Valencia

 

El tema de los distintivos discriminatorios en los ves­tigios de los judíos preocupó mucho y durante tiempos muy largos a la aljama de Valencia, cuyos miembros ha­bían de llevar una señal redonda roja en el pecho y que por supuesto les planteaba problemas muy graves, sobre todo a los que por oficio habrían de desplazarse a otros lugares por motivos de negocios, dado que en el camino podrían ser asaltados. Por eso en 1419, el rey Alfonso V llamado precisamente El Magnánimo, los liberó de la obligación impuesta por los cánones conciliares y portificios y por las leyes civiles, reduciendo su uso al lugar de sus residencias.

 

La ruta por la Valencia judía hay que hacerla coinci­dir en gran parte con los lugares más representativos de la vida de San Vicente Ferrer, santo valenciano cuyos comportamientos en relación con los hebreos hay que interpretarlos a la luz del misterio y de algunos criterios de la época, que no siempre, y en conformidad con los actuales, pudieran presentarse como ciertamente evan­gélicos, dado que sus predicaciones siempre estaban acompañadas de sangrientos episodios de persecución y, a veces, de muertes masivas de judíos.

Los límites de la judería valenciana fueron fijados ya en 1245 y en 1275. Se encontraba en la jurisdicción de la parroquia de Santo Tomás, quedando cercada por un largo y sinuoso muro, uno de cuyos lugares más céntri­cos y significativos recibe precisamente el nombre de plaza de San Vicente Ferrer. El muro tenía varias puer­tas, dando la principal a la actual calle de Zaragoza. El crecimiento de la judería obligó a su ampliación, por lo que el ancho perímetro de la aljama incluiría las calles y plazas siguientes: Luis Vives, Avellanas, Cardona, Mar­qués de Dos Aguas, Castellvins, La Paz, Ruiz de Lihory, San Cristóbal, En Sala, Medines, plaza del Colegio del Patriarca, Libreros, Cruz Nueva, Salva, Cardenal Paya, Martínez Degrain, Vidal y Cardona, Universidad, Las Comedias, Pollo, Puerta de la Xarea, El Milagro, Vestua­rio… Tanto el primitivo barrio judío, como su ampliación, sufrieron destrucciones diversas, por lo que la demarca­ción fue oscilante y hasta indecisa.

Las sinagogas sufrieron idéntico destino. Se sabe que fueron varias. De la llamada sinagoga Mayor se supone que estaría ubicada en la calle del Mar y que, habiendo sido convertida en la iglesia de San Cristóbal, desapare­ció también esta desde sus cimientos. También desapa­reció la iglesia de la Cruz Nueva en la plaza del mismo nombre y que habría sido otra sinagoga. El zoco judío se hallaba en la misma calle del Mar. Parece cierto que el cementerio se ubicaba dentro de las murallas de la ciu­dad, aunque fuera del muro de la demarcación de la al­jama, y más concretamente entre las calles del Pintor Sorolla y la de Don Juan de Austria. El local fue donado por Fernando el Católico a las Monjas de Santa Catalina de Siena y resulta curioso que precisamente en este so­lar se haya hoy instalado El Corte Inglés.

Entre tanto como hay que ver en Valencia resaltamos en esta ocasión los monumentos siguientes: palacio de la Generalitat con artesonados renacentistas con oro. El Miguelete, signo representativo de la ciudad, fue cons­truido en el siglo xiv y es el campanario de la Catedral. La Lonja es de estilo gótico con detalles renacentistas y en su famoso salón de columnas helicoidales se realizan numerosas exposiciones: la techumbre del Salón del Con­sulado es de especial interés. La torre de Serranos es del siglo xiv y originariamente formaba parte del sistema de defensa de la ciudad. Las torres de Quart, son del siglo xv y era una de las puertas de la muralla que daba ac­ceso a la ciudad. El mercado central, de estilo moder­nista, es uno de los mayores de Europa. La catedral metropolitana es compendio de varios estilos: romá­nico en la puerta del Palau, gótica en la de los Após­toles, capilla del Santo Cáliz, cimborrio y la famosa torre del Miguelete, renacentista en algunas capillas y barroco en el presbiterio y puerta principal. La Real Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados, está dedicada a la patrona de la ciudad, y es lugar de devo­ción popular. Su interior está cubierto con una bóveda pintada al fresco por Palomino. La imagen es de estilo gótico.

El patrimonio cultural de Valencia es muy rico. La oferta museística es amplia y variada. Entre los museos citamos el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), el Museo de Bellas Artes, Museo Nacional de Cerámica, Museo de la Catedral, Museo Paleontológico, Museo del Patriarca, Museo de la Prehistoria, Museo Taurino, Mu­seo Fallero, Centro de Artesanía de la Comunidad, Mu­seo Histórico Municipal, Casa-Museo José Benlliure, Museo Marítimo Joaquín Saludes, Museo de la Ciudad Palacio Marqués de Campo… La Ciudad de las Artes es un colosal y moderno monumento a la cultura al servi­cio del pueblo.

Sagunto

De la judería de Sagunto son muchas y antiguas las noticias que se tienen. El rey Jaime I ordenó en 1228 que al bayle y a los jueces de Murviedro que impusieren a los judíos una larga túnica o cualquier otro vestido que les llegara hasta el suelo, de color oscuro y que llevaran en el pecho una señal redonda roja, al igual que los judíos de Valencia. En ocasiones, les había sido ordenado que portaran una señal amarilla y un sombrero redondo. En 1283 prescribió Pedro III de Aragón que también los ni­ños a partir de los diez años fueran portadores de una capa redonda, costumbre que había sido impuesta en Barcelona…

Acerca de la antigüedad de la judería de Sagunto se asegura que en tiempos de los visigodos ya había alcan­zado cierta importancia. Se asegura sobre todo que cier­tas inscripciones hebreas halladas en los alrededores del castillo de Sagunto pueden pertenecer a épocas aun an­teriores a la fundación de la ciudad romana. En una de ellas podría leerse «Elevad vuestra endecha con voz afli­gida/a un gran príncipe a quien Dios llevó». En otra: «Este es el sepulcro de Adoniram, tesorero del rey Salomón, que vino a cobrar el impuesto y murió». No obstante, son muy serias las dudas acerca de la autenticidad de esta última inscripción que, en definitiva, lo único que pre­tendía era reafirmar la presencia de este pueblo en Es­paña desde tiempos antiguos.

La de Sagunto es una de las juderías que mejor con­servan la configuración de su propio recinto. Su entrada se corresponde con el Portalet de la Sang, que en tiem­pos medievales era conocido como el Portal de la Jude­ría. El barrio judío se correspondería con las calles que en la actualidad tienen los nombres siguientes: Pedro Cartagena, Teatro Romano, Segovia, Sang Vella, Casti­llo, Queralt, Antígones, Ramos, Pelayo… La cercanía al castillo explica la necesidad de protección que tenían los judíos, a cuya sombra harían siempre lo posible por si­tuar sus viviendas.

En relación con la localización de la sinagoga hay que manifestar que seguramente ella fue convertida en la igle­sia de la Cofradía de la Sangre de Cristo que, aunque desaparecida, hay alusiones veraces a ella, pudiendo muy bien haberse situado en la confluencia de las calles Sang Vella y Segovia.

Sobre el cementerio judío se señala que se encontra­ba en las proximidades del castillo a muy pocos metros de la muralla del antiguo castro. Al haber sido descubier­tas en esos lugares unas cuantas lápidas y conservarse estas en el Museo Arqueológico de Sagunto, la ruta ju­día por esta población deberá concluir en este museo. A Benavites fueron también a parar otras lápidas del cementerio, una de las cuales fue utilizada en la cons­trucción de una torre a pocos metros del suelo, pudien­do leerse su texto, viéndose también otras en la parte más alta de la misma torre.

La historia de Sagunto es la historia de muchas cul­turas. De casi todas las que pasaron alguna vez por Es­paña, ya desde los remotos tiempos de la Edad del Bron­ce. Los griegos, los fenicios, los cartagineses con Aníbal a la cabeza, los romanos, los godos, los bizantinos, los árabes, los judíos, los cristianos… pasaron por Sagunto dejando sus huellas, en una población que se denominó Murvedre con referencias a Muri Veteres o «muros vie­jos» de la Edad Media. Fue conquistada por el Cid Cam­peador en 1098.

La ruta histórica se hace simultáneamente turística en sus 2.000 años de existencia y nos lleva a su castillo ubicado en la Sierra Calderona, cuyos restos se extien­den más de dos kilómetros y fueron testigos de las bata­llas que sostuvo Aníbal contra los romanos. El castillo está dividido en siete plazas: de la Almenara, de Armas, de la Conejera, de la Ciudadela, del Dos de Mayo, de San Fernando y de Estudiantes.

El Teatro Romano se construyó en el primer siglo y en él se siguen celebrando acontecimientos y espectácu­los artísticos. El Calvario es el escenario de la represen­tación de la Pasión y Muerte del Señor en la madrugada del Viernes Santo. En su parte alta se encuentra la ermi­ta de la Soledad, obra del artista Santiago Rusiñol. Adosados a la iglesia de Santa María, junto al ábside, se hallan los restos del templo de Diana, formados por gran­des megalitos de piedra caliza. Su construcción data del siglo V a.C. y fue salvado de la destrucción decretada por Aníbal. La iglesia de Santa María es edificio típico del gótico ojival valenciano, del siglo xiv. Con tres puertas de entrada —dos de ellas góticas y otra barroca—, está declarada monumento nacional.

La iglesia del Salvador es también buen ejemplo del gótico valenciano primitivo. Data del siglo xni, de los tiem­pos del rey Jaime I. Su ábside es poligonal con bóveda de crucería. La ermita de la Sangre fue construida a prin­cipios del siglo xvn, de estilo barroco. En la cúpula están representadas las escenas de la Pasión y Muerte de Cris­to. En el interior se conservan los pasos de la Semana Santa, cuyo origen se remonta al siglo xv. El barrio de la judería es motivo turístico por todos sus costados, con su Portalet de la Judería o Portalet de la Sang. La sinagoga fue ocupada en 1492 por la cofradía de la Purísima San­gre de Nuestro Señor Jesucristo. El circo romano conser­va una de sus puertas en la calle de los Huertos, formada por sillares de gran tamaño. Su construcción es del siglo I d.C. Además Sagunto cuenta con diversidad de monu­mentos civiles, como la fachada del palacio de Delme, plaza Mayor porticada con su puerta del Almudín, Pala­cio Municipal y varias mansiones señoriales con escudos.

Xátiva

En la judería de Xátiva al igual que en tantas otras de España también el problema de la distinción externa entre cristianos y judíos se acentuaba con frecuencia y por multitud de circunstancias. La Ley de Las Siete Par­tidas reguló este tema de forma clara y precisa: «Muchos yerros et cosa desaguisadas acaescen entre los christianos et judiós et las christianas et judías, proque viven et mo­ran de so uno en las villas et andan vestidos los unos así como los otros… Tenemos por bien et mandamos que todos quantos judíos et judías vivieran en nuestro sennorío que trayan alguna sennal cierta sobre las cabe­zas que se ata porque se connoscan las gentes manifies­tamente qual es judío et judía. Et si alguno judío no le­vase aquella sennal, mandamos que peche por cada vegada que fuese fallado sin ella diez azotes públicamente por ello».

De la judería de Xátiva, del siglo xi, se hallaron en El Cairo diversos manuscritos sinagogales, que tam­bién procedían de otras juderías del Levante español. La de Xátiva llegó a ser, a pesar de las reducidas pro­porciones de su aljama, foco importante de cultura ju­día, con mención particular para la presencia en ella del cabalista Yosef Alcastiel. No son muchas las noticias que se tienen acerca del emplazamiento de la judería de Xátiva, entre otras razones porque esta ciudad fue des­truida una y otra vez, sobre todo cuando las tropas fran­co-españolas la conquistaron en 1707, tomando posesión de ella Felipe V, en la llamada Guerra de Sucesión. Es posible que la sinagoga estuviera en la ermita de Las Santas, en la que apareció un fragmento de yesería con inscripción hebrea. Esta ermita, ya desaparecida, se en­contraba en las cercanías del castillo, en la calle que se sigue llamando de las Santas, próxima al edificio del Almudí en el que está instalado el Museo Municipal que guarda una importante colección de obras de arte. Las calles de Santo Tomás y Grau podrían haber formado parte de la judería, de la que desaparecieron muchas de sus calles. En la Seo de Xátiva se conserva en la actuali­dad el referido fragmento de yesería con la inscripción hebrea.

De la judería de Xátiva se señala que, después de ha­ber sufrido las dramáticas consecuencias de los saqueos y destrucciones de finales del siglo xiv, logró resarcirse en parte, llevando sus miembros una vida de relativa ac­tividad sobre todo comercial, hasta que les llegó el De­creto de Expulsión de 1492 firmado por los Reyes Cató­licos, viéndose obligados a exiliarse sobre todo a ciudades italianas.

En época ibérica la población se llamaba Saiti. Los romanos la denominaron Saetabis. Durante la época visigótica tuvo obispado. En el siglo xi tuvo la primera fábrica de papel de Europa, hecho de paja y arroz, que todavía es conocido como papel «xativí». El rey Jaime I la conquistó en 22 de mayo de 1244. Nacieron en esta ciudad los Papas Calixto III y Alejandro VI. En 1591 na­ció también el pintor José Ribera, El Españoleto. El 24 de mayor de 1707 las tropas franco-españolas en la Gue­rra de Sucesión asaltaron la ciudad y la incendiaron.

El recorrido monumental por Xátiva incluye la visita a la iglesia de San Francisco, construida en el siglo xiv con una sola nave y siete capillas laterales. Es monumen­to nacional. La Fuente Real de San Francisco es barroca con elementos ornamentales rococós. La Casa de Diego conserva azulejería, forja, mobiliario y decoración origi­nales del siglo xix. El Palacio de los Mahiques Sanz, es del siglo xvn. Alberga en la actualidad la Casa de la Cul­tura. El Palacio del marqués de Montortal es ejemplar característico de palacio urbano medieval setabense, con fachada de piedra, largas dovelas y balconaje de forja con azulejería.

El Real Monasterio de Santa Clara fue fundado por la viuda del Almirante Roger de Lauria en 1325. Guarda piezas de orfebrería gótica y un cuadro de la Santa Cena, de Vicente López. En el palacio de Alarcó resalta la gi­gantesca volumetría, puerta dovelada y blasonada y el balcón corrido de forja, decorado con azulejos. La Fuen­te Real de la Trinidad fue construida en el siglo xiv, de estilo gótico. De la iglesia del antiguo convento de la Tri­nidad sólo perdura su espléndida portada flamígera. Merece atención y curiosidad la casa natal del Papa Alejan­dro VI —Rodrigo de Borja— que luce en su interior un arco escarzano de columnas jónicas. La Fuente Real de Aldomar es del siglo xvni, siguiendo modelos góticos. La iglesia Parroquial de San Pedro fue levantada en el siglo xiv, con excepcional artesonado mudejar, decorado con franjas polícromas, pámpanos y más de un centenar de escudos. En ella fue bautizado el futuro Alejandro VI. Hay que visitar además el ex-convento de San Onofre, la Fuen­te Real de los 25 caños, la colegiata basílica o Seo, con su Museo, Hospital Real y el Museo del Almudí, con lien­zos de Ribera, Reni, Mazo, Giordano, Vicente López, Benlliure y el famoso retrato de Felipe V, así como orfe­brería y piezas de arte suntuario. En el castillo resalta la Puerta del Socorro, la capilla de la Reina María con la tumba del conde de Urgel y Sala del duque de Calabria. Por la puerta de la aljama en la antigua ermita de Santa es fama que entrara Jaime I.

 

 

 

 

 

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