Laguardia-Labastida

 

No son muchas las juderías de las que quedan recuer­dos en el País Vasco. En esta oportunidad nos limitamos a citar las de Salvatierra, Guevara, Salinas de Anana, Valmaseda, Orduña, Mondragón… centrando nuestra descripción en las de Laguardia y Labastida, por ser prác­ticamente las únicas además de la de Vitoria de las que podemos asegurar que tuvieron cierta vida pujante.

De finales del siglo XIII ya hay noticias referentes a la existencia de la judería de Laguardia, cuyos miembros se dedicaban a los oficios habituales, como al préstamo y a los de sastre y tejedores. La circunstancia de encon­trarse Laguardia en uno de los caminos de Santiago más frecuentados al menos durante cierto tiempo, explica la presencia judía en la villa. Consta que a mediados del siglo xiv su censo se situaba en torno a las doscientas per­sonas, constituyendo poco más que el 13 por ciento de la población.

La situación de la judería parece coincidir con la ca­lle de San Juan de Yuso. De ella todavía pueden perci­birse señales sobre todo frente a la portada de la iglesia de San Juan. Su perímetro estaría conformado por la puerta e iglesia de San Juan, la Rúa Mayor y la muralla. La historia refiere que, expulsados los judíos, el barrio en el que vivían quedó totalmente abandonado hasta que en el siglo xvn se aprovechó su solar para construir un convento de Capuchinos. Con la Desamortización, se asentaron sobre su solar el cuartel de la Guardia Civil, el Centro de Salud y el Instituto de Segunda Enseñanza.

Es fama que en Laguardia fueron dos las sinagogas existentes. De una de ellas se cree que se encontraba en lo que hoy es el Centro de Salud y de la otra no queda recuerdo alguno.

La ruta turística por la judería de Laguardia habría que comenzarla o terminarla en la Academia de la His­toria de la capital de España en la que se encuentran cuatro documentos escritos en aljamiado, o castellano con letras hebreas, y que son otras tantas cartas priva­das, pero de mucho interés.

 

No son muchas las referencias que hay acerca de la judería de Labastida, aunque de ella se han hecho eco las cancioncillas de los pueblos de su entorno. Las igle­sias del Cristo, la puerta y calle del Olmo, junto con la calle del Toloño, constituían el núcleo de la judería. En la villa hay que admirar además la casa Consistorial re­nacentista, la casa de Paternina, su catedralicio templo parroquial renacentista con esbelta torre ochavada y la ermita del Santo Cristo, antigua fortaleza, obra románica con portada del siglo xi y talla del descendimiento del siglo xiv. En las proximidades de Labastida se descubrió hace pocos años un cementerio perteneciente a un asentamiento romano, con numerosas sepulturas an­tropomorfas horadadas en roca arenisca, que algunos han llegado a identificar también con tumbas judías.

En Laguardia hay que admirar sus murallas con su puerta de Carnicerías, el Viejo Ayuntamiento con su mag­nífico escudo y la plaza Mayor presidida por el Nuevo Ayuntamiento. En sus cercanías son muchas y de gran valor las casonas, algunas de ellas con entramados de madera y ladrillos. La iglesia de Santa María la Mayor oculta la maravillosa portada gótica del siglo xiv, policromada en el siglo xvn. La torre Abacial es románi­co-gótica y hace las veces de campanario. En la calle Pa­ganos hay también diversas casas señoriales. Un temple­te romántico guarda el busto erigido en honor del fabulista Félix María de Samaniego. Junto a la puerta de Santa Engracia son también muchas las casas solariegas. El Hogar del Jubilado luce un gran blasón.

Frente a la iglesia de San Juan se levanta la conocida casa del Vino, edificio del siglo xvn, casa natal del referi­do Samaniego. La portada sur de la iglesia es del romá­nico de transición y la torre es gótica. El convento de Ca­puchinas es hoy Centro de Salud. La puerta de Mercadal merece ser admirada. El edificio civil más antiguo de Laguardia es el correspondiente al número 78 de la calle Páganos, de finales del siglo xiv. Es conocido como la casa de la Primicia, dado que en ella se guardaban los diezmos y primicias que se le pagaba a la Iglesia.

La estancia en Laguardia ha de llevar al visitante a contemplar el poblado de La Hoya, con un pequeño mu­seo, en el que se superponen diversas culturas, desde el siglo xin al ii a.C. En Elvillar se encuentra el dolmen lla­mado La chabola de la hechicera que es el más especta­cular de todos ellos. La ermita románica de Santa María de Berberana con su ábside cuadrangular merece tam­bién una visita.

 

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