Madrid

Pasaje del Obispo

Pasaje del Obispo (Foto Luis María)

 Los judíos se sintieron siempre protegidos por la au­toridad real en Madrid, entre otras razones, por el hecho de estar establecido que los miembros de esta Comuni­dad «no ayan otro senyor se non el Rey», perteneciendo directamente a la Casa Real. Los «Manolos» y las «Manolas» vivían mayoritariamente en el barrio madri­leño judío, y el nombre respondía al hecho de haberse llamado mayoritariamente Manuel los judíos cuando accedían al bautismo. Entre ellos había sobre todo no pocos médicos, por lo que, cuando su expulsión, el con­cejo de la capital tuvo que reclamar la correspondiente asistencia a las autoridades nacionales. Los recuerdos judíos en Madrid son de gran consideración, tanto arqui­tectónica como documentalmente. Alcalá de Henares, Buitrago del Lozoya, Torrelaguna, Talamanca del Jara-ma y otros pueblos de la Comunidad de Madrid comple­tan la ruta turística por sus juderías.

Calle de la Escalerilla de Piedra

Calle de la Escalerilla de Piedra (Foto Luis María)

Madrid

La relación directa entre el rey y los subditos judíos está proclamada con toda claridad en los Fueros de los distintos pueblos y ciudades de España. En el que Teruel se fijó literalmente, por ejemplo: «Que los jodios sieruos son del sennor Rey et sienpre a la real bolsa son conta­dos». La personalidad jurídica de los judíos reconocida por todos explica que el rey Alfonso II proclamara en Salamanca en 1176: «E mete los judíos el rey manos del conceyo de Salamanca que non ayan otro senyor se non el Rey. E el conceyo de Salamanca que los ampare con derecho».

Calle del Rollo (Foto Luis María)

Calle del Rollo (Foto Luis María)

En Madrid no podía ser de otra manera y su judería se sintió siempre especialmente protegida por la autori­dad real. La antigüedad de la misma se remonta al siglo xi en plena época árabe. Su progreso coincidió con el si­glo xin, logrando su mayor esplendor en el siglo XIV, an­tes de sufrir las persecuciones del año 1391. Hay refe­rencias muy cumplidas y documentadas acerca de los impuestos que habían de sufragar los judíos de Madrid. La ruta o visita al Madrid judío ha de tener muy en cuenta el dato de los nombres de Manolas y Manolos que se dan o se dieron en barrios concretos. Entre ellos había no pocos médicos, de tal forma que, cuando la expulsión de 1492, la ciudad de Madrid quedó sin aten­ción médica alguna, siendo reclamados después por el Concejo los que ejercían esta profesión, si bien vol­vieron ya bautizados.

Calle Imperial esquina calle de Toledo. (Foto Luis María)

Calle Imperial esquina calle de Toledo. (Foto Luis María)

El barrio judío de Madrid podría coincidir con el es­pacio existente entre las actuales calles de Santa Fe, como no podía ser de otra manera, la de Salitre y los alrededo­res de la plaza de Lavapiés. Hay quienes aseguran que la sinagoga se encontraba en la calle de Santa Fe. El ce­menterio judío era colocado en la «ladera de Buena Vis­ta, mirando al santuario de Atocha». En los alrededores de Puerta Cerrada sitúan otros la judería u otra judería madrileña. Su perímetro afectaría a las calles de Concep­ción Jerónima y de Tintoreros y plaza de Santa Cruz. Hay constancia también de la existencia de casas de judíos en lugares tales como las cercanías a la Puerta del Sol, parroquia de Santiago, «Puerta de Caldanu» junto a la plaza de la Ópera, calles del Arenal e Independencia. La Cuesta de la Vega y el Campo del Moro también podrían haber sido otras tantas ubicaciones del cementerio judío. Siguen siendo testigos de la posible ubicación los topó­nimos que se registraron del Vado de la Judía y del Valle y Arroyo de la Judía.

Iglesia de Santiago (Foto Luis María)

Iglesia de Santiago (Foto Luis María)

La visita judía a Madrid ha de contar con su Archivo Histórico Nacional, Biblioteca Nacional y Academia de la Historia, que guardan documentos muy interesantes relacionados con la presencia de este pueblo en España. En la Casa de Alba se conserva la Biblia de Mosé Arragel de Guadalajara en su versión romanceada del hebreo, de comienzos del siglo xv, bella y artísticamente ilumina­da, una de las joyas bibliográficas más interesantes de la capital de España.

Biblioteca Nacional

Biblioteca Nacional (Foto Luis María)

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La ruta turística por Madrid desde perspectivas y va­loraciones judías es sensacionalmente rica. Digna de ser recorrida una y muchas veces: las calles, las plazas, los documentos históricos y tantos otros elementos más pro­claman la presencia de los judíos en la capital de Espa­ña con todo efectividad y bien señalizada. El tesoro o camafeo medieval del Delfín que guarda el Museo del Prado, luce una inscripción hebrea y, aunque su proce­dencia tal vez no sea española, su interpretación es útil para adentrarse en la vida del pueblo judío. También en el Museo Lázaro Galdiano se exhibe un disco de plomo con inscripción hebraica. Y por supuesto, en muchos museos se conservan cuadros en los que aparecen per­sonajes judíos, vestidos la mayoría de ellos con los atuen­dos propios de la Edad Media y cuyo estudio y contem­plación contribuyen de forma fehaciente y cierta a interpretar la realidad de sus vidas con mucha aproxi­mación.

Plaza Mayor

Plaza Mayor (Foto Luis María)

Tal es el caso del cuadro de Rizzi Auto de Fe en la Plaza Mayor y el de Auto de Fe de Pedro Berruguete. En el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial son muchos los manuscritos hebreos que se conservan, así como varias biblias hebraicas, con mención para la preparada por el famoso humanista el frexnense Benito Arias Montano, escrita con letras doradas y decorada con motivos geométricos. El hecho de haber sido Madrid sede de la Suprema del Tribunal del Santo Oficio suscita el recuerdo en la visita turística judía a Madrid del lugar en el que se ubicaban la casa de la Inquisición y sus cár­celes junto a la calle Torija. Consta por diversidad de documentos y narraciones que los Autos de Fe tenían lugar en la plaza Mayor y que el quemadero no estaba lejos de lo que hoy es conocida como Glorieta de Ruiz Jiménez, lugar en el que también estuvo el antiguo Hos­pital de la Princesa.

Plaza de Oriente y Palacio Real

Plaza de Oriente y Palacio Real (Foto Luis María)

Por supuesto que la estancia por motivos turísticos judíos en Madrid hay que aprovecharla también para vi­sitar y admirar el interesante legado monumental que posee la capital de España, cuyos visitantes se acrecien­tan más cada día, a medida que se hacen públicos los atractivos histórico-artísticos y monumentales con que cuenta Madrid, convertida hoy para muchos de dentro y de fuera de España en verdadera capital del turismo.

Puerta del Sol

Puerta del Sol (Foto Luis María)

El recorrido turístico por Madrid pasará necesariamente por unidades tales como la puerta del Sol, Ópera, Palacio Real, plaza Mayor, La Latina y Morería, Lavapiés y Tirso de Molina, calle Huertas, Gran Vía, plaza de España, callé de San Bernardo, Malasaña, Alonso Martínez, Chueca, paseo del Prado, parque del Retiro, barrio de Salaman­ca, Arguelles, Ciudad Universitaria, Moncloa, Castellana, Azca, Chamberí, Cuatro Caminos, Atocha, Ribera del Manzanares, La Vaguada, Barrio del Pilar, Ventas…

Plaza de la Villa

Plaza de la Villa (Foto Luis María)

Es mucha la capacidad de atracción turística que entrañan estos lugares, todos ellos dotados de las infraestructuras turísticas más modernas que se precisan para justificar la estancia de los más exigentes. Las actividades cultu­rales en sus diversas versiones contribuyen también a acrecentar la afluencia turística hacia la capital de Es­paña, convertida en meta para incontables programacio­nes viajeras.

Alcalá de Henares

En Alcalá de Henares, al igual que en tantas otras juderías, estaba establecido que los judíos fueran se­ñalados con distintivos especiales, dictándose de vez en cuando leyes que recordaban la prohibición de ves­tirse igual que lo harían los cristianos. La Ley de las Siete Partidas que entraron en vigencia en el siglo xiv, dictó lo siguiente: «Muchos yerros et cosa desafuisadas acaescen entre los christianos et los judíos et las christianas et las judias, porque viven et moran de so uno en las villas e andan vestidos los unos asi como los otros. Et por desviar los yerros et los males que podrían acaescer por esta razón, tenemos por bien et mandamos que todos quantos judíos et judias vivieren en nuestro sennorio que trayan alguna sennal cierta sobre las cabe­zas que se ata, poque se conoscan las gentes manifiesta­mente qual es judio o judia. Et si algún judio no levase aquella sennal, mandamos que peche por cada vegada que fuese fallado sin ella diez azotes públicamente por ello».

 

En época musulmana había ya judíos en Alcalá de Henares. Al ser reconquistada la ciudad en 1118 se los encontraron los cristianos. La judería reducida del siglo xin creció hasta progresar en gran manera en el siglo XIV. La convivencia entre cristianos y judíos en Alcalá fue cier­tamente ejemplar, pese a algunas protestas que se re­gistran en el Cancionero de Baena en el que alguien se queja de que los cánticos religiosos de los judíos inte­rrumpían su descanso nocturno. La población judía de Alcalá pudo muy bien rondar los mil judíos. La Univer­sidad fue fundada por el Cardenal Cisneros y llegó a emular a la mundialmente célebre Universidad de Sala­manca, contribuyó en gran manera a fomentar el hebraísmo, como en el caso concreto de la preparación y edición de la Biblia, conocida como Políglota Complu­tense, en la que trabajaron los más conocidos judíos con­versos del momento.

Los trabajos de diversos historiadores locales han se­ñalado la ubicación exacta del barrio judío de Alcalá y éste estaría delimitado por las calles Mayor, Imagen, Santiago y Cervantes. Como en tantas otras juderías reconvertidas, tampoco aquí podía faltar una calle dedi­cada al apóstol Santiago, patrono de España. La plaza Mayor o de Cervantes y la calle Nueva, junto con el con­vento de las Bernardas, la calle del Tinte, la de Diego Torres y otras aledañas, completan el perímetro urbano de la judería, una de cuyas sinagogas —la Mayor— esta­ría en el «corral de la Sinagoga», al que se accedía por la calle Mayor, frente al hospital de Antezana. En la calle de Santiago podría ubicarse la otra sinagoga, en su es­quina con la de Diego Torres. Como barrio Judío» es co­nocido popularmente este lugar. El parque O’Donnell pudo haber sido la ubicación del cementerio, haciéndo­se referencias también a la «carnicería de los Judíos» cerca de donde se halla la casa natal de don Miguel de Cervantes.

 

Fachada del hoy Parador de Turismo y antiguo convento y cárcel.

Fachada del hoy Parador de Turismo y antiguo convento y cárcel.

En Alcalá de Henares —Ciudad Patrimonio de la Hu­manidad— hay mucho que ver. La capacidad de sorpre­sa ha de ser mucha para poder disfrutar tan sólo de una parte de los atractivos turísticos con que cuenta esta población madrileña, que fuera fundada por los romanos, pero sobre restos poblacionales antiguos existentes en el cerro Ecce Homo y que es patria de don Miguel de Cervantes y de muchos personajes de gran importancia en la historia de España y en la eu­ropea. El Cardenal Cisneros eligió esta ciudad para fundar en ella su Universidad de tanto renombre en la historia de la cultura universal. En el siglo xvi llegó a albergar hasta 12.000 estudiantes, pasando por ella no pocos personajes egregios hoy en el santoral y en la historia de la literatura española. Todas las Órde­nes Religiosas contaron con sus respectivos Colegios Mayores.

El edificio de la antigua Universidad —Colegio de San Ildefonso— fue levantado por Pedro Gumiel y su facha­da plateresca es obra de Rodrigo Gil de Hontañón, que la trazó en 1543. El patio Mayor consta de tres galerías, el patio Trilingüe es de estilo plateresco y su nombre res­ponde a que en él se enseñaba griego, latín y hebreo. En el paraninfo se entregan todos los años los premios Cervantes. El patio de los Filósofos conduce a la capilla de San Ildefonso, en la que se encuentra el sepulcro del Cardenal Cisneros, obra artística de Domenico Francelli y Bartolomé Ordóñez. Fueron también enterrados en ella el humanista Antonio de Nebrija, el «Divino» Valles mé­dico de Felipe II y Pedro de Gumiel.

El recorrido turístico por Alcalá de Henares ha de conducir a la capilla del Oidor que, junto con la torre, es lo único que queda de la antigua iglesia de Santa María en la que fue bautizado don Miguel de Cervantes el 9 de octubre de 1547. La iglesia Magistral de los santos Justo y Pastor, obra plateresca del siglo XVI, es atribuida a Antón y Enrique Egas. Hay un Cristo y una Virgen que perte­necieron al cardenal Cisneros. En su cripta están ente­rrados los dos santos niños patronos de Alcalá, martirizados por los romanos.

 

Otros lugares de interés turístico son éstos: el pala­cio Episcopal con su fachada renacentista, el recinto amurallado, museo de escultura al aire libre creado por Pepe Noja; convento de Bernardas con hornacina de San Bernardo e iglesia de Sebastián de Plaza; oratorio de San Felipe Neri, con obras de la escuela de Alonso Cano y Gregorio Fernández; la calle Mayor porticada; Casa-Mu­seo de Cervantes; Hospital Antezana, iglesia y colegio de la Compañía de Jesús, obra de Gómez de Mora; Teatro Cervantes; ermita del Cristo de los Doctrinos; colegios del Rey y de los Irlandeses…

Entre los conventos citamos los de las Carmelitas o la Imagen, Santa Úrsula, la Magdalena, Santa Catalina de Siena, convento y colegio de los Carriociolos… De la época romana aún quedan vestigios, como restos de una basílica y algunos mosaicos…

Buitrago del Lozoya

Deseosos los judíos españoles de exonerarse de la culpa que se les achacaba de haber dado muerte sus an­tecesores a Jesucristo en Jerusalén y ante el temor de ser expulsados de España precisamente por este pecado co­lectivo, se inventaron un documento, apócrifo a todas luces, en el que se hacía referencia a una protesta de las aljamas españolas que enviaron al Sumo Sacerdote Caifas por tan luctuosa e injusta decisión. Huelga decir que, tanto este documento, como sus repetidas confesiones comunitarias de no haber tomado parte alguna los ju­díos españoles en la muerte de Jesucristo por haber resi­dido ellos en España desde mucho antes de la muerte del Mesías, no sirvieron de nada a la hora de la firma del Decreto Real de Expulsión en 1492.

La judería de Buitrago del Lozoya, en la provincia de Madrid, parece que contó nada menos que con dos sinagogas, constando además que en la expulsión muchos de los bienes de la Aljama pasaron a ser propiedad del duque del Infantado. Por cierto, y dada la relación exis­tente entre esta casa noble y la población madrileña, hay que recordar que el origen de ella se debe al hecho de haberle proporcionado al rey Juan I don Pedro Gonzá­lez de Mendoza en la batalla de Aljubarrota la excepcio­nal ayuda de su propio caballo, batiéndole además la re­tirada, con lo que el rey consiguió salvar su vida, aunque la perdiera el soldado en la misma batalla. El rey le donó a la familia Mendoza el señorío de Buitrago, con lo que comenzó la estirpe de una de las casas nobiliarias más importantes de Castilla. La aljama de Buitrago disponía de buenas propiedades en el pueblo y en lugares aleda­ños y hasta se hace documentada referencia a un «lava­dero de lanas». Parece que hubo en la población madri­leña dos juderías. Una de ellas se ubicaba dentro del recinto de las murallas y otra en el Arrabal. Entre una y otra pudieron constituir unas 150 familias. Cada judería contaba con una sinagoga. El castillo, la iglesia y la mu­ralla contituían la obligada defensa que necesitaban los judíos para poder pervivir sin excesivos y frecuentes so­bresaltos y persecuciones, aunque consta que la de fina­les del siglo xiv le afectó en gran proporción. La actual plaza del Castillo y calles adjuntas formaban el centro de la más importante de las dos juderías. La sinagoga del Arrabal coincidiría con el solar de lo que fue la iglesia de San Juan, que hoy está ocupado por el Ayuntamien­to. No hay referencia alguna acerca de los cementerios. La población fue conquistada a los musulmanes por Al­fonso VI y ella jugó un importante papel en la Edad Me­dia, habiéndole concedido Alfonso X en 1256 un Fuero Real. Hoy es uno de los lugares más interesantes de la llamada Sierra Pobre de la Comunidad de Madrid, con atractivos turísticos históricos, monumentales y cultura­les de consideración y valor.

Entre los atractivos turísticos de Buitrago del Lozoya hay que resaltar su paisaje, así como las posibilidades que ofrece para desplazarse a sus alrededores pletóricos de naturaleza con el embalse de Puentes Viejas sobre el Lozoya. Las murallas son árabes y a su recinto es aconsejable entrar por el Arco de Santa María, trazado en «S», junto al que se divisan unas almenas almohades. La me­jor parte conservada de las murallas es la que se orienta hacia la carretera de Villavieja de Lozoya, en cuyo lado se observan dos puertas. El castillo es construcción de los Mendoza, aprovechando la fortaleza árabe que estu­vo convertido por dentro en lujoso palacio, pese a su ca­rácter defensivo. En los alrededores del mismo y por todo el pueblo suenan todavía los ecos de las Serranillas que en gran parte fueron compuestas aquí por el Marqués de Santillana. Solo resta el arco ojival del Hospital. La igle­sia de Santa María es la única que queda ya dentro de las murallas. Data del siglo xiv y merece especial consi­deración la bella torre mudejar y una portada gótica. El artesonado del techo procede del antiguo Hospital. El Mu­seo de Picasso es una obra original por todos sus costa­dos y responde al legado efectuado por Eugenio Arias, natural y vecino de la población, que durante su exilio en Francia ejerció de peluquero profesional en Vallauris, y atendió permanentemente a Pablo Picasso en tal me­nester. El celebérrimo pintor le regaló diversidad de obras de arte, ejemplares curiosos y únicos, como cerámicas, libros dedicados, platos, retratos, una cajita de madera pirograbada con escenas taurinas para que guardara sus bártulos de peluquero, la litografía El Prisionero y la pa­loma tan umversalmente conocida y reproducida, el car­tel Asturias 1863… También en el museo se expone una preciosa cruz de plata del siglo xvi, obra de Iván Franci. La visita a Buitrago por motivos judíos, se puede apro­vechar también para alargarla hasta la población de Torrelaguna en la que también consta que hubiera ju­díos, alcanzando tal vez el número de doscientos, antes de la expulsión de los mismos. Es posible que el barrio estuviera en la calle de la Santa Fe, en la que se conser­va sólo el recuerdo de la sinagoga. En Torrelaguna na­ció el Cardenal Ximénez de Cisneros y en sus alrededo­res lo hizo Santa María de la Cabeza, esposa de San Isidro. El poeta Juan de Mena murió en las cercanías, al caerse de una muía. La iglesia se inició en el siglo xv y su aspecto exterior recuerda una fortaleza. El altar Mayor, barroco, posee una preciosa talla de la Magdalena, de Luis Salvador Carmona. En la capilla de San Felipe se encuentra el cuerpo de poeta Juan de Mena. Son muy artísticas las demás capillas. El edificio del Ayuntamien­to se halla en la plaza, porticada y en el del Pósito una lápida recuerda unas ordenanzas del Cardenal Cisneros, cuya estatua se encuentra en el lugar en el que estuviera su casa natal. El palacio de Salinas y el convento de las Concepcionistas reclaman atención.

También en Talamanca del Jarama hay constancia de la presencia de los judíos y por esta razón, y por otras de carácter histórico y monumental, se justificaría alar­gar hasta aquí la visita.

 
 
 

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