Haro-Nájera

El último día que pasaron los judíos en España des­pués de firmado el Decreto de Expulsión del 31 de mar­zo de 1492, fue «el 7 de Ab del año 5252 de la creación del mundo», es decir, el 31 de julio de 1492. En tal fecha se clausuraron 1.500 años de historia de ese pueblo en España. Los sufrimientos y miserias de los expulsados fueron muchas, aunque algunos cronistas del tiempo, como el cura de los Palacios, Andrés Bernáldez, se ad­miran al describir la alegría de quienes, acompañados por la música de sus tamborines, iban hacia destinos tan ig­notos y con tan precarias condiciones, considerando su marcha como una nueva salida del cautiverio de Egipto, con la esperanza de que habrían de encontrar en otros lugares su tierra prometida, o de volver de nuevo a sus casas, de las que solían llevar consigo sus llaves, con la confianza de que habrían de repetirse los milagros del camino hacia la tierra de promisión de La Biblia…

La judería de Haro, en La Rioja, llegó a contar con algo más de un millar de habitantes, en el siglo xm, sien­do la mayor de esta comunidad autónoma, aunque a fi­nales del siglo xiv no llegó a 250, lo que suponía un diez por ciento del total de la población. El castillo de la villa les fue donado a su aljama por Alfonso VIII para poder refugiarse en él sus miembros en momentos de apuro. El barrio de la Mota fue el asiento de esta judería, cuyas posesiones pasaron a ser propiedad del concejo, merced a la donación de ellas que les hizo el conde de Haro, se­ñor de la villa. Del castillo y del barrio de la Mota no queda en la actualidad nada más que el recuerdo y la existencia de algunos solares. Junto a la iglesia de Santo Tomás perdura todavía el recuerdo del nombre de una calle o cuesta de la Judería. No queda nada de la sinago­ga. Del cementerio tan sólo se dice que sus piedras fue­ron aprovechadas para reparar el puente sobre el río Ti­rón, unos metros antes de confluir en el río Ebro.

Se asegura que la de Nájera fue la judería más anti­gua de La Rioja, llegando a contar en un tiempo con mil judíos, aunque posteriormente fue una y otra vez asalta­da y devastada, hasta reducir sus proporciones a una modesta judería. Es tradición que la localización del ba­rrio judío se halla en lo que hoy es barrio de San Miguel y también se sabe que el castillo, al igual que en el caso de la judería de Haro, les fue donado por el rey hasta que fueron expulsados. El nombre de la calle de la Judería perdura en Nájera como único recuerdo de la presencia de los judíos en tan importante población del Camino de Santiago, circunstancia que explica en gran parte que la aljama de Nájera tuviera tanta importancia, así como el hecho de haber sido corte, cuna y sepulcro de reyes. Una vez más el Camino de Santiago les marcó a los judíos los lugares principales de asentamiento en los que po­dían con generosidad ejercer los oficios a los que mayo-ritariamente estaban dedicados.

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La iglesia parroquial de Santo Tomás de Haro es un edificio de sillería con tres naves cubiertas con crucerías. La portada refleja un retablo de tres cuerpos con las imá­genes de los apóstoles. El templo se construyó en el si­glo xvi y en su interior destaca el retablo del altar mayor de estilo barroco, con mención para el relicario. Son varías las tallas y los relieves de apóstoles y profetas. Otro templo de gran devoción es la basílica de Santa María de la Vega. En su interior se venera la talla gótica de la Virgen y en la sacristía hay diversos edificios barrocos y como conjunto arquitectónico destaca el ex convento de San Agustín convertido hoy en un prestigioso hotel. Fue construido en el siglo xvn. La plaza de la Paz es el centro y el corazón de la villa. Su quiosco recuerda el pasado festivo. El Ayuntamiento que se abre a la plaza con la fachada de dos plantas con soportales, fue construido en 1775. Las galerías de las distintas casas le dan un aspec­to curioso a las calles jarreras, recordando calles norte­ñas y costeras.

Nájera está citada en el Codex Callixtinus como final de una de las etapas del Camino. El Hospital y la Alberguería de Santa María fueron famosos en toda Eu­ropa. Pero el edificio más sobresaliente de Nájera es el monasterio de Santa María la Real, erigido por el rey García en el año 1032, en el que sobresalen el retablo barroco de su iglesia y el claustro gótico de los Caballe­ros, pasando por el claustro Alto y por su valiosa imagi­nería. Nájera es cuna y panteón de reyes, con mención para el sepulcro románico de doña Blanca de Navarra, entre la treintena de sepulcros con que cuenta. La Santa Cueva recuerda la aparición de Santa María al rey Gar­cía cuando perseguía una paloma con un halcón.

 

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