Tarragona

Tarragona

En la explicable pugna por reclamar para sí el privi­legio histórico de haber sido la más antigua judería de España, la de Tarragona esgrime argumentos muy sóli­dos. Hay, por ejemplo, arqueólogos que basan su argu­mentación en la existencia de una lápida de época ro­mana de carácter trilingüe —siglo iv— escrita en hebreo, latín y griego, que se encontró en 1955 en una casa de la calle Enrajolat de Tarragona y que hoy se conserva en el Museo Sefardí de Toledo, siendo una de sus más intere­santes y valiosas piezas. Es una pileta de mármol blanco y de forma rectangular con grabados, además de la ins­cripción, una menora o candelabro de siete brazos, pa­vos reales, un árbol que se cree es el de la Vida y un sofer o corno de uso ritual judío. Como «ciudad judía» por antonomasia fue conocida Tarragona por los ára­bes, con referencias al considerable censo judío de la población, que se mantuvo aún después de la Recon­quista.

La situación del barrio judío parece corresponder con la parte más alta de la ciudad, extendiéndose desde la puerta de San Antonio, en la muralla y las calles D’en Granada, Forat Mico, Portella, plaza del Rey, plaza Deis Ángels, calle D’en Talavera y de la Nao. Hay que recor­dar que la de los Ángels se llamó plaza de la Judería. Fuera de las murallas todavía se conserva el nombre de Portella deis Jueus a uno de los accesos a la ciudadela. En relación con la ubicación de las sinagogas no se tie­nen noticias, por lo que no es posible todavía hacer pasar la ruta tarraconense de las juderías por ninguna calle concreta a la búsqueda de la sinagoga. Pero tal ruta puede tener presentes la calle Deis Assaonadors, aunque sin identificar, en la que se encontraría el horno de la judería.

No obstante es muy rica e ilustrada la ruta tarraco­nense judía por lo que hace referencia a las lápidas que se conservan. Además de la ya citada, tiene importancia la lápida con inscripción hebrea que se guarda en el Museo Arqueológico de Tarragona, ubicado en el Pretorio Romano y que, encontrada en 1950, puede datarse a fi­nales del siglo xiv. Además de la inscripción hebrea, es­tán grabados en ella dos escudos con la representación de las cuatro barras de Aragón. La lápida pudo haber es­tado en alguna fuente pública o en la sinagoga. La ruta contará asimismo con el Museo Diocesano con una lápi­da judía con inscripción en latín y otra en latín y griego. En la iglesia de Santa Tecla la Vella tuvieron lugar los primeros autos de fe inquisitoriales y en ella se conser­van fragmentos de una lápida hebrea.

Es probable que el cementerio judío estuviera situa­do en la playa del Miracle, en el camino del Fortí o Deis Fortins, del que se extrajeron dos lápidas sepulcrales que hoy están empotradas en las paredes de la casa del Degá, de la calle Escrivanies Velles, junto a la catedral. La ciu­dad de Tarragona, heredera de la Tarraco romana, ciudad imperial por sus cuatro costados, cuenta con argumen­tos muy convincentes para que por ella se trace también una interesante ruta judía.

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La catedral de Santa María, del siglo xn y de transi­ción del románico al gótico, luce un magnífico rosetón de fino calado. Su claustro, el retablo mayor, el retablo de piedra, el sepulcro de Juan de Aragón, el del arzobis­po Niño… hacen de la catedral punto de referencia nece­saria en cualquier programación turística y más si ésta tiene carácter judío, dado que en la capilla de Santa Lu­cía, detrás del coro, hay un mural del siglo xiv en el que están representados unos judíos con la vestimenta ade­cuada a la época. En el retablo de la Virgen, procedente del monasterio de Santes Creus, están también curiosamente representados judíos catalanes con atuendos de la época.

La muralla romana fue levantada a finales del siglo m a.C. Las torres de la muralla romana de L’Arquebisbe o del Paborde, fueron construidas en el siglo xiv, pero sobre fundamentos romanos. Hay que contemplar tam­bién la necrópolis paleocristiana, el acueducto conocido como Pont de les Ferreres o Pont del Diable, el Pretori o Palau d’August o Castell de Pilat o del Rei, anfiteatro ro­mano, Placa Pallol, Paseo Arqueológico, Rambla Nova, El Serrallo, Balcón del Mediterráneo, Museo Nacional Ar­queológico, Museo Diocesano con su conjunto de tapi­ces, Museo de Historia de Tarragona, Museo de Arte Moderno, Casa-Museo Castellarnau, torre de Escipión, circo romano…

En Roda de Bará se encuentra el celebérrimo Arco de Bará, arco triunfal romano erigido en la antigua Vía Augusta.

Para magnificar y valorar como corresponde las be­llezas contenidas en Tarragona y sus aledaños basta recordar la leyenda que asegura que el dios Júpiter aban­donó a su esposa, la mortal Tiria, al enamorarse ésta de la ciudad de Tarragona que tanto le encantó. Según la historia, los romanos se establecieron en esta población el año 218 a.C. y con el tiempo la ciudad se convirtió en la capital de la Hispania Citerior. A sus costas, tal y como refiere la tradición cristiana, arribó el apóstol San Pablo para evangelizar España.

Santa Coloma de Queralt

Todos los campos de la cultura judía cuentan con al­guno o algunos de los representantes destacados de la misma que vivieron en Cataluña entre los siglos xm y xiv. El potencial demográfico y económico de los judíos coin­cide durante esta época con un gran florecimiento cul­tural. El ejemplo es válido para todas las juderías y tam­bién para la de Santa Colonia de Queralt que alcanzó su momento de esplendor a mediados del siglo xiv y cuyo censo rebasó el centenar, o según otros estudios «cin­cuenta familias», lo que superaría las doscientas perso­nas.

Como en la mayoría de los casos, con el fin de vivir en los lugares más seguros de la población y por el he­cho de ser y estar especialmente protegidos por la igle­sia y por los señores de los castillos, al barrio judío de Santa Coloma de Queralt se accedía desde la plaza de la Iglesia precisamente por el Portal deis Jueus que en la actualidad es conocido como Rincón de la Mora del Valí. Se trata de una especie de arco que da paso a la calle Quarteres, que en tiempos pasados se denominó Deis Jueus y que une las plazas del Castell y la Mayor. A una de las callejas adyacentes se le ha conferido en los últi­mos tiempos el nombre de calle del Cali. En la calle Forn de Baix, que continúa con la Baixada de la Presó, se ubi­caba el Hospital de los Judíos, coincidente con las cár­celes existentes en ese lugar a finales del siglo pasado. Consta que, además del recinto reseñado, los judíos de Santa Coloma tenían diversas posesiones urbanas en la calle Mayor en la que con seguridad se hallaba la sina­goga, aunque su localización resulta hoy muy difícil.

La villa de Santa Coloma, y a consecuencia del es­plendor de los tiempos en los que en ella vivieron los ju­díos, dispone de un rico patrimonio monumental y de una belleza urbanística poco común. El núcleo urbano anti­guo cuenta con una plaza porticada y calles y rincones muy pintorescos. La iglesia de Santa María de Bell-lloc es de estilo de transición del románico al gótico. Conser­va el sepulcro gótico de Pere de Queralt. La iglesia de Santa Coloma es un bello edificio de estilo gótico, con monumental campanario y notable retablo gótico del si­glo xiv.

En el Castell deis Comtes destaca su torre del Home­naje y en él se halla el espléndido sepulcro de los condes de Queralt. Del siglo xvn es la monumental fuente De les Canelles, mandada construir por el conde Dalmau de Queralt, virrey de Cataluña. Cerca se halla una cruz de término, gótica. Desde el Castell d’Aguiló se divisa un buen panorama. Junto al antiguo caserón señorial de Requesens se encuentra el templo románico de Sant Pere de les Roques. Del romesco que se utiliza en toda la co­marca para aderezar una muy típica ensalada invernal, existe el romescu colomí propio de esta población, cuyos dulces más representativos son las delicias de Queralt.

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Entre las metas turísticas de las programaciones via­jeras con evocación de la ruta judía por Santa Coloma de Queralt, hay que reseñar la que lleva y se detiene pre­cisamente en la población de Montblanc que también está definida por el recuerdo de los judíos, con mención para una de sus calles llamada Deis Jueus, con interesante arco apuntado en medio de la misma y que podría servir para defensa de quienes la habitaban. Es de suponer que junto a esta calle estuviera el resto del Cali, desde el Por­tal d’en Bover hasta la calle Mayor. Sobre el solar de una de las sinagogas se alzó el monasterio de clarisas de Santa María de la Serra. Aunque no hay resto alguno del ce­menterio judío hay referencias documentales de que se ubicaba junto al río Francolí. Entre las joyas arquitectó­nicas con que cuenta Montblanc resaltamos todo el con­junto monumental urbano en el interior de las murallas con torres y portales, edificios notables y calles evocadoras. La iglesia de Santa María la Mayor es un majestuoso edificio de estilo gótico catalán con portada barroca y con uno de los órganos más notables y anti­guos de Cataluña, retablo de piedra del siglo xiv, talla de la Virgen y relicario de Sant Maciá. Hay que visitar ade­más las iglesias de Sant Miquel, el convento de la Mercé, de Sant Maciá, de la Serra, el Hospital de la Magdalena, el Pont Vell, el Museo Comarcal de la Conca de Barbera y el Museo de Frederic Mares, en la antigua iglesia de Sant Maciá.

En el término municipal de Vimbodí se encuentra el Real Monasterio de Poblet. En él se halla el Panteón Real, desde los tiempos de Pedro el Ceremonioso en el siglo xiv. Dispone de tres recintos sucesivos, parcialmente cir­cundado por un muro almenado. La iglesia de Santa María, del siglo xm tiene tres naves con transepto, ábsi­de con deambulatorio y capillas radiales. El retablo re­nacentista de alabastro es del siglo xvi. El claustro de la iglesia es de factura románica, aunque con cubierta oji­val. El primer recinto del monasterio es del siglo xvi. En el segundo, al que se accede por la Porta Daurada del siglo xv, se halla la capilla de Sant Jordi, el hospital de los pobres y la capilla de Santa Caterina. En el tercer re­cinto se encuentran el claustro, las dependencias monacales y el palacio real. Este palacio, conocido tam­bién como del Rey Martí, se comenzó a construir en el siglo xiv y es obra del más bello estilo gótico catalán. El Museo del Monasterio cuenta con elementos arquitectó­nicos y escultóricos del monasterio no utilizados en su restauración, además de una buena colección de obras de arte. Huelga resaltar que también en éste, y en tantos otros monasterios tan ricos, la huella de los judíos es fácil de ser descubierta, al haber sido ellos buenos ad­ministradores de sus bienes, sobre todo en épocas muy concretas.

Tortosa

En el caso de Tortosa, como en tantos otros de Cata­luña, hay que hacer constar que los judíos catalanes no fueron muy numerosos, ni contaron asimismo con recur­sos económicos excepcionales, como ocurrió en otras regiones españolas, por lo que no estuvieron en disposi­ción de erigir sinagogas importantes ni cementerios con epitafios monumentales. Esta circunstancia explica la falta de elementos sobre los que hay que trazar los re­cuerdos y las rutas históricas por sus pueblos y ciuda­des.

De todas formas, hay constancia de que la judería de Tortosa fue una de las más antiguas de España. Se con­serva una lápida judía trilingüe redactada en hebreo, la­tín y griego, del siglo vi, con dos estrellas de cinco pun­tas y un candelabro que hoy se encuentra empotrada en un arco del claustro de la catedral de Tortosa. Ramón Berenguer IV, al conquistar la ciudad en 1148, otorgó a los judíos terrenos y Carta de franquicias fiscales. La ju­dería se convirtió en aljama en el siglo xn y su población llegó a rebasar las trescientas personas. La ubicación del barrio judío resulta hoy bastante imprecisa, pudiendo coincidir con el barrio de Remolins, junto a la Suda, impresionante fortaleza árabe convertida hoy en Para­dor de Turismo. La plaza de Remolins es conocida como de la Inmaculada y en torno a ella se agrupan las calles Mayor de Remolins, Jerusalén, Vilanova, Gentildones y Figuereta. Este barrio judío se completa con otro más antiguo, y que probablemente sería sobre el que se asen­tó la población primera favorecida por Ramón Beren­guer IV. Los historiadores lo ubican en el barrio de los Pescadores, en el actual Ayuntamiento, junto al merca­do. Otros, no obstante, lo sitúan en el barrio de Sant Jaume, incluyendo en él las actuales calles de Sant Josep, de L’Aldea y la plaza de Massana. Acerca del lugar en el que se encontraba la sinagoga se cree que fue «al extre­mo de la calle Mayor de Remolins… en el edificio que fue Hospital y… después Cuartel de Caballería y Cárcel». Hay constancia documental de que el edificio de la sina­goga fue confiscado y vendido en 1493, después de la ex­pulsión de los judíos. También hay quienes aseveran que la sinagoga se encontraba en la calle Jerusalén, junto a la plaza de L’Esplanada, en las actuales calles de Jaure Tió y Benifallet.

De lo que no hay recuerdo alguno es del lugar del cementerio, no habiéndose encontrado tampoco lápidas, aparte de la ya citada y de otra que se encontró en la muralla, en la plaza de Sant Joan.

Pero la ruta turística judía por Tortosa tiene que lle­var necesariamente al lugar en el que se celebró la lla­mada Disputa de Tortosa, entre los años 1413 y 1414, convocada por Benedicto XIII, en la que se pretendía que el converso Jerónimo de Santa Fe convenciera a los ra­binos para que se convirtieran a la fe cristiana. Tal dis­puta tuvo lugar en la sala capitular de la catedral, en la actualidad Aula Mayor, en la calle de Les Taules Velles, junto al claustro catedralicio. Se asegura que las sesiones celebradas fueron 80 y que de esta manera se con­cretó y se hizo realidad el viejo y anhelado sueño de Ra­món Llull.

En la catedral lucen de modo muy especial su reta­blo mayor de Santa María, políptico de madera policromada de 1351, el retablo de la Transfiguración, el tapiz medieval de la Santa Cena, claustro, capilla de la Madre de Dios de la Cinta y Museo Catedralicio. El cole­gio de Sant Lluís es renacentista, con magnífico patio cuadrado con tres niveles de arcadas. El monasterio de Santa Clara posee hermoso claustro gótico. El castell de la Suda o de San Joan, fue construido en el siglo x y de su antigua fortaleza se conservan restos importantes. El Palau Episcopal es otro de los edificios góticos construi­dos en el siglo xin de singular relieve y en él destaca su sala y capilla góticas. El Colegio de Sant Jordi i Sant Doménec conserva bella fachada renacentista. En la igle­sia de Sant Doménec está instalado hoy el Museu Arxiu Municipal. Del siglo xv data el Palau Olivér de Boteller. Del mismo siglo es también el Palau Despuig.

Los alrededores de Tortosa proporcionan a los visi­tantes multitud de oportunidades para disfrutar de atrac­tivos turísticos con dimensión y sentido ecológicos, pro­pios de un turismo culto y de calidad, que se abre paso cada día más crecientemente.

Valls

De la importancia social que de siempre tuvieron los judíos en Cataluña hay clara y documentada constancia ya desde la promulgación del Primer Código Legal del Principado Els Usatges de la Cort de Barcelona concreta­do en su forma definitiva en 1150 y en muchas de las «Constitucions» sancionadas posteriormente por las Corts Generáis. En estos documentos oficiales se les tie­ne en cuenta y hasta el signo de la firma autógrafa de Selomo Bonafós, tesorero de Cataluña, en un documen­to otorgado en Barcelona el 17 de marzo de 1234 prece­den al signo y a la firma autógrafa del rey Jaime I y de varios magnates.

Las juderías fueron muy florecientes en la región ca­talana, con mención en esta ocasión para la de Valls, población situada en la importante ruta comercial cata­lana de Lleida a Tarragona. El barrio que ocuparon los judíos sobre todo en sus años más esplendorosos, y an­tes de su destrucción el día 5 de agosto de 1391, está to­davía bien definido. De la calle de L’Església, que en la antigüedad era conocida como de Vilaclosa, parte la ca­lle Deis Jueus, que era el eje urbanístico de la judería. De ella muy ondulada parte la calle del Cali, que tam­bién va a coincidir con la de L’Església. Calles cercanas, con carácter acusadamente judío, son también las de Simó y de la Carnisseria. En su confluencia existió hasta bien entrado el presente siglo un arco gótico, que podía servir para defensa del barrio, para interceptar el paso por la calle a los ajenos al mismo o para aislarlo. Pese a las repetidas referencias que hay en relación con el lu­gar en el que se ubicara la sinagoga, en la actualidad se ha perdido cualquier recuerdo de la misma. El patio de la Scola Juderoum o Escola deis Jueus puede correspon­derse con el hoy existente en el número 18 A de la calle Deis Jueus. Del cementerio o Fossar deis Jueus sólo que­da el recuerdo, pudiendo haber estado fuera de las mu­rallas al lado de la carretera que conduce de Valls a Ta­rragona.

La estancia en Valls hay que aprovecharla turística­mente para visitar la capilla del Roser con sus plafones de azulejos vidriados, así como la iglesia parroquial de Sant Joan Baptista con la imagen de la Mare de Déu de la Candela, del siglo xm. Hay que visitar también el Tea­tro Principal y el antiguo convento capuchino de la Mare de Déu del Lledó o del Lledoner y otras iglesias barro­cas. El Pati es la plaza que se asienta sobre la que fue patio de armas del Castell de L’Arquebisbe. Bellas escul­turas de Esteve Monegal y de Josep Busquets decoran los aledaños del castillo. También hay que prestarle atención cultural y turística al Antiguo Hospital, a la Casa de la Ciutat situada en plaza porticada, al monumento a Narcís Oller, a las magníficas casas de veraneo del «bocs del Valls» y al Museo de la Ciutat, con notable colección de arte catalán de los siglos xix y xx y colecciones de arqueo­logía y restos medievales.

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Con carácter también judío pueden dirigirse los pa­sos hacia L’Aleixar, cuya población judía en el siglo xiv fue considerable y cuyas casas se ubicaban en la calle del Forn, paralela a la muralla y que llega a la plaza de la Villa. El cementerio parece haber estado situado en el camino de Les Borges del Camp, lugar que es conocido todavía como Fossar deis Jueus. En L’Aleixar hay que admirar la iglesia barroca de Sant Martí en la que desta­ca el retablo del altar mayor y su órgano.

También desde consideraciones judías merece colo­car el punto de destino en Falset, villa con interesante núcleo y numerosas casas antiguas, portales abovedados de los siglos xvii y xvm y calle notable con amplios sec­tores de la misma cubiertos. Contó con aljama, aunque muy reducida y parece que el Cali está formado por las calles de Mosén Francesc Mestres y por la de Lluc, que unen la de Baix con la de Dalt, cerca de la llamada plaza Vieja y el Ayuntamiento. La sinagoga es tradición que se encontraba en el número 10 de la calle de Mosén Fran­cesc Mestres. Cerca, en la calle de la Font del Forn, se encontró una lápida judía muy fragmentada que hoy se exhibe en el Museo de Falset i Comarca. En el camino viejo de Porrera fue asimismo hallada otra lápida frag­mentada, que hoy se guarda en la iglesia de Santa Tecla la Vella, de la ciudad de Tarragona. Falset cuenta con monumentos de gran interés artístico y monumental, como el Castell con su perímetro amurallado y parte de edificaciones del siglo xn. La iglesia de Santa María es edificio barroco neoclasicista del siglo xvin. El pala­cio renacentista de los condes de Prades es hoy el Ayun­tamiento. La Casa Gran se rehizo en el siglo xvm sobre una antigua edificación y hoy es sede central del centro de Estudis Falsetans. El Portal del Bou y parte del Portal deis Ferrer, son restos de las antiguas murallas.

No lejos de Valls se halla el Monasterio de Santes Creus, que merece una y varias visitas aún desde el pun­to de vista de sus recuerdos judíos. Resaltan en él su gran claustro gótico, la iglesia del monasterio, sala capitular, el dormitorio, torre de Les Hores, cocina, refectorio, pa­lacio real, palacio abacial, casa de Les Barques, capilla románica de la Trinitat, museo, plaza de San Bernardo, Portal Real o de L’Assumpta, fuente monumental, anti­guo palacio del Abad, iglesia de Santa Llucia.

 
 
 

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