Pontevedra

 

La leyenda hace intervenir en la fundación de Pontevedra nada menos que a Teucro, hijo de Telamón, héroe de la guerra de Troya. Los romanos la llamaron Ad Dúos Pontes y en la Edad Media era conocida como Pontis Veteris. La población fue donada por Fernando II a la iglesia de Santiago en desagravio por las injurias que en nombre del rey le habían hecho a unos peregrinos que recorrían el llamado Camino Portugués. La etapa de es­plendor de la población se consiguió en el siglo xv, en tiempos de los Reyes Católicos, con la construcción na­val y el comercio. De sus astilleros salió la nao que, con el nombre de La Gallega, bautizada con el de Santa Ma­ría, fue la capitana de Colón en su primera aventura ha­cia América.

 

En unos tiempos en los que milagrosamente los pe­ces del Miño aparecieron a cinco millas del cercano mu­nicipio de Lais, con letras griegas, hebreas y latinas en sus lomos, que eran las más usadas del mundo antiguo, teniendo en cuenta además la situación privilegiada de Pontevedra en el camino santiaguista portugués, era pre­sumible que la colonia judía fuera bastante importante. De su existencia se tienen conocimientos documentados desde el 1304 cuando Juan Fernández da Ponte vendió al prior y frailes de Santo Domingo de esa población una heredad, para lo cual el notario había de dar traslado de ello a «maestre Jaco é Calvasan judeus moradors en Pontevedra». El término Calvasa quiere decir, además de grande, rico o poderoso, custodio o guardián de la sina­goga.

Dada la importancia comercial de la «boa vila» de Pontevedra en la Edad Media, su judería fue muy activa y rica, al mantener su puerto relaciones comerciales con los principales del Mediterráneo y del Atlántico. El espa­cio que se cree ocupaba esta judería era el comprendido entre el pazo del Barón de la Casa o de Maceda o la Casa del Barón en la que se halla instalado en la actualidad el Parador de Turismo, y la iglesia de Santa María. Forma­ron parte de la aljama las calles de San Pablo, Rúa Alta, Platerías Vellas, Amargura y Tristán de Montenegro. El cruce de las cinco rúas se halla presidido por un cruceiro que tiene la particularidad de presentar las figuras de Adán y Eva en el fuste. Hoy es el barrio tradicional de las tabernas. Todavía es posible apreciar en las casas pequeños porches que en tiempos pasados fueron tí­picos de las edificaciones judías en el reino de Gali­cia. La plaza de Santa María sigue siendo conocida con el nombre de Campa dos Xudeos, existiendo la creen­cia de que en sus inmediaciones se encontraba el cemen­terio judío, que en los documentos de la época se cita como colindante con la iglesia de San Bartolomé, que fue derruida y en su solar se asentó el edificio del Teatro Principal. Hay que hacer constar que hasta tiempos bas­tante recientes la estructura de la judería pontevedresa se conservó con todo su encanto y fue en el presente si-

 

glo cuando perdió gran parte de su configuración tradi­cional.

:

•k    -k    ■&■

Una de las citas turísticas, piadosas y arquitectóni­cas a la vez de mayor consideración en Pontevedra es el santuario de la Peregrina, con sus leyendas y el recuerdo en las Cantigas del Rey Sabio en las que aparece María guiando a los peregrinos santiaguistas con su bordón hacia la tumba del apóstol. La tradición cuenta que cier­tos peregrinos franceses trajeron a la ciudad una ima­gen de la Virgen ataviada con ropajes similares a los suyos y por esos Ella recibe a sus devotos con vestidos propios de los tiempos de Luis XV de Francia. El templo es medio barroco y medio neoclásico y tiene planta cen­tralizada y curiosa forma de venera, con fachada convexa.

Iniciada la visita a la ciudad en la Alameda, hay que admirar el monumento a los héroes de Pontesampaio, ayuntamiento, Gobierno Civil, jardines de Vicenti o Palmeras, con las venerables ruinas y cabecera quín-tuple del convento de Santo Domingo, del siglo xiv, que hoy guarda la sección lapidaria del Museo Provincial. En la plaza de Alonso Fonseca se halla la casa gótica de Fon-seca y de los Méndez Núñez, junto a la iglesia de Santa María, apodada de los Pescadores o de la Granada. Se trata de una auténtica joya del arte gallego mezcla de estilo gótico isabelino, con influencias manuelinas y ten­dencias platerescas del primer renacimiento hispano. Lo más notable del conjunto es la fachada principal, obra de Cornelis de Holanda y Juan Nobre que es un impre­sionante retablo de piedra dedicado a la Virgen. En lo alto aparece la Trinidad y en los intercolumnios latera­les Adán y Eva y diez santos. En las enjutas del arco apa­recen las estatuas de Carlos V y de su hijo Felipe II y junto al rosetón, las de Colón y de Hernán Cortés. En la porta­da lateral se presenta asimismo Carlos V con el Santo Cristo del Buen Viaje, bajo un tejadillo.

La ruta prosigue por los aledaños del santuario de las Apariciones, el pazo del Barón, la praza do Teucro, el

 

palacio de los Gago y Montenegro, el del conde de San Román y la casa de los Pita. Cerca se halla el Teatro Prin­cipal, que llegó a ser el más antiguo de Galicia. Hay cer­ca una casa gótica y algunas barrocas. Entre las plazas pontevedresas hay que contar con las de Las Gallinas, La Verdura y la más popular que es el Eirado da Leña con su cruceiro en el centro. En la de A Pedreira se halla el arruinado palacio de Mugártegui. La ruta sigue por el Museo Provincial, palacios barrocos, palacio Sarmiento, con su tesoro de Caldas, palacio García Flórez, iglesia de San Bartolomé con la Magdalena de Gregorio Fernán­dez, convento de Santa Clara, casa das Caras, iglesia de San Francisco con enterramientos, jardines de Castro Sampedro con la Fonte da Ferraría…

Tui

«Et que los mercaderes de Tuy que vayan e vengan seguros por todo el Regno, e que ninguno non sea pren­dado…». El Fuero de Tui fue otorgado por Fernando II, abuelo de Fernando III el Santo, en 1170 y las palabras anteriores hacen expresa referencia a la numerosa po­blación judía que se asentaba en Tui y cuyas profesiones y actividades se identificaban en gran manera con las propias de los mercaderes. Fernando III el Santo sancio­nó tal Fuero, reforzando las franquicias civiles de los tundenses, incluidos los judíos, que las aprovecharon en sus desplazamientos por el Reino de Galicia: «Los del Concejo de Tuy mostráronme una carta del rey don Fer­nando, mió abueno, de costumbres et de fueros que dio a los pobladores de Tuy quando mandó la puerble de un lugar ó estaba a otro lugar más fuerte, ó agora está».

Una vez más el rey santo demostró poseer gran sen­sibilidad y respeto hacia los problemas de la población judía, lo que llegaría a explicar en su día que su hijo el Rey Alfonso X el Sabio mandara colocar en el sepulcro de su padre en la catedral de Sevilla un cuádruple epita­fio escrito en latín, castellano, árabe y hebreo. Tal acti­tud de comprensión hacia los judíos se manifestó de

 

modo muy particular en el incumplimiento del decreto antijudío, dado por el arzobispo compostelano Bernar­do II, por exigencias del Papa. Fernando III, que había decretado la igualdad ante la ley de judíos y de cristia­nos, no permitió en determinados lugares de su reino la aplicación de ofensivas decisiones pontificias, arzobis­pales y aun civiles discriminatorias para los judíos, como en el caso de tener que portar signos y distintivos en sus vestidos, que les resultaban gravemente vejatorias.

Por supuesto que las propiedades de la comunidad judía tras el Decreto de Expulsión de 1492 pasaron a manos del obispo y del cabildo. En el archivo de la cate­dral de Tui se conserva un documento, en el que puede deducirse que la sinagoga de la ciudad se encontraba en la rúa da Oliveira «junto a la muralla del rey Fernando II, en las inmediaciones de los Palacios Episcopales an­tiguos», tal y como ha escrito un historiador local. Tal calle, hoy inexistente, se encontraba entre los restos de la muralla cercanos a la calle Ordoño y la de las Monjas, próxima a la catedral, con lo que la defensa y protección de la comunidad judía podía estar garantizada del mejor modo posible. La judería tudense fue notable y próspe­ra, no sólo por el talante comercial propio de la ciudad episcopal de Tui, sino también por su situación geográ­fica a tan sólo un paso de la frontera portuguesa, con lo que las posibilidades de acogerse a las leyes de ese país resultaban ser muy cercanas en caso de persecución o de huida. La ubicación del cementerio judío tudense pa­rece haber sido el montecillo junto al barrio de la Saravia.

Tui fue una de las siete capitales del Reino de Galicia y la colina en la que se asienta, coronada por la catedral-fortaleza, es toda ella una réplica de los baluartes portu­gueses de la villa de Valenca do Miño en permanente actitud de disputas internacionales en tiempos pasados.

* * *

Tui es un precioso conjunto histórico-artístico, con reminiscencias de acrópolis helena, lo que hace presen­tir la veracidad de su fundación por los griegos. La cate

dral es del siglo xn y su aspecto es netamente propio de las fortalezas. El pórtico cobija la puerta principal, de mediados del siglo xni, decorada con esculturas de pro­fetas, santos, apóstoles y reyes. San Telmo preside la sillería barroca. En la capilla de San Telmo está el mau­soleo de Diego de Torquemada, junto a un gran relicario en el que se custodia la cabeza de San Telmo el patrono de los marinos que por cierto y sorprendentemente este religioso de la Orden de Santo Domingo nació en plena meseta castellana, en la población palentina de Frómista. En la capilla de Santa Catalina —museo catedralicio— hay que mencionar la custodia y los cetros procesionales de 1602, el cáliz de coco del siglo xv y una imagen de la Virgen, de la escuela de Juan de Juni. El claustro es del siglo xin. En la sala capitular se instala la colección ar­queológica del museo. Desde la torre de Soutomaior es amplia y bella la panorámica que se contempla sobre el río Miño y Portugal. También el Museo Diocesano reúne colecciones de gran interés, con mención para el casco celta en bronce de Caldelas de Tui.

La ruta prosigue por el ayuntamiento, el monumento al obispo Lago, Cantón de Diómedes y la estatua de Fray Rosendo Salvado, padre benedictino que curiosamente fue quien introdujo en Galicia la planta de los eucalip­tos que personalmente había traído desde su misión aus­traliana, al ser designado obispo de la diócesis de Tui. La iglesia barroca de San Francisco posee un bello y ori­ginal retablo salomónico. En la llamada Zona Baja de la población destaca la capilla de San Telmo, convento de las Clarisas o Encerradas, convento de Santo Domingo con retablo mayor churrigueresco e iglesia de San Bar­tolomé de Rebordans, construcción románica del siglo xi, con frescos del siglo xvi.

 

Etiquetas: ,

 
 

Sobre el autor

Más artículos de

 

 
 
Utilizamos cookies propias y de terceros para garantizar que tenga la mejor experiencia en nuestro sitio web, mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias según su navegación y recopilar información estadística. Si continua navegando consideramos que acepta el uso de cookies.
Más información sobre cookies