Orense

Orense

El penúltimo de los acontecimientos reveladores de la fuerte y numerosa presencia de los judíos en Orense tuvo lugar en esta ciudad el día 29 de julio de 1672, cuan­do fue robada una Sagrada Forma al ser trasladada pro­visionalmente la parroquia de Santa Eufemia a la santa iglesia catedral. El suceso impresionó a los orensanos de tal forma que a los actos de reparación por el sacrilegio perpetrado asistieron el Ayuntamiento con maceros y empleados, arrastrando los regidores luto desde la casa del Ayuntamiento, estrenando bayetas, perdonos y tafe­tán negro. Aun sin haberse descubierto el autor o auto­res del robo, la multitud achacó lo inmediatamente y por aclamación a los descendientes de los judíos.

No obstante la convivencia de los cristianos orensanos con los judíos había sido ejemplar a lo largo de la histo­ria. La aljama orensana fue posiblemente la más impor­tante del Reino de Galicia y contaba con una sinagoga de gran prestigio que irradiaba su influencia político-religiosa a toda la región. Se ha asegurado que en esta población los judíos «eran tantos que sus habitantes cons­tituían si no la mitad del vecindario, por lo menos una buena parte». Los archivos históricos y los libros del Concejo hacen llevar a esta conclusión. La razón por la que la judería orensana y otras gallegas tuvieron un cen­so tan alto, radica sobre todo en el hecho de que, al ser perseguidos en Castilla y León sobre todo en 1391 los judíos, muchos de ellos optaron por refugiarse en el rei­no de Galicia. Galicia se distinguió a lo largo de su historia en servir de refugio a individuos y a grupos mar­ginados, si bien, aunque asentados en el territorio, vol­vían a exiliarse después de esa región a la búsqueda de sus raíces. Se dice que la emigración para el gallego no es una necesidad física, sino una obligación moral.

La aljama orensana se asentaba sobre las calles de la Rúa Nova hasta la Huerta das Ouliveiras, transformada después en calle del Instituto y Huerta del Concejo. En esta última calle, después de Pereira y plaza del Obispo Cesáreo, en la casa del número 13 existe aun el edificio que ha conservado hasta hoy el nombre de A Casa da Xudia. En uno de los edificios adjuntos levantados en el siglo xvi, vivió Díaz de Cadórniga, hijo del enemigo más encarnizado que tuvieron los judíos de Orense, que fue más tarde adquirido por el cabildo. Próxima a esta casa estaba la sinagoga que ocupaba parte del terreno que a mediados del siglo xvn fue adquirido por la Compañía de Jesús para construir en él su iglesia y colegio. Una vez más se demuestra el irrefrenable afán de los jesuítas por asentarse en lugares que habían sido utilizados por los judíos. El antiguo seminario conciliar ocupó también tales terrenos, al igual que el obispado y la iglesia de Santa Eufemia. Es fama que en Orense, además de las actividades normales ejercidas por la comunidad judía, miembros muy destacados de ella se dedicaban a curan­deros y algebristas y a prepararles sortilegios a los cam­pesinos que tan aficionados son a este tipo de curanderismos en Galicia.

Alrededor de la catedral y de la plaza Mayor se apiña su rico e interesante conjunto histórico. Las Alamedas pueden constituir el punto de partida para nuestra visi­ta, llegando inmediatamente a las Burgas, famosas fuen­tes termales que fueron ya aprovechadas por los roma­nos y cuyo caudal vierte con regularidad unos 300 litros por minuto, a una temperatura constante de 67°C. Tanto la fuente de Arriba como la de Abajo están artísticamen­te adornadas. Pasada la plaza Mayor se llega a la iglesia de Santa María Madre, en cuyo solar hubo antes una basílica paleocristina barroca. El Museo Provincial de Bellas Artes queda a uno de los lados. La plaza de la Magdalena está presidida por un cruceiro del siglo xvín y la plaza del Trigo luce una fuente en el centro.

La catedral de San Martiño fue construida entre los siglos xii y xiii. El Pórtico del Paraíso es anticipación del Pórtico de la Gloria compostelano. Al pie de su parteluz aparece la estatua de Santiago con su espada. La Capilla Mayor guarda retablo, obra de Cornelis de Holanda. Sus rejas y sus pulpitos son interesantes obras de arte. En un muro lateral hay que admirar el soberbio sepulcro gótico de un obispo. Entre las capillas destaca la del San­to Cristo, cuya imagen fue traída desde Finisterre por el obispo Pedro Marino en el siglo xv, y del que se narran piadosas y apasionantes historias. El Museo Catedrali­cio conserva joyas de mucho valor, como el tesoro ro­mánico de San Rosendo, la lápida cristiana más antigua de Galicia, el frontal de esmalte de Limoges… la cruz procesional y el Misal Auriense o de Monterrei.

 

La ruta turística ha de seguir por el Museo Municipal, Prazo do Ferro, la iglesia de Santo Domingo, casa de Ma­ría Andrea, de porte medieval, iglesia de Santa Eufemia con sus antecedentes judíos, casa dos Oca-Valladares… La casa de Corona reclama también atención turística, al igual que la iglesia de la Santísima Trinidad, jardines del Possio y la «cápela dos santos Cosmede e Damián»… Hay que ver además el convento de San Francisco, la «praza do Correxidor», el palacio de éste, el claustro ubi­cado en el parque de San Lázaro, que es el mejor en su género en Galicia, el edificio de la Diputación, estatua del orensano Padre Feixóo… La iglesia de San Francisco del siglo xiv, guarda diversos enterramientos de su época.

La Ponte Vella tiene basamentos romanos de la épo­ca de Augusto.

Allariz

En el año 1269 está fechado un documento de singu­lar trascendencia para el conocimiento y comprensión de las relaciones de convivencia del pueblo gallego con los judíos y que puede muy bien ser estimado como una ver­dadera joya documental en la historia del judaismo en España. Se trata de la «Carta de avenencia entre Per Eanez, vecino de Allariz é más omes-buenos et Isac Is­mael, Xudeo Maor de dita vila» otorgada bajo el reinado de Sancho IV. Amador de los Ríos, que fue el primero en dar a conocer el texto de esta carta, comenta que por ella «los cristianos se obligan a no molestar a los judíos en sus «rogas e festas», absteniéndose de entrar en los su­burbios de la villa donde aquellos moraban, durante sus festividades, aun cuando fuese para obtener justicia con­tra ellos («per os prendar»); los judíos se comprometían a vivir en la «xuderia é non ñas outras rúas da vila», evi­tando su presencia en las procesiones y otras fiestas de los cristianos para que «non aya hi camerias nin ruinda­des, nin desaguisados como de costume».

Esta carta prueba la existencia de una nutrida colo­nia judía en la población gallega presidida por un Xudeo

 

Maor dos Xudeos, equivalente a una especie de alcalde o presidente de la aljama que ostentaba representación y poderes para comparecer ante el escribano del rey en este caso de nombre Miguel Pérez. Podía ser rabino o Rabb Mayor, dado que el asunto del que se trataba era también religioso. La judería se conformaba como el Concejo, formado por los viejos que representaban la autoridad patriarcal, los adelantados y las cabezas de familia. Los fallos del Concejo se sometían al albedí, es­pecie de prefecto que ejecutaba las decisiones concejiles y que era nombrado por el rey, el obispo, el noble o se­ñor, e incluso el abad, si la judería se encontraba en la jurisdicción de algún monasterio. La sinagoga no sólo era el templo judío, sino el lugar en el que se asentaba la escuela talmúdica.

En la Carta de Avenencia de Allariz se dice con inge­nuidad que «e cando nos saquemos o noso Deus e sua Mal Santa María po las rúas, n’a d’estar hi presente nengun xudeo», con el fin de evitar cualquier riesgo de profanación, insultos, riñas o altercados. No obstante en el año 1317 hay noticias sobre el hecho protagonizado por un caballero, de nombre Juan de Arzúa, que montó a lomos de un toro bravo para espantar a los judíos que se burlaban al paso de la procesión del Corpus Christi. Al disfrutar la población de Allariz durante mucho tiem­po de una situación económica tan floreciente hasta el punto de ser conocida como la Llave del Reino de Gali­cia, el auge y desarrollo de la comunidad judía fue en aumento, y a ella le concedió el Fuero de Alfonso VII pin­gües privilegios. La tradición asegura que la judería se ubicaba en el barrio extramuros de Socastelo, en las cerca­nías del castillo, en la calle que hoy se conoce como Nue­va, detrás de la iglesia de San Esteban, es decir, en la par­te más alta de la población. Es posible que la sinagoga estuviera en la actual calle Aceñas, paralela a la anterior.

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Las leyendas góticas fantasean que Allariz fue funda­da por el rey godo Alarico, siendo residencia de Sisebuto y de Witiza. Fue sede del gobierno de los condes de Gali­cia Raimundo de Borgoña y doña Urraca. Fue dotada de «Fuero Completo» por Alfonso VII y, de corte militar, pasó a ser corte literaria de Fernando II y de Alfonso X, que fue proclamado aquí rey, y que aquí también com­pendió sus Cantigas. Resulta con estos datos más que explicable la presencia y prosperidad de la aljama judía. La original Festa de Boi cuyo origen responde a la re­paración por las injurias que en una ocasión recibió la procesión del Corpus por parte de un grupo de judíos, hace perdurar todavía el recuerdo de su presencia en la Llave del Reino de Galicia. En la procesión el héroe Xan de Arzúa es llevado en procesión al Consistorio y su mu­ñeco colgado del balcón mientras duran las fiestas.

La visita turística por el pueblo incluye el Campo da Barreira, su fuente diseñada por Ferro Caaveiro, y el san­tuario de San Benito y sus cruceiros. El monasterio de Santa Clara es fundación de doña Violante, la esposa de Alfonso X el Sabio, en 1282. Resalta su claustro, de los siglos XVII y XVIII, que es el mayor de España. En su museo se encuentran piezas excepcionales, de la época de Fer­nando III, como la Virxe Abrideira de marfil con escenas de los gozos de María en su interior y una cruz de cristal y esmaltes. Gran interés tiene el Ayuntamiento y la igle­sia románica de Santiago. La iglesia de Santa María de Vilanova es del año 1180. Cerca se halla el puente alomado sobre el Arnoia, de la época medieval. Un día a la semana, y con remembranzas medievales, el Muiño do Burato ejerce su función artesanal. Otros atractivos tu­rísticos de Allariz se reflejan en los edificios y lugares siguientes: puente de San Lorenzo, jardín de Portovello, iglesias de San Pedro y San Esteban, palacios de Castro-Ojea…

La ruta ha de integrar parte de los alrededores de Allariz con mención para el templo de San Martiño de Pazo y la basílica románica de Santa Marina de Augas Santas con su correspondiente leyenda martirial en tiem­pos del emperador Adriano y sus amores con el prefecto romano Olibrio. En el monasterio hay que ver el sepul­cro de la santa bajo un templete, diversos retablos barrocos y un palacio episcopal de verano, con la ermita de San Bartolomé en la que se encontraba, tal y como atestigua la piadosa y fantástica tradición, uno de los tres pozos que surgieron cuando le fue cortada la cabeza a Santa Marina. Cerca se halla también Forno da Santa, en el que la referida tradición sitúa el lugar del martirio, pero que pudo muy bien ser una cripta funeraria celtorromana, dotada hasta de piscina. De la mano y de la palma martirial de Santa Marina es posible efectuar una ruta turística por los alrededores de Allariz, cargada de recuerdos y leyendas piadosas excepcionalmente ori­ginales y curiosas. La iglesia cercana de San Pedro da Mezquita se concluyó en 1202.

Ribadavia

En el año 1366, en la Carta-Fuero dada por el conde de Lemos don Pedro Ruiz de Castro, pertiguero mayor de la tierra de Santiago, declara libres «a todos, así judíos como cristianos…» Ridabavia fue un importante centro comercial y su cercanía a Portugal favoreció las condi­ciones de esta población para que su judería se afirmase y acrecentase tanto por las generosas posibilidades co­merciales que reportaba su situación geográfico-adminis-trativa, como por las facilidades para refugiarse en el país vecino, en el caso de que llegaran también a Galicia las persecuciones contra ellos que se cernían sobre el resto de España. Durante la Edad Media el reino de Galicia fue gran exportador de pescado salado, lienzos, ganado vacuno y caballar, minerales y vinos, por lo que la acti­vidad comercial e industrial de los judíos fue muy valo­rada, llegando a conseguir la judería de Ribadavia gran prestigio y población. Es tan fuerte la tradición judía en Ribadavia, que algunos hasta llegan a creer que el mis­mo nombre del pueblo quiere decir en hebreo Voluntad del Señor.

De los hechos históricos más importantes protagoni­zados por los judíos en Ribadavia, con carácter nacional resalta el acontecido cuando, a raíz de las luchas intestiñas entre Pedro I y su hermanastro don Enrique de Tras-támara, Juan de Gante, duque de Lancaster, tío de Ri­cardo II de Inglaterra, quiso hacer valer los derechos de sucesión al trono de Castilla de su esposa doña Constanza, hija de don Pedro y de doña María de Padilla y obtuvo una bula del Papa Urbano VI que desposeía a Juan I de Castilla, hijo de Enrique de Trastámara. Para conseguir el reino, desembarcó en La Coruña el día del Apóstol de 1386 y fue conquistando poblaciones galle­gas hasta que llegó a Ribadavia, cuyos vecinos la defen­dieron contra las tropas del Lancaster —El Príncipe Ne­gro—, siendo los judíos en número unos 1500 los encargados de hacerlo en la puerta Nueva, la muralla de la Magdalena y Arrabal. El éxito de la batalla se debió no solamente al valor demostrado por los judíos sino tam­bién, como relatan las crónicas, «a los buenos vinos que eran tan fuertes y ardientes que los ingleses no podían beberlos, y cuando bebían mucho, no podían con sus cuerpos en dos días».

La aljama de Ribadavia es una de las mejor conser­vadas en Galicia. En la comarca todavía son conocidos los vecinos de Ribadavia con el sobrenombre de judíos. La judería se enmarcaba en la plaza de La Magdalena, en las calles de Santa Cruz y de las Bodegas, hasta la vieja muralla y la puerta del Arrabal que defendieron con tan­to empeño y valor. No existe ahora esta puerta, pero sí el recuerdo y el nombre significativo junto a las ruinas del castillo de Porta Nova. La casa de la Tora o sinagoga se hallaba en la calle de Judería, que pasó después a nominarse calle de la Cruz. Un escudo en la fachada pue­de ser la señal de su localización. El cementerio judío pudo hallarse entre las murallas de la puerta Nueva —Nova— y el río Avia. Cerca de estos lugares está la lla­mada Cruz de los Judíos. Con desfiles y alegrías se cele­bra en esta población gallega la conocida como Fiesta de los Judíos —Festa da Istoria— en el mes de septiem­bre, en las que pueden degustarse rosquillas, melindres y diversos dulces de origen hebreo. El Festival de Músi­ca Sefardí se celebra en agosto.

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En Ribadavia, además de beber su buen vino, hay que ver y disfrutar de sus atractivos monumentales e históri­cos. En la zona del castillo son dignas de veneración las ruinas de la fortaleza de los condes de Ribadavia y la igle­sia de Nosa Señora do Portal, patrona de O Ribeiro, que recibe la devoción de los fieles en su capilla neoclásica. El convento de Santo Domingo mantiene todavía una elegante iglesia gótica, con sepulcros nobles. En la Praza Maior destacan varias casas antiguas y una torre del si­glo xvi adosada al ayuntamiento. La judería es la mejor conservada de Galicia, bajando hasta la plaza e iglesia de la Magdalena. Próximo a la aljama se alza el templo de Santiago, románico, de una sola nave y un ábside se­micircular, del siglo xiv. La casa del Marqués de Baamonde ha sido habilitada para Museo de Artes e Costumes Populares do Ribeiro. La casa de la Inquisi­ción muestra cinco escudos sobre arco mixtilíneo del si­glo xv. La iglesia de San Juan perteneció a los Hospita­larios. Del monasterio de Oseira dependió el templo de Santa María da Oliveira, construcción ojival del siglo xm, con bello cruceiro. Junto al puente medieval sobre el Avia se halla el convento franciscano de San Antón.

 

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