León

 

Palacio de los Guzmanes

Palacio de los Guzmanes

León

Son muchas las figuras que representan a los judíos en los museos y archivos de León, cuyos rasgos coinci­den con los que con tanta frecuencia los cristianos resal­taban como propios del pueblo deicida. En cuadros, es­culturas, códices miniados y aun vidrieras, los judíos ostentan las clásicas narices corvas, ojos almendrados y dientes exagerados, propios de unos perfiles físicos mal­ditos y reconocidos como «canónicos», a los que, sobre todo en cuadros, no les falta el gorro colorado con el que se les distinguía en países como Italia.

La ruta judía por León con características artísticas es larga y sorprendente. Es mucho el legado religioso-artístico con que cuenta esta ciudad, de cuya judería se tienen datos a comienzos del siglo x y que en un tiempo fue una de las más importantes de España, fuera de Ca­taluña. El Fuero de León ya hace referencias a los judíos en 1020. En la ciudad leonesa nació el cabalista Mosé ben Sem Tob de León, autor de la redacción final de Zohar o canon de la Cabala. La aljama de León atendió una academia rabínica y uno de sus maestros fue R. Ishaq Besudo. La historia se hace eco de los asaltos que pade­ció la judería leonesa, sobre todo de uno cuyo protago­nista fue don Suero de Quiñones, el famoso y un tanto romántico caballero del Paso Honroso sobre el puente del Hospital de Órbigo, en su fantasmagórica y universalmente conocida proeza o hazaña en pleno Camino de Santiago.

Palacio de don Gutiérrez

Palacio de don Gutiérrez

La judería estaba formada por las calles cuyos nom­bres actuales corresponden a las de Misericordia, plaza de las Tiendas o San Martín, cuesta de los Castañones, Juan de Arce con prolongación hasta la plaza de Santa María del Camino, Santa Cruz, Puerta del Sol, Tarifa, Plaza de Riaño, calle de Santa Ana y plaza del mismo nombre. La calle principal era la de la Misericordia, lla­mada entonces Cal de Moros. Consta que también los judíos vivían en la de Revilla, que hoy se corresponde con la de Juan de Arce. La parroquia de San Martín era el centro del barrio judío que se extendía hasta la iglesia de Santo Sepulcro y el entonces mercado mayor, hoy pla­za de Santa Ana. En un tiempo la judería se extendió tam­bién hasta la calle Rodezneros —prolongación de la de Tarifa— y Cal Pequeñina o Plata. Acerca de la localiza-ción de la sinagoga son muchas las discusiones sobre su localización pero pudo haber estado en la calle de la Cruz, en el número 10 de la actual calle de la Misericordia, o en la cuesta de los Castañones. Entre las calles de Santa Ana y Barahona y la de Cercas y plaza de Santa Ana, se hallaba el Prado de los Judíos. En el arrabal de Puen­te Castro hubo también otra judería, en cuya sinagoga se guardaba el códice bíblico conocido como Helelí y en este lugar hoy integrado en la ciudad leonesa se han des­cubierto importantes restos judíos con lápidas de gran interés, que unas se encuentran en el Museo Sefardí de Toledo y otras en los de León.

El primer cronista oficial de la ruta jacobea, que fue el clérigo francés Aymeric, allá por el siglo xn, aseve­raba que «León es ciudad llena de felicidades». Esto equi­valdría en la actualidad a explicar que León es ciudad eminentemente turística, con cuantos atractivos son necesarios para hacerla meta de multitud de programa­ciones de viajes y de vacaciones.

La joya máxima de la ciudad y señera de todo el góti­co español es la catedral de Santa María, la pulchra leonina o la bella leonesa. Soberbia edificación de cla­ra inspiración francesa, se alzó durante el tiempo de Al­fonso X el Sabio y su orgullo máximo, entre otros, es el fabuloso conjunto de sus vidrieras, con figuraciones policromadas donde la luz se abigarra y se alegra con tan diversos colores. De esta catedral puede muy bien asegurarse que es una sinfonía de luz y de piedra. Todo en ella es un verdadero museo. Sus obras de arte son ex­cepcionales. Entre las dependencias anejas se hallan la capilla de Santiago, el claustro, suntuosa obra plateresca de Juan de Badajoz el Mozo, autor también de la es­calera de la sala capitular, el museo catedralicio… Si bien son notables los elementos escultóricos de la ba­sílica-colegiata de San Isidoro, aún lo son más los fres­cos que cubren las bóvedas del llamado panteón de los Reyes y que los expertos consideran como el mejor con­junto pictórico del románico, hasta denominarlo y co­nocerlo mejor como la capilla sixtina del arte románico. El tesoro capitular guarda piezas ciertamente excepcio­nales, como el arca de las reliquias de San Isidoro, el cáliz misterioso de ágata de doña Urraca, el perdón de Baeza. En el archivo-biblioteca son notables una biblia mozárabe y otra románica.

 

Capítulo aparte merece el grandioso monasterio-hospital plateresco de San Mar­cos de León, junto al puente sobre el Bernesga, que se ha convertido hoy en un suntuoso hotel, salvo la iglesia y su claustro, en los que se ha habilitado el museo ar­queológico y en la que aún subsiste la soberbia sille­ría del coro que tallaron Juan de Juni y Guillen Doncel. De la fachada se ha asegurado que «es difícil encon­trar algo más primoroso y casi que duele tal despilfa­rro de primores en una obra expuesta a la intemperie y a la incuria de los tiempos».

Plaza del Grano

Plaza del Grano

Otros puntos de interés artístico son la casa románica de la calle Daoíz y Velarde, el palacio de Ponce de León, la casa de los condes de Luna, la monumental plaza de las Torres de Omaña, el corral de San Guisan, la plaza del Mercado, el barrio de Santa Ana, el palacio de los Guzmanes, el ayuntamiento viejo, la porticada Plaza Mayor, la modernista casa de Gaudí, la iglesia de San Marcelo, la plaza del Grano, la típica Rúa de los Francos, el convento de la Concep­ción, el convento de San Francisco, la iglesia de San Martín… El Barrio Húmedo o simplemente el Húme­do, es punto grato de reunión diaria y convivencial en la ciudad.

Iglesia de San Marcelo

Iglesia de San Marcelo

Astorga-Bembibre

El hecho de encontrarse Astorga en el Camino de Santiago, exactamente en la confluencia del camino lla­mado mozárabe con el clásico o francés, sugiere la idea de que debió ser su judería una de las más importantes de España. Astorga fue cruce de calzadas y caminos y por esta ciudad pasaron cuantas civilizaciones, culturas, riquezas y productos fueron propios de los pueblos que se asentaron en la Península Ibérica. La Ruta de la Plata es uno de los argumentos que, junto con el del Camino de Santiago y de los de la Maragatería, justifica la con­dición tan comercial que siempre caracterizó a Astorga, lo que explica la pujanza de su judería, cuyos miembros tan mayoritariamente se dedicaban a los menesteres co­merciales.

Por eso no es de extrañar que ya del siglo xi proce­dan las primeras noticias documentadas acerca de las ju­derías astorganas, con mención posterior para el castro de los Judíos y, sobre todo, para las persecuciones pade­cidas por su aljama en 1230 a la muerte de Alfonso IX. Dos eran las juderías de Astorga. En la conocida como puerta del Sol, por la que discurría el Camino de Santia­go, se ubicaba la primera, con el llamado castillo de los Judíos, dentro de los límites jurisdiccionales de la pa­rroquia de San Bartolomé. En el actual recinto denomi­nado parque de la Sinagoga, sobre todo perduran los recuerdos judíos de Astorga, a los que hay que añadir los de la otra judería probablemente ubicada a la sali­da del camino jacobeo por el lugar conocido como puer­ta del Obispo.

La referencia en nuestro libro a la judería de Bembibre, en la carretera N-VI, dirección a La Coruña, responde al dato documentado de un pleito curioso existente entre Diego González, párroco de la iglesia de San Pe­dro de Bembibre y Rabí Ca Comineto en nombre de los judíos, por haber ellos edificado una sinagoga nueva que, a tenor de las leyes entonces vigentes, superaba en pro­porciones y riqueza a la iglesia, lo que la convertía en ilegal. El párroco irrumpió en la sinagoga, sacó de ella la Tora y la consagró como iglesia. Iniciado el pleito, el párroco fue condenado a tener que construirles a los judíos otra sinagoga, que se ajustara a las normas esta­blecidas. En la parroquia-iglesia-sinagoga de San Barto­lomé, se conserva la copia de la sentencia del pleito. Hay historiadores que aseguran que la iglesia actual de San Pedro no es la misma a la que se refiere la sentencia, sino otra ya desaparecida.

La visita a Astorga tiene en cuenta su patrimonio monumental en el que sobresale la catedral, en la que superponen los estilos góticos, renacentistas y barroco, con mención muy particular, entre otras obras de arte, para el fabuloso retablo mayor de Gaspar Becerra, para la Virgen en Majestad, la Inmaculada de Gregorio Fer­nández, su sillería del coro y su Museo Catedralicio. El templo de Santa María es de vibrante barroquismo. En el santuario de Fátima resalta su hermosa portada y las pechinas de su cúpula. La iglesia de San Bartolomé data del siglo xm. En los tiempos de la peregrinación jacobea llegó a tener nada menos que 22 hospitales. El Camino penetraba por el recinto amurallado de la puerta del Sol. Joya excepcionalmente artística en Astorga es el palacio episcopal, creación de Gaudí en 1889 en su conocido y admirado estilo neogótico, edificio dedicado hoy a Mu­seo de los Caminos, en su versión maragata del Jacobeo y de la Arriería. En su interior alberga el Museo Dioce­sano, con valiosas colecciones de epigrafía romana y medieval. El Ayuntamiento es uno de los más importan­tes de la provincia de León y ocupa un frente de su her­mosa plaza Mayor. El edificio está coronado por una gran peineta donde un maragato y una maragata se encargan de dar las horas sobre la campana.

La importancia judía de Bembibre se explica en gran parte por el hecho de haber sido paso del Camino de Santiago, clásico o francés, que entre Astorga y Ponferra-da se dividía en dos ramales, uno de los cuales seguía por las tierras de la Maragatería y otro por lo que hoy es el trazado de la carretera N-VI: por el Puerto de Manza­nal, Torres del Bierzo, Albares, San Román, Almázacara y San Miguel de Dueñas. La villa de Bembibre fue popu­larizada por el novelista Gil y Carrasco en su obra El Se­ñor de Bembibre. Su iglesia románica es del siglo xn con curiosa portada decorada en zigzags por arquivoltas y jambas.

 

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