre rabi­no —«rabennu»— Nissim Gerundi. Cerca de este lugar residió el rabino Ishaq bar Séset Perfet. La sinagoga «d’En Massot» fundada por el hacendado Massot Avengena, se ubicaba al final de la misma calle. Todavía se conserva una inscripción con caracteres hebreos en los muros del edificio del número uno de la calle Marlet en el que es­taría probablemente la escuela religiosa o Talmud Tora.

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El Call Menor fue fundado en el año 1257 y se co­rresponde con la calle actual de Ferrán. Desaparecida la estructuración del barrio, su sinagoga pudo haber sido convertida en la iglesia de Sant Jaume, si bien estuvo antes de 1529 bajo la advocación de la Santísima Trini­dad. La ubicación del cementerio judío fue en las lade­ras de Montjuic, cuya misma etimología, según algunos, hace referencia a «monte de los Judíos», al que en deter­minadas épocas también se aludía como «Fossar deis jueus», con inscripciones hebreas, se encuentran en la actualidad integradas en antiguos edificios de las calles Monteada y Condes de Barcelona, así como en el pala­cio de la Virreina. Algunas se exponen en el museo del castillo de Montjuic.

La Sagrada Familia con sus eternas grúas en una interminable espera por su finalización.

La Sagrada Familia con sus eternas grúas en una interminable espera por su finalización.

Otros lugares de Barcelona por los que necesariamen­te habrá de ser trazada la ruta judía, son éstos: plaza del Rey, en la que el Santo Tribunal de la Inquisición cele­bró en 1488 el primer auto de fe; en el Palacio Real Ma­yor tuvo lugar en 1263 la llamada Disputa de Barcelona, entre Nahamánides Maestre Mossé de Gerona y fray Pau Cristiá, dominico, a la que asistió el rey Jaime I. En el Archivo de la Corona de Aragón se conserva la mejor y más rica documentación sobre los judíos en Cataluña, destacando entre ellos muchos ricos y cultos, filósofos, poetas y astrólogos. Abraham Bar Hiyá escribió La re­flexión del alma. En el Museo de la Ciudad hay también diversas lápidas hebreas y se exhiben varios anillos y pendientes encontrados en las tumbas del cementerio judío. La maqueta de lo que pudieron ser los baños ju­díos de la calle Banys Nous, se exhibe asimismo en este museo. La ruta habrá de conducir también a los archi­vos barceloneses de la catedral y de la Biblioteca de Ca­taluña.

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En un intento de aproximarnos siquiera un poco a la Barcelona turística, citamos algunos de estos lugares y monumentos: Ciutat Vella con su barrio gótico, que en la antigüedad ocupara Barcino, la antigua ciudad roma­na. En él destacan la catedral con sus torres octogonales, cripta y coro. Destacan la iglesia de Santa María del Mar, monasterio de Sant Pau del Camp, Palau de la Música Catalana y Mercat de Sant Josep. En el Eixample Cen­tral hay que prestarle atención culta y turística a la casa Milá, casa Batlló como otras tantas obras del genial ar­quitecto Gaudí y a la casa Amatller, casa Lleó Morera, casa Terrades y casa Tomás, edificios importantes del más puro y espectacular modernismo. En el Pare de la Ciutadella merecen consideración y reconocimiento el Arsenal-Parlament de Catalunya, Museo de Arte Moder­no, Palacio del Gobernador, Cascada Monumental, Umbracle, Hivernacle, Arco del Triunfo, Palacio de Jus­ticia, con su escalera monumental y «Salón de Pasos Per­didos» con pinturas murales de Josep María Sert. En la Montaña de Montjuic resaltan los ámbitos paisajísticos de Miramar, La Font del Gat, plaza del Polvorí, la Rosa­leda y el Jardín Laribal. Resaltan también el Teatre Grec, Palau Nacional, Museo de Arte de Cataluña, Fundación Miró, Anella Olímpica, Estadio y palacio Sant Jordi.

Casa Batlló, uno de los hitos de la ruta de Gaudí en Barcelona, en pleno Paseo de Gracia.

Casa Batlló, uno de los hitos de la ruta de Gaudí en Barcelona, en pleno Paseo de Gracia.

Como son tantos los monumentos además que exis­ten en Barcelona, nos limitamos a citar algunos de ellos, después de haber efectuado el recorrido por los anterior­mente referidos. El monasterio gótico de Santa María de Pedralbes fue fundado en el siglo xiv por la reina Elisenda de Monteada y merecen especial atención su claustro, fachada lateral de la iglesia, sala capitular y la capilla de Sant Miquel con sus pinturas murales. Del modernismo resalta —¡y de qué manera!— el Pare Güell de Antoni Gaudí, con la sala de las cien columnas y sus sinuosos bancos, obra también de Jujol, con su fantasía cromáti­ca, antecedente de la pintura abstracta. El monumento más conocido y el más ambicioso de Gaudí es el templo inacabado de la Sagrada Familia, en el que sobresale ar­tísticamente sobre todo su portada.

La Sagrada Familia con sus eternas grúas en una interminable espera por su finalización.

Vic

Se trata de una ciudad de enorme interés turístico a consecuencia de la variedad cultural, artística, folclórica, arquitectónica, comercial e histórica que la define, a la que además hay que añadirle el rico conteni­do de sus recuerdos y herencia judaica. El hecho de ser también capital de diócesis le confiere multitud de posi­bilidades turísticas que se identifican con la cultura y el arte.

En Vic, al igual que en tantas otras poblaciones de España con referencias judías, hay que tener muy pre­sente el dato del año 1391 por haber sido éste en el que quedaron extinguidas muchas juderías a consecuencia de las feroces persecuciones levantadas contra ellos. En Vic hay constancia de la Callis Judeorum, que en un princi­pio podía haber estado cubierta y que se correspondería en la actualidad con la plaza Malla, plaza Montrodon y la calle D’en Guiu, en dirección al castell, hoy Templo Romano. Las reformas urbanísticas a que estuvo some­tida la ciudad hacen imposible la localización exacta del barrio judío. Hay que resaltar no obstante, que las cer­canías de la catedral fueron zona obligada para residen­cia de los judíos, al igual que en tantos otros lugares, dado que ellos solían acogerse a la protección episcopal y, en general, eclesiástica, ante el temor de ser perseguidos. El Museo Episcopal conserva una obra de Gojanan Levi, célebre pintor judío.

De la sinagoga de la ciudad no hay en la actualidad más referencia que la literaria o escrita, por haber sido destruida hasta sus cimientos en la persecución del año 1391, aunque es probable que se ubicara «hacia la esqui­na de la plaza D’en Guiu, junto al Callis Judeorum». Se­gún refieren los historiadores, es posible que el cemen­terio judío estuviera instalado en el Puig deis Jueus, junto a lo que después sería el Seminario.

El florecimiento de la ciudad episcopal en la Edad Media, así como su antiguo mercado que hoy se celebra los martes y los sábados y que sigue concentrando mul­titud de personas, explica que la judería de Vic fuera una de las más importantes de Cataluña.

De entre tanto como hay que ver y admirar turísticamente en la ciudad episcopal de Vic, hacemos referencia a su catedral de Sant Pere, en cuya cripta se conservan elementos arquitectónicos muy antiguos —del claustro románico de 1318— pese a ser su edificio ac­tual de estilo neoclásico, construido entre los años 1781 y 1803. La decoración pictórica mural es obra de Josep María Sert. La iglesia y convento de Sant Doménec es de estilo barroco, con interesante claustro. En él se ubica la Escuela de Artes y Oficios.

El Palau Episcopal se halla construido sobre depen­dencias románicas. En el Templo Romano destaca su atrio de columnas lisas con base jónica y capiteles corintios. En la plaza Mayor porticada se enseñorean importantes casonas como la de Cortada. La Casa de la Ciutat luce una parte gótica del siglo xiv y su gran Sala de la Columna. El Museo Episcopal es hoy un edificio de nueva planta situado al lado de la catedral y es bello muestrario de las obras de arte religioso medie­val catalán. Destacan las iglesias de la Piedad, de los Do­lores, del Carmen y el convento de Santa Teresa con su magnífico retablo barroco. Entre los edificios civiles hay que recontar los del Castell de los Monteada, del siglo xi, construido sobre un templo romano, el Pont de Queralt o de la Calla, del siglo xi sobre el río Méder y el Pont de Remei, gótico y con cinco arcos.

 

Entre tantos lugares cercanos a Vic hacia los que di­rigir la atención turística, sobre todo en plenitud de naturaleza, elegimos Folgueroles con sus rincones pin­torescos y sus casonas del siglo xn. La Casa Sala o de los Bru de Sala es notable por su arquitectura cuadrada, con galería y decoración del siglo xvm y excepcional archivo del siglo xm. La iglesia de Santa María es románica, del siglo xi, con fachada barroca. La casa del poeta Jacinto Verdaguer está convertida en la actualidad en museo, con elementos que recuerdan su vida y con muebles y recuer­dos de la época. El monumento a Mosén Jacinto es de inspiración modernista. En los alrededores hay que visi­tar el santuario de la Mare de Déu del Munt y la ermita de Sant Jordi de Puigseslloses, del siglo xv, que tiene jun­to a sus muros nada menos que un dolmen.

Vilafranca del Penedés

Al afrontar la reseña de los recuerdos que todavía puedan perdurar acerca de los judíos en la población de Vilafranca del Penedés, hoy importante capital del Alt Penedés, hay que referir que la época de la gran expan­sión de los judíos en Cataluña coincidió con el siglo xm y la primera mitad del siglo xiv, sobre todo por el hecho de haber sido perseguidas y expulsadas muchas de las familias judías de los países centroeuropeos y tener faci­lidades para asentarse en Cataluña, como en el caso con­creto de Vilafranca del Penedés. Consta, por ejemplo, que «unos sesenta hogares judíos, o sea entre 270 o 300 perso­nas aproximadamente», constituían el censo de Vilafran­ca en 1325, posiblemente en los momentos de mayor esplendor de la comunidad judía de la villa.

Los límites del Cali o barrio judío, en conformidad con lo que han descubierto los eruditos de la localidad, estaban constituidos por las calles llamadas entonces de Sant Julia y Canyamars y la muralla. La citada calle de Sant Julia coincidiría hoy con la de Marqués d’Alfarrás, conocida hace algún tiempo precisamente con el nombre de Carrer deis Jueus y mucho antes con el de Carrer del Cali. Tal calle conduce a la plaza de l’Oli. La calle de Canyamars sería en la actualidad la de Ferran. Se exige un esfuerzo de imaginación y un atento estudio de la configuración urbanística de la villa para asegurar­se de la coincidencia del antiguo cali con el trazado ac­tual de calles y plazas. No hay que perder de vista que el atributo a la villa de «franca» pudo tener también sus orígenes en sus relaciones poblacionales con los francos —franceses— judíos, sobre todo con los provenientes del Languedoc y de la Provenza. Hay constancia que en los años posteriores a la llamada Peste Negra en 1350, la co­munidad judía de Vilafranca descendió a 40 familias. En ese tiempo hay también referencias de que una de sus calles principales se llamó Mayor del Cali. También hay referencias de su Portal o Puerta Mayor de Cali, al igual que en tantas otras juderías. Acerca de la ubicación de la sinagoga es tradición que se encontraba en la calle Marqués d’Alfarrás o antiguo Carrer deis Jueus. Curio­samente, el cementerio judío de Vilafranca del Penedés se denominaba también, al igual que en Girona y en Bar­celona, «Montjuic» —«Monte de los Judíos»— y algunos lo sitúan en un lugar de la montaña de Sant Pau muy cerca de donde hoy transcurre la carretera de Sant Martí. Algunos recuerdos de topónimos judíos perduran toda­vía, como son el caso de Pobla deis Jueus o Torre deis Jueus.

Hay que visitar en Vilafranca su Museo Lapidario con lápidas romanas y sobre todo medievales, en las que hay algunas referencias judías, junto con restos arquitectó­nicos y una buena serie de sepulcros góticos.

Entre los monumentos de Vilafranca resaltan la Ba­sílica de Santa María, edificio gótico del siglo xv, en cuya cripta se guarda un magnífico grupo escultórico moder­nista, obra de Josep Llimona. La de Sant Joan es una notable iglesia del año 1307. En el convento de Sant Francesc, convertido en hospital, se puede admirar el magnífico retablo gótico de Sant Bartomeu. Hoy alberga un museo. El convento de la Trinidad tiene un bello claustro renacentista del siglo xvi. Tiene adosada la ca­pilla del Remei, con el ábside decorado con interesantes pinturas. El antiguo Palacio Real es construcción de los primeros tiempos del gótico con gran portal adovelado y con bello ventanal triforado. En este palacio murió el rey Pedro II el Grande. Hoy es sede del Museo de Vilafranca del Penedés compuesto por seis interesantes secciones o museos monográficos, en los que resalta muy explicable­mente el dedicado al vino. El Palau del Fraret o Palau Baltá es de principios del siglo xvi. La Casa del Marqués d’Alfarrás y Casáis deis Goma fue casa solariega de Josep Torras y Bages. Son muchas las construcciones de ori­gen medieval todavía existentes, como Can Dorda, Can Maciá y la Casa de la Vila.

A pocos kilómetros se encuentra la población de Sant Sadurní d’Anoia, capital indiscutible del cava y por esto y otras razones de peso, punto de referencia obligada para una visita turística. Entre otros monumentos descuellan su iglesia parroquial reformada, el cementerio, la torre de la Font del Mingo, Can Gineu, Fassina de Can Guineu y Museo de l’Obra d’Homenatges a la Vellesa.

 

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