Castellón

 

En la famosa carta apostólica firmada por el obispo menorquino Severo, dirigida «a los santísimos y beatísimos señores obispos, presbíteros, diáconos y a la universal fraternidad de todo el orbe de las tierras. Seve­ro, obispo, necesitado de la misericordia de Dios y el úl­timo de todos, salud eterna», da cuenta ya en el siglo v de las persecuciones a las que él mismo sometía a los judíos en tiempos de los visigodos. Con verdadera vana­gloria expresa así sus sentimientos después de haber sido destruida la sinagoga de Mahón, a cuya acción él mismo contribuyó poniéndose al frente de la muchedumbre de cristianos: «Destruida la sinagoga, para espanto así de todos los judíos, con himnos nos dirigimos a la iglesia. Y dando las gracias al causante de nuestra victoria, con llantos suplicábamos que el Señor asolase los auténticos antros de la perfidia y que la luz abriera la infidelidad de sus tenebrosos corazones».

Situaciones similares a estas, y en todos los tiempos, fueron vividas trágicamente por los judíos en cualquiera de sus aljamas, por lo que también la de Castellón no pudo escapar de ellas. Es tradición que el barrio judío castellonense se hallara en el círculo urbanístico com­prendido por las calles del Doctor Briau, plaza de las Aulas, Antonio Maura, Enseñanza, Caballeros, Mayor y Gracia. Hay constancia de que la calle de Caballe­ros aun en el siglo xvn es llamada todavía Carrer de la Juhería.

 

Las continuas y profundas transformaciones urba­nísticas experimentadas en Castellón de la Plana en los últimos tiempos han borrado cualquier recuerdo de la ju­dería, por lo que resulta prácticamente imposible imagi­narla siquiera. Idéntico juicio hay que emitir en relación con la ubicación de la sinagoga. A lo más que llegan los historiadores es a aventurar que pudiera ésta haberse si­tuado en la actual calle de Enseñanza que en tiempos pasados se llamó del Empedrado.

Mejor suerte corrió la localización del cementerio, dado que es casi seguro que, en conformidad con los documentos existentes en los Libros del Archivo, se en­contraba fuera de la villa castellonense, y más concreta­mente en las calles de detrás de la plaza de Clavé.

La judería de Castellón no era de las más numerosas, sino que la población de su censo apenas sí alcanzaba las 200 personas, de un total de 4.000 que pudieran muy bien haber constituido el número total de judíos existen­tes en el Reino de Valencia, mientras que en la capital valentina llegaban a ser unos mil. La judería de Caste­llón no se vio libre de las destrucciones padecidas por muchas de ellas en 1391, habiendo constancia que sólo en Valencia morían el 9 de julio de ese año 250 judíos.

En torno a la plaza Mayor de Castellón se sitúan los principales monumentos antiguos, con mención especial para la concatedral de Santa María, de estilo neogótico y cuya construcción original fue del siglo xi, habiendo sido después destruida. Conserva una bella imagen de la Inmaculada, del siglo xvni, varios lienzos de los siglos xvn al xrx, algunas tallas barrocas y una gran cruz de plata del siglo xvi. La torre del campanario es popularmente conocida como El Fadrí —el soltero— y data del siglo xvi.

La basílica de la Mare de Déu de Lledó alberga la imagen de la patrona de Castellón. El ayuntamiento es de estilo toscano, construido en el siglo xvn, con buenos cuadros de pintores castellanenses y un lienzo de San Roque atribuido a Ribalta. El Palacio Episcopal resulta de interés, con bella azulejería. En el convento de las Agustinas hay una colección de cuadros atribuidos a Zurbarán. En Castellón merecen consideración artística divesos edificios de estilo modernista, como el de Correos y el Paseo Ribalta con su popular farola, flanqueado por lujosas casas del siglo xix.

Son muchas las excursiones que pueden efectuarse desde Castellón, con mención para Benicasim y su de­sierto de las Palmas, paraje natural en el que se acogió el convento de Carmelitas en el siglo xvm, con iglesia, y museo.

No lejos se encuentra Oropesa del Mar con su ba­rrio antiguo medieval y su iglesia parroquial con la ima­gen de la Virgen de la Paciencia. Peñíscola —península en castellano antiguo— fue el lugar en el que estableció su corte pontificia y murió el Papa Luna. Está rodeada de murallas y su edificio más importante es el castillo templario del siglo xm. La iglesia parroquial data del si­glo xiv, con notable tesoro de piezas litúrgicas del tiem­po del Papa Luna.

En Sant Mateu, capital de la comarca de El Maestrat y en la misma provincia de Castellón, se celebraron al­gunas reuniones de Tortosa, que fueron presididas por Jerónimo de Santa Fe, judío convertido por San Vicente Ferrer y médico de Benedicto XIII. El presidente tuvo contradictoriamente especial interés en obligar a los ju­díos a reconocer que el Mesías ya había venido y a que los rabinos renegaran del Talmud, si bien podían con­servar su fe. Al no acceder a ello, fue promulgada una bula por la cual eran confiscados todos los ejemplares del Talmud y se decretaba el cierre de la mayoría de las sinagogas, prohibiéndoseles el ejercicio de algunas pro­fesiones, teniendo que llevar distintivos y escuchar tres sermones al año. Hay que hacer constar que las princi­pales profesiones judías, eran las de recaudadores de impuestos, prestamistas, comerciantes, traductores, mé­dicos y funcionarios. Los oficios artesanales más frecuen­tes eran los relacionados con telas y joyas, como plate­ros, tejedores, zapateros, tintoreros, peleteros… De ahí que la mayoría de los apellidos existentes hoy en España relacionados con oficios, lo sean de familias judías. Hay que hacer constar asimismo que los judíos, por serlo, habrían de pagar un impuesto especial y que ellos mis­mos eran propiedad de la Corona, de tal manera que la multa por herirlos o matarlos no habría de ser abonada a sus propias familias, sino al mismo rey.

Borriana-Vila-real

El comportamiento y la política seguida por el rey Jaime I en relación con los judíos fueron sistemáticamen­te favorables. Consta que este rey hizo llamamiento a los judíos de Marsella y del Norte de África para que cola­boraran con él en su política repobladora, concediéndo­les terrenos y propiedades y aun eximiéndoles de deter­minados impuestos. Incorporó asimismo a algunos judíos a puestos de importancia en su reino, pese a que tanto las decisiones de algunos Papas de entonces como de los reyes castellanos no armonizaban con el comportamien­to del rey de Aragón.

Los judíos de Borriana en la actual provincia de Castellón, reflejan en el desarrollo de su propia jude­ría la política seguida por Jaime I, con sus correspon­dientes altibajos. La localización de la judería parece coincidir con el Portal de Tortosa, con inclusión de la calle hoy conocida como de la Mare de Déu deis Desamparats y la calle de Santa Teresa, que por cierto en tiempos pasados era conocida como de la Carnissería deis Jueus. En tiempos mucho más anteriores, es decir, en plena Edad Media, su denominación fue simplemen­te Juhería. También con el nombre de la Sangre fue a veces conocida.

Tal y como aconteció en tantos otros pueblos y ciu­dades, la localización de la sinagoga no resulta difícil puesto que pudo haberse correspondido con la calle de la Sangre, en la que por cierto y hasta tiempos relativa­mente recientes se hallaba una ermita con el título de La Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Su localización más concreta seguramente era la confluen­cia de la calle de la Sangre —la Mare de Déu deis Desamparáis— con la calle Mayor.

Nada se sabe acerca de la localización del cemente­rio judío de Borriana. La única y lejana referencia que queda es la denominación de un lugar conocido como Ull deis Jueus que hoy se identifica con el Ull del Pont.

En la población castellonense de Vila-real hay tam­bién una calle que llevó siempre el nombre de La Ju­dería, pese a las vicisitudes propias de los cambios po­líticos y de las mentalidades, en uno de los cuales fue denominada de San Luis. Una puerta de la muralla fue conocida como Portal deis Juheus, cambiando posterior­mente el nombre por el de La Sangre de Jesucristo o de la Sangre, al igual que otros lugares. También hubo una ermita consagrada a la Sangre de Jesucristo, que podría identificarse con la sinagoga, tal y como algunos han asegurado.

La ruta judía podría incluir también la visita a la ciu­dad episcopal de Segorbe, cuya judería podría haberse encontrado en las calles adyacentes a la plaza de las Monjas y a la del Obispo Ahedo. Pero no queda resto al­guno, aunque sí el dato de que esta judería tenía sinago­ga.

En el casco antiguo de Borriana destaca la iglesia parroquial con ábside gótico.

Vila-real es la segunda ciudad en importancia en la provincia de Castellón y en ella destaca la iglesia arciprestal, del siglo xvni, que guarda en su interior obras de Pablo de San Leocadio y Juan de Juanes, así como una bella colección de orfebrería gótica. Es de gran inte­rés su plaza porticada. Se hace necesaria la visita a la iglesia de la Sangre, con elementos góticos y también a la iglesia de San Pascual Bailón, construida en honor de este santo, que precisamente murió en esta población. En las afueras de Vila-real, en un recodo del río Mijares, se halla el ermitorio de la Mare de Déu de Gracia.

 

Onda reclama una visita y no solamente por sus al­rededores judíos, sino también por ser un centro tradi­cional de cerámica popular y de azulejos. De origen moro, se conservan las ruinas de un castillo que fue plaza fuer­te y que es conocido como el de Las Trescientas Torres. Su casco urbano es netamente árabe. La iglesia parro­quial es de estilo barroco y la iglesia de la Sangre fue construida sobre antiguo hospital, de estilo gótico-mu­dejar. Se conserva el portal de San Pedro, antigua entra­da a la ciudad fortificada.

Pasando por Vall de Uxó, con sus cuevas de San José y su río subterráneo navegable, se puede llegar a Segorbe, una de las sedes episcopales más antiguas de España, con su catedral de estilo gótico y claustro del siglo xiii. La capilla de San Salvador procede de la car­tuja Valí de Crist. El museo de la Catedral guarda una buena colección de la escuela de pintura valenciana primitiva y un relieve de la Virgen de La Leche, escul­pido en mármol blanco de Carrara, atribuido a Donatello. Hay que ver también el convento de los Mercedarios, igle­sias de San Pedro y de la Sangre, muralla medieval, to­rre del Botxí, arco de la Verónica, torre de la Cárcel, manantial de la Esperanza y la Fuente de los Cincuenta Caños.

 

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