Cataluña

 

La identificación de Cataluña con su población judía, tanto en cantidad como en calidad, es bien notoria. Se dice que en Barcelona su porcentaje alcanzó hasta el diez por ciento de la población. Sus personajes principales fueron también de gran nota y relieve intelectual. Lo mismo hay que referir de Girona, que en la actualidad, y aunque fuera sólo por el esmero con que en todo orden de cosas se cuidan los recuerdos, instituciones y monu­mentos judíos, hubiera merecido la declaración de Ciu­dad Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco. La historia de sus personajes talmudistas, místicos, cabalistas, financieros, médicos y cortesanos no tiene parangón con la de cualquier otra ciudad española. Son muchas y valiosas las lápidas sepulcrales judías con que cuenta el Museo de Historia de la Ciudad, ubicado en el monasterio románico de Sant Pere de Galligants. La po­blación de Besalú justifica una detenida y sorprendente visita por la joya de arquitectura con que cuenta y que es su miqwe, o baño ritual, del que se dice que en su gé­nero es el único reconocido como tal en España.

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Una costa muy brava

(Costa Mediterránea – Gerona, Barcelona y
Tarragona)

http://youtu.be/GeVwt55RSGs

 

Barcelona

La de Barcelona fue la gran judería catalana. Hay datos que pregonan que en algún tiempo pudieron ser hasta 4.000 judíos censados en ella, con un porcentaje sobre el resto de la población del diez por ciento. Tuvo dos barrios, uno conocido como el Cali Mayor dentro de las murallas y el Cali Menor, fuera de las mismas. El pri­mero estaba formado por las calles situadas entre el Palau de la Generalitat y la calle de Banys Nous y su arteria principal era la calle de Sant Doménec de Cali, inte­grado también por las de Sant Honorat y Are de Sant Ramón del Cali y las de Sant Sever, la Fruita, Marlet y la calle del Cali. Los nombres canonizados de la mayoría de las calles y el sobrenombre de «Cali» son puntos de referencia ineludiblemente judaicas. La sinagoga Mayor pudo estar en el número 7 de la calle de Sant Doménec y en su casa contigua pudo haber residido el célebre rabi­no —«rabennu»— Nissim Gerundi. Cerca de este lugar residió el rabino Ishaq bar Séset Perfet. La sinagoga «d’En Massot» fundada por el hacendado Massot Avengena, se ubicaba al final de la misma calle. Todavía se conserva una inscripción con caracteres hebreos en los muros del edificio del número uno de la calle Marlet en el que es­taría probablemente la escuela religiosa o Talmud Tora.

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El Call Menor fue fundado en el año 1257 y se co­rresponde con la calle actual de Ferrán. Desaparecida la estructuración del barrio, su sinagoga pudo haber sido convertida en la iglesia de Sant Jaume, si bien estuvo antes de 1529 bajo la advocación de la Santísima Trini­dad. La ubicación del cementerio judío fue en las lade­ras de Montjuic, cuya misma etimología, según algunos, hace referencia a «monte de los Judíos», al que en deter­minadas épocas también se aludía como «Fossar deis jueus», con inscripciones hebreas, se encuentran en la actualidad integradas en antiguos edificios de las calles Monteada y Condes de Barcelona, así como en el pala­cio de la Virreina. Algunas se exponen en el museo del castillo de Montjuic.

Otros lugares de Barcelona por los que necesariamen­te habrá de ser trazada la ruta judía, son éstos: plaza del Rey, en la que el Santo Tribunal de la Inquisición cele­bró en 1488 el primer auto de fe; en el Palacio Real Ma­yor tuvo lugar en 1263 la llamada Disputa de Barcelona, entre Nahamánides Maestre Mossé de Gerona y fray Pau Cristiá, dominico, a la que asistió el rey Jaime I. En el Archivo de la Corona de Aragón se conserva la mejor y más rica documentación sobre los judíos en Cataluña, destacando entre ellos muchos ricos y cultos, filósofos, poetas y astrólogos. Abraham Bar Hiyá escribió La re­flexión del alma. En el Museo de la Ciudad hay también diversas lápidas hebreas y se exhiben varios anillos y pendientes encontrados en las tumbas del cementerio judío. La maqueta de lo que pudieron ser los baños ju­díos de la calle Banys Nous, se exhibe asimismo en este museo. La ruta habrá de conducir también a los archi­vos barceloneses de la catedral y de la Biblioteca de Ca­taluña.

La famosa "Pedrera" una de las obras urbanas más populares de Gaudí, en el Paseo de Gracia de Barcelona.

La famosa “Pedrera” una de las obras urbanas más populares de Gaudí, en el Paseo de Gracia de Barcelona.

En un intento de aproximarnos siquiera un poco a la Barcelona turística, citamos algunos de estos lugares y monumentos: Ciutat Vella con su barrio gótico, que en la antigüedad ocupara Barcino, la antigua ciudad roma­na. En él destacan la catedral con sus torres octogonales, cripta y coro. Destacan la iglesia de Santa María del Mar, monasterio de Sant Pau del Camp, Palau de la Música Catalana y Mercat de Sant Josep. En el Eixample Cen­tral hay que prestarle atención culta y turística a la casa Milá, casa Batlló como otras tantas obras del genial ar­quitecto Gaudí y a la casa Amatller, casa Lleó Morera, casa Terrades y casa Tomás, edificios importantes del más puro y espectacular modernismo. En el Pare de la Ciutadella merecen consideración y reconocimiento el Arsenal-Parlament de Catalunya, Museo de Arte Moder­no, Palacio del Gobernador, Cascada Monumental, Umbracle, Hivernacle, Arco del Triunfo, Palacio de Jus­ticia, con su escalera monumental y «Salón de Pasos Per­didos» con pinturas murales de Josep María Sert. En la Montaña de Montjuic resaltan los ámbitos paisajísticos de Miramar, La Font del Gat, plaza del Polvorí, la Rosa­leda y el Jardín Laribal. Resaltan también el Teatre Grec, Palau Nacional, Museo de Arte de Cataluña, Fundación Miró, Anella Olímpica, Estadio y palacio Sant Jordi.

Casa Batlló, uno de los hitos de la ruta de Gaudí en Barcelona, en pleno Paseo de Gracia.

Casa Batlló, uno de los hitos de la ruta de Gaudí en Barcelona, en pleno Paseo de Gracia.

Como son tantos los monumentos además que exis­ten en Barcelona, nos limitamos a citar algunos de ellos, después de haber efectuado el recorrido por los anterior­mente referidos. El monasterio gótico de Santa María de Pedralbes fue fundado en el siglo xiv por la reina Elisenda de Monteada y merecen especial atención su claustro, fachada lateral de la iglesia, sala capitular y la capilla de Sant Miquel con sus pinturas murales. Del modernismo resalta —¡y de qué manera!— el Pare Güell de Antoni Gaudí, con la sala de las cien columnas y sus sinuosos bancos, obra también de Jujol, con su fantasía cromáti­ca, antecedente de la pintura abstracta. El monumento más conocido y el más ambicioso de Gaudí es el templo inacabado de la Sagrada Familia, en el que sobresale ar­tísticamente sobre todo su portada.

La Sagrada Familia con sus eternas grúas en una interminable espera por su finalización.

La Sagrada Familia con sus eternas grúas en una interminable espera por su finalización.

Vic

Se trata de una ciudad de enorme interés turístico a consecuencia de la variedad cultural, artística, folclórica, arquitectónica, comercial e histórica que la define, a la que además hay que añadirle el rico conteni­do de sus recuerdos y herencia judaica. El hecho de ser también capital de diócesis le confiere multitud de posi­bilidades turísticas que se identifican con la cultura y el arte.

En Vic, al igual que en tantas otras poblaciones de España con referencias judías, hay que tener muy pre­sente el dato del año 1391 por haber sido éste en el que quedaron extinguidas muchas juderías a consecuencia de las feroces persecuciones levantadas contra ellos. En Vic hay constancia de la Callis Judeorum, que en un princi­pio podía haber estado cubierta y que se correspondería en la actualidad con la plaza Malla, plaza Montrodon y la calle D’en Guiu, en dirección al castell, hoy Templo Romano. Las reformas urbanísticas a que estuvo some­tida la ciudad hacen imposible la localización exacta del barrio judío. Hay que resaltar no obstante, que las cer­canías de la catedral fueron zona obligada para residen­cia de los judíos, al igual que en tantos otros lugares, dado que ellos solían acogerse a la protección episcopal y, en general, eclesiástica, ante el temor de ser perseguidos. El Museo Episcopal conserva una obra de Gojanan Levi, célebre pintor judío.

De la sinagoga de la ciudad no hay en la actualidad más referencia que la literaria o escrita, por haber sido destruida hasta sus cimientos en la persecución del año 1391, aunque es probable que se ubicara «hacia la esqui­na de la plaza D’en Guiu, junto al Callis Judeorum». Se­gún refieren los historiadores, es posible que el cemen­terio judío estuviera instalado en el Puig deis Jueus, junto a lo que después sería el Seminario.

El florecimiento de la ciudad episcopal en la Edad Media, así como su antiguo mercado que hoy se celebra los martes y los sábados y que sigue concentrando mul­titud de personas, explica que la judería de Vic fuera una de las más importantes de Cataluña.

De entre tanto como hay que ver y admirar turísticamente en la ciudad episcopal de Vic, hacemos referencia a su catedral de Sant Pere, en cuya cripta se conservan elementos arquitectónicos muy antiguos —del claustro románico de 1318— pese a ser su edificio ac­tual de estilo neoclásico, construido entre los años 1781 y 1803. La decoración pictórica mural es obra de Josep María Sert. La iglesia y convento de Sant Doménec es de estilo barroco, con interesante claustro. En él se ubica la Escuela de Artes y Oficios.

El Palau Episcopal se halla construido sobre depen­dencias románicas. En el Templo Romano destaca su atrio de columnas lisas con base jónica y capiteles corintios. En la plaza Mayor porticada se enseñorean importantes casonas como la de Cortada. La Casa de la Ciutat luce una parte gótica del siglo xiv y su gran Sala de la Columna. El Museo Episcopal es hoy un edificio de nueva planta situado al lado de la catedral y es bello muestrario de las obras de arte religioso medie­val catalán. Destacan las iglesias de la Piedad, de los Do­lores, del Carmen y el convento de Santa Teresa con su magnífico retablo barroco. Entre los edificios civiles hay que recontar los del Castell de los Monteada, del siglo xi, construido sobre un templo romano, el Pont de Queralt o de la Calla, del siglo xi sobre el río Méder y el Pont de Remei, gótico y con cinco arcos.

 

Entre tantos lugares cercanos a Vic hacia los que di­rigir la atención turística, sobre todo en plenitud de naturaleza, elegimos Folgueroles con sus rincones pin­torescos y sus casonas del siglo xn. La Casa Sala o de los Bru de Sala es notable por su arquitectura cuadrada, con galería y decoración del siglo xvm y excepcional archivo del siglo xm. La iglesia de Santa María es románica, del siglo xi, con fachada barroca. La casa del poeta Jacinto Verdaguer está convertida en la actualidad en museo, con elementos que recuerdan su vida y con muebles y recuer­dos de la época. El monumento a Mosén Jacinto es de inspiración modernista. En los alrededores hay que visi­tar el santuario de la Mare de Déu del Munt y la ermita de Sant Jordi de Puigseslloses, del siglo xv, que tiene jun­to a sus muros nada menos que un dolmen.

Vilafranca del Penedés

Al afrontar la reseña de los recuerdos que todavía puedan perdurar acerca de los judíos en la población de Vilafranca del Penedés, hoy importante capital del Alt Penedés, hay que referir que la época de la gran expan­sión de los judíos en Cataluña coincidió con el siglo xm y la primera mitad del siglo xiv, sobre todo por el hecho de haber sido perseguidas y expulsadas muchas de las familias judías de los países centroeuropeos y tener faci­lidades para asentarse en Cataluña, como en el caso con­creto de Vilafranca del Penedés. Consta, por ejemplo, que «unos sesenta hogares judíos, o sea entre 270 o 300 perso­nas aproximadamente», constituían el censo de Vilafran­ca en 1325, posiblemente en los momentos de mayor esplendor de la comunidad judía de la villa.

Los límites del Cali o barrio judío, en conformidad con lo que han descubierto los eruditos de la localidad, estaban constituidos por las calles llamadas entonces de Sant Julia y Canyamars y la muralla. La citada calle de Sant Julia coincidiría hoy con la de Marqués d’Alfarrás, conocida hace algún tiempo precisamente con el nombre de Carrer deis Jueus y mucho antes con el de Carrer del Cali. Tal calle conduce a la plaza de l’Oli. La calle de Canyamars sería en la actualidad la de Ferran. Se exige un esfuerzo de imaginación y un atento estudio de la configuración urbanística de la villa para asegurar­se de la coincidencia del antiguo cali con el trazado ac­tual de calles y plazas. No hay que perder de vista que el atributo a la villa de «franca» pudo tener también sus orígenes en sus relaciones poblacionales con los francos —franceses— judíos, sobre todo con los provenientes del Languedoc y de la Provenza. Hay constancia que en los años posteriores a la llamada Peste Negra en 1350, la co­munidad judía de Vilafranca descendió a 40 familias. En ese tiempo hay también referencias de que una de sus calles principales se llamó Mayor del Cali. También hay referencias de su Portal o Puerta Mayor de Cali, al igual que en tantas otras juderías. Acerca de la ubicación de la sinagoga es tradición que se encontraba en la calle Marqués d’Alfarrás o antiguo Carrer deis Jueus. Curio­samente, el cementerio judío de Vilafranca del Penedés se denominaba también, al igual que en Girona y en Bar­celona, «Montjuic» —«Monte de los Judíos»— y algunos lo sitúan en un lugar de la montaña de Sant Pau muy cerca de donde hoy transcurre la carretera de Sant Martí. Algunos recuerdos de topónimos judíos perduran toda­vía, como son el caso de Pobla deis Jueus o Torre deis Jueus.

Hay que visitar en Vilafranca su Museo Lapidario con lápidas romanas y sobre todo medievales, en las que hay algunas referencias judías, junto con restos arquitectó­nicos y una buena serie de sepulcros góticos.

Entre los monumentos de Vilafranca resaltan la Ba­sílica de Santa María, edificio gótico del siglo xv, en cuya cripta se guarda un magnífico grupo escultórico moder­nista, obra de Josep Llimona. La de Sant Joan es una notable iglesia del año 1307. En el convento de Sant Francesc, convertido en hospital, se puede admirar el magnífico retablo gótico de Sant Bartomeu. Hoy alberga un museo. El convento de la Trinidad tiene un bello claustro renacentista del siglo xvi. Tiene adosada la ca­pilla del Remei, con el ábside decorado con interesantes pinturas. El antiguo Palacio Real es construcción de los primeros tiempos del gótico con gran portal adovelado y con bello ventanal triforado. En este palacio murió el rey Pedro II el Grande. Hoy es sede del Museo de Vilafranca del Penedés compuesto por seis interesantes secciones o museos monográficos, en los que resalta muy explicable­mente el dedicado al vino. El Palau del Fraret o Palau Baltá es de principios del siglo xvi. La Casa del Marqués d’Alfarrás y Casáis deis Goma fue casa solariega de Josep Torras y Bages. Son muchas las construcciones de ori­gen medieval todavía existentes, como Can Dorda, Can Maciá y la Casa de la Vila.

A pocos kilómetros se encuentra la población de Sant Sadurní d’Anoia, capital indiscutible del cava y por esto y otras razones de peso, punto de referencia obligada para una visita turística. Entre otros monumentos descuellan su iglesia parroquial reformada, el cementerio, la torre de la Font del Mingo, Can Gineu, Fassina de Can Guineu y Museo de l’Obra d’Homenatges a la Vellesa.

 

Gerona-Girona

Tanto dentro como fuera de España, la judería que más admiración causa es la de Girona, junto con las de Sevilla, Córdoba y Toledo. El Call de Girona, su historia, sus personajes, la configuración arquitectónica de esta ciudad con aspiraciones tan legítimas a ser declarada por la Unesco Ciudad Patrimonio de la Humanidad y tantos otros elementos hacen de ella una de las aspiraciones viajeras más incuestionables en cualquier ruta judía.

 

Los inconfundibles colores de las casas que dan paso al barrio judío de Gerona.

Los inconfundibles colores de las casas que dan paso al barrio judío de Gerona.

Las referencias documentales más antiguas relacio­nadas con los lugares habitados por los judíos en Girona se remontan al siglo x y aparece que ellos vivían en una zona próxima a la catedral, alrededor del cardo Maximus. En ese lugar se localiza la primera sinagoga fechada en el año 988. Ya en el siglo XI consta que los judíos comenzaban a vivir en lo que más tarde sería el call, que en­tonces era propiedad de la catedral. Una primera refe­rencia documental data del 20 de julio de 1160. Al me­nos desde 1207 la comunidad disponía de un terreno al norte de la ciudad —el Montjuic— en el que podía ente­rrar a sus muertos. Los judíos poseían bienes inmuebles en las calles de las Ballesteries, en el Mercadell —espa­cio hoy ocupado por el edificio de la Pia Almoina— y en la zona del Mercadal.

Misteriosa callejuela del Call.

Misteriosa callejuela del Call.

El Call Real judaico estaba plena­mente delimitado ya en 1279, contando con un hospital para pobres y enfermos, ubicado en la calle de la Rucha, actual Pujada de la Catedral. En 1284 un documento de­nomina este espacio como «barrio de Israel». A media­dos del siglo XIV el Call se convirtió en un lugar aislado del resto de calles que configuraban la ciudad medieval. Como eran tiempos tan difíciles y de persecución para ellos, la municipalidad decidió convertir el Call en un espacio cerrado. En 1373 el eje central del barrio se lla­mó Carrer Major del Call y se extendía a ambos lados de la actual calle de la Forca.

Portada lateral de la Catedral.

Portada lateral de la Catedral.

Muchas de sus casas descan­saban sobre la muralla de la ciudad. En ese lugar se le­vantaba la segunda sinagoga, hoy ocupada por las casas que se hallan frente a las escaleras de la Virgen de la Pera. La decadencia del Call empezó con los ataques del año 1391 y los jurados de la ciudad determinaron en 1418 la clausura de todas las puertas y ventanas de las casas ju­días que se abrían sobre la calle la Forca. En 1434 Bonastruc de Mestre, Astruc Aninai y Bonastruc Jucef recibieron permiso para construir una tercera sinagoga que permaneció activa hasta 1492. Algunas calles de este entorno son de una belleza excepcional, aun hoy día. Tal es el caso del Carrero de Sant Llorenc, en el que se ubica el Centro de Isaac el Cec, donde posiblemente estuvo la última sinagoga.

Escalinata y Catedral.

Escalinata y Catedral.

Cerca de la catedral existen unos baños árabes que muchos historiadores y arqueólogos tienen por judíos. La calle Cúndaro, Sant Llorenc, la Pujada de la Catedral, la plaza de los Apóstoles, la calle del doctor Oliva Prat, el hoy inexistente callejón Hernandes, las ca­lles Claveria y de Les Dones, son lugares eminentemente judíos que hacen de Girona una de las ciudades más atractivas en las rutas turísticas, sobre todo si además «viajamos» a la historia de sus personajes talmudistas, místicos, cabalistas, financieros, médicos y cortesanos, como Nahmánides, Yoná, Gerundi, Azriel de Girona, Ezra ben Salomón, Rambau de Girona y Abraham ben Isag Hazan. A Mahman Nahmánides se le atribuye la obra Elogio de la Ley del Señor.

El Call está salpicado de leyendas.

El Call está salpicado de leyendas.

Precisamente por la ciudad de Girona están trazadas unas rutas guiadas y documentadas con carácter judío, que suelen terminar además en un restaurante en el que se degusta la comida judía con todo el rigor selectivo de los alimentos, así como con todo su ritual.

El viajero se encuentra a caa paso con señales que recuerdan las leyendas del Call.

El viajero se encuentra a cada paso con señales que recuerdan las leyendas del Call.

Además de los lugares indicados anteriormente, la ruta lleva a una placita en la que se encuentra el Archivo Municipal y el Museo de Historia de la ciudad para con­templar en la jamba derecha de una puerta de una de sus casas la hendidura en la piedra en la que se coloca­ría la mezuzá. En la esquina de la calle de la Forca con la de Cúndaro se ubicaría la casa de Nahmánides. En el Museo Bíblico del Seminario de Girona se guarda una mezuzá datada en el siglo xv. En las ruinas de la torre Gironella hay que evocar la memoria de tantos judíos como en ella se refugiaron durante varios meses cuando eran perseguidos. En el claustro del bello monasterio románico de Sant Pere de Galligants, convertido en mu­seo, se encuentran la mayor parte de las lápidas hebreas descubiertas en el cementerio, si bien otras se guardan en el Museo de Historia de la Ciudad. Además de las re­feridas lápidas sepulcrales en Sant Pere de Galligants se conserva la lápida conmemorativa de la construcción y dedicación de una sinagoga que fue descubierta en la pared de un edificio de la calle de Sant Francesc.

Los enamorados cuelgan ahora candados en el puente como prueba de su amor eterno

Los enamorados cuelgan ahora candados en el puente como prueba de su amor eterno

Por supuesto que la ruta judía tendrá en cuenta con todo res­peto el lugar en el que se ubicaba el cementerio en Montjui’c, de cuyo nombre hay ya referencias en el siglo XIII «a un kilómetro de la ciudad, en los aledaños de un torrente llamado Puente del Bou d’Or, antes de llegar a la calle del Ter». Al ser desmontada la zona para dar paso a la carretera de Francia y al ferrocarril, aparecieron grandes lápidas. Se conserva la escritura de donación que los representantes de la aljama de Girona hicieron el 4 de julio de 1492 al «noble caballero Joan de Sarriera del terreno de este cementerio y de sus lápidas».

Al anochecer parecen escucharse las leyendas que alberga esta zona de la ciudad.

Al anochecer parecen escucharse las leyendas que alberga esta zona de la ciudad.

La estancia en Girona con ocasión de la visita a su judería hay que aprovecharla para admirar su catedral con su impresionante escalinata, claustro y Museo, con su Beato y el Tapís de la Creació. La iglesia de Sant Feliu con planta románica, la Fontana d’ Or con amplia facha­da románica, las iglesias de Sant Doménec y Sant Nicolau, el Palau Episcopal, casa Pastors, Pia Almoina, casa de la Pabordia, casa de les Aligues, Sant Martí Sacosta, paseo Arqueológico, La Rambla, casa Caries, Antiguo Hospicio, hospital de Santa Caterina, casas de L’Onyar, plaza de la Independencia, Portal de Sobre-portes, torre de Carlomagno, Palau deis Agullana, Museu d’Art, Museu d’História de la Ciutat, Museo Farmacia, la Devesa, Jardines de la Francesa…

Una calle del Call seguramente tal cual estaba en el siglo XV

Una calle del Call seguramente tal cual estaba en el siglo XV

Besalú

La población de Besalú, en la actual provincia de Gi­rona, cuenta con elementos judíos sobradamente impor­tantes como para tener que estar situada en cualquiera de las rutas judías que se programen no sólo por España sino por cualquier otro país europeo. Este municipio de la comarca de la Garrotxa se halla entre los ríos Capellades y Fluviá y goza de una situación privilegiada al encontrarse entre puntos tan importantes en Catalu­ña como Olot, Figueres y Girona. Con la muerte de Wilfredo el Belloso se convirtió en capital del condado independiente en el año 902, hasta pasar el condado a la casa de Barcelona en 1111. Hoy Besalú está considerada como la ciudad romántica por excelencia de Cataluña y por su gran valor arquitectónico fue declarada conjunto histórico artístico en 1966, aunque parte de sus monu­mentos lo habían sido ya con anterioridad.

 

La joya de la arquitectura judía de Besalú es precisa­mente su miqwe o baño ritual, descubierto en diciembre de 1964 y que es el único reconocido como tal en su gé­nero hasta ahora en España y el tercero en importancia en Europa. Situado en el barrio hebreo o cali, es una construcción románica del siglo xh y está situado a los mismos pies del puente románico de la ciudad, al lado del río Fluviá. Consiste en una pequeña sala rectangular en piedra de sillería, cubierta por una bóveda de cañón. A ellos se accede por unos escalones que bajan desde la puerta de entrada a la piscina, que ocupa la mayor parte del local. En el muro oriental se abre una ventana alar­gada con alféizar en derrame.

Junto al miqwe se halla la plaza Deis Jueus en la que es fama se ubicaría la sinagoga, de la que hay constan­cia que fue autorizada en 1264 gracias a un privilegio otorgado por el Rey Jaime I el Conquistador. De la sina­goga no se ha encontrado resto alguno. Es posible que ocupara parte del jardín por el que se pasa para visitar el baño ritual. Hay que resaltar que todo el complejo se encuentra en perfecto estado de conservación y magnífi­camente cuidado, siendo respetado el entorno por todos con mucho esmero y hasta devoción. El Carrero deis Jueus es un callejón estrecho que desciende hasta el mis­mo río. Acerca del cementerio judío hay que reseñar que es posible que se encontrara en una zona que en la ac­tualidad está atravesada por la carretera que desde Besalú se dirige hacia la capital de Girona, en el lugar conocido como Campanya o Camp de les Forques, a poco más de un kilómetro de Besalú y Mas de Pitre. De Besalú fue natural Abraham ben David Aslari, que escribió uno de los pocos tratados que se conocen sobre la Peste Negra (1290-1355).

***

El patrimonio histórico-artístico y monumental de Besalú es de singular importancia. Sant Pere, antigua sede abacial de un monasterio benedictino, es edificio románico de tres naves con interesantes relieves esculpidos en la fachada. Sant Vicenc, con sus recuerdos anti­judíos ligados a su nombre, antigua iglesia parroquial de la villa, fue renovada en los siglos xn y xm y es un edifi­cio de transición del románico al gótico. Una pequeña capilla lateral está dedicada a la Santa Cruz. Contiene una sepultura de alabastro y la imagen de la Virgen de los Dolores, patrona del pueblo. La Curia Real es edifi­cio del siglo xiv, destinado en principio a la administra­ción de la justicia y hoy parcialmente convertido en hos­tal con grato sabor medieval. Durante años fue también sede de la Veguería y Corte Real. En un extremo de la plaza de Sant Pere está situada la casa Llaudes o Cornelia que cuenta con un patio o galería a modo de claustro de época románica. Santa María es la antigua canónica agustinia-na y colegiata. Conserva sólo la cabecera con transepto, tres ábsides y algunos elementos escultóricos. La calle de Tallaferro conserva intacto su aire medieval, con sus pórticos románicos. El Hospital de Sant Julia luce facha­da exterior del siglo xn. La plaza de la Llibertat, portica-da, fue antiguamente centro comercial y cruce de cami­nos entre las vías de Olot a Figueres y de Girona a Olot. Su construcción actual es del siglo xvi.

La construcción más característica, por su monumen-talidad, de Besalú es el puente fortificado sobre el río Fluviá, románico del siglo xi y de curiosa construcción angular.

Entre tantos puntos de referencia comarcales con programaciones turísticas resaltamos la ciudad de Olot, capital de la Garrotxa, situada dentro del Parque Natu­ral de la Zona Volcánica de la Garrotxa. En ella hay que admirar la iglesia de Sant Esteve con notables obras de arte y su museo-tesoro parroquial con el cuadro de El Greco Jesús llevando la cruz. La de Santa María de Tura es edificio barroco. El claustro del Carmen es del siglo xvi. La casa Sola Morales tiene una muy buena fachada modernista. Sant Andreu del Coll es iglesia románica del siglo xii. Del mismo siglo es el Castell deis Senyors del Coll. Can Bolos es casa solariega con contenidos de gran valor. Casa Vayreda, el Hospital de Sant Jaume, el Mu­seo Comarcal de la Garrotxa, obra de Ventura Rodríguez,

Can Triancheria y las fuentes Moixina, de les Tries, de la Déu, de Sant Roe… también merecen atención turística, así como el Museo de los Volcanes.

Castelló d’Empúries

El legado judío de Castelló d’Empúries está por des­cubrir todavía. Muy recientemente se han hallado cinco nuevas lápidas hebreas y suponen los expertos que cual­quier día se acrecentará tal legado con nuevos hallazgos. Y es que, después de la de Girona, la judería de Castelló d’Empúries era la más importante de las tierras que hoy configuran la provincia gerundense. Desde el punto de vista demográfico consta que llegó a superar a la misma judería de Besalú, con toda su fama internacional. Ha­cia mediados del siglo xiv afirman algunos optimistas que su censo fue de unos 300 judíos, aunque otros aseguran que no pasó de los cien.

Parece ser que fueron dos los calis con que contó Castelló d’Empúries: el viejo y el nuevo. La ubicación del primero coincidiría con el barrio del Puig de l’Era Mala, en el Carrer deis Jueus y en la plaza de la Llana. El mis­mo nuevo cali se desplazó posteriormente al Puig del Mercadal más cerca de la actividad comercial de la po­blación en el área de las calles actuales de Sant Pere Baix y Peixeteries Velles. Hay constancia de que en el cali Nuevo había una sinagoga, que probablemente se ubica­ría en la plaza actual de Peixeteries Velles, habiendo re­ferencia documental de haber sido ampliada y renovada repetidamente. Al ser promulgada la bula del Papa Benedicto XIII, gran perseguidor de los judíos, la sina­goga fue clausurada y vendida, hasta ser transformada en hostal. Parece ser que también en el Cali Viejo hubo otra sinagoga, aunque de esta son muy pocas las re­ferencias existentes, pero se cree que fue la última en desaparecer. En este caso, como en tantos otros, llama la atención que todas o casi todas las calles coincidentes con las juderías y las más cercanas a las mismas fueran «rebautizadas» con nombres de santos. En Castelló d’Empúries, los nombres de algunas de las calles son es­tos: plaza Deis Monjos, calle de la Mare de Déu, calle de Sant Jordi…

Los cementerios de los judíos fueron dos en Castelló d’Empúries. El más antiguo se hallaría en el lugar que hoy ocupa la cabecera de la iglesia de Santa María, co­lindante con la antigua muralla y el otro en la zona nor­te, conocida como Els Aspres. Es precisamente de este último del que proceden la mayor parte de las lápidas hebreas recientemente aparecidas. Hay que resaltar asi­mismo que son muchas también las lápidas judías que se integraron en edificios de nueva construcción, sobre todo religiosos, y que están siendo redescubiertas y es­tudiadas en la actualidad. En el Museo Parroquial se encuentran algunas de ellas, por lo que la ruta turístico-hebraica por Castelló d’Empúries habrá de tener muy presente este museo.

Este pueblo y su municipio son de gran interés turís­tico, con edificios de extremado valor arquitectónico. En el siglo xi fue capital y residencia de los condes de Em­puñes, que construyeron su palacio y rodearon la villa de murallas, lo que en buena parte explica la categoría e importancia de la judería. Fue capital de un condado autónomo hasta el siglo xv. Conserva los restos de anti­guas murallas y el edificio de la Llotja de Mar. Ya en 1007 existía la basílica de Santa María de Castelló, que fue consagrada en 1067 y reconstruida en el siglo xiv. En su interior tienen gran interés las capillas, sarcófagos, lápi­das sepulcrales, osarios, pila bautismal, museo parroquial y un notable retablo de alabastro en el altar mayor. La Creu de Terme, situada frente a la iglesia de Santa Ma­ría es gótico-renacentista.

Entre tantos atractivos turísticos como existen en la comarca, cerca de Castelló d’Empúries, resaltamos en esta oportunidad L’Escala, en cuyos alrededores se ha­llan las ruinas greco-romanas.

 

En Sant Martí d’Empúries hay que admirar sus im­presionantes murallas y torres y su templo gótico, del siglo xvi, con pila bautismal con ara románica y lápidas muy antiguas.

Figueres, capital de L’Alt Empordá, es otro de los puntos de referencia turística obligado por su especial condición de «Puerta de Europa» y por tantos otros mo­tivos. La iglesia de Sant Pere fue construida en 1378. El antiguo teatro municipal alberga el Teatro-Museo Dalí, con su interesante cúpula de retícula metálica. Torre Galatea es edificio neoclásico, decorado y pintado de modo estridente, que se halla cerca del Teatro-Museo daliniano. El Teatro-Museo Dalí ofrece una original pre­sentación y ambientación de la obra de tan genial pin­tor. El Museu de l’Empordá alberga colecciones de ar­queología, arte e historia locales. El Museu deis Joguets muestra preciosos ejemplares de juguetes de todas las épocas y de distintos países. También en Figueres hubo sinagoga y cementerio judío.

 

El Canto De Orfeo

(Pirineos – Girona, Barcelona y Lleida)
http://youtu.be/eRc4uLZ2PLk

Lérida-Lleida

En la aportación a la historia de los judíos de Catalu­ña y en general del Estado español, es muy importante la proporcionada por las aljamas de la actual provincia de Lleida, entre las que resalta de modo muy significati­vo la de esta misma ciudad. Entre tales aljamas hay al menos que mencionar las de Tárrega, Agramunt, Bellpuig, Seu d’Urgell, Solsona, Verdú, Camarasa, Cer-vera, Balaguer…

El crecimiento de la judería de la ciudad de Lleida coincide con la reconquista cristiana en 1149 y con las ayudas prestadas a la misma por parte de la Orden de los Caballeros Templarios, sobre todo en el reinado de Jaime I. Después de la de Barcelona y de Girona, la alja­ma de Lleida fue la tercera en número e importancia. Hay dramática referencia de que en la persecución del año 1391, el día 13 de agosto, fueron muertos 78 judíos sien­do todos los demás bautizados a la fuerza. El barrio judio de Lleida, conocido como Cuyraca o Coiraza llegó a estar totalmente amurallado y su ubicación coincidió con los aledaños de la antigua parroquia dedicada a San An­drés. Es de resaltar que, junto a templos dedicados a este santo apóstol, fueron muchas las juderías que se cono­cen en España. En la actualidad todavía una de las ca­lles lleva el nombre de la Judería. A la Coiraza se accedía por la Costa del Jan, estrecha y con escaleras, que sube desde la plaza Mayor. La configuración del barrio está delimitado en la actualidad por la plaza de la Cuirassola, calle del Seminario, calle de Sant Cristófol que era la principal del barrio y parte de la calle de la Compañía, en la que parece haber estado la Porta Redonda, que se­ría una de las puertas de la Judería. La puerta de la Coiraza comunicaba con la que se llamaba de Romeu, hoy calle de Caballeros. Acerca de la ubicación de la si­nagoga se conoce que como tantas otras, fue convertida en iglesia dedicada a la Virgen y en este caso bajo la ad­vocación de Santa María del Milagro, aunque de esta igle­sia nada se sabe. Al construir una casa en la calle del Seminad apareció un capitel de estilo corintio que dio oportunidad a que algunos pensaran que pudiera haber pertenecido a la sinagoga, con lo que su ubicación de­finitiva hubiera sido la plaza del Seminario, en la que por cierto también se establecerían con el tiempo los je­suítas, siendo opinión bastante generalizada, como ya hemos dichos en ocasiones anteriores, de que estos reli­giosos preferían para sus conventos y colegios edificios que hubieran tenido alguna relación con los judíos.

En las Eras de Santo Tomás pudo haberse encontra­do el cementerio judío, que hoy se correspondería con la calle Balmes, Vallcant, Ciutat de Fraga, Joan Baiget y plaza Missions. Macabramente a finales del siglo pasa­do se encontró el hueso de un dedo, ceñido con un ani­llo de oro con inscripción en hebreo correspondiente a una mujer de nombre Goig. Esta joya, «la mejor de las joyas hebraico-españolas conocidas», se conserva en el Museo Arqueológico del Institut d’Estudis Ilerdencs. Otro cementerio pudo haber estado en la Corda de Gardeny.

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La Seu Vella, edificio de transición del románico al gótico, está dedicado a Santa María, de planta basilical y con capiteles esculpidos. Destacan las puertas Deis Fillols y de L’Anunciata. Luce restos y pinturas románi­cas, góticas. El claustro es construcción del siglo xn y xiv. La Porta deis Apóstols es del siglo XV, con tímpano que representa el Juicio Final. El campanario de la Seu de Lleida es de los siglos xm y xiv, con torre octogonal, de 70 metros de altura, adornada con pináculos y alar­gados ventanales. Alberga el Museo Capitular, con valio­so conjunto de tapices flamencos, del siglo xvi. La Seu Nova es la primera manifestación del estilo neoclásico postbarroco en Cataluña. La iglesia de Sant Llorenc es del siglo xm, y el ábside de la nave central es circular con bóveda de arco apuntado. Tiene un severo y esbelto cam­panario octogonal y cuatro capillas. Conserva antiguos retablos góticos, de piedra y tumbas de las familias más notables de la población. Sant Martí es un edificio co­rrespondiente al gótico tardío, con amplias capillas gó­ticas.

La Casa de la Ciutat o Palacio de la Paería, cuenta con un retablo gótico de la antigua capilla de la Paería. El Hospital de Santa María, del siglo xvi, se desarrolla entorno a un patio central rodeado de una galería góti­co-renacentista. Es la sede del Museo Arqueológico del Institut d’Estudis Ilerdencs. El Castell de Gardeny es un edificio medieval rectangular. Santa María de Gardenuy es una iglesia románica, de tipo cisterciense o templario con gran ábside liso y bóveda apuntada. El Castillo Real está reconstruido sobre la antigua Suda sarracena. La obra que queda es medieval, correspondiente a la fortifi­cación que mandó construir el rey Pedro III en el siglo xiv. Entre los llamados edificios singulares merecen ser citados la Casa Armenteros, neogótica, el Casino Princi­pal, el Museo Diocesano y el Museo de Arte Jaume Mo­rera, notable colección de pintura de los siglos xix y xx.

 

Cervera

Ilustra mucho pensar, en la exposición de los viajes a la España judía, que los judíos dependían directamente del rey y que en verdad las autoridades municipales del lugar en el que residían, apenas sí tenían autoridad so­bre ellos. Las aljamas elaboraban sus propios estatutos u ordenanzas que, aprobadas públicamente en las sina­gogas y recibida la sanción real, servían de código para la vida interna de las juderías. Huelga decir que estas ordenanzas se apoyaban en las leyes rabínicas.

Callejuela de Cervera de la antigua judería.

Callejuela de Cervera de la antigua judería.

De la judería de Cervera, población señorial de tra­dición cultural y universitaria y a la vez capital de la Se-garra, se tiene ya noticia en el siglo xm y su censo pare­ce haber rebasado las 300 personas. Son muchos los documentos que hacen referencia a la judería de Cervera, por lo que su actividad fue muy notable. Como dato cu­rioso hay que resaltar que no pocos de los médicos ju­díos que ejercieron como tales, con acierto y profesionalidad en los territorios cristianos españoles tenían relación con Cervera.

Pasadizo ente calles donde antaño moraron los judíos de Cervera.

Pasadizo ente calles donde antaño moraron los judíos de Cervera.

Dos fueron los cali o barrios judíos de cuya existen­cia hay constancia en Cervera. La explicación fue el no­table crecimiento de su población, sobre todo en tiem­pos del rey Jaime II. Las relaciones entre uno y otro fueron las normales, tal y como queda constancia de ello, por ejemplo, en un contrato matrimonial o ketubbat fechado en 1442 y que se guarda en el Archivo Histó­rico Comarcal de Cervera en el que se asegura que el novio residía en uno de los cali y la novia en otro, ha­biéndose firmado el contrato en la Fortaleza de Cervera. Al Cali Jussá o Viejo, se le conocía también como calle de Agramuntell. El nuevo o «sobirá», co­incidía con la calle que estaba trazada desde la plaza de L’Olm o de Sant Miquel hasta la muralla. Dos puer­tas flanqueaban una y otra calle. La plaza de Sant Miquel era el punto de encuentro entre los dos cali, barrios o calles. La calle Mayor conduce al centro de Cervera. Esta calle, junto con la de Santa Ana, forma­ban parte de la judería.

Calle del Call.

Calle del Call.

En la actualidad hay que efectuar un gran esfuerzo de imaginación para deducir la concreta ubicación de la judería después de tantos y tan transformadoras opera­ciones urbanísticas de la zona, si bien todavía perdura el nombre de la calle del Cali, dotada también de un arco, aunque este sea de construcción más reciente. Consta que fueron dos las sinagogas con que contó en sus tiempos mejores la judería de Cervera. Una de ellas fue edificada en 1385 y aunque no se sabe con exactitud su localización, es posible señalar su trazado y delinear su planta y capacidad. Estaría tal vez al comienzo de la actual calle de Call. La ruta turístico-judaica por la ciudad de Cervera habrá de detenerse en su Archivo Histórico Comarcal para en él ver y estudiar los diversos documentos rela­cionados con la judería en él existentes, entre ellos tres ketubbats o contratos matrimoniales del siglo XV.

Las callejas de la judería siguen el patrón urbanístico de las juderías españolas.

Las callejas de la judería siguen el patrón urbanístico de las juderías españolas.

Además de las motivaciones culturales judías, la ciu­dad de Cervera le brinda al visitante generosos argumen­tos turísticos. Entre ellos sobresale la basílica gótica de Santa María, con la imagen románica de la Virgen, reta­blos y sarcófagos góticos del siglo xiv, con campanario de planta octogonal. La Casa de la Ciutat es edificio ba­rroco con fachada muy armoniosa. El edificio de la Uni­versidad de Cervera, del siglo xvm es majestuoso e insó­lito, de enormes dimensiones y con gran fachada barroca. Conserva su capilla y su paraninfo. La iglesia románica de Sant Pere el Gros es de planta circular, obra del siglo xi, centro del Priorato benedictino. La ciudad luce toda­vía lienzos importantes de muralla. La calle de Les Bruixes es una calle pintoresca, llena de arcos. La igle­sia de Sant Antoni tiene interesante portada barroca. El Museu Duran i Sanpere conserva una buena colec­ción de arqueología local y obras de arte religioso de Cervera. El Museo del Blat i la Pagesia es de tipo etno­gráfico. En los alrededores de la población merece ser visitada la pequeña iglesia de Santa María de Malgrat, románica, con ábside semicircular, la también románica de Sant Miquel de Tudela y la gótica de Santa Magda­lena.

Una de las calles principales de la judería

Una de las calles principales de la judería de Cervera

No lejos de Cervera se halla la población de Balaguer, a la que también motivaciones judaicas habrían de acon­sejar una visita. Su barrio judío coincidiría hoy con el Barrionuevo o Barrio Nuevo. Este nombre le fue dado al asentamiento judío, después de su expulsión, al igual que ocurrió en tantos otros lugares de España. Las calles del Miracle, Deis Teixidors y Sant Josep completarían el área de la antigua judería. La Iglesia de Santa Maria de Miracle parece haber sido la sinagoga, de la que no hay más referencia. Con otra sinagoga pudo haber contado también la población de Balaguer, junto a la mezquita que fue convertida en iglesia con la advocación de San Salvador. Esta ciudad de Balaguer de tanto interés turís­tico, cuenta con el monumental edificio gótico de tres naves de la iglesia de Santa Maria, antigua colegiata, que conserva un bello retablo gótico de piedra policromada. La plaza del Mercadal, porticada, es una de las más gran­des de Cataluña. En ella se encuentra el Ayuntamiento. En el santuario de Sant Crist, se venera una imagen de Cristo del siglo xvn. Tiene un convento anejo y una bella vista sobre el río Segre. Santa Maria de les Franqueses es antiguo monasterio femenino cisterciense, del que sólo queda su monumental iglesia. El Castell Formós, anti­guo palacio árabe, fue residencia de los condes de Urgell.

Tárrega

Aunque no exclusiva y ni siquiera fundamental, la del prestamista fue una de las actividades más frecuentes de los judíos en España. Son muchas las referencias que aluden a la usura judaica, con parecidos términos a los empleados por el arcipreste de Hita: «Non quieras jugar dados nin seas tablajero/ca es mala ganancia, peor que de logrero,/el judío al año da tres por cuatro; pero/el ta­bla de un día dobla el mal dinero». Fray Alonso de Espi­na denunció que en algunas localidades de Castilla y León llegaban a imponer los judíos unos intereses fabulosos, de tal modo que en Zamora un judío recibió 60.000 mo­nedas por un préstamo de 10.000.

En la judería de Tárrega vivió el poeta hebreo y es­critor catalán Mosen Natán, que era uno de los cien ju­díos que compondrían su aljama, si bien en una referen­cia documentada se alude a que su censo en 1375 rebasaba las doscientas personas. El Cali de Tárrega ocu­paba la demarcación sobre la que se extiende en la ac­tualidad la calle de l’Estudi y parte de la de Lluís Folquet hasta la de Font. Es posible que también ocupara el área de la muralla comprendida entre las puertas de la Font y de Les Piques. Es decir, el espacio existente entre la ca­lle Mayor y el río Dondara. Como otros Cali, el de Tárrega cerraba las puertas por la noche y las abría por la maña­na. La referencia actual a el Callet, al otro lado del río, parece sugerir la existencia de unas posesiones de la al­jama por esos lugares.

En la calle del Cali se ubicaría la sinagoga, tal ve/ donde se encuentra la plaza de la Palla. En conformidad con los documentos existentes se puede tener certeza de que, a consecuencia de un desbordamiento del río Dondara, la sinagoga quedó anegada, con lo que a los judíos se les autorizó construir una nueva que, en con­formidad con los documentos existentes, la única limi­tación que se les impuso fue la de que la puerta de acce­so no fuera visible desde el barrio en el que vivían los cristianos. Hay quienes aseveran que la ubicación de la nueva sinagoga podría ser la del edificio del Molí d’en Codina, que estuviera en la calle de Sant Agustí. En rela­ción con el cementerio judío se puede afirmar que se encontraba junto al camino de Granyena, pasando el puente sobre la acequia condal, en la carretera de Tarra­gona. La ruta judía por Tárrega ha de prestarle también atención a un edificio existente todavía en la calle Lluís Folquet, que es conocido por el pueblo como «el horno de los judíos».

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La ruta turística que se trace por Tárrega habrá de contar con el edificio de Santa Maria de l’Alba, obra cla-sicista de los siglos xvii-xvin con tres naves y cúpula so­bre el crucero. La Casa de la Ciutat o Paeria, es del siglo xvn y alberga el Archivo Municipal. El palacio de los mar­queses de la Floresta es obra románica y cuenta con magnífica fachada de piedra con portal adovelado y tres ventanas triforias. La Creu del Pati es hermosa pieza gótica ubicada en la plaza Mayor. La iglesia de Sant Antoni alberga el Sant Crist Trobat, pieza de la orfe­brería románica. El convento del Carmen luce un buen claustro barroco. El Antiguo Hospital y la Casa Sobies es notable edificio del siglo xvi. En el Museo Comarcal se guardan restos arqueológicos, sobre todo de épocas prehistóricas.

Agramunt se encuentra en la ruta turístico-judaica a recorrer desde Tárrega. En sus cercanías se encontraron algunas lápidas hebreas, una de las cuales se guarda en el Museo Local. A una de las calles se le ha dado el nom­bre oficial de Cali en la que la tradición oral asegura que se encontraría la judería. La calle Sabateria y la de L’Aspi formarían asimismo parte de la judería. En Agramunt hay que ver además la iglesia arciprestal de Santa María, edificio de los siglos xn y xm y cuya puerta monumental está presidida por un alto relieve de la Mare de Déu y escenas de la Navidad. La Casa de la Villa es notable edi­ficio barroco. La plaza Mercadal y el Museo Municipal contienen una interesante oferta turística de conviven­cia y de cultura.

También Bellpuig es meta de atracción turística con dimensión judía, dado que en esta población también existió una judería. De ella se conserva en el Archivo His­tórico Municipal de Cervera, una ketubbat de 1435. Por mucho que han estudiado los investigadores aún no se ha conseguido localizar el barrio judío. En la población hay que visitar la iglesia de Sant Nicolau, el mausoleo de Ramón Folch de Cardona-Anglesola, virrey de Sicilia y Ñapóles, que es una de las mejores piezas de la escul­tura catalana. Es de mármol de Carrara. El convento de Sant Bartomeu es obra única de un gótico tardío que no se repite en todo el Principado. El Castell de Bellpuig fue residencia de los barones de Bellpuig entre los siglos xn y xvi. También hay que visitar la Casa del Consellers, edi­ficio del siglo xvi, la gran escalinata de finales del xvm y la plaza Ramón Folch.

Tarragona

En la explicable pugna por reclamar para sí el privi­legio histórico de haber sido la más antigua judería de España, la de Tarragona esgrime argumentos muy sóli­dos. Hay, por ejemplo, arqueólogos que basan su argu­mentación en la existencia de una lápida de época ro­mana de carácter trilingüe —siglo iv— escrita en hebreo, latín y griego, que se encontró en 1955 en una casa de la calle Enrajolat de Tarragona y que hoy se conserva en el Museo Sefardí de Toledo, siendo una de sus más intere­santes y valiosas piezas. Es una pileta de mármol blanco y de forma rectangular con grabados, además de la ins­cripción, una menora o candelabro de siete brazos, pa­vos reales, un árbol que se cree es el de la Vida y un sofer o corno de uso ritual judío. Como «ciudad judía» por antonomasia fue conocida Tarragona por los ára­bes, con referencias al considerable censo judío de la población, que se mantuvo aún después de la Recon­quista.

La situación del barrio judío parece corresponder con la parte más alta de la ciudad, extendiéndose desde la puerta de San Antonio, en la muralla y las calles D’en Granada, Forat Mico, Portella, plaza del Rey, plaza Deis Ángels, calle D’en Talavera y de la Nao. Hay que recor­dar que la de los Ángels se llamó plaza de la Judería. Fuera de las murallas todavía se conserva el nombre de Portella deis Jueus a uno de los accesos a la ciudadela. En relación con la ubicación de las sinagogas no se tie­nen noticias, por lo que no es posible todavía hacer pasar la ruta tarraconense de las juderías por ninguna calle concreta a la búsqueda de la sinagoga. Pero tal ruta puede tener presentes la calle Deis Assaonadors, aunque sin identificar, en la que se encontraría el horno de la judería.

No obstante es muy rica e ilustrada la ruta tarraco­nense judía por lo que hace referencia a las lápidas que se conservan. Además de la ya citada, tiene importancia la lápida con inscripción hebrea que se guarda en el Museo Arqueológico de Tarragona, ubicado en el Pretorio Romano y que, encontrada en 1950, puede datarse a fi­nales del siglo xiv. Además de la inscripción hebrea, es­tán grabados en ella dos escudos con la representación de las cuatro barras de Aragón. La lápida pudo haber es­tado en alguna fuente pública o en la sinagoga. La ruta contará asimismo con el Museo Diocesano con una lápi­da judía con inscripción en latín y otra en latín y griego. En la iglesia de Santa Tecla la Vella tuvieron lugar los primeros autos de fe inquisitoriales y en ella se conser­van fragmentos de una lápida hebrea.

Es probable que el cementerio judío estuviera situa­do en la playa del Miracle, en el camino del Fortí o Deis Fortins, del que se extrajeron dos lápidas sepulcrales que hoy están empotradas en las paredes de la casa del Degá, de la calle Escrivanies Velles, junto a la catedral. La ciu­dad de Tarragona, heredera de la Tarraco romana, ciudad imperial por sus cuatro costados, cuenta con argumen­tos muy convincentes para que por ella se trace también una interesante ruta judía.

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La catedral de Santa María, del siglo xn y de transi­ción del románico al gótico, luce un magnífico rosetón de fino calado. Su claustro, el retablo mayor, el retablo de piedra, el sepulcro de Juan de Aragón, el del arzobis­po Niño… hacen de la catedral punto de referencia nece­saria en cualquier programación turística y más si ésta tiene carácter judío, dado que en la capilla de Santa Lu­cía, detrás del coro, hay un mural del siglo xiv en el que están representados unos judíos con la vestimenta ade­cuada a la época. En el retablo de la Virgen, procedente del monasterio de Santes Creus, están también curiosamente representados judíos catalanes con atuendos de la época.

La muralla romana fue levantada a finales del siglo m a.C. Las torres de la muralla romana de L’Arquebisbe o del Paborde, fueron construidas en el siglo xiv, pero sobre fundamentos romanos. Hay que contemplar tam­bién la necrópolis paleocristiana, el acueducto conocido como Pont de les Ferreres o Pont del Diable, el Pretori o Palau d’August o Castell de Pilat o del Rei, anfiteatro ro­mano, Placa Pallol, Paseo Arqueológico, Rambla Nova, El Serrallo, Balcón del Mediterráneo, Museo Nacional Ar­queológico, Museo Diocesano con su conjunto de tapi­ces, Museo de Historia de Tarragona, Museo de Arte Moderno, Casa-Museo Castellarnau, torre de Escipión, circo romano…

En Roda de Bará se encuentra el celebérrimo Arco de Bará, arco triunfal romano erigido en la antigua Vía Augusta.

Para magnificar y valorar como corresponde las be­llezas contenidas en Tarragona y sus aledaños basta recordar la leyenda que asegura que el dios Júpiter aban­donó a su esposa, la mortal Tiria, al enamorarse ésta de la ciudad de Tarragona que tanto le encantó. Según la historia, los romanos se establecieron en esta población el año 218 a.C. y con el tiempo la ciudad se convirtió en la capital de la Hispania Citerior. A sus costas, tal y como refiere la tradición cristiana, arribó el apóstol San Pablo para evangelizar España.

Santa Coloma de Queralt

Todos los campos de la cultura judía cuentan con al­guno o algunos de los representantes destacados de la misma que vivieron en Cataluña entre los siglos xm y xiv. El potencial demográfico y económico de los judíos coin­cide durante esta época con un gran florecimiento cul­tural. El ejemplo es válido para todas las juderías y tam­bién para la de Santa Colonia de Queralt que alcanzó su momento de esplendor a mediados del siglo xiv y cuyo censo rebasó el centenar, o según otros estudios «cin­cuenta familias», lo que superaría las doscientas perso­nas.

Como en la mayoría de los casos, con el fin de vivir en los lugares más seguros de la población y por el he­cho de ser y estar especialmente protegidos por la igle­sia y por los señores de los castillos, al barrio judío de Santa Coloma de Queralt se accedía desde la plaza de la Iglesia precisamente por el Portal deis Jueus que en la actualidad es conocido como Rincón de la Mora del Valí. Se trata de una especie de arco que da paso a la calle Quarteres, que en tiempos pasados se denominó Deis Jueus y que une las plazas del Castell y la Mayor. A una de las callejas adyacentes se le ha conferido en los últi­mos tiempos el nombre de calle del Cali. En la calle Forn de Baix, que continúa con la Baixada de la Presó, se ubi­caba el Hospital de los Judíos, coincidente con las cár­celes existentes en ese lugar a finales del siglo pasado. Consta que, además del recinto reseñado, los judíos de Santa Coloma tenían diversas posesiones urbanas en la calle Mayor en la que con seguridad se hallaba la sina­goga, aunque su localización resulta hoy muy difícil.

La villa de Santa Coloma, y a consecuencia del es­plendor de los tiempos en los que en ella vivieron los ju­díos, dispone de un rico patrimonio monumental y de una belleza urbanística poco común. El núcleo urbano anti­guo cuenta con una plaza porticada y calles y rincones muy pintorescos. La iglesia de Santa María de Bell-lloc es de estilo de transición del románico al gótico. Conser­va el sepulcro gótico de Pere de Queralt. La iglesia de Santa Coloma es un bello edificio de estilo gótico, con monumental campanario y notable retablo gótico del si­glo xiv.

En el Castell deis Comtes destaca su torre del Home­naje y en él se halla el espléndido sepulcro de los condes de Queralt. Del siglo xvn es la monumental fuente De les Canelles, mandada construir por el conde Dalmau de Queralt, virrey de Cataluña. Cerca se halla una cruz de término, gótica. Desde el Castell d’Aguiló se divisa un buen panorama. Junto al antiguo caserón señorial de Requesens se encuentra el templo románico de Sant Pere de les Roques. Del romesco que se utiliza en toda la co­marca para aderezar una muy típica ensalada invernal, existe el romescu colomí propio de esta población, cuyos dulces más representativos son las delicias de Queralt.

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Entre las metas turísticas de las programaciones via­jeras con evocación de la ruta judía por Santa Coloma de Queralt, hay que reseñar la que lleva y se detiene pre­cisamente en la población de Montblanc que también está definida por el recuerdo de los judíos, con mención para una de sus calles llamada Deis Jueus, con interesante arco apuntado en medio de la misma y que podría servir para defensa de quienes la habitaban. Es de suponer que junto a esta calle estuviera el resto del Cali, desde el Por­tal d’en Bover hasta la calle Mayor. Sobre el solar de una de las sinagogas se alzó el monasterio de clarisas de Santa María de la Serra. Aunque no hay resto alguno del ce­menterio judío hay referencias documentales de que se ubicaba junto al río Francolí. Entre las joyas arquitectó­nicas con que cuenta Montblanc resaltamos todo el con­junto monumental urbano en el interior de las murallas con torres y portales, edificios notables y calles evocadoras. La iglesia de Santa María la Mayor es un majestuoso edificio de estilo gótico catalán con portada barroca y con uno de los órganos más notables y anti­guos de Cataluña, retablo de piedra del siglo xiv, talla de la Virgen y relicario de Sant Maciá. Hay que visitar ade­más las iglesias de Sant Miquel, el convento de la Mercé, de Sant Maciá, de la Serra, el Hospital de la Magdalena, el Pont Vell, el Museo Comarcal de la Conca de Barbera y el Museo de Frederic Mares, en la antigua iglesia de Sant Maciá.

En el término municipal de Vimbodí se encuentra el Real Monasterio de Poblet. En él se halla el Panteón Real, desde los tiempos de Pedro el Ceremonioso en el siglo xiv. Dispone de tres recintos sucesivos, parcialmente cir­cundado por un muro almenado. La iglesia de Santa María, del siglo xm tiene tres naves con transepto, ábsi­de con deambulatorio y capillas radiales. El retablo re­nacentista de alabastro es del siglo xvi. El claustro de la iglesia es de factura románica, aunque con cubierta oji­val. El primer recinto del monasterio es del siglo xvi. En el segundo, al que se accede por la Porta Daurada del siglo xv, se halla la capilla de Sant Jordi, el hospital de los pobres y la capilla de Santa Caterina. En el tercer re­cinto se encuentran el claustro, las dependencias monacales y el palacio real. Este palacio, conocido tam­bién como del Rey Martí, se comenzó a construir en el siglo xiv y es obra del más bello estilo gótico catalán. El Museo del Monasterio cuenta con elementos arquitectó­nicos y escultóricos del monasterio no utilizados en su restauración, además de una buena colección de obras de arte. Huelga resaltar que también en éste, y en tantos otros monasterios tan ricos, la huella de los judíos es fácil de ser descubierta, al haber sido ellos buenos ad­ministradores de sus bienes, sobre todo en épocas muy concretas.

Tortosa

En el caso de Tortosa, como en tantos otros de Cata­luña, hay que hacer constar que los judíos catalanes no fueron muy numerosos, ni contaron asimismo con recur­sos económicos excepcionales, como ocurrió en otras regiones españolas, por lo que no estuvieron en disposi­ción de erigir sinagogas importantes ni cementerios con epitafios monumentales. Esta circunstancia explica la falta de elementos sobre los que hay que trazar los re­cuerdos y las rutas históricas por sus pueblos y ciuda­des.

De todas formas, hay constancia de que la judería de Tortosa fue una de las más antiguas de España. Se con­serva una lápida judía trilingüe redactada en hebreo, la­tín y griego, del siglo vi, con dos estrellas de cinco pun­tas y un candelabro que hoy se encuentra empotrada en un arco del claustro de la catedral de Tortosa. Ramón Berenguer IV, al conquistar la ciudad en 1148, otorgó a los judíos terrenos y Carta de franquicias fiscales. La ju­dería se convirtió en aljama en el siglo xn y su población llegó a rebasar las trescientas personas. La ubicación del barrio judío resulta hoy bastante imprecisa, pudiendo coincidir con el barrio de Remolins, junto a la Suda, impresionante fortaleza árabe convertida hoy en Para­dor de Turismo. La plaza de Remolins es conocida como de la Inmaculada y en torno a ella se agrupan las calles Mayor de Remolins, Jerusalén, Vilanova, Gentildones y Figuereta. Este barrio judío se completa con otro más antiguo, y que probablemente sería sobre el que se asen­tó la población primera favorecida por Ramón Beren­guer IV. Los historiadores lo ubican en el barrio de los Pescadores, en el actual Ayuntamiento, junto al merca­do. Otros, no obstante, lo sitúan en el barrio de Sant Jaume, incluyendo en él las actuales calles de Sant Josep, de L’Aldea y la plaza de Massana. Acerca del lugar en el que se encontraba la sinagoga se cree que fue «al extre­mo de la calle Mayor de Remolins… en el edificio que fue Hospital y… después Cuartel de Caballería y Cárcel». Hay constancia documental de que el edificio de la sina­goga fue confiscado y vendido en 1493, después de la ex­pulsión de los judíos. También hay quienes aseveran que la sinagoga se encontraba en la calle Jerusalén, junto a la plaza de L’Esplanada, en las actuales calles de Jaure Tió y Benifallet.

De lo que no hay recuerdo alguno es del lugar del cementerio, no habiéndose encontrado tampoco lápidas, aparte de la ya citada y de otra que se encontró en la muralla, en la plaza de Sant Joan.

Pero la ruta turística judía por Tortosa tiene que lle­var necesariamente al lugar en el que se celebró la lla­mada Disputa de Tortosa, entre los años 1413 y 1414, convocada por Benedicto XIII, en la que se pretendía que el converso Jerónimo de Santa Fe convenciera a los ra­binos para que se convirtieran a la fe cristiana. Tal dis­puta tuvo lugar en la sala capitular de la catedral, en la actualidad Aula Mayor, en la calle de Les Taules Velles, junto al claustro catedralicio. Se asegura que las sesiones celebradas fueron 80 y que de esta manera se con­cretó y se hizo realidad el viejo y anhelado sueño de Ra­món Llull.

En la catedral lucen de modo muy especial su reta­blo mayor de Santa María, políptico de madera policromada de 1351, el retablo de la Transfiguración, el tapiz medieval de la Santa Cena, claustro, capilla de la Madre de Dios de la Cinta y Museo Catedralicio. El cole­gio de Sant Lluís es renacentista, con magnífico patio cuadrado con tres niveles de arcadas. El monasterio de Santa Clara posee hermoso claustro gótico. El castell de la Suda o de San Joan, fue construido en el siglo x y de su antigua fortaleza se conservan restos importantes. El Palau Episcopal es otro de los edificios góticos construi­dos en el siglo xin de singular relieve y en él destaca su sala y capilla góticas. El Colegio de Sant Jordi i Sant Doménec conserva bella fachada renacentista. En la igle­sia de Sant Doménec está instalado hoy el Museu Arxiu Municipal. Del siglo xv data el Palau Olivér de Boteller. Del mismo siglo es también el Palau Despuig.

Los alrededores de Tortosa proporcionan a los visi­tantes multitud de oportunidades para disfrutar de atrac­tivos turísticos con dimensión y sentido ecológicos, pro­pios de un turismo culto y de calidad, que se abre paso cada día más crecientemente.

Valls

De la importancia social que de siempre tuvieron los judíos en Cataluña hay clara y documentada constancia ya desde la promulgación del Primer Código Legal del Principado Els Usatges de la Cort de Barcelona concreta­do en su forma definitiva en 1150 y en muchas de las «Constitucions» sancionadas posteriormente por las Corts Generáis. En estos documentos oficiales se les tie­ne en cuenta y hasta el signo de la firma autógrafa de Selomo Bonafós, tesorero de Cataluña, en un documen­to otorgado en Barcelona el 17 de marzo de 1234 prece­den al signo y a la firma autógrafa del rey Jaime I y de varios magnates.

Las juderías fueron muy florecientes en la región ca­talana, con mención en esta ocasión para la de Valls, población situada en la importante ruta comercial cata­lana de Lleida a Tarragona. El barrio que ocuparon los judíos sobre todo en sus años más esplendorosos, y an­tes de su destrucción el día 5 de agosto de 1391, está to­davía bien definido. De la calle de L’Església, que en la antigüedad era conocida como de Vilaclosa, parte la ca­lle Deis Jueus, que era el eje urbanístico de la judería. De ella muy ondulada parte la calle del Cali, que tam­bién va a coincidir con la de L’Església. Calles cercanas, con carácter acusadamente judío, son también las de Simó y de la Carnisseria. En su confluencia existió hasta bien entrado el presente siglo un arco gótico, que podía servir para defensa del barrio, para interceptar el paso por la calle a los ajenos al mismo o para aislarlo. Pese a las repetidas referencias que hay en relación con el lu­gar en el que se ubicara la sinagoga, en la actualidad se ha perdido cualquier recuerdo de la misma. El patio de la Scola Juderoum o Escola deis Jueus puede correspon­derse con el hoy existente en el número 18 A de la calle Deis Jueus. Del cementerio o Fossar deis Jueus sólo que­da el recuerdo, pudiendo haber estado fuera de las mu­rallas al lado de la carretera que conduce de Valls a Ta­rragona.

La estancia en Valls hay que aprovecharla turística­mente para visitar la capilla del Roser con sus plafones de azulejos vidriados, así como la iglesia parroquial de Sant Joan Baptista con la imagen de la Mare de Déu de la Candela, del siglo xm. Hay que visitar también el Tea­tro Principal y el antiguo convento capuchino de la Mare de Déu del Lledó o del Lledoner y otras iglesias barro­cas. El Pati es la plaza que se asienta sobre la que fue patio de armas del Castell de L’Arquebisbe. Bellas escul­turas de Esteve Monegal y de Josep Busquets decoran los aledaños del castillo. También hay que prestarle atención cultural y turística al Antiguo Hospital, a la Casa de la Ciutat situada en plaza porticada, al monumento a Narcís Oller, a las magníficas casas de veraneo del «bocs del Valls» y al Museo de la Ciutat, con notable colección de arte catalán de los siglos xix y xx y colecciones de arqueo­logía y restos medievales.

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Con carácter también judío pueden dirigirse los pa­sos hacia L’Aleixar, cuya población judía en el siglo xiv fue considerable y cuyas casas se ubicaban en la calle del Forn, paralela a la muralla y que llega a la plaza de la Villa. El cementerio parece haber estado situado en el camino de Les Borges del Camp, lugar que es conocido todavía como Fossar deis Jueus. En L’Aleixar hay que admirar la iglesia barroca de Sant Martí en la que desta­ca el retablo del altar mayor y su órgano.

También desde consideraciones judías merece colo­car el punto de destino en Falset, villa con interesante núcleo y numerosas casas antiguas, portales abovedados de los siglos xvii y xvm y calle notable con amplios sec­tores de la misma cubiertos. Contó con aljama, aunque muy reducida y parece que el Cali está formado por las calles de Mosén Francesc Mestres y por la de Lluc, que unen la de Baix con la de Dalt, cerca de la llamada plaza Vieja y el Ayuntamiento. La sinagoga es tradición que se encontraba en el número 10 de la calle de Mosén Fran­cesc Mestres. Cerca, en la calle de la Font del Forn, se encontró una lápida judía muy fragmentada que hoy se exhibe en el Museo de Falset i Comarca. En el camino viejo de Porrera fue asimismo hallada otra lápida frag­mentada, que hoy se guarda en la iglesia de Santa Tecla la Vella, de la ciudad de Tarragona. Falset cuenta con monumentos de gran interés artístico y monumental, como el Castell con su perímetro amurallado y parte de edificaciones del siglo xn. La iglesia de Santa María es edificio barroco neoclasicista del siglo xvin. El pala­cio renacentista de los condes de Prades es hoy el Ayun­tamiento. La Casa Gran se rehizo en el siglo xvm sobre una antigua edificación y hoy es sede central del centro de Estudis Falsetans. El Portal del Bou y parte del Portal deis Ferrer, son restos de las antiguas murallas.

No lejos de Valls se halla el Monasterio de Santes Creus, que merece una y varias visitas aún desde el pun­to de vista de sus recuerdos judíos. Resaltan en él su gran claustro gótico, la iglesia del monasterio, sala capitular, el dormitorio, torre de Les Hores, cocina, refectorio, pa­lacio real, palacio abacial, casa de Les Barques, capilla románica de la Trinitat, museo, plaza de San Bernardo, Portal Real o de L’Assumpta, fuente monumental, anti­guo palacio del Abad, iglesia de Santa Llucia.

 
 
 

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