Pamplona

Plaza del Castillo, centro neurálgico de la ciudad. (Foto A.Olza, cortesía del Reyno de Navarra)

Plaza del Castillo, centro neurálgico de la ciudad.
(Foto A.Olza, cortesía del Reyno de Navarra)


Cuatro solían ser los motivos por los que en los últi­mos años de la Edad Media, y en los primeros de la Edad Moderna, eran odiados y perseguidos los judíos en Es­paña. Estos cuatro motivos se dieron por supuesto en la capital navarra, en la que por cierto su barrio judío fue totalmente destruido en la algarada promovida contra ellos el año 1274 y cuyo censo podría rondar las 500 per­sonas. El argumento de carácter religioso que se esgri­mía contra los judíos era el «deicidio» cometido por este pueblo al condenar a muerte a Jesús. El argumento de carácter económico era el formulado como de usura, a consecuencia de la mayoritaria actividad de los miembros de las juderías. La inteligencia particular y la so­berbia era la formulación de un argumento de carácter «psicológico» muchas veces empleado contra los judíos, al que también se unía el llamado de carácter «físico» de su «diferencia facial y aspecto ingrato», tal y como lo reflejan muchos cuadros e imágenes, sobre todo de tipo religioso.

La Ciudadela (Foto Patxi Uriz, cortesía del Reyno de Navarra)

La Ciudadela (Foto Patxi Uriz, cortesía del Reyno de Navarra)

Pamplona fue el lugar elegido para una célebre dis­puta en 1375 entre el rabino Sem Tob ben Ishaa Saprut y el cardenal Pedro de Luna, que con el tiempo llegaría a ser Papa-Antipapa con el nombre de Benedicto XIII, reconocido perseguidor del pueblo judío. El rabino Hayyn Callipapa, autor de la obra Emq Refaim, nació también en Pamplona, cuya judería ocupaba parte del barrio pamplonés de la Navarrería coincidente con las actuales calles de la Tejería, Labrit, San Agustín, Merced Dormilatería, plaza de Santa María la Real y Baluarte o Fuente de Labrit. Los nombres de Barrio Nuevo aplica­do a la judería y calle de la Judería proclaman la presen­cia de la aljama en estos lugares. Tres eran las puertas del barrio: portal del Río, junto al Palacio Episcopal o portal de García Marra, portal de la Fuente Vieja y el portal de la Judería muy cerca como no podía ser de otra manera de la calle de la Compañía de Jesús.

Tres eran las zonas concretas del barrio pamplonés de la judería cuya extensión pudo haber ocupado unos 2.000 metros cuadrados. La sinagoga mayor estaría jun­to al palacio Episcopal y casa de la Providencia. El hos­pital, la carnicería y los baños podrían ubicarse en las calles de San Agustín y Labrit.

Entrada a la Ciudadela (Foto Patx Uriz, cortesía del Reyno de Navarra)

Entrada a la Ciudadela (Foto Patxi Uriz, cortesía del Reyno de Navarra)

El destino que se le dio a la sinagoga, después,de la expulsión, fue el de Estudios de Gramática y de Huma­nidades por parte del ayuntamiento, siendo después ad­quirida por los Padres Mercedarios que construyeron sobre el solar su convento e iglesia. Parecen confirmarse las sospechas de que en la calle de San Agustín, en la igle­sia dedicada a este santo, había una sinagoga y unos ba­ños. El horno podría estar situado en lo que hoy es el Obispado. El cementerio, junto al río Arga, pasó después a propiedad de los padres Agustinos. En el Archivo Ge­neral de Navarra se guarda una buena documentación hebrea.

La ruta turística por Pamplona habrá que iniciarla tanto en la geografía como en el tiempo precisamente por la Navarrería que fue su origen y el asentamiento de la judería. La catedral de Santa María erigida sobre otra de estilo románico, se conforma en su interior como un edi­ficio gótico elevado y austero y sobresale en ella el mau­soleo de Carlos III el Noble y su esposa Leonor de Trastámara. Es una soberbia muestra del arte borgoñón. La sacristía sur es espectacular muestra del arte rococó. Pero la joya de la catedral es su claustro, que es uno de los más delicadamente hermosos del gótico, con su arque­ría amainelada y rica imaginería. La Puerta Preciosa lo es y no sólo de nombre. La catedral ofrece un singular bestiario esculpido en piedra.

Palacio Arzobispal

Palacio Arzobispal

La ruta ha de seguir por el palacio Real, palacio del Virrey o edificio de Capitanía, baluarte de Redin, Cruz de Mentidero, puerta de San José, Casa del Músico… La calle de la Estafeta es internacionalmente conocida por pasar por ella el encierro de las fiestas de San Fermín, con las que hay que contar en tantas programaciones turístico-festivas por Pamplona. San Saturnino o San Fermín, tiene mucha historia tanto civil como eclesiásti­ca. Las estatuas en piedra de Santiago y de San Saturni­no saludan a los visitantes y a los peregrinos. La iglesia de la Virgen del Camino está adosada a la de san Satur­nino. El palacio del conde de Expeleta, la plaza de las Recoletas, el templete con la imagen de la Virgen de la O, Museo de Navarra, la Cámara de Comptos Reales —sede de la Institución Príncipe de Viana—… merecen consideración turística. La ruta seguirá por la llamada población de San Nicolás, con su Biblioteca de Nava­rra, palacio del marqués de Vessolla, fuente de Neptuno Niño, palacio de los Condes de Guendulain, iglesia de San Nicolás… El Vado recorre la bajada de Santo Domingo también con recuerdos sanfermineros, casa del Ayunta­miento con su lema Patet ómnibus janua, cor valde magis, cuya traducción es esta: «La puerta está abierta para to­dos, pero mucho más lo está el corazón». La plaza del Castillo es centro y lugar de cita obligada.

En el primer ensanche se encuentra la efigie Foral, el paseo de Sarasate y el palacio de Navarra. En el segun­do, el monumento de los Caídos y la iglesia-basílica de San Ignacio. La ciudad moderna se extiende por el com­plejo hospitalario, Valle del Sadar, Universidad Pública de Navarra, Universidad de Navarra… La oferta en parques, murallas, ríos y puentes de Pamplona es real­mente generosa. El paso del Camino de Santiago por la ciudad ha dejado huellas imborrables en su cultura, en sus costumbres y en sus monumentos, pudiéndose ade­más trazar rutas desde la capital por la provincia, coin­cidiendo algunas de ellas con las trazadas durante mu­cho tiempo por los peregrinos santiaguistas.

 

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