Logroño

 

El pensamiento de los judíos en España queda de manifiesto en incontables documentos, historias, narra­ciones, leyendas y monumentos. Queda también inscrito en las lápidas que se conservan y que proceden de algu­nos cementerios. La colección más completa de ellas se encuentra en el Museo Arqueológico de Sant Pere de Galligants, en la ciudad de Girona y en ellas es posible adentrarse tanto en el misterio de la muerte como en el de la vida de los miembros del pueblo judío de nuestro Sefarad. Esta es la traducción de la inscripción de una de estas lápidas: «Pacífico fui durante mi existencia/y desde el principio preseas allegó mimano;/cuando vino mi fin la luz aun ma circundó/el dia en que fui convoca­do para volver a mi fundamento./Túmulo funerario de R. Sidquiá, hijo de R. Selomó;/su memoria sea para siem­pre eterna./Fue vertida su lámpara y se congregó a su pueblo en el mes de Sebat del año 1371».

Por supuesto que la judería de Logroño está íntima­mente ligada al paso del Camino de Santiago por la po­blación riojana, etapa primera e importante después de haber abandonado las tierras navarras. Además de los tradicionales oficios relacionados con la economía, resalta en Logroño de modo particular la dedicación de los judíos a la preparación del calzado. Hay documentos que acreditan que los cristianos se quejaban de que también los judíos se dedicaran al oficio de zapateros. Es de su­poner que, con tanto trasiego de peregrinos provenien­tes de todos los países de Europa, el oficio de zapatero fuera uno de los más apetecibles por su rentabilidad. Las quejas se desbordaron en 1391 y fue entonces asaltada la judería, quedando prácticamente arrasada.

La judería no sobrepasó las 150 personas, lo que su­pondría en torno al tres por ciento de la población total, de entre los 4.000 judíos con que contaría toda La Rioja. La ubicación del barrio judío parece coincidir con el pe­rímetro incluido entre las calles actuales Rodríguez Pa­terna, avenida de Viana, avenida de Navarra y Muro de Cervantes. Las calles que incluiría serían las siguientes: San Gil, Baños, travesía de San Roque, Hornos, Ochavo, de la Brava, Hospital Viejo y Yerros. La calle Rodríguez Paterna se llamó en tiempos pasados calle de Villanueva, a la que con frecuencia se refieren las crónicas antiguas. Hay que resaltar que el conjunto de las citadas calles está configurado muy peculiarmente, formando uno de los barrios de la capital con más acentuado carácter, siendo factible la ubicación en él de la judería. Ni de la sinago­ga ni del cementerio de la aljama logroñesa queda ras­tro alguno. Hay constancia de que, cuando la expulsión el año 1492, muchos de los judíos de Logroño buscaron refugio en la vecina Navarra.

El Camino de Santiago se adentra en la población de Logroño por el puente de Piedra, obra inicial de San Juan de Ortega, discípulo predilecto de santo Domingo de la Calzada. Por la Rúa Bieja sigue la ribera derecha del Ebro para desembocar en la puerta de Carlos V, popularmen­te conocida como Revellín. Hay que admirar la casa Farias, el palacio del marqués de Legarda, la Fuente de Peregrinos y el templo de Santiago el Real, del siglo xvi, declarado monumento nacional. En lo alto de su portada resaltan las gigantescas esculturas de Santiago gue­rrero y peregrino. En su retablo mayor hay notables imágenes y un crucifijo románico del siglo xn. En su ar­chivo se guardan el Fuero de Logroño concedido por Al­fonso VI y la declaración de Logroño como ciudad.

La imperial iglesia de Santa María de Palacio fue construida en el siglo xii, con importantes reformas pos­teriores, sobre todo del siglo xvi, del que es su retablo mayor y su torre rectangular. La portada es del siglo xviii. La iglesia guarda diversas imágenes románicas de la Vir­gen, con Calvario gótico y el sepulcro de San Juan de Vergara en la capilla de Nuestra Señora de la Antigua. Esta iglesia fue sede de órdenes religioso-militares y su mayor originalidad arquitectónica está en su «Torre Pi­ramidal», conocida como Aguja de Palacio, bella mues­tra del gótico español.

El templo de San Bartolomé, de los siglos xii y xiv, tiene planta de basílica y torre cuadrada con decoración mudejar. Sorprende su ábside completamente románico y su rica portada gótica de principios del xiv. Las tum­bas de su interior son de los siglos xm y xiv.

La iglesia de Santa María la Redonda tiene el título de concatedral. Como colegiata es del siglo xv. Su porta­da de los Angeles está como custodiada por dos impre­sionantes torres gemelas del barroco riojano. Es un ver­dadero museo, con obras procedentes de otras iglesias y ermitas de pueblos riojanos. El lienzo del Cristo Crucifi­cado le es atribuido nada menos que a Miguel Ángel. Sobresalen el mausoleo del general Espartero y su espo­sa y los de Ponce de León y del obispo Pedro González del Castillo.

En la ciudad hay que admirar además el palacio de Espartero, hoy Museo de Bellas Artes, la casa de los Cha­piteles, de los marqueses Someruelo y los palacetes del Espolón…

 

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