País Vasco

No son muchas las juderías de las que quedan recuer­dos en el País Vasco. Además de la Vitoria, Laguardia y Labastida en Álava son las más importantes. El paso del Camino de Santiago en algunas de sus versiones por es­tas ciudades explica el florecimiento y arraigo de estas juderías. La presencia de San Vicente Ferrer en Vitoria es asimismo argumento fehaciente de la presencia y ac­tividad de los judíos en la capital, así como variadas referencias al ejercicio de la profesión médica y recau­dación y arrendamiento de impuestos por parte de judíos. El recuerdo judío que con mayor afectividad y reconoci­miento perdura en Vitoria es posiblemente el Campo de Judizmendi o Monte de los Judíos que se identifica con el parque del mismo nombre y que seguramente fue el cementerio de su aljama. Un monolito recuerda un pac­to de respeto establecido entre el juez mayor de los ju­díos y los representantes de la ciudad.

Plano del cementerio judío de Vitoria

Vitoria

Llamamos judería al «barrio habitado por judíos» y decimos que cuando una judería alcanza un estadio su­perior de organización recibe el nombre de aljama, palabra derivada del árabe y que significa conjunto de personas. Este desarrollo lleva consigo disponer de cuan­tas instituciones hacen posible la vida de la judería con ciertos niveles de autonomía. Entre tales instituciones y servicios citamos la sinagoga, rabino propio, auxiliares de la sinagoga, cementerio propio, escuela religiosa o Talmud Tora, carnicería, horno, baño ritual o miqwé, hospital para pobres y además un sistema de autogobier­no organizado desde instancias superiores.

Plano cementerio judío de Vitoria

Plano cementerio judío de Vitoria

De la judería-aljama de Vitoria son muchas las no­ticias existentes ya desde 1257, cuando podía tener un censo no superior a las 300 personas. Hay noticias que refieren la presencia de San Vicente Ferrer en esta po­blación vasca, contándose que con sus predicaciones se convirtieron al cristianismo algunas familias. Del ejerci­cio de la medicina por parte de miembros de la comuni­dad judía y de sus oficios de prestamista, recaudación de impuestos y arrendamientos de rentas son muy fre­cuentes y fiables esas noticias. En torno al millar de ju­díos podía contar la aljama de Vitoria a mediados del siglo xv, hasta llegar a ser una de las más numerosas del norte del Estado español. Este número podía signifi­car el diez por ciento de la población total vitoriana.

Hasta la expulsión por el decreto de los Reyes Católi­cos, la calle de Nueva Dentro fue la principal de la jude­ría, que se denominó Portal del Rey, cuando fueron ex­pulsados los judíos, siendo curiosamente multados por el Concejo quienes siguieran llamando a la calle de la Judería y no con el nuevo nombre. En el casco antiguo de Vitoria esta calle es una de las más castizas. Acerca de la ubicación de la sinagoga son diversas las teorías. Parece la más verosímil la que la coloca en el centro de la calle Nueva Dentro. Otros creen que se identifica con el lugar en el que está el Hospicio, mientras que otros dicen que el edificio de la sinagoga fue Estudio de Latín y Humanidades y después se convirtió en el Hospital de Santa Ana. Las calles San Prudencio, Abrevadero, San Francisco, Pinturería y Cuchillería enmarcan el antiguo barrio judío.

El recuerdo que perdura todavía en Vitoria con ma­yor sentido judío es el Campo de Judizmendi, o «monte de los judíos», que se identifica con el parque del mismo nombre y que fue el cementerio de la aljama a cuyo res­peto se comprometieron el 27 de junio de 1492 R. Mosé Balid, juez mayor de los judíos e Ismael Morataez, regi­dor de la aljama. Este compromiso se ha respetado has­ta hoy y en el parque de Judismendi hay un monolito que recuerda en una inscripción el origen de esta bien cui­dada zona verde de la ciudad de Vitoria. Hay que re­saltar que los actuales judíos de Bayona se consideran descendientes de los antiguos judíos de Vitoria.

Por su situación geográfica, y por diversas circuns­tancias, la actividad comercial de Vitoria fue siempre muy ajetreada, por lo que la presencia de los judíos fue muy destacada. Es explicable que en ella los efectos de la expulsión se hicieran tristemente evidentes, significándole a la ciudad un verdadero retroceso. La vi­lla de Nueva Vitoria fue fundada en 1181 por Sancho VI sobre la antigua aldea de Gasteiz. El rey de Castilla, Juan II le concedió el título de ciudad en 1431.

Y la visita a Vitoria-Gasteiz, capital del País Vasco, debe partir de la plaza de la Virgen Blanca con su mo­numento a la Batalla de Vitoria, parroquia de San Mi­guel con retablo mayor, para seguir por la plaza Nueva y el Ayuntamiento, los Arquillos, iglesia de San Vicente, plaza del Machete, cuesta de San Francisco con el Cru­cero, palacio Villa Suso, casa del Cordón, palacio de Bendaña y catedral de Santa María, cuya construcción se inició en el siglo xm sobre una antigua iglesia románi­ca. Su portada cobija un pórtico extraordinario y, anexa a la catedral, se encuentra la capilla de Santiago, hoy pa­rroquia de Santa María.

La ruta prosigue por el convento de Santa Cruz con su iglesia del siglo xvi, casa del Hospicio, casas señoria­les como las de Maturana-Verástegui, la torre de los Anda y el famoso Portalón, palacio de los Gobeo-Landázuri-Guevara, hoy sede del Museo de Arqueología de Álava. Seguidamente se halla la torre de Doña Otxanda, hoy Museo de Ciencias Naturales, iglesia de San Pedro, del siglo xiv, con su pórtico Viejo uno de los más lujosos del arte gótico monumental, casa de los Urbina-Zárate, palacio de la Diputación Foral de Álava…

Merecen consideración turística la plaza de los Fue­ros y la catedral nueva de María Inmaculada, iglesia con­vento de San Antonio, Parlamento Vasco, parque de La Florida, basílica románica de San Prudencio, edificada en los siglos xii-xm, palacio de Ajuria Enea, parque de El Prado, Mendizorroza, Museo de Bellas Artes, Museo de la Armería…

Hay que resaltar que Vitoria es la ciudad del Estado español mejor dotada de parques y jardines y en propor­ción similar, de estatuas y de monumentos artísticos por calles y plazas. Entre los parques se citan el de Molinuevo, San Juan de Arriaga, con su ermita juradera, Aranbizkarra, Judizmendi, San Martín, Txagorritxu…

 

Laguardia-Labastida

No son muchas las juderías de las que quedan recuer­dos en el País Vasco. En esta oportunidad nos limitamos a citar las de Salvatierra, Guevara, Salinas de Anana, Valmaseda, Orduña, Mondragón… centrando nuestra descripción en las de Laguardia y Labastida, por ser prác­ticamente las únicas además de la de Vitoria de las que podemos asegurar que tuvieron cierta vida pujante.

De finales del siglo xm ya hay noticias referentes a la existencia de la judería de Laguardia, cuyos miembros se dedicaban a los oficios habituales, como al préstamo y a los de sastre y tejedores. La circunstancia de encon­trarse Laguardia en uno de los caminos de Santiago más frecuentados al menos durante cierto tiempo, explica la presencia judía en la villa. Consta que a mediados del siglo xiv su censo se situaba en torno a las doscientas per­sonas, constituyendo poco más que el 13 por ciento de la población.

La situación de la judería parece coincidir con la ca­lle de San Juan de Yuso. De ella todavía pueden perci­birse señales sobre todo frente a la portada de la iglesia de San Juan. Su perímetro estaría conformado por la puerta e iglesia de San Juan, la Rúa Mayor y la muralla. La historia refiere que, expulsados los judíos, el barrio en el que vivían quedó totalmente abandonado hasta que en el siglo xvn se aprovechó su solar para construir un convento de Capuchinos. Con la Desamortización, se asentaron sobre su solar el cuartel de la Guardia Civil, el Centro de Salud y el Instituto de Segunda Enseñanza.

Es fama que en Laguardia fueron dos las sinagogas existentes. De una de ellas se cree que se encontraba en lo que hoy es el Centro de Salud y de la otra no queda recuerdo alguno.

La ruta turística por la judería de Laguardia habría que comenzarla o terminarla en la Academia de la His­toria de la capital de España en la que se encuentran cuatro documentos escritos en aljamiado, o castellano con letras hebreas, y que son otras tantas cartas priva­das, pero de mucho interés.

 

No son muchas las referencias que hay acerca de la judería de Labastida, aunque de ella se han hecho eco las cancioncillas de los pueblos de su entorno. Las igle­sias del Cristo, la puerta y calle del Olmo, junto con la calle del Toloño, constituían el núcleo de la judería. En la villa hay que admirar además la casa Consistorial re­nacentista, la casa de Paternina, su catedralicio templo parroquial renacentista con esbelta torre ochavada y la ermita del Santo Cristo, antigua fortaleza, obra románica con portada del siglo xi y talla del descendimiento del siglo xiv. En las proximidades de Labastida se descubrió hace pocos años un cementerio perteneciente a un asentamiento romano, con numerosas sepulturas an­tropomorfas horadadas en roca arenisca, que algunos han llegado a identificar también con tumbas judías.

En Laguardia hay que admirar sus murallas con su puerta de Carnicerías, el Viejo Ayuntamiento con su mag­nífico escudo y la plaza Mayor presidida por el Nuevo Ayuntamiento. En sus cercanías son muchas y de gran valor las casonas, algunas de ellas con entramados de madera y ladrillos. La iglesia de Santa María la Mayor oculta la maravillosa portada gótica del siglo xiv, policromada en el siglo xvn. La torre Abacial es románi­co-gótica y hace las veces de campanario. En la calle Pa­ganos hay también diversas casas señoriales. Un temple­te romántico guarda el busto erigido en honor del fabulista Félix María de Samaniego. Junto a la puerta de Santa Engracia son también muchas las casas solariegas. El Hogar del Jubilado luce un gran blasón.

Frente a la iglesia de San Juan se levanta la conocida casa del Vino, edificio del siglo xvn, casa natal del referi­do Samaniego. La portada sur de la iglesia es del romá­nico de transición y la torre es gótica. El convento de Ca­puchinas es hoy Centro de Salud. La puerta de Mercadal merece ser admirada. El edificio civil más antiguo de Laguardia es el correspondiente al número 78 de la calle Páganos, de finales del siglo xiv. Es conocido como la casa de la Primicia, dado que en ella se guardaban los diezmos y primicias que se le pagaba a la Iglesia.

La estancia en Laguardia ha de llevar al visitante a contemplar el poblado de La Hoya, con un pequeño mu­seo, en el que se superponen diversas culturas, desde el siglo xin al ii a.C. En Elvillar se encuentra el dolmen lla­mado La chabola de la hechicera que es el más especta­cular de todos ellos. La ermita románica de Santa María de Berberana con su ábside cuadrangular merece tam­bién una visita.

 

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