Castilla-La Mancha

Ilustración de la antigua judería de Molina de Aragón

Ilustración de la antigua judería de Molina de Aragón

Por esta región predicó larga y generosamente San Vicente Ferrer y tal actividad llevó consigo la desapari­ción de no pocos recuerdos judíos, junto con la muerte de no pocos miembros de este pueblo. En Ciudad Real está aún perfectamente delimitado el amplio barrio ju­dío. Toledo, capital de la comunidad autónoma, es tam­bién con acierto una de las capitales de la España judía más preclaras y más tolerantes. No es posible pretender interpretar la presencia judía en España sin estudiarla en Toledo. Su escuela de traductores y su condición de Ciudad de las Tres Culturas, avala con exactitud este aser­to. Los episodios martiriales del santo Niño de la Guar­dia, con sus leyendas e historias, contribuyeron de forma decisiva a que los Reyes Católicos se dieran prisa en fir­mar el Decreto de Expulsión, hecho que por cierto les significó y confirió el título de Reyes Católicos por parte del papa español Alejandro VI.

La Mancha, por los siglos de los siglos

(Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Albacete)

Magnífico reportaje emitido por TVE que nos permite conocer con autoridad esta preciosa zona de España 
http://youtu.be/vhU7fuSY6ZM

Ciudad Real

En pleno corazón de La Mancha, una de las regiones naturales más extensas y definidas de Europa, se encuen­tra Ciudad Real, que fue fundada en 1255 por el rey Al­fonso el Sabio tras la concesión de su Carta Puebla y cuyo origen respondió al deseo del rey de crear un área de in­fluencia real dentro del gran territorio dominado por la Orden de Calatrava. En la zona del Pozuelo de don Gil se asentó el fundamento de lo que sería con el paso del tiempo «Villa Real». Los pleitos con la orden militar fue­ron constantes, hasta que el infante don Sancho confir­mó los Fueros y Juan II le concedió el título de «Muy Noble y Muy Leal», pasando a denominarse Ciudad Real. Con los Reyes Católicos vivió una etapa de esplendor, que se limitó a consecuencia de las luchas entre las minorías conversas y sobre todo con la expulsión de los judíos.

El barrio judío de Ciudad Real es bastante amplio y además perfectamente delimitado. El fin de su aljama coincidió, como no podía ser de otra manera, con la per­secución del año 1391, y sus muertes y sus conversiones voluntarias y a la fuerza fueron muchas. La visita de San Vicente Ferrer en 1411 a Ciudad Real terminó por po­nerle el punto final a cuanto quedaba en la población que pudiera tener alguna relación con los judíos. Fueron los conversos los que desde entonces lograron gran predica­mento en la ciudad. También contra ellos fueron muchos los motines que se registraron a lo largo del siglo xv. El tribunal de la Inquisición se estableció en Ciudad Real en 1483.

El barrio judío de la capital manchega se extendía desde la calle de la Paloma hasta la muralla existente entre las puertas de la Mata y de Calatrava y las calles de Lanza y de la Mata. La calle central fue conocida como de la Judería y posteriormente Real de Barrionuevo. En conformidad con la descripción de los historiadores lo­cales, la circunscripción del barrio judío se ajustaba a estas calles: «Culebra, hoy Cardenal Monescillo; Sangre, hoy Cañada; Lobo, hoy Alcántara; Barrena, hoy Compás de Santo Domingo y Peña, hoy Delicias; Tercia; Combro, hoy Corazón de María; Refugio y Lirio». Pese a que los documentos son tan fehacientes y las referencias tan ine­quívocas, el proceso urbanístico a que estuvo sometida la ciudad a lo largo del tiempo le robó al barrio todo su sabor. La sinagoga fue después iglesia de San Juan Bau­tista y convento de dominicos, no existiendo en la actua­lidad ni una ni otra. Se encontraba entre el Compás de Santo Domingo y Delicias. Parece que había además otras sinagogas, una de ella estaría en el patio del palacio de la Inquisición, en las calles de la Libertad y Lirio. Hoy se exhibe su hipotética portada en el Museo Provincial. El cementerio se ubicaría «entre los caminos de la Mata y Calatrava».

***

De la antigua muralla de Ciudad Real se conserva actualmente, restaurada, la Puerta de Toledo, declarada Monumento Nacional. Dicha muralla tenía 4,5 kilóme­tros de perímetro y contaba con 130 torreones y ocho puertas. La de Toledo, fechada en 1328, consta de seis arcos y en el exterior aparece el escudo de las armas de Castilla. La iglesia de Santiago es la más antigua de la población, de finales del siglo xm, y destacan en ella su techumbre mudejar y restos de pinturas murales. En la iglesia de San Pedro, de finales del siglo xiv, con venta­nales góticos del siglo xv, resalta la capilla de los Cocas, con bello retablo hispano-flamenco de alabastro y un sepulcro con estatua yacente del Chantre de Coria.

La parte más antigua de la catedral de Santa María del Prado es la de los pies, de finales del siglo xm, con su rosetón lobulado superior. El camarín de la Virgen y la sacristía nueva son barrocos. En su interior luce un be­llo retablo de Giraldo de Meló y Juan de Hasten. La pa­rroquia de la Merced es del siglo xvn, con planta jesuítica y capillas laterales de bóvedas de arista y media naranja. La iglesia del convento de Carmelitas es del mismo si­glo. En el convento de Franciscanas se conserva una no­table imagen de la Virgen con el Niño que popularmente es conocida como «La Porterita» y que con probabilidad fue tallada en el siglo xiv.

La plaza del Ayuntamiento tiene soportales y en ella se ubica su tan polémico edificio. Son varias las casas decimonónicas existentes en la población y entre ellas resalta la de la esquina de las calles Lanza y de la Mata. En el Palacio Provincial, o de la Diputación, pueden ver­se obras de diversos pintores, con mural de López Villaseñor. Como lugares de recreo hay que mencionar el parque de Gasset, con su Fuente talaverana, obra de Ruiz de Luna. Resaltan entre sus museos el Provincial, Elisa Cendrero, Palacio de la Diputación, el Diocesano y el Archivo Histórico Provincial, con copia de su Carta-Puebla.

Frente a la catedral de Santa María del Prado se en­cuentra la casa de Hernán Pérez del Pulgar, con bella por­tada del siglo xvi. La Casa Real de la Caridad fue fundada por el cardenal Lorenzana en 1777. El puente de hierro sobre el Guadiana es notable ejemplo de ingeniería con su parte metálica de más de 500 toneladas de peso.

El santuario de Nuestra Señora de Alarcos se halla a unos 8 kilómetros, fortaleza medieval, en cuyos lugares fueron vencidas las tropas cristianas por los almohades en 1195. Es muy concurrida la romería que se celebra el lunes de Pentecontés.

Cuenca

El florecimiento y progreso de la ciudad, desde el momento de su reconquista por las tropas cristianas del rey Alfonso VIII, así como el desarrollo de su ju­dería, encuentran explicaciones muy convincentes en la generosidad del Fuero que este rey le otorgara y del que se hacen frecuentes referencias a que privilegia­ba a cuantos se acogían a él de tal forma que hasta todavía se suele asegurar que «di que eres de Cuenca y entrarás de balde». Eran tantas las facilidades que el Fuero concedía para suscitar el interés por poblar la ciudad recién conquistada, que fueron muchos los que llegaron a ella con tal intención. Por supuesto que los judíos se encontraron entre los primeros aspiran­tes, dado que el mismo Fuero establecía la equipara­ción entre ellos y los pobladores cristianos, otorgán­doseles toda clase de libertades. La ubicación de la ciudad, la fuerza y riqueza de la iglesia y sobre todo la generosidad de su Fuero que sirvió de modelo a otras ciudades castellanas, instigaron a los judíos a acudir y establecerse en Cuenca, hasta ser su judería una de las más notables de Castilla.

 

Son muchas las referencias documentadas existentes en relación con los judíos, de los que consta que llegaban a exigir hasta el 40 por ciento de interés en sus présta­mos. Huelga decir que entre las reiteradas persecucio­nes que sufrieron, una de las más funestas fue la del año 1391, cuando la sinagoga fue transformada en la iglesia de Santa María la Nueva. Muchos judíos murieron en esos acontecimientos y otros muchos también fueron bautizados a la fuerza, que serían después atendidos precisamente en la iglesia de Santa María la Nueva con­vertida en parroquia. La localización de la judería de Cuenca parece bien clara, y su lugar fue el barrio del Alcázar, en el que se encontraba la antigua fortaleza mora. La despejada plaza de Torre Mangana se señala como recuerdo de la sinagoga-iglesia de Santa María y de la judería. Esta iglesia fue demolida en los años pri­meros del siglo xx, por amenazar ruina. De la antigua sinagoga quedó una inscripción hebrea en sus muros in­teriores y que fue en parte borrada al llegar los primeros inquisidores a esta ciudad en 1489. Algunos de estos fragmentos es lo único que se conserva del paso de los judíos por la ciudad conquense, por lo que hay que vi­sitar el Museo Diocesano para contemplar los fragmen­tos de yeserías que contienen parte del capítulo 8 del Sagrado Libro del Deuteronomio, en su versículo 8. De otros edificios judíos no hay referencia, con excepción del cementerio que según parece estuvo ubicado en el barrio conocido como de los Tiradores, en las cercanías de la parroquia del Cristo del Amparo que, como ermita, fue construida en el siglo xvi. En la actualidad, la Torre de Mangana es en gran parte símbolo de la ciudad, «co­gollo de España» en frase de Ortega y Gasset.

En el recorrido por la ciudad son muchas e inéditas las sorpresas que esperan a sus visitantes. Sus principa­les referencias son estas: restos de muralla, caminos de ronda, barrios del Castillo y San Pedro, castillo, Tribu­nal de la Inquisición, ermita de San Isidro, puente y puerta de Bezudo del Castillo, plaza del Trabuco, calle de San Pedro, plaza Mayor, Casa del Canónigo, ermita de la Cofradía de la Epifanía, convento de las Angélicas, igle­sia de San Nicolás de Barí, convento de las Carmelitas Descalzas, colegio de San José, Casa de los Marqueses de Priego, palacio de los Condes de Toreno, palacio de los Cerdanes de Laza-Zavala, iglesia de San Pedro, Ca­sas Colgadas, Casa de la Sirena, Casa del Rey, Casa Cu­rato, convento de monjas de San Pedro y San Lorenzo, Fuente del convento de las Petras, Palacio Episcopal…

La iglesia catedral-basílica de Nuestra Señora de Gra­cia es un edificio muy complejo y original, de estilo nor­mando y en el que es mucho arte y mucha historia lo que hay que admirar. El arco de acceso al claustro es la obra más famosa de Esteban Jamete. Sus capillas son verda­deros museos, al igual que el coro, la sala capitular y la sacristía.

Otras referencias turísticas de Cuenca son estas: igle­sia de San Miguel, «rascacielos» del Júcar, convento de los Descalzos, ermita de las Angustias, barrio de San Martín, iglesia de Santa Cruz, Jardín de los Poetas, ba­rrio de San Gil, Ayuntamiento, Casa de los Mendoza, Casa del Corregidor, Casa de Clemente Arostegui, Puerta, Pos­tigo y Torre de San Juan, Cuesta, convento y Caserón del Carmen, convento de las Esclavas de la Merced, Semi­nario Conciliar, Asilo de Desamparados, Torre Manga­na, Escuelas Públicas de Palafox, iglesia de El Salvador, Casas de los Girón y Cañizares, iglesia de San Andrés, iglesia de San Felipe Neri, Audiencia Vieja, Monjas Be­nitas, pósito o almudí, puente de la Trinidad, Fuente de la Doncella, Cristo del Amparo, puente de San Antón, iglesia de la Virgen de la Luz, Hospital de Santiago, Po­sada de San Julián, Casa de las Rejas, puente de San Pablo, convento e iglesia —Parador de Turismo— de San Pablo…

 

Guadalajara

La ciudad de Guadalajara fue la antigua Arriaca ro­mana, estratégicamente ubicada en la calzada que va desde Mérida a Zaragoza, después de pasar Complutum —Alcalá de Henares—. En época árabe recibió el nom­bre de Wad-al-Hayara o río de las piedras. Entre 1058 y 1062 el rey Fernando I se anexionó la ciudad y su comar­ca, aunque fue el rey Alfonso VI quien por su capitán Alvar Fáñez de Minaya la conquistó definitivamente en 1085 al llegar a Toledo. En Guadalajara hubo una im­portante población mozárabe. En 1133 le fueron otorga­dos fueros, ampliados posteriormente en 1219 y en 1260, uno de cuyos principales privilegios fue precisamente el de la celebración de dos importantes ferias que impulsa­ron el desarrollo económico de la ciudad y que en muy buena parte explica la presencia de los judíos en ella hasta constituir una de las comunidades más florecien­tes de Castilla-La Mancha. En el siglo xiv llegó a domi­nar hasta 61 aldeas y las grandes familias nobles, como la de los Mendozas, condicionaron su desarrollo arqui­tectónico, introduciendo el renacimiento en forma de palacios, casonas hidalgas y construcciones religiosas.

Parece bastante definida la ubicación del barrio de la judería extendiéndose por puntos de referencias tales como las cercanías de la plaza Mayor y la iglesia concatedral de Santa María. Las calles más importantes que comprendía serían la del Doctor Benito Hernando, Teniente Figueroa, plaza de Santa Clara, Ingeniero Ma-riño-Barrionuevo, Francisco Cuesta, Juan Catalina, San Gil, Horno de San Gil, Gonzalo Herranz, Sinagoga, pla­za del Marqués de Villamejor y cuestas de Calderón, de San Esteban y de San Miguel. Hay indecisas referencias de otra judería en las cercanías del llamado Castil de Judíos, junto a la puerta de Alvar Fáñez, pasado el ba­rranco de San Antonio, en terrenos sobre los que en la actualidad han sido construidas una barriada de vivien­das nuevas. Hay referencias documentales de que en la expulsión de los judíos, una de las sinagogas —La Ma­yor— fue donada por los Reyes Católicos a la iglesia de Santa María para la construcción en ella de un hospital. Otra fue donada a la orden de los Mercedarios y de la llamada sinagoga del Midrás no hay datos de que fuera donada a ninguna institución o persona concreta. La ubi­cación de las referidas sinagogas es posible que fuera la siguiente: calle Barrionuevo, calle de la Sinagoga, cola­ción de San Gil, y Benito Hernando en la esquina de Juan Catalina. En el Castil de los Judíos parece que pudo es­tar el cementerio, en las proximidades del actual cemen­terio de la población alcarreña. Consta que sus piedras fueron concedidas a un tal Juan de Labastida. Nada se sabe acerca de la localización de los baños y de la carni­cería, aunque no se duda de su existencia, dada la docu­mentación que todavía perdura. Consta, no obstante, que en Guadalajara se creara en 1492 la primera imprenta judía. En esta ciudad nació en 1240 Moisés de León, au­tor del libro fundamental de la Cabala Sefer-Zorar o Li­bro del Esplendor.

 

La ruta turística por la ciudad de Guadalajara antes y después de haber recorrido los lugares con carácter judío, sigue siendo de gran interés. El monumento más importante de la ciudad, y una de las obras cumbres del renacimiento español, es el palacio del Infantado, cons­truido en 1480 por Juan Guas, auxiliado por Enrique Egas y con la colaboración de Lorenzo de Trillo por encargo del segundo duque, don Iñigo López de Mendoza. Desta­ca su enorme riqueza ornamental en estilo gótico-mude­jar con atisbos renacentistas. Su fachada está adornada con puntas de diamante y excelente galería alta. Dos at­lantes sostienen sobre la portada el escudo de armas de la familia Mendoza. Aquí fue recibido Francisco I de Francia, hecho prisionero en la batalla de Pavía y en él se celebraron el matrimonio de Felipe II con Isabel de Valois y el de Felipe V con Isabel de Farnesio. La capilla cuenta con bella portada plateresca, obra de Alonso de Covarrubias y un patio con columnas dóricas y fustes de una sola pieza.

 

Entre los edificios religiosos destaca la iglesia de San­ta María la Mayor, construida en el siglo xm sobre una mezquita, conservando tres puertas con arcos de herra­dura apuntados y la torre. Cuenta con valioso retablo y una imagen gótica de la Virgen de la Victoria. La iglesia de San Ginés que pertenecía al convento de Santo Do­mingo, de estilo renacentista, tiene notables mausoleos renacentistas y góticos. En la iglesia de Santiago, cons­truida en el siglo xiv, se pueden apreciar las huellas tal vez más representativas del estilo gótico-mudejar de Cas­tilla. Consta de tres naves separadas por arcos apunta­dos sobre pilares góticos y se cubre con interesante arte-sonado. Su capilla del evangelio fue trazada por Alonso de Covarrubias. La extraña capilla de Lucena, hoy aisla­da, fue construida enteramente de ladrillo a mediados del siglo xvi. El convento de los Templarios o de San Fran­cisco fue ocupado por los franciscanos. Su iglesia del si­glo xv, fue utilizada por los Mendoza como panteón familiar. Es de estilo gótico. Otras iglesias dignas de ad­miración artística son las de los Remedios, convento de Carmelitas Descalzas, Nuestra Señora de la Antigua, del Carmen, de San Pedro, y de la Piedad en el sepulcro de la fundadora doña Brianda de Mendoza y Luna y mag­nífica portada de Alonso de Covarrubias. En la iglesia de San Nicolás el Real se halla el impresionante sepulcro de alabastro de don Rodrigo de Campuzano, estilística­mente relacionado con el del Doncel de Sigüenza.

Brihuega-Cifuentes

Etimológicamente Brihuega procede de briga, que significa «lugar fuerte amurallado». Se han encontrado restos arqueológicos de los pueblos celtíberos, junto al río Tajuña —Centóbriga— y romanos en cuyos tiempos se llamó Castrum Brioga, apareciendo en la época me­dieval con el nombre de Brioca. Conquistada por Alfon­so VI en 1085, fue el cardenal don Rodrigo Ximénez de Rada, arzobispo de Toledo, conquistador en la bata­lla de las Navas de Tolosa quien le otorgó el Fuero. Por cierto que en él se halla parte de la explicación de la im­portancia de su judería, dado que permitía y facilitaba la presencia de Brihuega de todo tipo de gentes y de reli­giones, con lo que se impulsó su riqueza artística y eco­nómica. Fue propiedad de los arzobispos toledanos, hasta que en 1584 pasó a ser de la corona, por decisión de Fe­lipe II, aunque después —en 1607— volvió a pasar a manos de la Sede Primada.

Las relaciones de la pequeña judería de Brihuega de principios del siglo xn con los cristianos fueron cierta­mente ejemplares. Como demostración de tal conviven­cia se cita el dato de que el mismo arzobispo de Toledo don Pedro Tenorio se vio obligado a trasladar el merca­do que se celebraba en la villa los sábados a los miérco­les y la razón fundamental fue la de que ese día era sa­grado para los judíos y ellos no podían asistir. La aljama creció en el siglo xv. En la villa hay una calle que lleva el nombre de la sinagoga. Conociendo la acentuada capa­citación profesional de los judíos a la industria de las pieles, es de suponer que en la calle denominada Tene­rías Altas estuvieran también las casas de algunos judíos. Parece ser que el lugar exacto de la sinagoga se corres­pondía con el de la casa conocida como Las Pirujas en la calle de los Panaderos. Es significativo también el dato de que en Brihuega hay un barrio conocido como Barrionuevo, ubicado en la parte más alta y antigua de la población. El edificio de los baños pudo coincidir con el manantial del Alberdiego. Su Fuero se expresaba en estos términos: «Todos los ornes que moraren en Bri­huega o en su Término cristiano et judeos et moros To­dos ayan y fuero».

La tradición judía de Cifuentes está justificada aun en el mismo momento en el que a sus habitantes se les moteja popularmente en la Alcarria como «los judíos». Propiedad la villa del infante don Manuel, protectores reconocidos de los judíos, es de suponer con facilidad que a la sombra de su castillo ellos vivieran seguros. De la sinagoga se dice que estuvo en la calle Empedrada, en su número 37 o en el 40. En una y en otra hay restos arquitectónicos y columnas que bien pudieran haber correspondido a este tipo de construcciones judías. Junto al castillo, construido por el infante don Juan Manuel en 1324, hay un barrio conocido como Barrio Nuevo, que prueba también su anterior pertenencia a los judíos, por lo que son muchos los que piensan que ese fue uno de sus asentamientos, al menos el último de ellos antes de la expulsión a finales del siglo xv.

* * *

A la entrada de Brihuega se percibe inmediatamente el poderío y la riqueza de esta población, en la que cris­tianos, musulmanes y judíos tanto contribuyeron en su desarrollo. El rollo jurisdiccional y la muralla así lo pro­claman. Los arcos o puertas de la Cadena y del Corazón son muestras imperecederas. El castillo de Peña Berme­ja se conserva casi íntegro. Lo que hoy es el Prado de Santa María fue su patio de armas. Son dignos de consi­deración la puerta de Santa María o del «juego de pelo­ta» y el Arquillo de la Guía. La capilla de la Vera Cruz y la capilla del Castillo merecen la atención del turista: la iglesia parroquial de Santa María de la Peña data de prin­cipios del siglo xiii y fue construida a instancias de don Rodrigo Ximénez de Rada. Destaca su portada gótica. La puerta occidental fue restaurada por el cardenal toleda­no arzobispo Tavera. La iglesia de San Miguel es tam­bién del siglo xiii, aunque con restauraciones barrocas. El edificio que le prestó gran impulso e incremento a Brihuega fue el de la Real Fábrica de Paños, terminado en 1787, en tiempos del rey Carlos III. El centro neurál­gico de la villa está constituido por la plaza de Herrado­res, portales de Chapero, Ceneceros y San Juan. Gozan de gran fama sus fuentes Blanquina o de los Doce Ca­ños, Tinte, Hisopo, Cubillo, Princesa, San Juan y otras. La ruta de las leyendas y tradiciones judías, moras y cris­tianas es muy notable.

La villa de Cifuentes, con referencias a Centum Fontes o Cien Fuentes, tiene su procedencia etimológi­ca en sus ricos y abundantes manantiales. La ruta por la población ha de partir de su plaza Mayor y de su ayun­tamiento con el escudo de los Silva, condes de Cifuentes. La iglesia de San Salvador data del siglo xm y una de sus portadas románicas está dedicada a Santiago con su psicomaquia o lucha de la fe y la idolatría. Son dignas de reseña las capillas de la Concepción, de los Arce, de la Virgen de Flores, de los Calderones del Sagrario y de los condes de Cifuentes. El pulpito, de alabastro que procede del convento de Santo Domingo, es una buena obra de arte.

Hita-Atienza

De la importancia de la judería de Hita, en la provin­cia de Guadalajara dan fe diversos testimonios, así como el hecho de haber sido señorío de los Mendoza desde 1368 hasta finales del siglo xvi, convertida la villa por el mar­qués de Santillana, señor de Hita, en centro comercial y agrícola de toda la comarca. Un antiguo arcipreste, don Juan Ruiz, fue autor del Libro del Buen Amor, tan cele­brado en la literatura española y en la universal. En esta población descansó repetidamente don Iñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana, autor de las inspiradas Serranillas.

Contemporáneos, y hasta amigos, del famoso arcipreste fueron los primeros judíos importantes, de los que se tiene referencia histórica en Hita. Acerca de la seguridad que caracterizaba a su hoy derruido castillo, don Pedro López de Ayala en su Crónica del Rey Don Pe­dro reconoce que éste y el de Trujillo en Extremadura eran los más adecuados para custodiar los dineros rea­les, tal y como afirmaba el tesorero real Semuel ha-Leví. La importancia de la judería de Hita queda patente en los inventarios de sus bienes registrados con ocasión de la expulsión de sus miembros en 1492, en el que se hace referencia nada menos que a unos 500 judíos que, en conformidad con sus bienes registrados, debían ser no­tablemente ricos. No estaban muy delimitadas las calles que componían el barrio judío, dado que ellos vivían mezclados con los demás miembros de la ciudadanía, si bien los barrios de San Pedro y de Santa María son con­siderados como los más típicamente judíos. Aunque no hay constancia del lugar concreto en el que se ubicaban los servicios principales de la comunidad judía, consta con toda veracidad que eran dos las sinagogas de que disponían, además de un «midrás», de una carnicería y, por supuesto, del cementerio. Al haber desaparecido hoy totalmente la parte más alta del pueblo, es explicable que haya desaparecido también cualquier resto de la existen­cia del pueblo judío en Hita, cuya procedencia fue ro­mana, coincidiendo probablemente con la primitiva Caesada celtibérica, que aparece en la calzada romana desde Mérida hasta Zaragoza, con punto importante de referencia en Alcalá de Henares.

En la actualidad apenas si queda nada de Hita. Hay que reconocer con toda suerte de plácemes la labor rei-vindicativa de la población que se ha hecho en los últi­mos tiempos gracias a la organización desde 1961 por Criado del Val de los Festivales Medievales, con botargas, teatro, comparsas de Don Carnal y de Doña Cuaresma y torneos a caballo, en un ambiente típicamente medieval, que ha concitado el interés y la presencia de gran nú­mero de visitantes y turistas, que lógicamente han teni­do también oportunidad de conocer e interpretar el sen­tido y el contenido judío de esta villa de tanto sabor medieval.

* * *

La villa de Hita fue declarada con todos los mereci­mientos posibles, conjunto histórico desde hace un pu­ñado de años. La iglesia gótico-mudejar de San Juan fue reconstruida en los años 50, con alta torre, portada sen­cilla y buen artesonado mudejar en una de sus capillas. Una de sus puertas está rematada por escudo gótico de alabastro. La puerta o arco de Santa María es el acceso principal a la villa, entre dos torreones, con los escudos esculpidos de los Mendoza e Hitas. La muralla fue levan­tada por don Iñigo López de Mendoza, hasta rodear toda la villa. De ella quedan tan sólo unos muros y restos de sus torreones.

De Atienza hay que referir que contó también con una judería que en el siglo xm fue considerada como de cier­ta importancia y cuya localización parece haber estado cercana al matadero viejo, fuera del casco urbano. Los habitantes de Atienza siguen llamando todavía a esos lugares «la judería». Otra versión histórica, más con­gruente tal vez, sitúa la judería dentro de la población, y más concretamente junto al castillo y muy cerca de la iglesia del Salvador, posiblemente en el sitio en el que en la actualidad se monta la plaza de toros. Resulta to­davía consoladoramente ejemplar comprobar cómo fue­ron de convivenciales las relaciones de las comunidades judías, Cristinas y musulmanas en los tiempos de la baja edad media, en los que llegó a contar la población con diez mil habitantes y unas quince iglesias parroquiales.

La oferta paisajística, monumental, histórica y festi­va de Atienza sobrepasa cualquier consideración y me­dida. Hay que ver el castillo —la «penna mui fort»— del Cantar del Mió Cid. El arco de San Juan o Arrebatacapas es testimonio turístico por todos sus costados. Destacan las iglesias de Santa María del Rey, de San Gil, San Bar­tolomé, de Nuestra Señora del Val, del Salvador, de San Juan de la Trinidad y ermita de la Estrella. En la plaza del Trigo o del Mercado hay casas y palacios de gran inte­rés. El edificio del ayuntamiento es del siglo xviii. En mu­chas calles hay escudos y portadas nobles. Las iglesias son otros tantos museos, pese a que la destrucción pasó por ellas una y muchas veces en forma de incultura y de guerras. Cerca de Atienza, en Albandiego, hay una de las iglesias románicas más preciosas de Guadalajara.

Molina de Aragón

Son muchas las razones que existen para centrar con objetividad las explicaciones a tantas y tan dramáticas persecuciones levantadas contra los judíos en España, por parte de nuestros compatriotas cristianos. Algunas de ellas son coincidentes con las registradas en otros países. Otras con propias y específicas. Entre estas pue­den reseñarse las que tienen particularmente en cuenta la situación en la que vivía el pueblo sometido a tantas vejaciones y ofensas de nobles y hasta de eclesiásticos, por lo que les era imprescindible encontrar otro tipo de hombres sobre el que descargar su cólera reprimida. Los términos odio reprimido y judío les sirvió para proyec­tar sus resentimientos. Cuenta la historia que cuando el futuro Enrique II entró en Nájera, permitió una ma­tanza general de judíos, «porque las gentes lo facían de buena voluntad», tal y como explícitamente reco­noce el canciller Ayala en su Crónica de Don Pedro del año 1360.

Antigua judería de Molina de Aragón

Antigua judería de Molina de Aragón

Molina de Aragón fue conquistada a los musulmanes en 1129 por Alfonso el Batallador y seguidamente pasó al conde castellano don Manrique de Lara. En los Fue­ros que le concedió en 1152 se comprueba que ya había judíos en la villa. Sucesivamente fue incorporada a la Corona de Aragón, volviendo a la de Castilla en 1375 que fue cuando cambió el nombre de Molina de los Caballe­ros por el de Molina de Aragón, después de que Pedro IV jurara los Fueros y expulsara a Enrique I de Trastámara en 1369. Son muchos los documentos existentes relati­vos a la judería de Molina, cuya aljama disponía de or­denanzas propias y cuya configuración como tal barrio se ha conservado con mucha aproximación a lo que realmente era. La judería de Molina se encuentra cer­ca de la muralla y en la falda del cerro del castillo, al final de la calle que en la actualidad tiene el nombre de Arriba de Tomasa la Muela. Desde la plaza de Anselmo Armas, por una escalera, se llega a la calle que se llamó Castil de los Judíos y que en la actualidad es conocida simplemente como calle de los Judíos. Como dato curio­so y significativo del pensar popular en relación con es­tos lugares, en tiempos recientes se ha construido un barrio nuevo al que el pueblo ha dado en llamar Judería Nueva, aunque su denominación oficial es la de Sama­ría, nombre que tiene también resonancias del «Libro» por antonomasia.
Plano indicativo de situación de la judería de Molina de Aragón.

Plano indicativo de situación de la judería de Molina de Aragón.

Resalta en Molina de Aragón por su historia, curiosi­dad y originalidad la existencia de una Hermandad de Caballeros de Doña Blanca, reina que murió precisamen­te en su castillo, y que en la festividad de la Virgen del Carmen, vistiendo sus cofrades su uniforme de gala, desfilan en procesión acompañando a la imagen de la Vir­gen. En ese día se celebra con todos los honores la Fies­ta de la Cofradía Militar de Nuestra Señora del Carmen, de interés turístico y de procedencia del siglo xn.

***

El castillo fue edificado sobre un castro ibérico y una de las torres es llamada de Aragón y se ubica en lo más alto del cerro. Se conserva además la torre del Homena­je, la de Armas y la de Veladores. En el patio del castillo hay restos de una iglesia románica. El recinto amuralla­do recibe el nombre de El Cinto.

La ruta turística por la población, después de partir detenidamente del castillo, ha de tener muy presente la iglesia del convento de las Clarisas, de la segunda mitad del siglo xii, con restos románicos, sobre todo en su áb­side y en su portada.

La iglesia de Santa María la Mayor, aunque su factu­ra es del siglo xn, fue reedificada en el xvi. Es de tres na­ves y la central se cubre por cañón y lunetas y la capilla mayor por cúpula semiesférica gallonada. En la sacris­tía se conservan buenos lienzos del siglo xvn. Su portada principal clasicista es realmente colosal. En su interior luce de forma espléndida un magnífico retablo renacen­tista, procedente de la parroquia de El Atance. En la pla­za Mayor se levantan el edifico del Ayuntamiento del siglo xvm y la iglesia de Santa María del Conde, la más antigua de la ciudad, que fue fundada por Manrique de Lara, primer señor y conde de Molina, de estructura románica, en el siglo xn. Fue reedificada en el xvi, y res­taurada en 1985.

Ilustración de la antigua judería de Molina de Aragón

Ilustración de la antigua judería de Molina de Aragón

Otro notable edificio de interés en Molina es el con­vento de la orden de San Francisco, fundado por la in­fanta doña Blanca, señora de Molina, en el siglo xih, de estilo gótico, con añadidos clásicos y barrocos. La torre es barroca, del siglo xvm, con sillerías y dos cuerpos y es conocida popularmente como El Giraldo. La capilla de la Orden Tercera es del siglo xvm. De origen románico es la iglesia de San Pedro. Su crucero ostenta una bóve­da de crucería gótica y en el presbiterio hay un buen re­tablo barroco del siglo xvin. La iglesia-oratorio de San Felipe es una importante obra barroca de la comarca. En­tre sus casas-palacios resalta la llamada Casa Pintada, del virrey de Manila, palacio del Obispo Díaz de Guerra, casonas de los Montesoro, de los Garcés de Marcilla, de la Subalterna… Sobre el río Gallo hay un puente roma­no y cerca de la población se halla el santuario de Nues­tra Señora de la Hoz.

Sigüenza

Son muchas las cosas que impresionan en la visita a la ciudad de Sigüenza, cuya importancia estratégica fue reconocida ya en tiempos antiguos, hasta dejar huella profunda en su misma etimología, ya de Segoncia quie­re decir «la que domina el valle». Situada en sus princi­pios en el cerro denominado Villavieja, su origen es la ibérica Segoncia, latinizado su nombre en el de Sigontia, descendía del cerro al valle comunicado por la calzada romana de Zaragoza, Caesaragusta, a Mérida, Emérita Augusta. En la dominación árabe adquirió gran impor­tancia estratégica, construyéndose el castillo-alcazaba y durante la época cristiana ha contado con un centenar de obispos, guerreros la mayoría de ellos, que configura­ron la ciudad en todos los monumentos desde la misma catedral, en otras tantas fortalezas. En las aspilleras de la torre de la catedral que mandara construir su primer obispo y conquistador don Bernardo de Agen en el siglo xii hay claras señales de los impactos causados en tantos avatares guerreros como en todos los tiempos han cer­cado y definido la ciudad segontina.

Las riquezas, la presencia episcopal tan continuada, los mercados, la nobleza al frente de la cual hay que mencionar a los Mendozas… y tantos otros factores ex­plican que la presencia y actividad de los judíos fueran muy notables, encontrándose estos aun antes de la mis­ma conquista cristiana. No pocos de ellos vivían en casas que eran propiedad del cabildo catedralicio, hasta que con­siguieron concentrarse en barrios concretos y determi­nados, aun antes de que fuera así establecido por la ley. Dos fueron las judería de Sigüenza. Una de ellas se identifica con los aledaños de la calle de San Vicente, con su iglesia de portada románica, en la calle Travesaña Alta. La protección del castillo fue siempre buscada por los judíos y el de Sigüenza, y más cuando fue residencia epis­copal, brindaba tal protección con generosidad. La lla­mada judería nueva se sitúa en el Portal Mayor en el que se encuentra la calle denominada Sinagoga, extendién­dose hacia la calle Herreros. Una sinagoga en la judería Vieja y otra en la Nueva están convenientemente datadas en Sigüenza. Una de ellas pasó a manos de don Pedro González de Mendoza, obispo de Sigüenza, arzobispo de Toledo, y conocido en tiempos de los Reyes Católicos como «tercer rey de España». Su ubicación sería la calle de Herreros. La de la segunda sinagoga sería la calle de San Vicente. Del lugar en el que se encontraba el cemen­terio judío hay diversidad de opiniones, aunque parece ser la más congruente la de quienes creen que su empla­zamiento estaría cercano a la ermita de Nuestra Señora de los Huertos. Hay que tener muy en cuenta para valo­rar en profundidad el carácter judío de Sigüenza que desde 1140 fue ciudad episcopal, al renunciar Alfonso VII a su soberanía en favor de la mitra segontina.

¨¨

La catedral es una magnífica obra dentro del arte medieval español. Es toda ella un fabuloso museo. La fachada principal se divide en dos grandes contrafuer­tes, formando tres calles y en cada una hay una puerta románica del siglo xn. Destaca la central o puerta de los Perdones. El gran rosetón domina la nave central. Re­saltan la torre del Santísimo, puerta del Mercado, claustro, puerta del Jaspe, Librería del Cabildo, capilla de la Concepción, capilla de Santiago Zebedeo, Sala Capitu­lar, Archivo Capitular, capilla de San Pedro, capillas del Obispo Valero y de la Anunciación, trascoro, altar de la Virgen Santa María la Mayor, puerta del Pórtico, altar de Santa Librada, mausoleo de don Fadrique de Portu­gal, diversos enterramientos, retablo mayor, la sacristía de las Cabezas, capilla del Espíritu Santo con un cuadro de El Greco, capilla de los Arce con el excepcional se­pulcro y estatua semiyacente de Vázquez de Arce, El don­cel de Sigüenza, muerto en la Acequia Gorda de la Vega de Granada en lucha contra los moros y que es uno de los más maravillosos de todo el mundo…

Entre tantos lugares como hay además para visitar en Sigüenza, hay que hacer referencias al Ayuntamien­to, plaza Mayor, parroquia de Santiago, parroquia de San Vicente con su Cristo Crucificado del siglo xiv… En el cas­tillo episcopal, hoy Parador de Turismo, destacan las to­rres de entrada, el patio central, diversos salones y tan­tos recuerdos históricos. La Casa del Doncel es un buen palacio del siglo xiv. La antigua Posada del Sol es del si­glo xiv. De las murallas y puertas de la ciudad se conser­van interesantes ejemplares. Entre sus torres sobresalen las de la calle del Peso, del Hierro, la Puerta Nueva, de la Travesaña, del Toril, la Puerta del Sol y la de la calle la Yedra.

También merecen consideración el edificio del semi­nario de San Bartolomé, del siglo xvni y el humilladero de la Vera Cruz, del siglo xvi. El convento de las Clarisas forma parte del conjunto de Santa María de los Huertos. El convento de las Ursulinas fue levantado a principios del siglo xvii. Edificio palaciego es el Colegio de la Sa­grada Familia, del siglo xvni. El palacio episcopal fue la antigua Universidad, conocida como de San Antonio de Porta Coelli. La parroquia de Santa María es de finales del siglo xvni. El Colegio de los Infantes es de estilo ba­rroco. La casa del Arcediano es un ejemplar caserón del siglo xvi. El Museo Diocesano de Arte Antiguo —palacio de los Gamboa— se halla en la plaza del Obispo don Ber­nardo y en él resaltan una Inmaculada Niña de Zurbarán, el grupo escultórico de Pompeio Leoni y el Enterramien­to del Maestro de Pozandos. El Museo Catedralicio se sitúa en el claustro de la catedral, con rica colección de tapices, códices, relieves y tallas de gran valor.

 La canción del Tajo

(Toledo, Talavera de la Reina y Cáceres) Un magnífico reportaje producido por TVE que nos permitirá conocer mejor  y desde el aire esta zona de tan interesantes características.

http://youtu.be/BHkjCklmuZo

Toledo

«El rey se enamoró locamente de una judía que tenía por nombre la Fermosa, la Hermosa, y se olvidó a su es­posa». De estas palabras de Alfonso el Sabio en su Cró­nica General, alrededor de 1270, extrae la siguiente ro­manza Lorenzo de Sepúlveda en 1551, en su obra «los amores de Alfonso VIII con la hermosa judía: «A Toledo fue Alfonso/con la reina joven y bella./Pero el amor le cegó/y se engañó por amor./Se prendó de una judía/ cuyo nombre era Fermosa./Sí, Fermosa se llamaba/La Hermo-sa./Y la llamaban así con justicia./Y por ella olvidó el rey a su reina».

También a nosotros nos corresponde en esta ocasión dirigirnos a Toledo para intentar descubrir al menos una parte de su impresionante y rico legado judío, desde el convencimiento de que nos resultará tarea realmente di­fícil. El mismo nombre de Toledo puede muy bien pro­ceder de la palabra hebrea Toledatch, que significaría Madre de los Pueblos.

La leyenda y la historia caminan por las rutas judías de Toledo muy de la mano y se dice que los primeros judíos que llegaron a Toledo fueron nada menos que en­viados por el rey Salomón para exigir el tributo a los pueblos bárbaros de la península ibérica. Se dice asimis­mo que la raíz de la destrucción del primer templo de Jerusalén en tiempos de Nabucodonosor numerosos e importantes judíos se asentaron ya en Toledo, habiendo constancia de que los judíos toledanos siempre fueron instruidos, ricos, civilizados, merecedores del respeto de los demás. La historia o la leyenda siguen refiriendo que una de las épocas más gloriosas de los judíos en Toledo coincidió con la de los reyes godos, hasta llegar a ser esta ciudad una de las más ricas del mundo. De este tiempo procede la tradición de que el rey Recaredo era posee­dor de la mesa del rey judío Salomón, formada por una sola y gigantesca esmeralda, enmarcada en oro. Este mismo rey poseía un espejo mágico en el que podía ver­se reflejado todo el mundo. A todas luces exagerada la cifra, pero algunos llegaron a asegurar que hubo un tiem­po en el que en la ciudad de Toledo llegaron a vivir nada menos que 70.000 judíos.

Del primer personaje judío importante que se tiene referencia en Toledo es de Yosef ben Ferruziel, conoci­do como Cidello, que fue médico de Alfonso VI. Desde este tiempo accedieron al puesto de almojarife en la cor­te castellana no pocos miembros de familias judías de Toledo, que formaban una especie de aristocracia y que decían descender de la casa de David. Uno de los episo­dios de mayor interés en la historia de Toledo fue la crea­ción de la Escuela de Traductores promovida por el arzobispo Raimundo en el siglo xn y en la que intervi­nieron judíos de mucho renombre, como Salomón Ibn Gavirol, autor de La fuente de la vida que escribió en ára­be. La judería pasó en Toledo por avatares diversos y, a los tiempos de gloria sucedieron también tiempos de tra­gedia, si bien fue en el siglo xiv cuando la judería alcan­zó una época de extraordinario esplendor, aunque las predicaciones repetidas de San Vicente Ferrer suscitaban automáticamente persecuciones y muertes masivas.

-k    -k    ~k

Es mucho lo que hay que estudiar y ver en Toledo, desde valoraciones y sensibilidades judías. Toledo es ina­barcable desde consideraciones turísticas que tengan en cuenta las motivaciones hebreas. La historia de este pue­blo se agolpa en multitud de capítulos, de monumentos y de documentos y su paso por Toledo dejó multitud de huellas imborrables. Sería demasiado pretencioso que nosotros ni siquiera intentáramos hacer un resumen bre­ve de los argumentos judíos con que cuenta Toledo para convencer a potenciales turistas a que coloquen su intención, sus ojos y sus programaciones viajeras en esta ciudad como meta de sus viajes y de sus vacaciones. En un intento de aproximación imperfecta e incompleta, nos limitamos a referir al menos la existencia de calles, mo­numentos y lugares de clara y espectacular ascendencia judía.

La judería de Toledo no se concentraba en tan sólo un barrio, como acontecía en otras poblaciones. Convi­vían frecuentemente con los mismos cristianos. Tenien­do en cuenta los documentos y las referencias proceden­tes de distintas épocas, es realmente seguro que el barrio más típico judío de Toledo, —aunque casi toda la ciu­dad proclama su ancestral judaismo—, está enmarcado y compuesto por los barrios de Montichel, Santo Tomé, Hamanzeite, Portiel, Degolladero, Alacava y Caleros y por este manojo de calles: San Cristóbal (calle y paseo), Des­calzos, Taller del Moro, Palacio de la Fuensalida, trave­sía de Aljibillo, callejón Garao, plaza de Valdecaleros, San Clemente, Santo Tomé, plaza de Alamillos, casa de El Greco, paseo del Tránsito, sinagoga del Tránsito, San Juan de Dios, de las Bulas, Verde, plaza del Barrio Nue­vo, Mirador del Barrio Nuevo, Santa Ana, Reyes Católi­cos, Judería, Ángel, Virgen de Francia (calle y plaza), Bis Bis, sinagoga de Santa María la Blanca, plaza de la Cava, plaza del Arquillo, Pintor Matías Moreno, San Juan de los Reyes (monasterio y plaza), puerta del Cambrón, Alamillos de San Martín, Bajada y Puente de San Mar­tín, Calandrajas, Clavo, Obelisco, Esquivias, Garao, La Campana, Bodegones, Samuel Leví, Jacinto, plaza del Conde…

Acerca del número de las sinagogas existentes en To­ledo son muchas las versiones que se ofrecen. Se habla con la correspondiente documentación que eran al me­nos diez, aunque en el año de la expulsión sólo queda­ban cinco. La hoy conocida como de Santa María la Blan­ca y la de Nuestra Señora del Tránsito fueron muy importantes. La primera fue consagrada al culto cristia­no por San Vicente Ferrer, en 1411. La judería contó asi­mismo con cinco madrasas, una se llamaba el Midras de las Vigas y se ubicaba en el barrio de la Alacava. De baños judíos han sido muchos los hallazgos que se han efec­tuado, sobre todo en patios de edificios. Hay referencias también de un hospital «cerca de los portales de las car­nicerías» en el barrio del Degolladero, de donde puede proceder este nombre. La casa de El Greco y la casa del Judío reclaman especial atención, al igual que el cemen­terio, que estaría ubicado cerca de la basílica de Santa Leocadia. El Alcaná era un barrio judío comercial que estuvo cerca de la catedral. La ruta judía por Toledo ha­brá de detenerse largamente en el Museo Sefardí insta­lado en las dependencias de la sinagoga llamada del Trán­sito.

En la ciudad de Toledo, y en sus recuerdos judíos, hay que mencionar también a Ishaq el Menor, que vivió en los años 1433-1493, que fue autor de numerosos comen­tarios bíblicos. Azarquiel de Toledo ingenió varios ins­trumentos astronómicos en el siglo xi y compiló las Ta­blas Toledanas. Alguna de sus sinagogas se construyeron sobre tierra expresamente traída desde Israel. Así como la sinagoga de Santa María la Blanca fue convertida en templo cristiano por San Vicente Ferrer, la del Tránsito, o Sinagoga de Samuel Levi, en recuerdo del tesorero de Pedro I, fue diseñada en 1356 por Meis Delí, arquitecto del rey, con forma rectangular y a cuatro aguas. Una ga­lería con entrada independiente, decorada con inscrip­ciones hebreas, les permitía a las mujeres seguir las ce­remonias.

La Guardia

Tanto en la historia como en la leyenda española rela­cionada con los judíos, el pueblo toledano de La Guardia alcanzó las cotas más altas de popularidad y de impor­tancia en los últimos años del siglo xv. En la calle del Pozo Amargo se sitúa la leyenda de don Fernando, caba­llero principal de la ciudad, y Raquel, hija de un rico ju­dío. De nada sirvieron los ruegos y las amenazas de las respectivas familias y comunidades religiosas que se opo­nían al matrimonio de esta pareja. Don Fernando no acudió a la cita con Raquel una noche y ésta derramó sus lágrimas sobre el pozo, cuyo brocal había sido testigo mudo de tantos momentos de felicidad. Lloró tanto Ra­quel, que las aguas del pozo se volvieron amargas, sobre todo al enterarse de que una daga familiar había segado la vida de su novio. Ella contempló un día su propia ima­gen reflejada en las aguas del pozo de su casa, sintió su persistente llamada y decidió hundirse para siempre en ellas… El pozo ya no existe, pero su leyenda al igual que tantas otras de idéntico signo, llegó y sigue llegando a los toledanos como un canto de amor imposible y deses­perado. Aun en la actualidad son recordados los polémi­cos acontecimientos que en el mismo tuvieron lugar. Estos respondieron a un género de literatura tremendista llamada «asesinato ritual».

Para comprender en qué consistía este, hay que tener presente el siguiente texto de Las Siete Partidas de Alfon­so X el Sabio: «E porque oymos dezir, que en algunos lugares los judíos fizieron e fazen el día del Viernes Santo remembranza de la Passión de Nuestro Señor Jesu-Christo, en manera de escarnio, furtando los niños e poniéndolos en cruz e faziendo ymágenes de cera, e crucificándolas, queando los niños non pueden auer; mandamos que si más fuere de aquí en adelante, en algund lugar de nues­tro Señorío, tal cosa assi fecha, si se pudiera aueriguar, que todos aquellos que se acertaron y en aquel fecho, que sean presos e recabados e duchos ante el Rey; e depues que el Rey sopiese la verdad, déuelos madar matar abiltadamente, quantos quier que sean».

La leyenda para algunos y para los demás la historia y además bien documentada refiere en líneas generales que vivía en La Guardia una familia de judíos conversos llamada de los Franco que por su posición económica tenían cierto poder en el pueblo. Alonso Franco mante­nía relaciones con otros judíos de La Guardia y con otros de Tembleque que llevaban el mismo apellido. Un físico, médico, dado también a las artes de magia, para zafarse de los rigores de la Inquisición en el caso de que como judaizantes cayeran en sus manos, decidió realizar un hechizo, para el que había que utilizar una hostia consagrada y el corazón de un niño, cristiano. Alonso Franco consiguió la hostia del sacristán del pueblo, de nombre Juan, hijo de un Gómez de Alcázar, que se la entregó a Benito, cardador de oficio, que había de llevarla a Za­mora, donde vivía el hechizador Mosé Abenamías. El niño fue secuestrado en Toledo. Tenía tres o cuatro años y, después de hacerle sufrir los mismos sacrificios que el Redentor, le arrancaron el corazón, cosa que se llevó a cabo en la cueva de «Carre Ocaña», entre Dos Barrios y La Guardia.

En el auto de fe de Ávila del 16 de noviembre de 1491 fue leída la sentencia, que condenó a la hoguera a algu­nos de los protagonistas. Otros fueron ahogados, «por­que antes de morir dijeron ser católicos». Lope de Vega dramatizó el hecho en su obra El Niño Inocente.

En La Guardia hay que ver la ermita del Santo Niño, la antigua ermita de Jesús y una cripta con inscripción en piedra que dice: «Donde el niño fue azotado,/con su sangre venerado./Este es el lugar/donde estubieron sus pies». El recuerdo del Santo Niño hizo correr ríos de tinta y se dice que este hecho o fantasía fue el último eslabón de la cadena de las convicciones de los Reyes Católicos para decretar la expulsión de los judíos de sus reinos.

* * *

En la villa hay que ver su iglesia parroquial, de plan­ta de cruz latina, de los siglos xvn y xvm en la que desta­can su portada y escudo nobiliario. No puede pasar desa­percibido el espacio anteriormente citado en el que conserva la inscripción con alusiones al martirio del San­to Niño y que algunos aseguran ser o haber sido una si­nagoga, a la que se accede por una trampilla situada en el suelo de la ermita de Nuestro Padre Jesús. Está cu­bierta por bóveda de cañón muy rebajada sobre arcos fajones, de una sola nave. Hay que destacar como mues­tras de arquitectura popular las cuevas-viviendas exca­vadas de forma que, a medida que la familia iba creciendo y necesitando más espacio, eran excavados otros nuevos.

 

La ermita del Santo Niño es construcción del siglo xvr y está excavada también en la roca. Consta de una sola nave rectangular, tiene varias hornacinas y altares irregulares dispuestos. El atrio es posterior y formó parte del con­vento de padres trinitarios.

La ruta turística por los recuerdos y por los aconteci­mientos judíos hay que hacerla pasar también por Tem­bleque, pueblo que le fue donado a la orden de San Juan por Alfonso VIII a finales del siglo xn. Y que fue aldea de Consuegra, hasta alcanzar en 1509 de manos de la reina doña Juana el título de villazgo. El pueblo creció alrede­dor de la plaza de la orden, articulada con su plaza Mayor, que es tal vez la más señorial de toda Castilla-La Mancha. El ayuntamiento es del siglo xvn y se encuentra al sur de la plaza. La iglesia parroquial fue construida en el siglo xvi, con las características del estilo de transi­ción entre el gótico y el renacimiento. Son muchas las casonas señoriales que hay en Tembleque. La casa de las Torres es un edificio barroco de proporciones colosales, digna de admiración. Entre sus ermitas se citan la de Loreto, de San Antón, de la Purísima y la más interesan­te que es la del Cristo de la Palma con su historia y le­yendas.

Maqueda-Torrijos

Son muchas las poblaciones de la Comunidad Autó­noma de Castilla-La Mancha cuya procedencia etimoló­gica se cree netamente judía. Entre ellas se encuentra precisamente Maqueda. El historiador jesuita Juan de Mariana también nacido en Talavera de la Reina, en su Historia de España refiere con una buena dosis de cre­dulidad no solamente que los judíos comenzaron a vivir en España a la destrucción del primer templo de Jerusa-lén, en tiempos de Nabucodonosor, sino que son muchos los pueblos castellano-manchegos con nombres judíos. «Esta venida de Nabucodonosor en España es muy céle­bre en los libros de los Hebreos; y por causa que en su compañía traxo muchos Judíos, algunos tomaron ocasión para pensar y aun dezir que muchos nombres Hebreos en el Andalucía y asimismo en el reino de Toledo, que fue antigua Carpentaria, quedaron en diversos pueblos que se fundaron en aquella sazón por aquella misma gen­te. Entre ellos se cuentan a Toledo, Escalona, Noves, Maqueda, Yepes, sin otros pueblos de menor cuenta, que dixen tomaron estos apellidos de los de Ascalón, Nobe, Magedón y Jope, ciudades de Palestina…» De idéntica opinión es R. Yishaq Abrahanel en sus Comentarios al Libro de los Reyes: «asimismo pienso que a otra ciudad contigua a Toletula denominaron Maqueda, por la ciu­dad de Maqueda que existía en la tierra de Israel. Y a otra ciudad llamaron Escalona, según la Ascalón de la Tierra de Israel».

El hecho es que bien pronto aparece ubicada en Maqueda una judería de tipo medio, de la que hay fre­cuentes referencias documentadas, entre otras la datada en 1415 en la que, en virtud de la bula de Benedicto XIII que ordenaba clausurar las sinagogas de poblaciones ju­días reducidas, se decidía hacerlo con una —la Mayor— de las dos de Maqueda. Hay constancia de que el Maestre de Calatrava bajo cuya protección se encontraba esta judería, ayudó más de una vez a superar sus dificulta­des, incluso las económicas. El rabino Mosé Arragel de Guadalajara, conocido autor de la conocida como Biblia de Alba, se asentó en Maqueda por iniciativa del maestre de Calatrava, don Luis de Guzmán. En 1484 se celebró en Maqueda una junta general de las aljamas castella­nas. Más de mil eran los judíos que había en el pueblo al ser expulsados. Hay pruebas documentales de la existen­cia de dos sinagogas, del «Caño de la aljama», de un osa­rio, de una carnicería y de diversas casas habitadas por judíos, dándose la impresión de que no todos vivían en un solo barrio. Tanto de la población judía como de los lugares en los que se asentaban sus sinagogas y otros edificios propios de la misma, no queda recuerdo algu­no en Maqueda. En el Lazarillo de Tormes se narran esce­nas de comportamientos judíos extremadamente tacaños, protagonizados con el pobre Lázaro nada menos que por el párroco de su iglesia. El castillo y las iglesias habrían de servir de referencias de protección y ayuda para la tan numerosa colectividad judía de Maqueda.

Maqueda fue entregada en 1177 por Alfonso VI a la Orden de Calatrava, hasta que los Reyes Católicos se la dieron con título de duque a don Diego de Cárdenas. En Maqueda vivió una temporada Isabel la Católica acom­pañada de su fiel e intrigante amiga doña Beatriz de Bobadilla. En lo más alto del montículo se halla el casti­llo al que se entra por un arco de herradura sobre ménsulas góticas. En la iglesia, dedicada a Santa María, hay un capitel romano del siglo i y dos tablas del siglo xvi. También destaca la armadura mudejar de la capilla bautismal del siglo xvi. La bella torre de Santa María y la de la Vela, de estilo mudejar, le prestan al pueblo per­files muy identificadores. La ermita de San Silvestre es del siglo xvn.

A pocos kilómetros de Maqueda se encuentra el pue­blo de Torrijos, también con recuerdos judíos, aunque muy diluidos y de cuya judería consta que fue destruida en 1391. Pese a que la judería era muy pequeña a veces se hace alusión a dos sinagogas, una de las cuales pudo haber sido la capilla del Cristo de la Sangre o alguna otra iglesia de Torrijos. Esta población fue donada al arzo­bispo Ximénez de Rada en recompensa por su com­portamiento guerrero en la batalla de las Navas de To-losa. Posteriomente el arzobispo de Toledo se la donó al cabildo de la catedral metropolitana, que en el si­glo xvi la vendió a don Gutiérrez de Cárdenas y su espo­sa doña Teresa Enríquez conocida como «la loca del Sa­cramento».

Los edificios de carácter religioso son los de mayor interés en la villa. La iglesia parroquial o colegiata del Santísimo Sacramento, es del siglo xvi, con planta rec­tangular y tres naves. Destaca en su interior el retablo del altar mayor, de cuatro pisos y en talla de madera policromada y estilo plateresco. En la iglesia hay además otros muchos retablos barrocos, rococós y neoclásicos.

 

La construcción de la colegiata se debe a Alonso de Covarrubias. El convento de Concepcionistas Francis­canas fue fundado a principios del siglo xvi por doña Jua­na Enríquez, edificándolo sobre el solar del palacio de don Pedro I el Cruel o el Justiciero, en 1335. Está decla­rado Monumento Nacional y se ubica en la plaza de San Gil. El Hospital de la Caridad es obra del siglo xvi y en él destaca la capilla del Cristo de la Sangre. Reclaman aten­ción las casas asoportaladas de su plaza Mayor.

Ocaña

Una villa como Ocaña que cuenta en su haber y con tantos méritos, los títulos de «Muy Noble, Muy Leal y Coronada Villa», necesariamente tenía que ser meta para las aspiraciones de numerosos judíos. La historia de Ocaña atestigua que estuvo en manos musulmanas has­ta que el emir de Sevilla, Aben-Abed la entregara como dote al casar a su hija Zaida con el rey cristiano Alfonso VI. En manos cristianas, la villa fue prosperando hasta llegar a lograr gran importancia en la Edad Media. En tiempos posteriores fue cabeza de la comarca conocida precisamente como La Mesa de Ocaña. En 1156 el rey Alfonso VIII le concedió fueros muy generosos. En 1182 fue incorporada a la Orden de Santiago y siguió progre­sando y enriqueciéndose. Los siglos de máximo esplen­dor de Ocaña fueron los siglos xv y xvi. Fue sede para la celebración de Cortes en 1422 con Juan II, en 1468 y 1469 con Enrique IV y en 1499 con los Reyes Católicos para jurar al infante don Miguel. Aquí fue nombrada Isabel la Católica como heredera del trono de Castilla y aquí se firmó el contrato matrimonial con Fernando de Aragón.

Con estos datos, era obvio que la judería de Ocaña fuera una de las más ricas y grandes del reino de Casti­lla. En 1313 el rey Alfonso donó a la Orden de Santiago los tributos de los judíos de Ocaña. Como tantas otras juderías la de Ocaña sufrió graves quebrantos en las per­secuciones de 1391, hasta lograr su superación bien pron­to, puesto que en 1474 aparecen datos por los que se demuestra que era una de las que más pagaban en el arzo­bispado de Toledo. La población judía pudo muy bien alcanzar las 1.500 personas en los tiempos de la expul­sión por los Reyes Católicos. En la villa residió Ishap de León uno de los más ilustres rabinos de España, y tam­bién Yehuda ben Verga, astrónomo y cabalista.

Se asegura que fue antigua sinagoga la iglesia de San Juan y se dice también que la calle de Cisneros fue antes llamada calle de la Sinagoga. Es posible que se aprecien ciertos rasgos arquitectónicos en la iglesia de San Juan, que delatan la existencia de una sinagoga, hasta parecerse a la del Tránsito de Toledo. Los alrededores de la igle­sia-sinagoga de San Juan pudieran ser parte del barrio judío. Allí se establecieron después los jesuítas que, como es bien sabido, preferían asentarse en lugares que antes fueran judíos. La calle Chamorro parece tener reminis­cencias judías. En la plaza Mayor, calle Mayor, calle de Toledo y calle de los Frías pudieron también haber vivi­do algunos judíos. El cementerio parece haber estado ubicado en el cerro de El Mazacote, precisamente en el lugar hoy llamado Barrionuevo, término con el que tam­bién eran distinguidos los lugares anteriormente judíos y en el que se ubica hoy un grupo de viviendas.

El núcleo urbano de Ocaña es de los más atractivos de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha. En esta villa ubicó Lope de Vega la trama de su obra dra­mática Peribáñez o el Comendador de Ocaña. Iglesias, con­ventos, antiguos palacios, casonas configuran un espa­cio urbano de los mejores y más interesantes de España.

La plaza Mayor, después de las de Salamanca y Ma­drid, es tenida como la más bella y proporcionada de España. Su planta es la de un rectángulo casi cuadrado, con 18 arcos en sus lados mayores y 17 en los menores. En su traza porticada convergen a través de arcos de medio punto, las principales vías de la villa. Fue cons­truida en el siglo xvm con estilo neoclásico. Sobre los so­portales hay dos filas de balcones y sobre los mismos, coronando el tejado, hay una hilera de buhardillas. De especial interés es la llamada Fuente Grande, inmensa construcción de arquitectura renacentistas, que imita los modelos grecorromanos. Fue construida en 1574 y es atribuida a Juan de Herrera. Está compuesta por una larga galería decorada con 22 pilastras toscanas y el agua mana por diez caños que vierten en un pilón de sillería y constituye uno de los monumentos al agua mejor y más artísticamente logrados.

Desde consideraciones culturales hay que resaltar que, además de la referida alusión a Ocaña por parte de Lope de Vega, hay que reseñar que Ocaña fue cuna de Alonso de Ercilla, conquistador y autor del poema épico La Araucana, que Jorge Manrique lloró aquí la muerte de su padre con sus célebres Coplas y que Calderón de la Barca escribió en esta villa algunas de sus comedias. La portada del palacio de los Cárdenas está formada por un pórtico adintelado. En su interior, de estilo mudejar, des­tacan una serie de rejerías góticas de forja. Fue construi­do en el siglo xv y en él residió Isabel la Católica antes de ser coronada reina de Castilla. Del palacio de los Maestres de Santiago sólo perdura su fachada. Su cons­trucción data del siglo xiv, y en él murió don Rodrigo Manrique. El Rollo o Picota, es gótico, del siglo xv. La iglesia de Santa María fue erigida sobre una antigua mez­quita cuya torre debió ser el alminar, fechado entre los siglos xii y xni. En una de sus capillas se conservan las armaduras de diez nobles de Ocaña, entre las que se en­cuentra la de don Alonso de Ercilla. En el interior de la iglesia de San Juan destacan sus rejas y los relieves del artesonado. En una capilla se venera la imagen de la patrona, la Virgen de los Remedios. Hay varios conven­tos como el de Santo Domingo con su coro de nogal, pro­cedente del de Almagro, la primera piedra fue puesta por Felipe II. En el antiguo colegio de la Compañía estudió Lope de Vega. Su teatro lleva este nombre.

En Yepes hay referencias de judíos y se conserva el recuerdo de una sinagoga en la calle de su mismo nom­bre. La iglesia parroquial es monumental, de trazas de Juan de Herrera y en su interior sobresale su retablo mayor, con lienzos de Tristán, discípulo de El Greco. Fue villa amurallada y una de las más predilectas por los to­dopoderosos arzobispos de Toledo.

Oropesa

Son muchas las procedencias etimológicas de la po­blación de Oropesa. Y no sólo muchas, sino hasta fanta­siosas. Aseguran algunos que su nombre procede de un capitán egipcio —Orospedo— que en el año 1716 a.C. acompañó a Hércules en su recorrido conquistador por tierras de España y cuya huella mítica se encuentra por tantos lugares. Otros hacen proceder etimológicamente el nombre de Oropesa de tiempos de los caballeros tem­plarios que tuvieron que pagar por la redención de una doncella cautiva lo que ella pesaba en oro, «oro pesa». Cuando los vetones dominaban estas tierras el poblado era citado como Ottobesa. Curiosamente los romanos lo llamaron Comedium Orbis con referencias a que se en­contraba en el centro mismo de la Hispania Romana. Oropesa entró de lleno en la historia cuando el 4 de di­ciembre de 1366 don García Álvarez de Toledo tomó po­sesión de estos lugares que le fueron cedidos por el rey Enrique II. Don García restauró el castillo y el palacio y durante cinco siglos fue residencia de los Álvarez de To­ledo y duques de Frías, siendo su más ilustre morador habitual don Francisco de Toledo, V virrey del Perú, fun­dador de la Universidad de Lima. En este palacio residió algún tiempo San Pedro de Alcántara y no lejos de él tam­bién lo hizo Santa Teresa.

La tradición de la actividad recaudadora que en gran parte se identifica con los judíos puede proceder en Oropesa del tiempo de los romanos, dado que parece constar que en esta población residían los recaudadores de impuestos que Roma sostenía para cobrarles a los pueblos sometidos a su imperio. Los condes de Oropesa encargaron después tal función a los judíos. La presen­cia hebrea dejó huellas diversas de su paso por la pobla-

 

ción. Todavía es posible ver una puerta adintelada en la plaza Vieja y un pozo de agua potable llamado pozo Ai­rón, del que hay constancia que fue donado al pueblo precisamente por un judío que era conocido como Sebita. Se sabe que la comunidad sefardí vivía sobre todo en la calle Cruz Verde, en referencia a uno de los castigos más severos con que eran oprimidos, al ser quemados en una cruz hecha con troncos verdes de encina recién cortados, y por lo tanto de lenta combustión. También la Cruz Ver­de podía hacer referencia al signo y distintivo con que eran discriminados los judíos y que habrían de llevar permanentemente en sus atuendos. Según las relaciones históricas, los cristianos fueron no obstante muy in­dulgentes con los judíos en Oropesa, siendo necesario re­señar que precisamente de este pueblo procedía fray Alonso de Oropesa, que fue uno de los mayores defenso­res con que siempre contaron los judíos ante todas las instancias civiles y eclesiásticas de su tiempo, en toda Es­paña. El trazado irregular de sus calles, algunas sin sali­da ofrecen una impresión típicamente medieval y hasta judía, tan cercanas al palacio de los condes y a las diver­sas iglesias.

* * *

El castillo de Oropesa se comenzó a construir en el siglo xii. Sus torres son accesibles y desde ellas se ofrece una panorámica indescriptible, sobre sus tierras y la sie­rra de Gredos. El Parador es edificación renacentista, obra atribuida a Juan de Herrera. La torre del Homenaje es de planta cuadrada, con torretas en las esquinas. Uniendo el castillo y el palacio existe un tramo de mu­ralla. A la derecha de la fachada del palacio-parador aparece un cuerpo octogonal llamado el Peinador de la Duquesa. Otro edificio notable en Oropesa es el del Ayun­tamiento, del siglo xv y gótico-mudejar, cuya planta baja está formada por un soportal con cinco arcos carpaneles sobre columnas octogonales y la portada está compues­ta por un arco conopial sobre columnas también octogonales y porche. En el casco antiguo hay bellos rin-

 

cones, como la torre neomudéjar del Reloj y el antiguo Hogar Rural con preciosa fachada de azulejos. La cerá­mica está presente en muchas fachadas de casas. Entre los edificios religiosos hay que mencionar la iglesia de San Bernardo, de principios del siglo xvi, de estilo herreriano que fue regida por los jesuitas. El templo, mandado erigir por el virrey del Perú, fue uno de los mejor dotados de su época. Se dice que sus campanas eran de aleación de plata peruana y podían oírse a con­siderable distancia. Tenía además una valiosísima cus­todia de plata, y valiosos objetos sagrados y todo fue un día vendido y desmantelado. La iglesia parroquial de la Asunción tiene una portada del siglo xvn. El Cole­gio de los Jesuitas se construyó entre los siglos xvi y xvn y los conventos de los Franciscanos, Monjas Cla­risas y el de la Misericordia son del mismo siglo. En las afueras de la población hay un puente romano so­bre el río Guadyerbas. La ermita más popular es la de la patrona del pueblo, la Virgen de las Peñitas, construida en el siglo xvn. La cara de la imagen tiene el tamaño aproximado de una nuez.

Talavera de la Reina

Talavera fue Ebura para los carpetanos, Cesaróbriga para los romanos, Elbora para los godos y Taraiera para los musulmanes. Se llamó «de la Reina» desde que el rey Alfonso XI de Castilla la cediera en dote a su esposa María de Portugal en 1328. Jugó en la Edad Media un papel económico muy importante, lo que explica que la población judía asentada en ella consiguiera tiempos de esplendor. En Talavera se reunían los ramales de dos cañadas reales, celebrándose allí las ferias ganaderas de la Mesta otorgadas por Sancho IV en 1294. Fue cabeza de una rica y amplia comunidad comarcal denominada Tierra de Talavera.

La judería de Talavera procede de tiempos de la do­minación musulmana en España, si bien en sus comien­zos estuvo muy relacionada y casi dependiente de la de

 

Toledo. Como dato curioso y significativo hay que refe­rir que, cuando la persecución de Alfonso X el Sabio con­tra los judíos toledanos, se retiró a vivir a Talavera el hijo de Todros Abulafia el Viejo en 1281. Pocos años antes de la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos el cen­so de la población judía de Talavera rondaba el millar de personas, lo que podría significar una quinta parte del total de los habitantes que entonces tenía Talavera. Los historiadores locales aseguran que la judería se encon­traba junto a la puerta de San Pedro, en el centro de la ciudad, que hoy es conocida como plaza del Reloj. Otros puntos cercanos de referencia son la muralla junto al río Tajo, la iglesia de Santa María y sus alrededores, calle Corredera del Cristo y el monasterio de Santa Catalina. Hay que insistir en que el nombre de esta santa alejan­drina aparece con reiterada frecuencia en los lugares que tuvieran o hubieran tenido alguna relación con los ju­díos. Otros autores se inclinan a creer que el verdadero barrio judío se ubicaba más lejos del centro de la pobla­ción, concretamente en las calles Templarios, Olivares y San Esteban. Parece avalar esta apreciación el hecho de que en esta última calle se registra oficialmente otra con el rótulo de Callejón de los Judíos. El desacuerdo entre los estudiosos es tal, que afirman también que este nom­bre indica el sitio en el que se encontraba el cementerio judío. No se han descubierto los lugares exactos en los que se ubicaban las sinagogas que, en conformidad con la documentación existente, eran dos y fueron donadas a la iglesia de Santa María por el cardenal Pedro Gonzá­lez de Mendoza en 1494.

Talavera tuvo en tal época una vida económica acti­va muy floreciente y en su población, formada por hi­dalgos y caballeros, resaltó mucho la presencia judía. Ildefonso Fernández y Sánchez asegura en su Historia de Talavera que hacia 1366 «los judíos eran numerosísimos y habitaban un barrio aparte generalmente extramuros, que llevaban el nombre de Judería, en el área compren­dida en el que todavía se llama barrio de los Judíos, allá por la desembocadura de la Portiña en Tajo, calle Oliva­res, plaza de San Esteban, inmediaciones del Cristo,

 

Santiaguito, los terrenos que ocupan los edificios de la Real Fábrica de Sedas y muchos lagares de aceite, cuyas estrechas callejuelas y miserables casas todavía revelan su origen». Por cierto que Fernando de Rojas, autor de La Celestina, aunque nacido en Puebla de Montalbán, vivió en este marco su condición de converso. Fray Hernando de Talavera, confesor de Isabel la Católica y primer arzobispo de la reconquistada Granada, procedía de familia de judíos conversos.

***

En Talavera de la Reina merecen especial atención sus tres recintos amurallados, destacando el primero de los cuales con sus 14 metros de altura por cuatro de es­pesor y sus 18 torres albarranas, con traza básicamente medieval. El más interesante de sus arcos es el llamado de las Monjas Benitas. El segundo recinto de la muralla partía del Alcázar y terminaba en la puerta de Mérida, conservándose algunas torres, con mención también para su puerta de Sevilla. El conjunto urbano exterior está compuesto por el recinto histórico de arrabales extramu­ros del segundo recinto, integrando lo que fue ciudad ro­mana y después judería.

Entre los edificios que destacan en mayor medida y proporción en Talavera se cuenta el de la iglesia de San­ta María la Mayor o Colegial, cuya obra se terminó a mediados del siglo xv, aunque se comenzó en 1194. Tie­ne muchos elementos de interés, como el rosetón flamí­gero, capilla de Santa Ana o de los Reyes, capilla de Santa María del Pópulo y su verja gótica. La iglesia parroquial de Santiago el Nuevo es ejemplo sobresaliente de arqui­tectura mudejar, y en ella destaca también su rosetón con labores caladas. La ermita de la Virgen del Prado —«la reina de las ermitas» en frase del rey Felipe II—, aunque anterior al siglo xvi, su obra definitiva es del siglo xvn y en ella resaltan sus muros con zócalo de espléndido azu­lejo talaverano de los siglos xvi, xvn y xvm convirtiéndo­la en auténtico museo. La iglesia de San Jerónimo o de San Prudencio es de estilo renacentista, del siglo xvi. Del mismo siglo son las de San Francisco y Santo Domingo, correspondientes a sus conventos.

La plaza del Pan es una de las más bellas de Talavera y en ella se ubica el palacio Arzobispal que fue del arzo­bispo Tenorio, del siglo xvn. Precisamente en la calle de­dicada a este arzobispo toledano se encuentra el Colegio de San Prudencio, de estilo mudejar, del siglo xv, con magníficos azulejos de Ruiz de Luna y portada renacen­tista. El convento de San Jerónimo fue dotado en 1397 también por don Pedro Tenorio. El Colegio Cervantes es un edificio de planta cuadrada, de gran interés y con va­riedad de aplicaciones y usos a lo largo de su historia, desde que se construyó en 1566. Merecen consideración los puentes sobre el Tajo. De modo especial el llamado Viejo, romano o de Santa Catalina, construcción del car­denal Mendoza, del siglo xv, con sus 16 arcos.

 

Etiquetas: , ,

 
 

Sobre el autor

Más artículos de

 

 
 
Utilizamos cookies propias y de terceros para garantizar que tenga la mejor experiencia en nuestro sitio web, mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias según su navegación y recopilar información estadística. Si continua navegando consideramos que acepta el uso de cookies.
Más información sobre cookies