Jaén-Andújar

 Boka lomo de atun de almadraba con especias

«La Muy Noble, Famosa et Muy Leal Ciudad de Jaén, Guarda e Defendimiento de los Reinos de Castilla» fue reconquistada por el rey Fernando III el Santo en la pri­mavera del año 1249 al rey moro Alhamar. El rey cristia­no colocó en un extremo del cerro en el que se ubica el castillo una gran cruz, que es un excepcional punto pa­norámico desde el que se divisa la ciudad y campiña y que muy bien pudiera ser lugar ideal tanto para iniciar la visita a la misma como para disfrutar de su despedida.

Pero la historia viene de muy lejos. Dominada hacia el año 207 a.C. por Publio Cornelio Escipión, los roma­nos le dieron los nombres de Auringi, Orongi y Aurgi y en el año 74 Vespasiano la declaró municipio. Según la tradición, uno de los Siete Varones Apostólicos, de nombre Eufrasio, introdujo en ella el cristianismo. Los árabes la denominaron Yayyan, aunque prevaleció el to­pónimo de «Geen» o «lugar de paso de caravanas». Con el tiempo, la residencia en esta ciudad entre los años 1460-1463 del condestable de Castilla don Miguel Lucas de Iranzo, provocaría un importante florecimiento al ha­cerla los Reyes Católicos base logística de sus campañas para la conquista de Granada.

Mucha importancia tuvo la judería de Jaén, en la que por cierto nació Hasday Ibn Saprut, cortesano interna-cionalmente muy conocido del califa Abderrahman III. En tiempos musulmanes esta judería progresó en todo orden de cosas, sobre todo desde que quedó incorpora­da al reino zirí de Granada. La comunidad judía aventa­jó a la de Málaga y hasta se aproximó a la de la misma Granada. Conquistada la ciudad de Jaén por Fernando III el Santo, nombres judíos aparecen con frecuencia al frente de actividades del reino. Junto con las juderías de Úbeda y Baeza, la de Jaén cotizaba una cantidad de di­nero tan considerable como la que era cotizada por la judería de Córdoba. El censo de judíos llegó a contar con 1500 personas. Con ocasión de las guerras fratricidas protagonizadas por el rey Pedro I y Enrique de Trastá-mara, muchos judíos jienenses fueron vendidos como esclavos. A tal desastre hay que añadirle el ocasionado por las persecuciones desatadas contra las juderías an­daluzas por las campañas antisemitas del arcediano de Écija, Fernand Martínez.

A finales del siglo xv el barrio judío de Jaén comenzó a ser conocido como barrio de Santa Cruz, al igual que ocurrió en tantos otros lugares. La ubicación de la jude­ría coincidió con la calle de la Santa Cruz y con sus ale­daños, tales como travesía de Santa Cruz, Rostro y plaza de Santa Cruz. Acerca de la ubicación de la sinagoga hay referencias de que fue destruida en los tristes sucesos del año 1391. Seguidamente fue convertida en parte del con­vento de Santa Clara y más exactamente en la que se halla junto al muro que da a la calle de la Santa Cruz. Otros piensan con suficiente fundamento que la sinagoga se encontraba en el lugar cercano en el que hoy se halla la iglesia de San Andrés. La casa del condestable don Miguel Lucas de Iranzo, en la misma calle de la Santa Cruz, fue el primer asentamiento del Tribunal de la In­quisición, hasta quedar establecido éste en el convento de los padres dominicos de Santa Catalina, bajo cuya advocación también solían quedar los lugares sagrados de los judíos. Los autos de fe tenían lugar en la plaza de Santa María, en el atrio mismo de la catedral, que des­pués construiría Andrés de Vandelvira, el más célebre, imaginativo e importante de los arquitectos renacentis­tas andaluces.

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El itinerario para la visita de la ciudad de Jaén tiene en cuenta la iglesia parroquial de San Bartolomé; el edi­fico de la Carnicería, la Fuente Monumental de los Ca­ños, el Real Monasterio de Santa Clara, la Casa de la Munición, la Santa Capilla de San Andrés, la Fuente Monumental, torreón y lienzo de Muralla, el Raudal de la Magdalena, la iglesia Parroquial de la Magdalena, la Casa del Cadiato, el monasterio de Santa Úrsula, la igle­sia de San Juan de Dios, el Real Convento de Santo Do­mingo, el palacio de los Uribe, el palacio de Don Fernan­do de Torres y Portugal, la iglesia de la Visitación, los Baños Árabes, Museo de Artes y Costumbres Populares y Museo Internacional de Arte Naif, la iglesia parroquial de San Juan, la famosa Torre del Concejo, la Casa de los Corregidores, el Casino Primitivo, el palacio del Condes­table Iranzo, el Conservatorio, el Arco de San Lorenzo, la Fuente Nueva, el palacio de los Quesada-Ulloa, el Con­vento de la Merced, la Casa de la Corona, el Torreón del Palacio Episcopal, la portada del colegio del Sacramen­to, los populares Cantones de Jesús, los restos del Con­vento de San José de los Padres Carmelitas Descalzos, un lienzo de muralla, el Torreón de Torralba, el monas­terio de Santa Teresa, el Ayuntamiento, el Palacio Epis­copal, la majestuosa Catedral, obra de Juan de Vandelvira, con la sagrada reliquia del Santo Rostro, la iglesia del Sagrario, el Museo Catedralicio, el típico Arco del Consuelo, el palacio Provincial, el palacio de los Vélez, el palacio de Covaleda Nicuesa, la iglesia de San Ildefonso, la Casa de la Virgen, el Jardín de la Alameda, la Puerta del Ángel, el convento de las Bernardas, la er­mita del Calvario, el palacio de los Vilches, la iglesia de San Antonio, el Museo Provincial, el Parador de Turis­mo, el castillo de Santa Catalina…

Hay referencias de la judería de Andújar, sobre todo con ocasión de haber sido asaltada y destruida en 1391, quedando aún el recuerdo de una calle denominada Ju­derías, que se encuentra junto a la calle de Naranjos. En Andújar hay que detenerse a contemplar el puente roma­no sobre el Guadalquivir y algunos lienzos de muralla, el templo gótico de Santa Marina, las iglesias de Santiago, San Bartolomé, San Miguel y Santa María que con­serva un cuadro de El Greco y otro de Pacheco, los con­ventos de San Francisco con un Cristo de Martínez Mon­tañés, el Pósito, las mansiones del Marqués de la Morilla, de los Valdivielso, Torre de Valdivia y Cárdenas y Albarracín, así como el palacio de los Niños de don Gome y Casa de Comedias. El santuario de la Virgen de la Ca­beza, en plena Sierra Morena, también es meta turística, entre otras razones porque en él se celebra una de las más importantes romerías andaluzas.

En el arrabal de San Juan se dice que tuvo su asiento la judería de Arjona —antiguo municipio romano—, pue­blo que fue solar de mártires cristianos y sobre cuyo de­rruido castillo se construyó la iglesia de Santa María. Fue lugar de residencia de los Banú Bayila, familia de linaje árabe y cuna de Mohammed ibn al-Ahmar, fundador de la dinastía nazarí.

 

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