Extremadura

Típica casa y balcón

Hervás

(Foto M.A.Bejarano/Cortesía Oficina de Información Turística de Hervás)

 

Cuando la ciudad pacense se convirtió en capital de un reino beréber y alcanzó notable importancia en el si­glo XI, la judería creció considerablemente y son varios los documentos que se registran en los archivos de El Cairo, con mención para las actividades comerciales de los miembros de su aljama. Como dato referencial de la ubicación de su sinagoga se asegura que «era más arriba de donde está el colegio de la Compañía de Jesús». La judería de Mérida es posible que sea la más antigua del interior de la península ibérica. En tiempos visigodos está documentada la presencia de los judíos, aseverando al­gunos que también lo está en tiempos del emperador ro­mano Tito, en el siglo I. El pueblo de Segura de León, cuenta también con una judería, algunos de cuyos miem­bros fueron excepcionalmente ricos. En la provincia de Cáceres resalta de forma espectacular la población de Hervás —«en Hervás, judíos los más»—, con una de las juderías mejor conservadas de España y aún del extran­jero. La Ruta de las Juderías pasa y se detiene largamen­te en esta población en plena Ruta de La Plata.

Badajoz

La espera fue y es esencial en el judaismo. Durante el tiempo que enmarca nuestra visita a la España judía no podía haber sido menos. La paciencia judía a la hora sucesiva y permanente de esperar era más que reconoci­da por ellos y por el resto de los españoles. Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo en El Caballero Puntual, lo versifica de esta manera: «Cuéntame, Samuel, que ayer/, estuviste a visitarme,/y cansado de esperarme/te fuiste al anochecer./Mucho fue sin negociar/irte y vencer tu de-seo;/¿quién creyera en un hebreo/se cansara de esperar?». La esperanza en la venida del Mesías y en la liberación de su pueblo configuraban y configuran la vida de todos y cada uno de los judíos.

En la ciudad de Badajoz hubo un tiempo en el que tal esperanza fue mucho más fuerte en su judería, sobre todo cuando se concentraron en la población para pasar a Portugal por Elvas «Helves o Yelves» —unos diez mil expulsados, tal y como refieren los datos del cura de los palacios, Andrés Bernáldez, en su Crónica de los Reyes Católicos. Esta cifra es aún más ampliada por otras cró­nicas en las que se asegura que fueron 120.000 los ju­díos que pasaron a Portugal y que lo hicieron por Ciu­dad Rodrigo, Badajoz y Zamora.

La comunidad judía de Badajoz comenzó a asentar­se y a crecer a comienzos del siglo xi, cuando la ciudad pacense se convirtió en capital de un reino beréber que se extendía hasta la mitad de la Lusitania romana. La artesanía y el comercio, y éste con carácter hasta inter­nacional, eran sus actividades más importantes. En los archivos de El Cairo hay documentos que describen ac­tividades comerciales de los judíos de Badajoz con ciu­dades del Oriente.

Consta que los judíos pacensen vivieron algún tiem­pos en casas que eran propiedad del cabildo. A princi­pios del siglo xv podría rondar las 800 personas su aljama. Pese a que los judíos vivieron al principio diseminados por la ciudad, a mediados del siglo xv lo hacían ya la mayoría de ellos juntos, hasta formar un barrio en las cercanías del castillo en torno a la plaza Alta. Los histo­riadores refieren que tenían sinagoga y barrio y curiosa­mente dicen que «era más arriba de donde ahora está el colegio de la Compañía de Jesús», con lo que también en esta ciudad se confirma el dato de que los jesuítas eran muy proclives a ocupar lugares que hubieran estado próximos, o que hubieran pertenecido a los judíos.

 

El barrio judío o judería pacense se extiende además de la plaza Alta por las calles Encarnación, Norte, More­no Zancudo, San Lorenzo, Soto Mancera, parte de San Pedro de Alcántara, Brócense y Concepción Arenal, con las que también se identificó en un tiempo con el cono­cido como Barrio Chino, que fue otra de las característi­cas aplicaciones de las antiguas juderías. Rodeada de casas de canónigos y caballeros, una de las sinagogas estuvo emplazada en el castillo y la otra en la calle de San Lorenzo.

La ciudad de Badajoz alcanzó en la fragmentación del califato árabe extraordinaria importancia en la cultura, en la ciencia y en las obras públicas, incorporada al mun­do cristiano en 1230 por Alfonso IX. Su carácter de ciu­dad fronteriza le ha conferido a sus edificios y al talante de sus habitantes un estilo tolerante, mucho más que guerrero.

Entre sus monumentos destacan la catedral-fortale­za cuya construcción fue iniciada en el siglo xm, de esti­lo románico de transición al gótico, con elementos rena­centistas, con su magnífico coro de Jerónimo de Valencia, cercano a Berruguete, y bellos tapices flamencos del si­glo xvn en su sacristía, así como obras de Luis de Mora­les y las muestras de arte italiano de una Madonna con el Niño, relieve en alabastro de Desiderio de Settignano y una lauda sepulcral en bronce. La alcazaba es muestra excelente de la arquitectura árabe y ocupa la cima del monte. Se conserva la entrada, con las puertas del Capi­tal, de Carros, de Mérida y las torres de la Traición y del Alpéndiz o de Espantaperros, torre albarrana de planta octogonal, almohade, de tipo análogo o la de la torre del Oro de Sevilla. En el antiguo palacio de los duques de Feria, en la alcazaba, se instaló el Museo Arqueológico, rico en interesantes colecciones. En el Museo de Bellas Artes pueden contemplarse obras de Zurbarán, Morales, Felipe Checa, Eugenio Hermoso, Naranjo, Covarsí, Or­tega Muñoz. El grandioso puente de Palmas sobre el Guadiana fue construido con planos de Herrera, en 1596, asentado sobre pilares romanos, mide 582 metros de lon­gitud y tiene 32 arcos de medio punto, con dos torres al­menadas y escudo real de los Austrias. Además de las murallas almohades de la alcazaba, se extiende por par­te de la ciudad otra muralla construida con el sistema Vauban, de los siglos xvii y xvm y en ella son notables las puertas de Palmas, El Pilar y La Trinidad. Los parques de Castelar y de la Legión le confieren a la ciudad un sentido ecológico, artístico y equilibrador. Mención es­pecial reclama el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC).

Mérida

La judería de Mérida es posiblemente la más antigua del interior de la península ibérica en la que hubo regis­trado judíos. Una inscripción latina procedente de Mérida —la Emérita Augusta romana— fechada en el siglo n hace alusión al nombre de un cierto Justinus, de Flavia Neápolis, que es la ciudad de Siquem de la Biblia. Este nombre y el de otros aparecidos en lápidas de los siglos ni y iv son netamente judíos. En tradiciones antiguas se recogen asimismo las impresiones de grupos de judíos que fueron deportados desde Jerusalén a Mérida con oca­sión de la destrucción del segundo templo de Jerusalén en tiempos del emperador romano Tito en el siglo i. Se citan algunas familias judías asentadas en Mérida y Cór­doba cuya procedencia era precisamente de este tiempo. La presencia de los judíos en Mérida está también ates­tiguada en los tiempos visigodos por otra lápida pertene­ciente a los siglos v-vn y en la misma biografía del arzobis­po emeritense Masona. En los tiempos de la dominación musulmana fueron muchos los judíos de Mérida y de gran predicamento civil y político entre los de su raza en el resto de España, de tal modo que los dirigentes de su aljama ejercían fuerte influencia sobre las demás. De Mérida son originarios el poeta hebreo Yosef Ibn Abitur y los Ibn Albalía, astrónomos y talmudistas.

 

Los recuerdos judíos de Mérida, al igual que los de tantas otras poblaciones españolas, son muy reducidos y además indecisos en lo que hace referencia a su ubica­ción. Parece ser cierto que la sinagoga fue reconvertida en una iglesia dedicada a Santa Catalina —otro nombre tan relacionado con los recuerdos judíos— que por cier­to estuvo en la calle del mismo nombre junto al templo de Diana y que fue derribada hace tan sólo unos años. Las calles del mismo nombre de la santa virgen y mártir alejandrina, parte de la calle de Santa Eulalia, Berzocaba y parte de la de Romero Leal, podrían haber constituido el epicentro de la judería de Mérida. Acerca del osario-cementerio judío parece haber estado situado cercano al lugar conocido como Pancaliente, en el que también hubo un molino y que se encuentra en la orilla del río Guadia­na, entre el puente nuevo y el de hierro, no lejos de la desembocadura del río Albarregas, de tanta tradición y arqueología romana.

La ruta judía habrá de tener en cuenta las lápidas encontradas en los alrededores de la población que hoy ha vuelto a ser nominada capital de Extremadura, al igual que cuando lo fue de la provincia romana de la Lusitania. Estas lápidas se guardan en el Museo Sefardí de Toledo y en el Museo Arqueológico Nacional. En las excavacio­nes del anfiteatro romano se encontró también en 1925 una sortija-sello con inscripción hebrea, pero de cuya existencia no se sabe nada en la actualidad, si bien pare­ce ser que estaba fechada en el siglo xiv.

La actual ciudad de Mérida debe su origen a una tí­pica fundación imperial romana. El legado de Augusto, Publio Carisio, la fundó por orden del emperador el año 25 a.C. para asentar a los soldados veteranos de las le­giones V —Alaudae— y X —Gémica—, como premio a sus buenos servicios. Aun en el siglo iv el poeta Marco Ausonio en su obra Ordo Nobilium Urbium la sitúa en el noveno lugar entre las diecisiete ciudades más importan­tes del mundo romano. Mérida es una especie de pequeña Roma y en la actualidad es capital política de la Co­munidad Autónoma de Extremadura, con todo lo que ello lleva consigo, entre otras cosas la restauración y acondi­cionamiento de importantes monumentos que están sien­do aprovechados para los diversos organismos de tan alto rango ciudadano, reviviendo en cierto sentido la condi­ción capitalina que ostentó en la época romana.

Hay mucho que ver y que admirar en Mérida. La sola enumeración de sus atractivos turísticos-culturales alar­ga o multiplica necesariamente la estancia en Mérida, dotada hoy de buenos accesos desde Madrid y desde cual­quier otro punto de la Ruta o Vía conocida internacio-nalmente como Ruta de la Plata. He aquí algunos de sus monumentos más representativos: Museo Nacional de Arte Romano, Arco de Trajano, Parador Nacional Ruta de la Plata, ubicado en el templo romano de la Concor­dia, después Convento de Jesús; muralla, acueducto de Los Milagros, puente sobre el río Albarregas, pantano romano de Proserpina, iglesia de Santa Eulalia, con su templo de Marte acondicionado para esta mártir emeritense; acueducto romano de San Lázaro, circo ro­mano, iglesia de Nuestra Señora de la Antigua, monu­mento a Santa Eulalia, Termas, Casa Romana, muralla romana, columbarios, anfiteatro romano, teatro romano, casa romana del Mithraeo, alcazaba conventual, puente romano sobre el río Guadiana, con 762 metros de longi­tud y 60 arcos; palacio de Burnay (Hotel Emperatriz), iglesia de Santa María la Mayor, probablemente suceso-ra de la catedral metropolitana de Santa María de Jeru-salén, siendo también capital del reino visigodo de Agua; templo de Diana, Museo de Geología…

La actividad cultural de Mérida tiene su punto álgido todos los veranos en la celebración de los Festivales de Teatro Clásico que retorna el teatro romano a lugar de encuentro internacional de intelectuales, comediógra­fos y actores. Los recuerdos judíos se hacen presentes asi­mismo en pueblos de la comarca de La Serena, como Zalamea de la Serena, bajo la influencia de la pequeña corte del cardenal Don Juan de Zúñiga, en la que coinci­dió el judío Abraham Zacut.

 

Segura de León

La propia etimología de Segura —Segur-ak— hace re­ferencia a la condición de fortaleza roquera que define esta población, una de las más antiguas de la Baja Ex­tremadura y cuyo apellido —de León— recibe de su per­tenencia a la Encomienda Mayor de León, de la que fue su capital, después de haber sido conquistada por el Gran Maestre de la Orden de Santiago don Pelay Pérez Correia, poco tiempo antes de la conquista de Sevilla en 1248. Además del Fuero de Población concedido en 1274, le fue otorgado el de Sepúlveda y se convirtió en cabecera de comarca de numerosas poblaciones como Fuentes de León, Calera de León, Cabeza la Vaca de León, Cañave­ral de León y Arroyomolinos de León. El administrador de la Encomienda fijaba su residencia en el castillo de Segura, maciza construcción de piedra del siglo xm y cu­yas torres que flanquean la fachada de acceso son cono­cidas como de los Alcaldes y de Miramontes. Una de sus habitaciones perteneció a Garcilaso de la Vega, comen­dador mayor de León. Su balcón, sobre la puerta princi­pal de entrada, permanece todavía intacto. La capilla del castillo fue construida en 1511 y la torre del Homenaje actual lo fue en 1515.

No es de extrañar que una población de tales carac­terísticas contase con una de las juderías más importan­tes de la actual provincia de Badajoz, sobre todo en con­formidad con los repartimientos de impuestos de los que hay documentada referencia. En la actualidad el censo de esta población en los tiempos anteriores a su expul­sión se calcula en unos 900, en igualdad numérica con los cristianos. En Segura se refugió el financiero de los Reyes Católicos don Ishaq Abravanel, cuando huyó de Portugal por motivos políticos, haciendo lo mismo mu­chos judíos andaluces. En la Jewish National and University Library de Jerusalén se conserva el fragmen­to de una ketubbat o contrato matrimonial judío, fecha­do en Segura hacia el año 1480. El 30 de octubre de 1492 los Reyes Católicos prometieron pagar a David de Segu­ra 10.000 castellanos de oro si en el plazo de un año les entregaba el puerto y fortaleza de Mazalquivir. Además de algunas tradiciones y dichos frecuentes antijudíos, hay referencia en el término municipal de una finca denomi­nada del Judío y de otra conocida como La Menora, así como un puerto de montaña conocido como el de la Tora, divisoria de las aguas del Guadiana y del Guadalquivir, en la carretera 201. En torno a la iglesia parroquial y al castillo hay calles y plazas que conservan rasgos especí­ficamente judíos, propios de su estructura urbana.

Por supuesto que con relación a los tiempos del es­plendor judío se refieren leyendas acerca de tesoros escondidos en el castillo, así como de túneles que comu­nicarían con lugares recónditos. También se refiere que una judía, si bien otros aseguran que berberisca, habría de romper su encantamiento si conseguía contar una a una las estrellas del cielo desde uno de los muros del cas­tillo, logro que jamás alcanzó, dado que, cuando creía terminar su tarea, el sol se hacía patente en el horizonte con toda su luminosidad extremeña.

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A pocos pasos de la población de Segura se descubrió en 1922 una lápida en la que se podía leer lo siguiente «Caio Iulio Caro, hijo de Caio, yerno de Augusto César, fundó Segura con gente de la colonia y ciudad de Mérida». El edificio del Ayuntamiento construido en 1555, en tiempos del gobernador Tolosa, luce un bello y monumental escudo imperial de piedra de Carlos V. El depósito de la sal fue la primera dedicación de este edi­ficio, ubicado en la plaza Mayor que todavía está asoportalada en alguno de sus lados. Detrás del Ayunta­miento se halla una iglesia que en tiempos anteriores fue la del convento de monjas concepcionistas. La ermita de las Angustias, edificio del siglo xv, está relacionada con los Reyes Católicos y la conquista de Granada. El san­tuario del Cristo de la Reja —convento de San Benito— fue mandado construir por el Gran Maestre don Alonso de Cárdenas, cediéndolo a los franciscanos en 1477. La nueva obra se adosó a una anterior, el convento de San Benito. Al Cristo de la Reja, imagen de comienzos del siglo xvi, se le tiene gran devoción en la comarca. La iglesia de los Remedios luce un interesante y precia­do retablo barroco. En la iglesia parroquial, gótica con elementos románicos, hay un cipo de procedencia visigótica. En la calle Guadalupe se ubica la casa del Gobernador, de finales del siglo xvi. Entre las fuentes públicas destacan la de Santa María y la del Caño. Esta se remonta a mediados del siglo xvi, construida con ren­tas que el emperador cedió a la villa. Fue restaurada en tiempos del corregidor don Miguel Bolaños, en 1630.

En las cercanías hay que visitar Cabeza la Vaca de León, con su Cruz de Rollo o picota, iglesia parroquial del siglo xv y xvn, con buenas tallas, diversas fuentes en­tre ellas la de la Fuente del Caballo, con referencias a la leyenda del caballo de don Pelay Pérez Correia, el vence­dor de la batalla de Tentudía. Don Diego María de Tordoya fue uno de los compañeros de Colón en sus via­jes al Nuevo Mundo. Calera de León —Al-Caxera (La Blanca)— cuenta con el convento santiaguista o casa de la Orden de Santiago, en el que estuvo instalado el co­legio de San Marcos de León antes de su traslado a la capital leonesa, en 1562. Es una buena joya del renaci­miento extremeño. Tentudía con sus 1104 metros, es la montaña más elevada de la geografía pacense y en su cima se halla el monumental monasterio en recuerdo de la batalla que le dio el nombre y en el que las tropas cris­tianas vencieron a las musulmanas gracias a la protec­ción milagrosa de la Virgen «deteniendo el día» hasta que estas fueron destruidas. Sus capillas fueron decoradas con azulejos por el artista italiano Nicolosus Pisanus en 1518. La tumba es del Gran Maestre de Santiago don Pelay Pérez Correia.

Zafra-Llerena

De una o de otra manera, la iglesia recordaba con fre­cuencia el pecado del deicidio cometido por el pueblo judío, que éste habría de llevar como un estigma y que justificaba cuantas persecuciones en el nombre de Dios o en el de la codicia, podrían desatarse contra las aljamas. Cualquier persecución con todas sus secuelas tenía jus­tificación ante los ojos de Dios y de los hombres, pese a que los representantes de la misma Iglesia y las autori­dades civiles se cuidaban de dictar leyes en su favor y de proporcionarles en ocasiones protección oficial.

Está suficientemente demostrado que durante el se­ñorío de los duques de Feria, la aljama de Zafra creció y se consolidó hasta conseguir un censo similar al de los judíos de la misma ciudad de Badajoz, su actual capital de provincia. Se registran nombres de judíos proceden­tes de las juderías andaluzas. Las conversiones más o menos convencidas e interesadas explican que los judeoconversos prosiguieran sus actividades en Zafra, de modo similar a como lo hacían antes de la promulgación del Decreto de Expulsión por los Reyes Católicos. Hay documentada referencia de las familias cuyos miembros se bautizaron y la mayoría de ellos adoptaron desde en­tonces los apelativos patronímicos de López, Sánchez, Ramírez, Rodríguez o Mesa, que solían corresponderse con los nombres de sus padrinos. Médicos, plateros, ci­rujanos y notarios siguieron siendo actividades propias de los judeoconversos, así como las mercantiles y comer­ciales. Parece ser que la sinagoga de la aljama de Zafra se correspondería con la iglesia de San José, cerca de la porticada plaza Grande, junto a la iglesia-colegiata de la Candelaria. Con el tiempo la iglesia de San José fue lla­mada de Santa Catalina, pasando otra vez a estar bajo la advocación del primer santo. Las calles de San José, Sor Ángela de la Cruz, Badajoz y Alfonso XII podrían muy bien haber constituido la trama urbana de la judería de Zafra.

La ciudad extremeña de Llerena ha de contarse en­tre las que le dan peso y carácter a las rutas o visitas por la España judía, por ser ésta bastante notable y por ha­cerse célebre al ser la única que fuera asaltada el año 1391. Tan cercana a la provincia de Sevilla, fue como la cabeza de las juderías de Guadalcanal, Constantina y Cazalla de la Sierra. Lo más importante de Llerena, des­de consideraciones judías, fue el Tribunal de la Inquisi­ción que actuó con gran desconsideración y que estuvo ubicado en el palacio de los Zapatas, hoy palacio de Jus­ticia. Junto a la puerta de Montemolín, en la carretera de Sevilla, se hallaba el Quemadero. Esta puerta, que es parte de las murallas, fue construida en el siglo xiv y re­formada por Felipe II. Llerena fue uno de los máximos exponentes artísticos de Extremadura y parte de su apo­geo lo logró al ser conquistada por el maestre de la Or­den de Santiago don Pelay Pérez Correia, convirtiéndose después en capital de la diócesis del priorato de San Marcos de León y residencia de los maestres de la Or­den santiaguista.

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Hay mucho que visitar turísticamente en Zafra. Su plaza Mayor o plaza Grande, es amplia, solemne, porticada y señorial, con buenas mansiones de los siglos xvm y xix. Su plaza Chica tiene edificios de los siglos xv y xvm y fue asiento de los antiguos mercados. En una de sus columnas está esculpida «la Vara de Medir» que se utilizaba como público comprobante para la exactitud de las medidas. El alcázar de los duques de Feria —hoy Parador de Turismo bautizado con el nombre de Hernán Cortés, protegido de los duques—, fue construido por don Lorenzo —El Magnífico— Suárez de Figueroa en 1437. Con diseño de Juan de Herrera le fueron añadidos al primer edificio el patio central y aditamentos exteriores. El artesonado de la Sala Dorada con lacería morisca y escudos policromados es una extraordinaria obra de arte. La colegiata de Nuestra Señora de la Candelaria tiene suntuosos retablos, esculturas de Juan de Arce y nueve lienzos de Zurbarán pintados en 1644. El conven­to de Santa Clara acoge las estatuas yacentes del primer conde de Feria y su esposa talladas en fino alabastro y atribuidas a Anequín de Egas. Otros edificios monumen­tales son el Hospital de Santiago con bella portada gó­tica; el convento de Santa Catalina con artesonado mudéjar en su iglesia; el convento de Santa Marina, el de la Encarnación y Mina, monasterio de dominicos del siglo xvi, la Casa Grande y numerosas casas nobiliarias. El Arco de Jerez, es lugar de cita turística obligada.

La visita a la ciudad de Llerena incluye admirar su plaza Mayor cuya fuente fue diseñada por Francisco de Zurbarán, que vivió trece años en esta ciudad. La plaza ofrece un interesante conjunto de arquitectura mudejar. En ella se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Granada, construida entre los siglos xiii-xiv de estilo gó­tico, brillante ajimez mudejar, una artística balaustrada y artística torre con 56 metros de altura, parecida a la Giralda de Sevilla. La iglesia de Santiago alberga el se­pulcro del Gran Maestre don Alonso de Cárdenas. El con­vento de Santa Clara es del siglo xvi, gótico y en él pue­de admirarse una imagen de San Jerónimo de Martínez Montañés. El convento de la Concepción es de estilo ba­rroco y portada plateresca. El convento de la Merced es del siglo xvii y sus características son propias del estilo jesuítico. En su arquitectura civil resaltan el palacio del Maestre, del siglo xvi, segunda residencia de la Inquisi­ción en Llerena. Destaca su artesonado. El palacio de Jus­ticia es de estilo gótico-renacentista, con patio central y dos fachadas. El palacio Episcopal fue sede del obispo prior. La puerta de Montemolín es parte de las murallas, construidas en el siglo xiv, aunque reformadas en tiem­pos de Felipe II. El cronista de Indias, Pedro de Cieza, es natural de Llerena.

 

CACERES

Cáceres

España sin judíos fue un país totalmente distinto. Después de la expulsión en conformidad con el Decreto de los Reyes Católicos de 1492, los pueblos y ciudades españolas se quedaron sin médicos, artesanos, prestamis­tas, mercaderes…, que tantos años habían convivido con el resto de la población, muy menguada en sus riquezas y en su desarrollo. El mismo rey Fernando, en cartas di­rigidas al conde de Aranda y a la ciudad de Barcelona, lamentó tal medida, al comentar que tanto él como la reina, se vieron forzados a tomarla «por razones de fe…». Pero, en definitiva, el Decreto les mereció el título de «Reyes Católicos» por parte del Papa español Alejan­dro VI que, por cierto, no les cerró las puertas del Es­tado Pontificio, sino que se las abrió, a numerosos gru­pos de judíos refugiados.

Una de las regiones que en mayor proporción pade­ció las consecuencias de la expulsión de los judíos fue Extremadura y, entre sus ciudades, concretamente la de Cáceres. En los Fueros concedidos a esta población en 1229 por Alfonso IX, dos años después de su reconquis­ta, se hace mención específica a los judíos, a los que se les dedican nada menos que ocho capítulos. Entre los años 1283 y 1286, en tiempos de Sancho IV, la judería de Cáceres aparece citada con todos los requisitos con una población cercana a las 150 personas. Queda el dato exacto de que en 1479 el número de judíos de la aljama de Cáceres rondaba ya los 700, de una población total que podría acercarse a los 10.000 habitantes.

Hay constancia de que en Cáceres fueron dos los ba­rrios judíos o juderías existentes. Como en casos simila­res una era conocida como Vieja y otra como Nueva. Hecho efectivo el Decreto de la Expulsión, el nombre de judería Vieja se le dio al barrio de San Antonio de la Quebrada, con indicación particular a la ermita en él existente. El Arco romano del Cristo podría muy bien ha­ber sido la puerta de la Judería que se extendía por la actual calle de San Antonio, callejón del Moral, la calle del rincón de la Monja, parte del solar sobre el que se le­vantó después el Palacio-Museo de las Veletas y algunas calles adyacentes. En el barrio perduran perfectamente no pocos perfiles judíos y aún en la misma plaza Mayor pudieran haberse encontrado determinadas casas, pro­piedad de la aljama.

Acerca de la judería Nueva parecen ser ciertas las re­ferencias de que se encontraba extramuros de la pobla­ción, pero cercana a la plaza Mayor, centro de la activi­dad mercantil de la ciudad cacereña. Las calles de la Panera y de la Cruz pudieran haber constituido el núcleo de esta judería, cuyas calles bien entrado el siglo xvi todavía eran reconocidas oficialmente como de la judería. Se sabe que la sinagoga de la judería Vieja pasó a manos de un tal Alonso Golfín, que mandó después cons­truir sobre ella la ermita de San Antonio, que hoy puede ser visitada y en la que es posible descubrir rasgos pro­pios de una sinagoga. Acerca de la sinagoga de la judería Nueva es tradición que se corresponde con una capilla que se encontraba en el número 6 de la calle de la Cruz y que quedó integrada en el conjunto arquitectónico del palacio de la Isla, hoy Casa de la Cultura, convertida en su salón de actos.

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La ciudad monumental de Cáceres —el barrio anti­guo—, es quizás el de mayor unidad artística de España.

El itinerario recomendado sigue este recorrido: La torre de Bujaco, la escalera y el Arco de la Estrella, anti­gua Puerta Nueva, construida por Churriguera, en el si­glo XVIII. A la derecha, las torres del Pulpito, del siglo xv, la del Horno y la de la Huerta, ambas almohades. El Arco de Santa Ana es del tiempo de la Reconquista. La torre del Postigo es almohade, pero con basamentos celta y romano. La torre Redonda, octogonal, es asimismo almohade. El convento de Santa Clara es del siglo XVII. Las casas de los Sánchez Paredes y la de los Pereros, son del siglo xv y esta última tiene un bello patio renacentis­ta del siglo XVI.

En la casa de las Veletas, solar del antiguo alcázar, con interesante fachada barroca, el Museo Provincial de Arqueología, atesora un aljibe árabe de cinco naves y arcos de herradura, un patio de artesonados del siglo xvii, con interesantes colecciones de berracos célticos y este­las visigóticas, romanas y góticas. Junto a la iglesia de San Mateo, la casa de las Cigüeñas es de la segunda mi­tad del siglo xv, con esbelta torre, única que conservó al­menas por concesión de los Reyes Católicos. San Mateo es el punto más alto de la ciudad, ubicada en el solar de la antigua mezquita mayor, con portada plateresca. La casa del Sol del siglo xvi, tiene una interesante fachada, destacando en ella el hermoso escudo de los Solís y su matacán de tambor. La torre de la Plata, el palacio de los Golfines de Arriba, el de la Generala, la casa del Mono, Museo Provincial de Pintura-Escuela y Arte Religioso, son muestras excelentes de esplendores pasados. Tiene her­mosísima fachada el palacio de los Golfines de Abajo, gótico-mudéjar-plateresco. El Arco del Cristo es la única puerta romana que conserva el recinto. La plaza de San­ta María está encuadrada por sugeridoras arquitecturas. La iglesia gótica, fue concluida en el siglo xvi. El retablo mayor es de Ferrant y Balduque. Al pie de la torre está la estatua en bronce de San Pedro de Alcántara, obra de Pérez Comendador. En la misma plaza se ubican el pa­lacio Episcopal, la plateresca casa de Ovando y el pala­cio de Mayoralgo. La torre cilindrica de Carvajal, almohade, es del siglo xm. La torre de los Espaderos, la casa de Toledo-Moztezuma y el Arco del Socorro, com­pletan el recorrido por esta ciudad en la que se percibe fácilmente la impresión que se vive en pleno siglo XVI. Otros edificios dignos de admiración turística son éstos: la iglesia de San Juan, el palacio de la Isla, el del duque de Abrantes, la casa de los Carvajales y la de los Galarza, el palacio de Godoy, la iglesia de Santiago, cuna de la Orden de los «Frates de Cáceres», románica de origen y reformada por Gil de Hontañón y con soberbio retablo de Alonso de Berruguete… La capilla del Vaquero, el monasterio de San Francisco, la ermita mudéjar del Es­píritu Santo, el santuario de la Patrona, la Virgen de la Montaña… reclaman asimismo la atención del viajero.

Cabezuela del Valle

El pueblo cacereño de Cabezuela del Valle se sitúa en el fértilísimo Valle del Jerte —río del gozo en su eti­mología griega— y su aljama fue una de las tres que, jun­to con las de Trujillo y Plasencia, formaron la numerosa presencia de judíos en esta provincia, en la que consta la existencia de al menos unas cuarenta juderías.

 

El origen del pueblo parece deberse precisamente a la presencia en él de unas cuantas familias judías que habrían de establecerse más tarde en la judería de Hervás, en la misma provincia. Una de las diferencias urbanísti­cas de este pueblo, en relación con los demás del Valle, es la de que sus calles no siguen la estructura lineal de la carretera, sino que forman todo un laberinto. El ba­rrio más antiguo es conocido como La Aldea, y es en él donde debió ubicarse su judería, de la que en los docu­mentos se refiere que los mismos Reyes Católicos, tan sólo un año antes de la promulgación del Decreto de Expulsión, ordenaron su ampliación al año 1491. Pare­cen ciertos los indicios de que la sinagoga se encontraba en el lugar en el que ahora lo hace su iglesia parroquial de aspecto macizo y solemne. Parece ser cierto también que las piedras de la derribada sinagoga sirvieron para la construcción de este templo. Hoy pueden admirarse en su interior un retablo del siglo XVII y algunas imáge­nes góticas y barrocas de cierto mérito.

Sin grandes esfuerzos de imaginación se hace visible la existencia de la aljama en las calles y rincones que cir­cundan la iglesia parroquial. En unas y otros son frecuen­tes las inscripciones de carácter cristiano, tal vez como otras tantas réplicas a las que tuvieran las casas judías. El estilo de la arquitectura popular de la zona se salva a la perfección en Cabezuela del Valle y sólo por su visita, estudio y admiración se justifica el desplazamiento a es­tos lugares.

La visita a Cabezuela del Valle ha de llevar necesa­riamente a contemplar las cuatro ermitas con que cuen­ta su patrimonio histórico-religioso. Entre ellas resalta la de Nuestra Señora de Peñas Albas en la que se custo­dia la imagen de la patrona del pueblo. En las cercanías de Cabezuela se encuentra el convento de las Josefinas Trinitarias.

La celebración de las fiestas principales del pueblo son óptimas ocasiones para su visita, aún desde la perspectiva y motivaciones judías, dado que una de ellas están consagradas a Santa Ana y en las otras —en el Sábado de Gloria— se efectúa la quema de Judas, muñeco relleno de pólvora, que con facilidad puede re­memorar el acto bastante frecuente por esos entornos de tantos judíos como fueron quemados después de haber pasado por los correspondientes procesos inquisitoriales cuyo tribunal resultó tan activo.

Vista del cementerio alemán de Yuste lugar que ha dado pávulo a numerosas leyendas e historias relacioadas con los soldados enterrados y muertos en la segunda guerra mundial

Vista del cementerio alemán de Yuste lugar que ha dado pávulo a numerosas leyendas e historias relacionadas con los soldados enterrados y muertos en la segunda guerra mundial

Es fama que en la calle de la Huerta de Garganta la Olla, en el centro del barrio de este nombre, se encon­traba la pequeña y activa judería, con mención muy par­ticular para la original Casa de la Seda o Casa de la Con­tratación de la Seda, en el número 13 de la referida calle. Hay muchas casas de aspecto medieval y en ésta se hace alusión a la época en la que se plantaron muchas more­ras en los alrededores del pueblo para alimentar a los gusanos de seda, cuya producción se pesaba, clasificaba y se vendía en esta casa. En la calle Piarnola se halla la curiosa casa de la Peña y al final de ella, el puente, la fuente, la garganta y la cruz. En la calle La Llana se ubi­ca la celebérrima Casa de las Mozas de fortuna, en la que unas mujeres dedicadas al viejo oficio de la prostitución eran atendidas por acompañantes que servían al empe­rador Carlos V en su cercano retiro del monasterio de Yuste. La Casa de las Muñecas estaba pintada de azul añil, tal y como era costumbre en la época. En la plaza Mayor llama la atención el edificio del ayuntamiento con sus soportales y su picota, a la que eran atados los reos. Frente al ayuntamiento se levanta la casa parroquial que se construyó con el dinero obtenido por el párroco al vender la Casa de las Muñecas que fue propiedad de la parroquia. En la calle del Toril se conserva una vivienda cuyo porche está sostenido por columnas y que es cono­cida como casa de la Inquisición, sólo porque pudo ha­ber pertenecido a algún familiar —confidente de tan alto y «santo» Tribunal. Fue depositaría esta casa de una co­lección particular de objetos posiblemente utilizados por el Santo Oficio para arrancar confesiones, que se espera convertir en un museo etnográfico. La calle de las Gra­das conduce a la iglesia parroquial de San Lorenzo con su torre de cuatro plantas y 30 metros de altura. La pila bautismal está tallada en una sola piedra. El templo es del siglo xiv, de estilo herreriano y bello altar barroco, artesonado de madera y órgano también barroco.

La historia legendaria del pueblo está relacionada con la conocida Serrana de la Vera, de la que se preocupa­ron literariamente Lope de Vega y Vélez de Guevara. Se dice que era hija de un hombre y de una yegua y que fue ahorcada en Plasencia, acusada de haber matado a siete hombres después de haber mantenido relaciones íntimas con ellos, como en un rito de venganza por un amor no correspondido con un noble, tal vez placentino y de ape­llido Carvajal.

Coria-Alcántara

Proporcionalmente Extremadura fue una de las regio­nes españolas que contó con mayor número de juderías y en las que éstas vivieron tiempos más florecientes, sien­do la de Mérida la de mayor antigüedad registrada en el interior de las tierras de toda la península ibérica. La lista de juderías extremeñas es muy larga y significativa, con mención para localidades y pueblos que apenas sí en la actualidad tienen relieve alguno, lo que manifiesta el pro­fundo declive que esta región ha padecido a lo largo de los siglos, no solamente porque desaparecieron de su te­rritorio tantos judíos en cuyas manos se encontraba una parte principal de su economía, sino porque no han sido muchas las voces reivindicativas que se levantaron cla­mando por situaciones de progreso similares a las alcan­zadas por otras regiones. Cada vez hay que reafirmarse más en la idea de que el florecimiento cultural y aventu­rero de Extremadura al filo del descubrimiento de Amé­rica se debió en gran parte a la ascendencia judía tan acentuada en esta región, que con sólo el 18 por ciento de emigrantes a América en todo el siglo xvi, aparece como la protagonista principal de tan fabulosa aventura.

En nuestra ruta por las juderías de España le presta­mos atención en este capítulo significativamente a las de Coria y Alcántara, exponentes de tantas otras cacereñas como pudieran ser las de Valencia de Alcántara, Casar de Palomero, Garrovillas, Jarandilla, Belvís de Monroy, Arroyo de la Luz, Deleitosa, Valdehúncar, Almaraz, Gua­dalupe, Galisteo, Brozas, Aldeanueva del Camino, Cuacos, Pasaron de la Vera, Tornavacas, Jerte, Navacon-cejo, Valverde de la Vera, Granadilla, Abadía, Gata, Casatejada, Serradilla, Mirabel…

En el Fuero de Coria concedido por Alfonso IX de León en 1210 se hace referencia a los judíos que vivían en esta ciudad episcopal. Hasta el siglo pasado la calle de Julián Zugasti se llamó calle de la Sinagoga, que pu­diera haber estado ubicada precisamente en el antiguo palacio de Justicia, si bien en la casa de enfrente, en el número 4, se conservan columnas y arcos que pudieran ser indicios de la ubicación en ella de la sinagoga.

En Alcántara son muchos los recuerdos judíos, con mención para una lápida hoy desaparecida, que se en­contraba en la ermita de la Soledad, de la que se dice que fuera sinagoga, si bien otros aseguran que la sina­goga estuvo en la ermita de los Remedios, junto al con­ventual de San Benito, cuyos caballeros de la Orden de Santiago que aquí se fundaron, fueron decididos protec­tores de los judíos.

En Valencia de Alcántara también son muchos los recuerdos judíos. La sinagoga pudo haber estado en la calle Gasea. Lo más importante de esta población es la referencia en su término municipal a La Judería, en la que se agrupan diversos terrenos junto a la fronte­ra portuguesa, en los que es tradición que se reunían los judíos antes de marchar desterrados a Portugal.

Son muchos los puntos de destino turístico por Ex­tremadura y más concretamente por la provincia de Cá-ceres, en la que las juderías son muchas y las razones turísticas de tanto interés, especialmente ecológico y cul­tural. A título de ejemplo y centrándonos en el epígrafe de este capítulo, dirigimos nuestra atención a Coria y Alcántara, dos poblaciones con gran capacidad de atrac­ción turística por tantos motivos.

Entre los edificios monumentales de Coria destaca la catedral cuya construcción se inició en el siglo xv y en cuyo exterior predomina el gótico. Su torre fue diseñada por Lara Churriguera. Hay que prestarle especial aten­ción al balcón de las reliquias con el mantel de la Última Cena, al coro de fantástica tracería gótica y al claustro gótico. El retablo mayor tiene tallas espléndidas de Ale­jandro Carnicero. Merecen ser visitados el palacio Epis­copal, el castillo y su torre del Homenaje, el palacio de los duques de Alba, la cárcel Eclesiástica, el convento de la Madre de Dios, la iglesia de Santiago, la Alhóndi-ga, la plaza Mayor, la plaza de la Catedral… Es curioso ver el puente restaurado en el siglo xvi, ahora sin río, a consecuencia de la desviación que sufrió el Alagón en el siglo xviii en el terremoto de Lisboa.

Alcántara es población a la que le da nombre su puen­te construido en tiempos de Trajano y terminado el año 105 por el arquitecto Caio Julio Lacer «destinado a du­rar por los siglos del mundo». Es una bellísima obra ro­mana, con nombre de premio internacional, de sillería de granito almohadillado, de seis arcos, con 71 metros de altura y 195 de longitud. A su lado hay un templo toscano dedicado al «divino César». La casa Principal de San Benito, casa matriz de la orden, posee un extraordi­nario claustro gótico, iglesia plateresca, con capillas y enterramientos de Nicolás de Obando, gobernador de las Indias. La iglesia mayor de Santa María de Almocóvar, con lienzos de Morales, está levantada sobre una mez­quita árabe y sobresale en ella el túmulo funerario del comendador de Pridrabuena don Antonio Bravo de Je­rez.

Vista general de Hervás, (Foto M.A.Bejarano/Cortesía Oficina de Información Turística de Hervás)

Vista general de Hervás, (Foto M.A.Bejarano/Cortesía Oficina de Información Turística de Hervás)

Hervás

La ruta turístico-judía por Hervás, población de la provincia extremeña de Cáceres, resulta una de las más apasionantes de España. Entre otras razones porque ha de partir necesariamente del conocimiento de una leyen­da que se ubica además en unos lugares concretos y que es expresión certera, apasionada y florida, de parte de la vida de la judería y de las relaciones existentes entre és­tas y el pueblo cristiano.

"El judío de Hervás" del autor Solly Wollodarsky ayudará al viajero por estas tierras a entender mejor cuanto aquí pudo pasar en tiempos pretéritos.

“El judío de Hervás” del autor Solly Wolodarsky ayudará al viajero por estas tierras a entender mejor cuanto aquí pudo pasar en tiempos pretéritos.

La leyenda recibe el nombre de la Fuente Chiquita en cuyos aledaños se desarrolló la mayor parte de ella. Esta fuente, a la orilla misma del río Ambroz y junto a un antiguo puente romano de la Ruta de la Plata, era el lu­gar habitual de los encuentros entre Julián, hijo de un cristiano viejo y Maruxa, hija de un rabino que, por su­puesto, no veía con agrado estas relaciones sobre todo con vistas al matrimonio. Decidido el rabino a terminar de una vez con esta contingencia, esperó a la pareja al­rededor de la fuente aprovechando la oscuridad de la noche, envuelta además en niebla espesa y, al intentar apuñalar a Juan, procurando éste salvaguardar el cuer­po de Maruxa, los dos fueron atravesados por el puñal del rabino, muriendo abrazados junto a la fuente… La leyenda se prolonga todavía porque hace aparecer a Maruxa que vaga por los alrededores de la Fuente Chi­quita sobre todo en las noches de luna y cuyos lamentos pueden escuchar sólo los amantes…

Posiblemente sea Hervás el pueblo con más recuerdos y testimonios de España del paso de los judíos por nuestro país.

Posiblemente sea Hervás el pueblo con más recuerdos y testimonios de España del paso de los judíos por nuestro país.

Pese a haber sido la de Hervás una entrañable jude­ría de las más pequeñas, con una nómina no superior a las 200 personas, su barrio judío se conserva muy bien, de los mejores de España, en la ladera que se extiende desde el muro a la orilla del río Ambroz, exactamente junto al puente romano y a la Fuente Chiquita. No obs­tante, la judería llegó a ser muy activa, de tal forma que aún en la actualidad es frecuente oír «en Hervás, judíos los más». La judería comienza en la calle de la Cuestecilla con un laberinto de casas de paredes de adobes y estruc­tura de madera con balcones saledizos y en la que es vi­sible notoriamente una pared que ha sido identificada por algunos como un muro de lamentaciones. Las casas es­tán adornadas con geranios y en la calle de la Sinagoga se supone que estuvo el lugar de oración de la comuni­dad.

La calle del Rabilero —Rabino—, junto con la de la Sinagoga, es de las más típicas.

La calle del Rabilero —Rabino—, junto con la de la Sinagoga, es de las más típicas.

(Foto M.A.Bejarano/Cortesía Oficina de Información Turística de Hervás)

 

No fueron muchas las persecuciones sufridas por esta judería, escapando a las de 1391. Hay constancia de la existencia en el número uno de la calle Centiñera o Centinela, de un vigía que controlaba el paso de los hebreos a la zona cristiana. Acerca del origen de la judería de Hervás es tradición que en el pueblo buscaron refugio judíos procedentes de Al-Andalus. La capacidad de protección de los judíos por parte del duque don Alvaro de Zúñiga del que el pueblo fue señorío, está más que reconocida. La relativa cerca­nía a Portugal, para en caso de emergencia huir a ese país, fue otra de las circunstancias que explican que el barrio judío de Hervás sea uno de los mejor conservados de España. En él nació Rabí Samuel, médico y arrenda­dor de rentas en tiempos de los Reyes Católicos y se dice que de esta villa es oriundo el político israelí Simón Peres. No lejos de este pueblo se encuentra la comarca cacereña de Las Hurdes, cuyo río Hurdano o Jurdano que le da nombre, puede llevar consigo resonancias del río judío del Jordán.

Hervás

Hervás

(Foto M.A.Bejarano/Cortesía Oficina de Información Turística de Hervás)

 

En los últimos tiempos la población cacereña ha promocionado su judería hasta conseguir hacer de ella una de las más características del Estado español. A la calle más cercana a la del Rabilero con su fuente se le dio re­cientemente el nombre de calle de la Amistad judeo-cristiana. Hasta en la misma infraestructura hotelera con que ha sido dotada la población y que facilita la estancia en la misma, detenta el nombre de sinagoga su hotel. Los recuerdos judíos, además de arquitectura, leyenda e his­toria se hacen hasta devoción, con mención para el mi­lagro de la Virgen de las Angustias que se conserva en el pueblo, en relación con una supuesta profanación que fue sometida la hostia consagrada por unos judíos de Hervás en el cercano pueblo de Viloria, hoy desaparecido.

Vista nocturna de una de las calles de la judería de Hervás

Vista nocturna de una de las calles de la judería de Hervás

(Foto M.A.Bejarano/Cortesía Oficina de Información Turística de Hervás)

Como las tradiciones ancestrales son muchas en la villa, en el número dos de la calle Gabriel y Galán se en­cuentra una casa conocida como la casa del Miedo que en tiempos anteriores a la desamortización en el siglo xix fue convento de los Trinitarios y que en alguna de sus columnas se conservan tallas mostrando un esqueleto y determinadas figuras humanas. La leyenda echó a correr fantasiosamente la imaginación de los vecinos de Hervás que comenzaron a escuchar llantos y gemidos que atribuyeron a las almas de quienes un día habían sido atormentados en inexistentes cárceles inquisitoriales, cuando la explicación era mucho más cercana, interesa­da y prosaica por deberse a los ruidos provocados por un avispado contrabandista para evitar con ello la pre­sencia de los curiosos y poder así actuar con impunidad.

Las calles de Hervás recuerdan tiempos pasados y la fuerte influencia judía en la zona

Las calles de Hervás recuerdan tiempos pasados y la fuerte influencia judía en la zona

(Foto M.A.Bejarano/Cortesía Oficina de Información Turística de Hervás)

De una u otra manera el misterio se hace presente como en el caso de su iglesia parroquial dedicada a San­ta María que se construyó en el siglo xvn exactamente sobre el solar del castillo de los templarios del que úni­camente se conserva el actual campanario. También en la iglesia de San Juan Bautista de la misma época, que procede del antiguo convento de los Mercedarios se ve­nera la original imagen del Cristo del Perdón, curiosa­mente colocado de rodillas sobre la inmensa bola del mundo y de la que son también muchas las leyendas y los milagros que circulan por la sensibilidad piadosa de las gentes. Pero Hervás es también y sobre todo, cultura con casonas y palacios, entre las que destacan la de los Dávilas, en la que se halla instalado el interesante Mu­seo de Pérez Comendador.

Pasadizo entre calles.

Hervás. Pasadizo entre calles.

(Foto M.A.Bejarano/Cortesía Oficina de Información Turística de Hervás)

Plasencia

El rey visigodo Sisebuto que reinó en España entre los años 612-620 decretó que el judío que convirtiera a un cristiano a su religión sería condenado a muerte y confiscados sus bienes. Le sustituyó el rey Suintila (a. 620-631) y su sucesor Sisenando convocó el Cuarto Concilio de Toledo en el que se tomaron una serie de de­cisiones contra los judíos, entre las que ponemos el acen­to en la siguiente: «Para que el error de los padres no contagie en adelante a los hijos y a las hijas de los ju­díos, decretamos que sean separados de su compañía y entregados a los monasterios y a los hombres y mujeres cristianos y temerosos de Dios a fin de que con su trato aprendan a honrar la fe y mejor instruidos progresen tan­to en las costumbres como en la fe».

Plasencia, calle del Rey.

Plasencia, calle del Rey.

La judería de Plasencia parece ser que no rebasó las 50 familias con un censo cercano a las 250 personas y su origen puede muy bien datarse a finales del siglo xn, dado que en el Fuero de la ciudad ya se hace referencia a los judíos. Cuando la ciudad pasó a ser señorío de los Zúñiga, la judería experimentó un considerable aumen­to hasta igualarse con la de Cáceres, llegando a contabi­lizar en torno a 700 personas.

Plasencia, calle del Rey.

Plasencia, calle del Rey.

Los oficios artesanales de la población judía placentina coincidían con los normales en esa comunidad, tales como zapateros, tundidores, ferreteros, arrendadores de rentas y algún médico. Hay diversas referencias relativas a la expul­sión de los judíos placentinos que lo hicieron en di­rección a Portugal pasando por Valencia de Alcántara, probablemente bajo la dirección de un tal Francisco Hernández Floriano.

Plasencia, Vista del cementerio judío.

Plasencia, Vista del cementerio judío.

Es tradición que la sinagoga placentina se encontra­ba en la Mota, muy cerca del antiguo alcázar y en el lu­gar que hoy ocupa paradójicamente el templo dedicado a San Vicente Ferrer, junto al palacio del marqués de Mirabel y en el convento de Santo Domingo. La casa del Rabino es conocida entre los placentinos como la que ocupa el rincón de la Magdalena, en la calle Coria. Consta que los duques don Alvaro de Zúñiga y doña María Pimentel en 1477 construyeron sobre el solar de la sina­goga el referido convento dominico y la iglesia en honor de San Vicente. Consta asimismo que entonces los judíos construyeron otra sinagoga en la actual calleja de Vargas con fachada a la calle de Santa Isabel y otra en la que hoy se llama plaza de Ansano. Esta sinagoga fue después convertida en iglesia bajo la advocación de Santa Isabel, en recuerdo de Isabel la Católica, aunque a mediados del siglo XV fue destruida.

Plasencia, Cañón del Marquesado de Mirabel.

Plasencia, Cañón del Marquesado de Mirabel.

Por otras calles de Plasencia ha­bía también viviendas judías, como en el caso de la pla­za Mayor, Rúa de la Zapatería, San Martín y del Rey. El cementerio judío se encontraba en la zona conocida como El Berrocal, entre la puerta Berrozanas y la carretera de Salamanca.

Plasencia.Calle Arenillas

Plasencia.Calle Arenillas

Entre tantos monumentos como hay que admirar en esta ciudad episcopal, destaca la catedral de Santa Ma­ría que presenta la originalidad de ofrecer dos edificios en uno: la catedral vieja que es del siglo xv con reminis­cencias cistercienses y protogóticas y la catedral nueva que es de estilo gótico flamígero y renacentista y en ella participaron los principales arquitectos de la época: En­rique Egas, Juan de Álava, Francisco de Colonia, Cova-rrubias, Diego de Siloé, Rodrigo Gil de Hontañón… Re­saltan el coro con los sitiales de los Reyes Católicos y la cátedra del Obispo, el retablo Mayor de Gregorio Fernán­dez, la fachada principal, la portada de la sacristía, el crucifijo de Pompeio Leoni, la reja del coro, el órgano de nogal…

Plasencia. Portada de San Nicolás.

Plasencia. Portada de San Nicolás.

Otros edificios que hay que visitar son la casa del Deán, el palacio Episcopal, el Hospital de Santa María, la casa del Doctor Trujillo, el palacio de Monroy o casa de las Dos Torres, la iglesia de San Nicolás, el palacio del marqués de Mirabel, con su museo cinegético, la igle­sia y convento de Santo Domingo, la iglesia de San Vi­cente Ferrer y convento de los Dominicos, la casa de los Carvajales Girón, la iglesia de San Martín, la puerta de Berrozanas, el palacio de Almaraz, la casa de las Infan­tas, la iglesia de San Ildefonso, la iglesia del Salvador, el convento de las Carmelitas, la iglesia de Santa Ana, la casa de los Toledo Barrantes, la casa de las Argollas, la casa Solariega, la antigua prisión, el palacio Municipal con el abuelo Mayorga dando las horas en el reloj, la igle­sia de San Esteban, la portada de las Claras, la iglesia de San Pedro, la puerta del Sol, la muralla con sus torres y puertas, la ermita de la Salud, el puente de San Lázaro y su ermita, el acueducto, la Cruz Dorada, el puente nue­vo construido por los Reyes Católicos, el museo etnográ­fico y textil, el parque de la isla, la ermita de Nuestra Señora del Puerto…

(Fotos cortesía de la Oficina Municipal de Turismo de Plasencia)

Trujillo

En la puerta de entrada de la sinagoga de Trujillo, en la provincia de Cáceres, al igual que en la del Tránsi­to de Toledo y en la de Salamanca, había una inscrip­ción con estas palabras tomadas del versículo 20 del Sal­mo 118: «Esta es la puerta del Señor, los justos entrarán por ella».

Entre las repetidas alusiones que se hacen a la jude­ría trujillana resalta de forma muy elocuente la de don Pedro López de Ayala en su Crónica del Rey Don Pedro en la que le pide al monarca su tesorero, el judío Samuel ha-Leví, como los más seguros lugares para hacer de ellos los depósitos de los dineros a recaudar, los castillos de Hita y de Trujillo. Es explicable que tal petición respon­da no solamente a las características de inaccesibilidad de tales castillos, sino al hecho que, al ser las juderías de estas poblaciones de las más importantes de Castilla, la seguridad se daba por supuesta. En uno de los procesos inquisitoriales que tuvieron lugar en Toledo contra el converso trujillano Gonzalo Pérez Jaraba, éste justificó su entrada en la sinagoga de Trujillo alegando que que­ría encerrar en ella a los judíos de la ciudad para obli­garles a pagar los impuestos y que por eso tenía él las llaves.

El incremento de la aljama trujillana fue muy consi­derable al final del siglo xiv, a tenor de los impuestos que había que pagar, coincidiendo tal incremento con la crea­ción en la población de una escuela de estudios rabíni-cos. El colofón de un manuscrito talmúdico existente en Munich refiere que fue copiado en Trujillo en 1360. Pa­rece que el censo judío de Trujillo llegó a superar a la de cualquier otra judería extremeña, dado que pudo ser de unas 300 familias con 1.500 personas, con lo que se con­virtió en una de las más numerosas de España.

Los recuerdos judíos de Trujillo tienen en cuenta la casa de los números 10-12 de la calle de las Tiendas, en la que en un muro de piedra situado a tres metros del suelo se puede leer la inscripción ya referida de «Esta es la puerta del Señor, los justos entrarán por ella», lo que supone la existencia en ese local de una sinagoga. En otra casa de la calle, adosada a la anterior, también se apre­cian dos salas abovedadas que podrían ser parte de las instalaciones del templo hebreo. Los Reyes Católicos donaron este local a los padres dominicos «para monas­terio de monjas», que pudo haber tenido el nombre de Santa Isabel en honor de la reina Católica. Con el tiem­po, las monjas pasaron al convento de la calle de San Miguel. La aljama judía se extendía por los alrededores de las calles de las Tiendas, Hernando Pizarro, plaza del Azobejo, Rinconada, Nueva, Zurradores y Aburría. Hay que resaltar que los judíos más ricos vivían en la Rin­conada, a tan sólo unos pasos de la plaza Mayor. Es probable que existiera otra judería en la parte alta de la población y que la calle Alhamar sea una corrupción de Aljama. Del cementerio judío de Trujillo se sabe que sus piedras fueron donadas a los dominicos del monas­terio de Santa María de la Encarnación a la salida de la ciudad, en el que han aparecido algunas lápidas, habien­do sido encontrada otra lápida en la casa de Pizarro. Esta se halla en la Escuela Taller del antiguo convento de San Francisco.

Trujillo es ciudad monumental y artística. Destaca su conjunto amurallado y medieval con sus numerosas to­rres y el castillo árabe del siglo x coronando el conjunto urbano, compendio de las tres culturas que han dejado su huella: la romana, la musulmana y la cristiana. Pre­domina no obstante la arquitectura de los siglos xv y xvi, particularmente la civil que le dan carácter a la ciudad, ligada en muchos casos a los principales protagonistas de la conquista de América. De las siete puertas que tuvo el recinto murado, se conservan tres: el Arco del Triun­fo, la de San Andrés y la de Santiago. La iglesia de Santa María, románica, atesora 25 tablas de Fernando Ga­llegos. Reposan entre otros, los restos de Diego García de Paredes, al que en vida llamaron Hércules y Sansón de España. Entre los edificios religiosos destacan San Francisco el Real, Santo Domingo, San Antonio, dominicas de la Encarnación, el de la Merced, habitado un tiempo por Tirso de Molina… Perduran los conventos de monjas Jerónimas de Santa María y de la Magdalena, de las do­minicas de San Miguel, el convento de Santa Clara, la iglesia de La Sangre, la parroquia de San Martín gótica del siglo xv y en cuyo atrio se celebraban los concejos abiertos. Destacan asimismo la torre del Alfiler, el rollo o picota, el palacio de los Marqueses de Sofraga, Pizarro Aragón, la plaza Mayor cargada de belleza arquitectóni­ca cuyo centro está presidido por la estatua ecuestre de Francisco Pizarro, el palacio del marqués de Piedras Al­bas, el palacio de los duques de San Carlos, la casa de la Cadena o palacio de los Chaves Orellana, el palacio de Chaves-Cárdenas, el Ayuntamiento Viejo, el palacio de la Conquista, el palacio de Orellana-Pizarro, el palacio de Santa Marta, el palacio de Luis Chaves el Viejo, la casa de Francisco Pizarro de Vargas, el palacio de Lo-renzana, la casa de Francisco de Orellana, la casa de Rol-Zarate y Zúñiga, la casa de los Chaves Calderón, la casa de los Hinojosa Calderón, la casa Fuerte de Escobar, la alberca Árabe, el alcazarejo de los Bejaranos, la casa de las Torres— Altamiranos…

 

 

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