Niebla

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Las rutas judías por España no solamente pasan y se detienen en ciudades, pueblos y lugares. Lo hacen tam­bién por los dichos y por los refranes con los que el mis­mo pueblo actual sigue expresando su relación y la que tuvieron en otros tiempos sus antepasados respecto a los judíos. A través de esos dichos y refranes es fácil descu­brir la verdad de cuanto se pensaba entonces y, en gran parte, se sigue pensando. Huelga asegurar que en la ma­yoría de tales dichos y refranes los miembros de la co­munidad judía aparecen con cuantos defectos hacen odiosos todos y cada uno de quienes pertenecen a tal colectividad. El muestrario es tan descalificador como amplio: «Duerme don Sem Tob, pero su dinero no», «En judío no hay amigo», «Judío o mujer que jura, malicia segura», «Judío para la mercadería y fraile para la hi­pocresía», «En la heredad un guindo y en la villa un ju­dío», «No fíes del judío converso, ni de su hijo, ni de su nieto».

En la provincia de Huelva hay tradición de la existen­cia de una judería muy floreciente de larga tradición enclavada en la ciudad de Niebla. Son repetidas las alu­siones que en la historia se hacen en relación con la co­munidad judía asentada en tan noble y fortificada ciu­dad onubense. Teniendo en cuenta los datos que reflejan las cantidades de dinero que debían aportar los judíos de Niebla en concepto de impuestos que se estimaba en unos 7.000 maravedíes en el año 1294, se deduce que la capacidad de estos habitantes en número y en potencial económico rebasaría la de la judería de Écija y aún la de Jerez. No queda constancia alguna acerca del lugar en el que podría asentarse el barrio judío, pero todo induce a concluir que habría de ser el casco antiguo de la pobla­ción. Aseguran algunos que el lugar en el que estuviera la sinagoga coincidiría con el que en la actualidad ocu­pa la iglesia de San Martín, en la calle Real.

Niebla, la legendaria Libia romana, es la ciudad de mayor tradición histórica y artística de la comarca y de la provincia. Su recinto amurallado es de tonalidad rojizo y, aunque conserva restos romanos y visigodos, es básicamente musulmán, con un perímetro de 3000 me­tros de 16 metros de alto y 14 de ancho, por lo que tam­bién se la conoce como Ávila andaluza. Destacan sus cuatro puertas primitivas: del Socorro, del Agua, de Se­villa y del Buey. El castillo completa el magnífico con­torno almohade. La iglesia de Santa María de la Grana­da fue primero mozárabe, después mezquita almohade y modificada posteriormente con el gótico. El castillo, llamado también de Los Guzmanes, data del siglo xn. Merecen asimismo visita las iglesias de San Martín con elementos islámicos y el Hospital de Santa María. En su castillo se celebra el festival de Teatro y Danza. Es fama que en esta ciudad se empleara por primera vez la pól­vora en su conquista.

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En esta misma provincia hay que prestarle también atención turística por motivos judíos a Santa Olalla del Cala o Santa Olalla de la Sierra como entonces se lla­maba, pueblo que se encuentra en plena Vía o Ruta de la Plata —N-630— («Iter ab Emérita ad Asturicam»), cal­zada romana que comunicaba y comunica el Norte con el Sur de España por el Oeste y que fue uno de los cami­nos más frecuentados por cuantos pueblos habitaron en España, por lo que el carácter comercial y financiero de los judíos habría de hacerse necesariamente presente junto al camino. La sinagoga de Santa Olalla fue destrui­da a consecuencia de la persecución desatada por el in­sensato arcediano de Écija, que rigió en un período de «sede vacante» la diócesis metropolitana de Sevilla. La sinagoga y el barrio judío se encontraban cerca de la igle­sia de la Asunción, del siglo xvi, y del castillo del siglo xni. El bello crucero renacentista del siglo xvi completa la oferta turística monumental de este blanco y bien co­municado pueblo. En la misma provincia onubense, junto a Gibraleón hay una aldea precisamente denominada El Judío, por lo que la presencia de los judíos se hace más que presumible en este pueblo, situado en la orilla izquierda del Odiel, fortificado por Alfonso XI y entre cu­yos monumentos resaltan las iglesias de San Juan y de Santiago, los conventos de el Vado y del Carmen, todos en torno al siglo xvi. En Aroche hay una farmacia, en la calle Comandante Bellido, de la que hay firmes indicios de antecedentes judíos, con reiteradas referencias a su aljama.

 
 
 

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