Comunidad Valenciana

 

Los topónimos con referencias judías son muchos en la Comunidad Valenciana. También fue de gran interés la labor realizada por San Vicente Ferrer en pro de la conversión del pueblo hebreo, sin escatimar medio algu­no para conseguirlo, incluidas las intolerancias. El he­cho de haber nacido el santo en la ciudad de Valencia le confirió una autoridad mayor y más popular a su predi­cación, avalada también por la presencia en Peñíscola de Benedicto XIII, quien fue en gran parte el inspirador de las Discusiones de Tortosa, que durante un par de años le confirió carácter tanto teológico y doctrinal como po­lítico y social en todos los niveles de la convivencia. Al­gunos resaltan el hecho de que precisamente el solar en el que en Valencia estuviera instalado el cementerio ju­dío, que fue donado por Fernando el Católico a las mon­jas de Santa Catalina de Siena, fue elegido por El Corte Inglés en la actualidad para asentar sobre el mismo sus instalaciones comerciales. De la judería de Xátiva se ha­llan en El Cairo diversos manuscritos sinagogales.

Con Mar de Levante

(Castelló, Valencia y Alacant)
http://youtu.be/dKLo1k9NBvM

Orihuela

El Papa Honorio I envió una extraña misiva a los obis­pos visigodos de España reunidos en el Concilio VI de Toledo el año 638, en tono casi insultante porque creía que el comportamiento de la iglesia española en relación con los judíos era excesivamente complaciente. Recrimi­nando la blandura de la política seguida con ellos llega a llamar a los obispos «perros sin fuerza para ladrar». Daba la impresión de que el sector moderado de la iglesia re­presentado por San Isidoro de Sevilla y San Braulio de Zaragoza, no era del agrado del Papa romano que exigía para los judíos conversión o muerte, y no bautismo o destierro tal y como habían postulado y decretado estos obispos.

 

Esta ocasión tan lejana en el tiempo por ser de la igle­sia visigoda parece haberse impuesto en la judería de Orihuela, que gozó de cierta prosperidad en el siglo xiv, pero que en 1391 «casi todos los miembros de la misma se bautizaron y los que no, se fueron».

La judería se ubicaba en las calles hoy conocidas con los nombres de Guardia Flores, plaza Caturla, Doctor José María Sarget, San Miguel, plaza de El Salvador, Timor, Comedias, Rosa, Subida de San Miguel… El lugar se en­cuentra al abrigo de la Peña, donde se construyó después el seminario de San Miguel. Disponía de cuantas condi­ciones exigía la aljama para encontrarse convenientemen­te resguardada y al abrigo de posibles asaltos y persecu­ciones. Pese a ello, la persecución del año 1391 le supuso un definitivo golpe a la judería de Orihuela en cuyos ana­les quedó para siempre descrita con letras de sangre la tragedia que tuvo que soportar el día 15 de julio del mis­mo año al ser saqueada, al igual que las demás juderías del Reino de Valencia, con excepción de la de Sagunto, por haberse refugiado todos sus miembros en el cercano castillo, defendidos con todas sus consecuencias por las autoridades eclesiásticas y civiles.

En conformidad con los datos y las estimaciones exis­tentes, la judería de Orihuela era una de las considera­das como de las menores, rondando su censo las doscien­tas personas. Acerca del lugar en el que se encontraba su cementerio lo único que nos es dado señalar es que ciertamente hay constancia del mismo, pero que en la actualidad no se conserva ni siquiera su recuerdo. Se dice que, con la expulsión, fue convertido en huerto y se ci­tan los nombres de sus primeros propietarios, pero no queda resto alguno del mismo. De idéntico modo se re­fieren topónimos con relaciones y denominaciones judías, como en el caso del Pozo de la Judía del cual tampoco queda resto alguno. La estancia en Orihuela por moti­vos judíos podría aprovecharse para visitar en Elche, en las proximidades de Alcudia, un recinto que bien pudo ser una sinagoga, correspondiente además a los siglos iv o vi. De la supuesta sinagoga quedan unos res­tos y, sobre todo, una lápida —menorá— que se encuentra en el Archivo Histórico y Biblioteca Pública de Orihuela.

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El patrimonio histórico de Orihuela es muy amplio y cinco de sus grandes edificios están declarados monu­mentos nacionales. El convento de Santo Domingo cons­tituye una auténtica joya del renacimiento. Fue Univer­sidad desde 1610 hasta principios del siglo xix. Cuenta con dos magníficos claustros. La iglesia es barroca. Des­taca en su refectorio un conjunto único de azulejería. La Puerta de Crevillente es uno de los pocos retazos que quedan de la antigua muralla. La catedral de San Salva­dor se inició en el siglo xiv, sobre el solar de la mezqui­ta. Es obra originariamente gótica, con tres portadas: dos góticas y una renacentista. Destacan una espléndida rejería del siglo xvi y la decoración helicoidal de las ner­vaduras de la cubierta. Su claustro es probablemente del siglo xvi, originario del convento de los Mercedarios. El Palacio Episcopal es obra barroca y reclaman atención particular su claustro y su escalera. La iglesia de Santa Justa y Rufina es gótica, con fachada renacentista una, y otra barroca. Su bella torre gótica es de planta cuadrada con un conjunto muy interesante de gárgolas y artística pila bautismal. La iglesia de Santiago Apóstol fue tam­bién construida sobre una mezquita. Es de estilo gótico y fue construida en el siglo xiv. En el interior se guarda un rico tesoro de orfebrería religiosa y una imagen de la Sagrada Familia, obra de Salzillo. El santuario de Nues­tra Señora de Monserrate en el que se venera la imagen de la patrona de la ciudad hallada en ese mismo lugar en 1306, es del siglo xvin. El Real Convento de las Salesas alberga una rica colección de cuadros del pintor Vicente López.

Entre los edificios de carácter civil hay que citar el palacio del conde de la Granja, originario del siglo xvi. El palacio del marqués de Arneva, actual Ayuntamiento, presenta un magnífico escudo en la llamada esquina del pavo. Situado en la montaña de San Miguel, el castillo es de origen islámico y sus restos se corresponden con el período de los reinos de Taifas. Otros edificios de inte­rés son el palacio del marqués de Rafal, de Rubalcava, convento de San Francisco, convento de las Carmelitas, de San Juan de la Penitencia, Seminario y Teatro-Circo. La oferta museística es tan amplia que citamos tan sólo el Museo Arqueológico Comarcal, Casa-Museo de Miguel Hernández, de la Reconquista y Etnológico. La Semana Santa está declarada de interés turístico.

Castellón

En la famosa carta apostólica firmada por el obispo menorquino Severo, dirigida «a los santísimos y beatísimos señores obispos, presbíteros, diáconos y a la universal fraternidad de todo el orbe de las tierras. Seve­ro, obispo, necesitado de la misericordia de Dios y el úl­timo de todos, salud eterna», da cuenta ya en el siglo v de las persecuciones a las que él mismo sometía a los judíos en tiempos de los visigodos. Con verdadera vana­gloria expresa así sus sentimientos después de haber sido destruida la sinagoga de Mahón, a cuya acción él mismo contribuyó poniéndose al frente de la muchedumbre de cristianos: «Destruida la sinagoga, para espanto así de todos los judíos, con himnos nos dirigimos a la iglesia. Y dando las gracias al causante de nuestra victoria, con llantos suplicábamos que el Señor asolase los auténticos antros de la perfidia y que la luz abriera la infidelidad de sus tenebrosos corazones».

Situaciones similares a estas, y en todos los tiempos, fueron vividas trágicamente por los judíos en cualquiera de sus aljamas, por lo que también la de Castellón no pudo escapar de ellas. Es tradición que el barrio judío castellonense se hallara en el círculo urbanístico com­prendido por las calles del Doctor Briau, plaza de las Aulas, Antonio Maura, Enseñanza, Caballeros, Mayor y Gracia. Hay constancia de que la calle de Caballe­ros aun en el siglo xvn es llamada todavía Carrer de la Juhería.

 

Las continuas y profundas transformaciones urba­nísticas experimentadas en Castellón de la Plana en los últimos tiempos han borrado cualquier recuerdo de la ju­dería, por lo que resulta prácticamente imposible imagi­narla siquiera. Idéntico juicio hay que emitir en relación con la ubicación de la sinagoga. A lo más que llegan los historiadores es a aventurar que pudiera ésta haberse si­tuado en la actual calle de Enseñanza que en tiempos pasados se llamó del Empedrado.

Mejor suerte corrió la localización del cementerio, dado que es casi seguro que, en conformidad con los documentos existentes en los Libros del Archivo, se en­contraba fuera de la villa castellonense, y más concreta­mente en las calles de detrás de la plaza de Clavé.

La judería de Castellón no era de las más numerosas, sino que la población de su censo apenas sí alcanzaba las 200 personas, de un total de 4.000 que pudieran muy bien haber constituido el número total de judíos existen­tes en el Reino de Valencia, mientras que en la capital valentina llegaban a ser unos mil. La judería de Caste­llón no se vio libre de las destrucciones padecidas por muchas de ellas en 1391, habiendo constancia que sólo en Valencia morían el 9 de julio de ese año 250 judíos.

En torno a la plaza Mayor de Castellón se sitúan los principales monumentos antiguos, con mención especial para la concatedral de Santa María, de estilo neogótico y cuya construcción original fue del siglo xi, habiendo sido después destruida. Conserva una bella imagen de la Inmaculada, del siglo xvni, varios lienzos de los siglos xvn al xrx, algunas tallas barrocas y una gran cruz de plata del siglo xvi. La torre del campanario es popularmente conocida como El Fadrí —el soltero— y data del siglo xvi.

La basílica de la Mare de Déu de Lledó alberga la imagen de la patrona de Castellón. El ayuntamiento es de estilo toscano, construido en el siglo xvn, con buenos cuadros de pintores castellanenses y un lienzo de San Roque atribuido a Ribalta. El Palacio Episcopal resulta de interés, con bella azulejería. En el convento de las Agustinas hay una colección de cuadros atribuidos a Zurbarán. En Castellón merecen consideración artística divesos edificios de estilo modernista, como el de Correos y el Paseo Ribalta con su popular farola, flanqueado por lujosas casas del siglo xix.

Son muchas las excursiones que pueden efectuarse desde Castellón, con mención para Benicasim y su de­sierto de las Palmas, paraje natural en el que se acogió el convento de Carmelitas en el siglo xvm, con iglesia, y museo.

No lejos se encuentra Oropesa del Mar con su ba­rrio antiguo medieval y su iglesia parroquial con la ima­gen de la Virgen de la Paciencia. Peñíscola —península en castellano antiguo— fue el lugar en el que estableció su corte pontificia y murió el Papa Luna. Está rodeada de murallas y su edificio más importante es el castillo templario del siglo xm. La iglesia parroquial data del si­glo xiv, con notable tesoro de piezas litúrgicas del tiem­po del Papa Luna.

En Sant Mateu, capital de la comarca de El Maestrat y en la misma provincia de Castellón, se celebraron al­gunas reuniones de Tortosa, que fueron presididas por Jerónimo de Santa Fe, judío convertido por San Vicente Ferrer y médico de Benedicto XIII. El presidente tuvo contradictoriamente especial interés en obligar a los ju­díos a reconocer que el Mesías ya había venido y a que los rabinos renegaran del Talmud, si bien podían con­servar su fe. Al no acceder a ello, fue promulgada una bula por la cual eran confiscados todos los ejemplares del Talmud y se decretaba el cierre de la mayoría de las sinagogas, prohibiéndoseles el ejercicio de algunas pro­fesiones, teniendo que llevar distintivos y escuchar tres sermones al año. Hay que hacer constar que las princi­pales profesiones judías, eran las de recaudadores de impuestos, prestamistas, comerciantes, traductores, mé­dicos y funcionarios. Los oficios artesanales más frecuen­tes eran los relacionados con telas y joyas, como plate­ros, tejedores, zapateros, tintoreros, peleteros… De ahí que la mayoría de los apellidos existentes hoy en España relacionados con oficios, lo sean de familias judías. Hay que hacer constar asimismo que los judíos, por serlo, habrían de pagar un impuesto especial y que ellos mis­mos eran propiedad de la Corona, de tal manera que la multa por herirlos o matarlos no habría de ser abonada a sus propias familias, sino al mismo rey.

Borriana-Vila-real

El comportamiento y la política seguida por el rey Jaime I en relación con los judíos fueron sistemáticamen­te favorables. Consta que este rey hizo llamamiento a los judíos de Marsella y del Norte de África para que cola­boraran con él en su política repobladora, concediéndo­les terrenos y propiedades y aun eximiéndoles de deter­minados impuestos. Incorporó asimismo a algunos judíos a puestos de importancia en su reino, pese a que tanto las decisiones de algunos Papas de entonces como de los reyes castellanos no armonizaban con el comportamien­to del rey de Aragón.

Los judíos de Borriana en la actual provincia de Castellón, reflejan en el desarrollo de su propia jude­ría la política seguida por Jaime I, con sus correspon­dientes altibajos. La localización de la judería parece coincidir con el Portal de Tortosa, con inclusión de la calle hoy conocida como de la Mare de Déu deis Desamparats y la calle de Santa Teresa, que por cierto en tiempos pasados era conocida como de la Carnissería deis Jueus. En tiempos mucho más anteriores, es decir, en plena Edad Media, su denominación fue simplemen­te Juhería. También con el nombre de la Sangre fue a veces conocida.

Tal y como aconteció en tantos otros pueblos y ciu­dades, la localización de la sinagoga no resulta difícil puesto que pudo haberse correspondido con la calle de la Sangre, en la que por cierto y hasta tiempos relativa­mente recientes se hallaba una ermita con el título de La Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Su localización más concreta seguramente era la confluen­cia de la calle de la Sangre —la Mare de Déu deis Desamparáis— con la calle Mayor.

Nada se sabe acerca de la localización del cemente­rio judío de Borriana. La única y lejana referencia que queda es la denominación de un lugar conocido como Ull deis Jueus que hoy se identifica con el Ull del Pont.

En la población castellonense de Vila-real hay tam­bién una calle que llevó siempre el nombre de La Ju­dería, pese a las vicisitudes propias de los cambios po­líticos y de las mentalidades, en uno de los cuales fue denominada de San Luis. Una puerta de la muralla fue conocida como Portal deis Juheus, cambiando posterior­mente el nombre por el de La Sangre de Jesucristo o de la Sangre, al igual que otros lugares. También hubo una ermita consagrada a la Sangre de Jesucristo, que podría identificarse con la sinagoga, tal y como algunos han asegurado.

La ruta judía podría incluir también la visita a la ciu­dad episcopal de Segorbe, cuya judería podría haberse encontrado en las calles adyacentes a la plaza de las Monjas y a la del Obispo Ahedo. Pero no queda resto al­guno, aunque sí el dato de que esta judería tenía sinago­ga.

En el casco antiguo de Borriana destaca la iglesia parroquial con ábside gótico.

Vila-real es la segunda ciudad en importancia en la provincia de Castellón y en ella destaca la iglesia arciprestal, del siglo xvni, que guarda en su interior obras de Pablo de San Leocadio y Juan de Juanes, así como una bella colección de orfebrería gótica. Es de gran inte­rés su plaza porticada. Se hace necesaria la visita a la iglesia de la Sangre, con elementos góticos y también a la iglesia de San Pascual Bailón, construida en honor de este santo, que precisamente murió en esta población. En las afueras de Vila-real, en un recodo del río Mijares, se halla el ermitorio de la Mare de Déu de Gracia.

 

Onda reclama una visita y no solamente por sus al­rededores judíos, sino también por ser un centro tradi­cional de cerámica popular y de azulejos. De origen moro, se conservan las ruinas de un castillo que fue plaza fuer­te y que es conocido como el de Las Trescientas Torres. Su casco urbano es netamente árabe. La iglesia parro­quial es de estilo barroco y la iglesia de la Sangre fue construida sobre antiguo hospital, de estilo gótico-mu­dejar. Se conserva el portal de San Pedro, antigua entra­da a la ciudad fortificada.

Pasando por Valí de Uxó, con sus cuevas de San José y su río subterráneo navegable, se puede llegar a Segorbe, una de las sedes episcopales más antiguas de España, con su catedral de estilo gótico y claustro del siglo xiii. La capilla de San Salvador procede de la car­tuja Valí de Crist. El museo de la Catedral guarda una buena colección de la escuela de pintura valenciana primitiva y un relieve de la Virgen de La Leche, escul­pido en mármol blanco de Carrara, atribuido a Donatello. Hay que ver también el convento de los Mercedarios, igle­sias de San Pedro y de la Sangre, muralla medieval, to­rre del Botxí, arco de la Verónica, torre de la Cárcel, manantial de la Esperanza y la Fuente de los Cincuenta Caños.

Valencia

El tema de los distintivos discriminatorios en los ves­tigios de los judíos preocupó mucho y durante tiempos muy largos a la aljama de Valencia, cuyos miembros ha­bían de llevar una señal redonda roja en el pecho y que por supuesto les planteaba problemas muy graves, sobre todo a los que por oficio habrían de desplazarse a otros lugares por motivos de negocios, dado que en el camino podrían ser asaltados. Por eso en 1419, el rey Alfonso V llamado precisamente El Magnánimo, los liberó de la obligación impuesta por los cánones conciliares y portificios y por las leyes civiles, reduciendo su uso al lugar de sus residencias.

 

La ruta por la Valencia judía hay que hacerla coinci­dir en gran parte con los lugares más representativos de la vida de San Vicente Ferrer, santo valenciano cuyos comportamientos en relación con los hebreos hay que interpretarlos a la luz del misterio y de algunos criterios de la época, que no siempre, y en conformidad con los actuales, pudieran presentarse como ciertamente evan­gélicos, dado que sus predicaciones siempre estaban acompañadas de sangrientos episodios de persecución y, a veces, de muertes masivas de judíos.

Los límites de la judería valenciana fueron fijados ya en 1245 y en 1275. Se encontraba en la jurisdicción de la parroquia de Santo Tomás, quedando cercada por un largo y sinuoso muro, uno de cuyos lugares más céntri­cos y significativos recibe precisamente el nombre de plaza de San Vicente Ferrer. El muro tenía varias puer­tas, dando la principal a la actual calle de Zaragoza. El crecimiento de la judería obligó a su ampliación, por lo que el ancho perímetro de la aljama incluiría las calles y plazas siguientes: Luis Vives, Avellanas, Cardona, Mar­qués de Dos Aguas, Castellvins, La Paz, Ruiz de Lihory, San Cristóbal, En Sala, Medines, plaza del Colegio del Patriarca, Libreros, Cruz Nueva, Salva, Cardenal Paya, Martínez Degrain, Vidal y Cardona, Universidad, Las Comedias, Pollo, Puerta de la Xarea, El Milagro, Vestua­rio… Tanto el primitivo barrio judío, como su ampliación, sufrieron destrucciones diversas, por lo que la demarca­ción fue oscilante y hasta indecisa.

Las sinagogas sufrieron idéntico destino. Se sabe que fueron varias. De la llamada sinagoga Mayor se supone que estaría ubicada en la calle del Mar y que, habiendo sido convertida en la iglesia de San Cristóbal, desapare­ció también esta desde sus cimientos. También desapa­reció la iglesia de la Cruz Nueva en la plaza del mismo nombre y que habría sido otra sinagoga. El zoco judío se hallaba en la misma calle del Mar. Parece cierto que el cementerio se ubicaba dentro de las murallas de la ciu­dad, aunque fuera del muro de la demarcación de la al­jama, y más concretamente entre las calles del Pintor Sorolla y la de Don Juan de Austria. El local fue donado por Fernando el Católico a las Monjas de Santa Catalina de Siena y resulta curioso que precisamente en este so­lar se haya hoy instalado El Corte Inglés.

Entre tanto como hay que ver en Valencia resaltamos en esta ocasión los monumentos siguientes: palacio de la Generalitat con artesonados renacentistas con oro. El Miguelete, signo representativo de la ciudad, fue cons­truido en el siglo xiv y es el campanario de la Catedral. La Lonja es de estilo gótico con detalles renacentistas y en su famoso salón de columnas helicoidales se realizan numerosas exposiciones: la techumbre del Salón del Con­sulado es de especial interés. La torre de Serranos es del siglo xiv y originariamente formaba parte del sistema de defensa de la ciudad. Las torres de Quart, son del siglo xv y era una de las puertas de la muralla que daba ac­ceso a la ciudad. El mercado central, de estilo moder­nista, es uno de los mayores de Europa. La catedral metropolitana es compendio de varios estilos: romá­nico en la puerta del Palau, gótica en la de los Após­toles, capilla del Santo Cáliz, cimborrio y la famosa torre del Miguelete, renacentista en algunas capillas y barroco en el presbiterio y puerta principal. La Real Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados, está dedicada a la patrona de la ciudad, y es lugar de devo­ción popular. Su interior está cubierto con una bóveda pintada al fresco por Palomino. La imagen es de estilo gótico.

El patrimonio cultural de Valencia es muy rico. La oferta museística es amplia y variada. Entre los museos citamos el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), el Museo de Bellas Artes, Museo Nacional de Cerámica, Museo de la Catedral, Museo Paleontológico, Museo del Patriarca, Museo de la Prehistoria, Museo Taurino, Mu­seo Fallero, Centro de Artesanía de la Comunidad, Mu­seo Histórico Municipal, Casa-Museo José Benlliure, Museo Marítimo Joaquín Saludes, Museo de la Ciudad Palacio Marqués de Campo… La Ciudad de las Artes es un colosal y moderno monumento a la cultura al servi­cio del pueblo.

Sagunto

De la judería de Sagunto son muchas y antiguas las noticias que se tienen. El rey Jaime I ordenó en 1228 que al bayle y a los jueces de Murviedro que impusieren a los judíos una larga túnica o cualquier otro vestido que les llegara hasta el suelo, de color oscuro y que llevaran en el pecho una señal redonda roja, al igual que los judíos de Valencia. En ocasiones, les había sido ordenado que portaran una señal amarilla y un sombrero redondo. En 1283 prescribió Pedro III de Aragón que también los ni­ños a partir de los diez años fueran portadores de una capa redonda, costumbre que había sido impuesta en Barcelona…

Acerca de la antigüedad de la judería de Sagunto se asegura que en tiempos de los visigodos ya había alcan­zado cierta importancia. Se asegura sobre todo que cier­tas inscripciones hebreas halladas en los alrededores del castillo de Sagunto pueden pertenecer a épocas aun an­teriores a la fundación de la ciudad romana. En una de ellas podría leerse «Elevad vuestra endecha con voz afli­gida/a un gran príncipe a quien Dios llevó». En otra: «Este es el sepulcro de Adoniram, tesorero del rey Salomón, que vino a cobrar el impuesto y murió». No obstante, son muy serias las dudas acerca de la autenticidad de esta última inscripción que, en definitiva, lo único que pre­tendía era reafirmar la presencia de este pueblo en Es­paña desde tiempos antiguos.

La de Sagunto es una de las juderías que mejor con­servan la configuración de su propio recinto. Su entrada se corresponde con el Portalet de la Sang, que en tiem­pos medievales era conocido como el Portal de la Jude­ría. El barrio judío se correspondería con las calles que en la actualidad tienen los nombres siguientes: Pedro Cartagena, Teatro Romano, Segovia, Sang Vella, Casti­llo, Queralt, Antígones, Ramos, Pelayo… La cercanía al castillo explica la necesidad de protección que tenían los judíos, a cuya sombra harían siempre lo posible por si­tuar sus viviendas.

En relación con la localización de la sinagoga hay que manifestar que seguramente ella fue convertida en la igle­sia de la Cofradía de la Sangre de Cristo que, aunque desaparecida, hay alusiones veraces a ella, pudiendo muy bien haberse situado en la confluencia de las calles Sang Vella y Segovia.

Sobre el cementerio judío se señala que se encontra­ba en las proximidades del castillo a muy pocos metros de la muralla del antiguo castro. Al haber sido descubier­tas en esos lugares unas cuantas lápidas y conservarse estas en el Museo Arqueológico de Sagunto, la ruta ju­día por esta población deberá concluir en este museo. A Benavites fueron también a parar otras lápidas del cementerio, una de las cuales fue utilizada en la cons­trucción de una torre a pocos metros del suelo, pudien­do leerse su texto, viéndose también otras en la parte más alta de la misma torre.

La historia de Sagunto es la historia de muchas cul­turas. De casi todas las que pasaron alguna vez por Es­paña, ya desde los remotos tiempos de la Edad del Bron­ce. Los griegos, los fenicios, los cartagineses con Aníbal a la cabeza, los romanos, los godos, los bizantinos, los árabes, los judíos, los cristianos… pasaron por Sagunto dejando sus huellas, en una población que se denominó Murvedre con referencias a Muri Veteres o «muros vie­jos» de la Edad Media. Fue conquistada por el Cid Cam­peador en 1098.

La ruta histórica se hace simultáneamente turística en sus 2.000 años de existencia y nos lleva a su castillo ubicado en la Sierra Calderona, cuyos restos se extien­den más de dos kilómetros y fueron testigos de las bata­llas que sostuvo Aníbal contra los romanos. El castillo está dividido en siete plazas: de la Almenara, de Armas, de la Conejera, de la Ciudadela, del Dos de Mayo, de San Fernando y de Estudiantes.

El Teatro Romano se construyó en el primer siglo y en él se siguen celebrando acontecimientos y espectácu­los artísticos. El Calvario es el escenario de la represen­tación de la Pasión y Muerte del Señor en la madrugada del Viernes Santo. En su parte alta se encuentra la ermi­ta de la Soledad, obra del artista Santiago Rusiñol. Adosados a la iglesia de Santa María, junto al ábside, se hallan los restos del templo de Diana, formados por gran­des megalitos de piedra caliza. Su construcción data del siglo V a.C. y fue salvado de la destrucción decretada por Aníbal. La iglesia de Santa María es edificio típico del gótico ojival valenciano, del siglo xiv. Con tres puertas de entrada —dos de ellas góticas y otra barroca—, está declarada monumento nacional.

La iglesia del Salvador es también buen ejemplo del gótico valenciano primitivo. Data del siglo xni, de los tiem­pos del rey Jaime I. Su ábside es poligonal con bóveda de crucería. La ermita de la Sangre fue construida a prin­cipios del siglo xvn, de estilo barroco. En la cúpula están representadas las escenas de la Pasión y Muerte de Cris­to. En el interior se conservan los pasos de la Semana Santa, cuyo origen se remonta al siglo xv. El barrio de la judería es motivo turístico por todos sus costados, con su Portalet de la Judería o Portalet de la Sang. La sinagoga fue ocupada en 1492 por la cofradía de la Purísima San­gre de Nuestro Señor Jesucristo. El circo romano conser­va una de sus puertas en la calle de los Huertos, formada por sillares de gran tamaño. Su construcción es del siglo I d.C. Además Sagunto cuenta con diversidad de monu­mentos civiles, como la fachada del palacio de Delme, plaza Mayor porticada con su puerta del Almudín, Pala­cio Municipal y varias mansiones señoriales con escudos.

Xátiva

En la judería de Xátiva al igual que en tantas otras de España también el problema de la distinción externa entre cristianos y judíos se acentuaba con frecuencia y por multitud de circunstancias. La Ley de Las Siete Par­tidas reguló este tema de forma clara y precisa: «Muchos yerros et cosa desaguisadas acaescen entre los christianos et judiós et las christianas et judías, proque viven et mo­ran de so uno en las villas et andan vestidos los unos así como los otros… Tenemos por bien et mandamos que todos quantos judíos et judías vivieran en nuestro sennorío que trayan alguna sennal cierta sobre las cabe­zas que se ata porque se connoscan las gentes manifies­tamente qual es judío et judía. Et si alguno judío no le­vase aquella sennal, mandamos que peche por cada vegada que fuese fallado sin ella diez azotes públicamente por ello».

De la judería de Xátiva, del siglo xi, se hallaron en El Cairo diversos manuscritos sinagogales, que tam­bién procedían de otras juderías del Levante español. La de Xátiva llegó a ser, a pesar de las reducidas pro­porciones de su aljama, foco importante de cultura ju­día, con mención particular para la presencia en ella del cabalista Yosef Alcastiel. No son muchas las noticias que se tienen acerca del emplazamiento de la judería de Xátiva, entre otras razones porque esta ciudad fue des­truida una y otra vez, sobre todo cuando las tropas fran­co-españolas la conquistaron en 1707, tomando posesión de ella Felipe V, en la llamada Guerra de Sucesión. Es posible que la sinagoga estuviera en la ermita de Las Santas, en la que apareció un fragmento de yesería con inscripción hebrea. Esta ermita, ya desaparecida, se en­contraba en las cercanías del castillo, en la calle que se sigue llamando de las Santas, próxima al edificio del Almudí en el que está instalado el Museo Municipal que guarda una importante colección de obras de arte. Las calles de Santo Tomás y Grau podrían haber formado parte de la judería, de la que desaparecieron muchas de sus calles. En la Seo de Xátiva se conserva en la actuali­dad el referido fragmento de yesería con la inscripción hebrea.

De la judería de Xátiva se señala que, después de ha­ber sufrido las dramáticas consecuencias de los saqueos y destrucciones de finales del siglo xiv, logró resarcirse en parte, llevando sus miembros una vida de relativa ac­tividad sobre todo comercial, hasta que les llegó el De­creto de Expulsión de 1492 firmado por los Reyes Cató­licos, viéndose obligados a exiliarse sobre todo a ciudades italianas.

En época ibérica la población se llamaba Saiti. Los romanos la denominaron Saetabis. Durante la época visigótica tuvo obispado. En el siglo xi tuvo la primera fábrica de papel de Europa, hecho de paja y arroz, que todavía es conocido como papel «xativí». El rey Jaime I la conquistó en 22 de mayo de 1244. Nacieron en esta ciudad los Papas Calixto III y Alejandro VI. En 1591 na­ció también el pintor José Ribera, El Españoleto. El 24 de mayor de 1707 las tropas franco-españolas en la Gue­rra de Sucesión asaltaron la ciudad y la incendiaron.

El recorrido monumental por Xátiva incluye la visita a la iglesia de San Francisco, construida en el siglo xiv con una sola nave y siete capillas laterales. Es monumen­to nacional. La Fuente Real de San Francisco es barroca con elementos ornamentales rococós. La Casa de Diego conserva azulejería, forja, mobiliario y decoración origi­nales del siglo xix. El Palacio de los Mahiques Sanz, es del siglo xvn. Alberga en la actualidad la Casa de la Cul­tura. El Palacio del marqués de Montortal es ejemplar característico de palacio urbano medieval setabense, con fachada de piedra, largas dovelas y balconaje de forja con azulejería.

El Real Monasterio de Santa Clara fue fundado por la viuda del Almirante Roger de Lauria en 1325. Guarda piezas de orfebrería gótica y un cuadro de la Santa Cena, de Vicente López. En el palacio de Alarcó resalta la gi­gantesca volumetría, puerta dovelada y blasonada y el balcón corrido de forja, decorado con azulejos. La Fuen­te Real de la Trinidad fue construida en el siglo xiv, de estilo gótico. De la iglesia del antiguo convento de la Tri­nidad sólo perdura su espléndida portada flamígera. Merece atención y curiosidad la casa natal del Papa Alejan­dro VI —Rodrigo de Borja— que luce en su interior un arco escarzano de columnas jónicas. La Fuente Real de Aldomar es del siglo xvni, siguiendo modelos góticos. La iglesia Parroquial de San Pedro fue levantada en el siglo xiv, con excepcional artesonado mudejar, decorado con franjas polícromas, pámpanos y más de un centenar de escudos. En ella fue bautizado el futuro Alejandro VI. Hay que visitar además el ex-convento de San Onofre, la Fuen­te Real de los 25 caños, la colegiata basílica o Seo, con su Museo, Hospital Real y el Museo del Almudí, con lien­zos de Ribera, Reni, Mazo, Giordano, Vicente López, Benlliure y el famoso retrato de Felipe V, así como orfe­brería y piezas de arte suntuario. En el castillo resalta la Puerta del Socorro, la capilla de la Reina María con la tumba del conde de Urgel y Sala del duque de Calabria. Por la puerta de la aljama en la antigua ermita de Santa es fama que entrara Jaime I.

 

 

 

 
 
 

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